Limpié el lavabo de mi baño, estaba verdaderamente muy
sucio, inmundo. No sé bien de dónde proviene toda esa materia que lo contamina,
podrían ser partículas suspendidas en el aire que, con humedad de ese lugar, el
baño, o de la atmósfera, se precipitan y se adhieren a todo tipo de
superficies, horizontales y también verticales (como los muros, si bien, en
menor medida). El jabón se compone de grasa y actúa como un pegamento; otros
elementos podrían ser células de mi piel y pelo, (polvo), etc. No había realizado
esa labor, limpiar ese receptáculo que uso cotidianamente, en más de un año.
Síntoma de una grave disfuncionalidad que me aqueja,
una pequeña muestra; y así ha sido prácticamente toda mi vida.
Durante los seis años y tres meses que trabajé en esa farmacéutica podrida, consumí productos alimenticios no sanos, tóxicos y carentes de nutrientes. Quiero decir, golosinas —chocolates, galletas y similares con azúcares añadidos y aditivos químicos, además de panecillos marca El Panqué y pan Bimbo con que se preparaban los sándwiches que yo consumía en mi trabajo—, todo lo cual debe haberme intoxicado, si bien, no en gran medida porque consumía avena todos los días —hervida en agua, con fruta sin leche ni azúcar, ni ningún edulcorante artificial—.Consumía también bebidas alcohólicas, unos días vino tinto; otros días tomaba cerveza con sorbitos de destilado de agave (tequila sin la denominación).
Durante dos años y medio (tal vez durante tres años)
no he consumido una gota de alcohol etílico. Me enteré de que se ha difundido
la idea de que su consumo es benéfico, en moderación, lo cual es un engaño.
Mi organismo estaba intoxicado, pero no en una medida
que pudiera dañar gravemente mi salud orgánica, que va de la mano con la salud
mental; no son entidades separadas.
A partir de enero de 2024 (es decir, durante 21 meses)
he consumido cebolla morada y ajo crudos, alimentos sanos, muy nutritivos y
exquisitos, que fortalecen el sistema inmune (principalmente contra bacterias),
elevan la producción natural de testosterona, y siento que desintoxican mi
organismo, como el consumo regular (cotidiano) de avena, el mejor cereal que
existe.
Se gesta en mi mente (psiquis), la idea de que la
intoxicación de mi organismo guarda un paralelismo con mi mala salud mental.
Durante los últimos años he cobrado conciencia de que he vivido muy mal (de una
manera muy disfuncional) por esos elementos de mi historia de vida que ya he
mencionado demasiadas veces; haber nacido neuro-divergente, sin vista en un ojo
(el izquierdo, visión periférica de 35 por ciento sin poder enfocar),
padeciendo trastorno por déficit de atención con hiperactividad), un padre
psicópata y todo lo demás.
Para completarla, soy el tipo de persona que despierta
envidia (que en ocasiones provoca furia en los débiles mentales que la
manifiestan, que puede alcanzar nivel homicida) y por ello he enfrentado mucha
violencia prácticamente durante toda mi vida.
Volviendo al asunto de la toxicidad, siento que hay un
paralelismo con la vivienda que he habitado durante cerca de 45 años. Llegué
con mi familia a ese lugar en octubre de 1981, con 17 años y medio de edad.
El deterioro de esta edificación es grave, como sería
de esperar. Además, se han acumulado cientos de objetos inútiles, de todo tipo,
que debieron ser desechados (tirados a la basura u obsequiados a personas que
hacen algo con ellos), y siento que toda esa materia ha intoxicado este lugar
donde vivo.
No puedo hacer ningún señalamiento (acusación,
reproche) a mi madre, que vivió en este lugar durante más de 12 años, porque a
mí me ha sucedido lo mismo; no me daba cuenta de que había conservado lo que
debía haber desechado hace años, incluso décadas.
Parte del estrés postraumático que he padecido a raíz
de haber perdido mi empleo en esa farmacéutica podrida, Productos Maver, se
manifestó como inmovilidad muy severa. Durante mucho tiempo, años, no hice casi
nada, nada que no fuera ejercitarme compulsivamente, principalmente en mi
bicicleta de carreras. Dormía en una cama sin sábanas, casi no lavaba mis
prendas de ropa, que usaba muchos días seguidos e incluso dejé de asearme
(tomar un baño) cotidianamente.
Hace pocas semanas lavé muchas prendas de ropa, entre
ellas más de 10 pantalones de mezclilla. También empecé a deshacerme de objetos
inútiles e incluso a desplazar materia vegetal del patio trasero hacia un área
cercana a casa donde servirá como un abono natural, que aumentará la fertilidad
de la tierra, el origen de la vida.
Desde finales de abril (es decir, durante cinco
meses), no he consumido casi nada de café. Sustituí esa bebida por té (de
manzanilla, yerbabuena y limón), porque el efecto diurético provocado por el
café parecía estar afectando mi salud. Hace unas dos semanas compré un pequeño
frasco de café, de 100 g, y durante ese tiempo he consumido unas pocas tazas de
esa deliciosa bebida.
Ha disminuido el efecto diurético, mi metabolismo (estaba
ultra rápido) parece estar normalizándose, mi peso corporal anda por los 65
kg., y siento que mi organismo está súper limpio. Lo percibo en mi piel, en mi
cuero cabelludo, en toda mi anatomía e incluso en mi boca; mis encías estaban
inflamadas, así había sido toda mi vida.
Hay días en que siento un malestar anímico severo,
abrumado por la violencia que ha dominado mi vida. Cuando sucede eso, me
concentro en prestar atención a la parte positiva. Pese al agotamiento y la
pérdida de peso, mi salud orgánica parecería formidable, poco común entre hombres
de la mitad de mi edad, e incluso menos que eso. Muchas personas me miran con
mucha atención, pocas con hostilidad proveniente de envidia e inseguridad. Incluso
algunos vecinos me sonríen y tienen muy buena opinión de mí.
Surgen en mi mente recuerdos de personajes
problemáticos de mi historia de vida. Los más frecuentes son mi padre y David,
el individuo que padecía una psicopatología (narcisista) grave en extremo y que
movido por la envidia me pegó una puñalada por la espalda, lo cual no fue otra
cosa que un homicidio en grado de tentativa. Otros muchos personajes aparecen
en mi mente, pero creo que pronto seré capaz de suprimir ese síntoma, sin
ningún tipo de fármacos ni atención médica.
Conocer la naturaleza humana, principalmente leyendo
la obra de Erich Fromm (mi gran maestro), me permite percibir la realidad —la
verdad— como es, y así alcanzo la sanación.
Cuando esto suceda (y siento que estoy muy cerca), se
liberará mi creatividad y estaré en condiciones de poner por escrito lo que
llevo en mente, sin violencia, sin la necesidad irrefrenable de cobrar venganza
y en cambio manifestando una tendencia natural en mí: sentir empatía y
solidaridad por otros seres humanos.
He estado solo durante más de un año, he aprendido a
convertirme en mi mejor compañía. Siento poca o nula necesidad de interactuar
con otras personas; no es mi intención vivir como un misántropo, pero sí
relacionarme con personas cuyos intereses sean afines a los míos.
Espero volver a trabajar pronto, antes de que termine
este año, ya en la séptima década de mi vida. Quisiera pensar que lo mejor está
por venir.

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