lunes, 8 de junio de 2026

Estado depresivo severo... ¿al borde de la muerte? No sé y no me importa mucho, pero tal vez no

 

Día difícil, sin novedad; ha sido así durante tanto tiempo que no recuerdo algo diferente, si bien, hubo épocas de adversidad extrema a la que muchos hombres en ese tipo de situaciones no habrían sobrevivido.

En agosto de 2002, con 38 años de edad, pude comprar una computadora de escritorio usada en la institución donde estudié una licenciatura en ingeniería (electrónica) que no fui capaz de terminar, pese a haberme esforzado durante muchos años para superar mis muy graves deficiencias académicas, algo que me llevó a perder la voluntad de vivir. Pero la idea es mencionar que pude comprar esa PC con ayuda de una hermana gemela —nacida cinco minutos después de mí, un lunes 27 de abril de 1964, que había contraído nupcias unos nueve meses antes (en noviembre de 2001) con un ciudadano del país del Norte, originario de Illinois, de origen alemán y polaco, católico muy devoto y por añadidura narcisista maligno, muy probablemente un psicópata.

Mi peso corporal normal fluctuaba entre 69 y 72 kg, con 1.78 m de estatura. Durante ese mes de agosto de 2002, descendió a 65 kg. Sentía debilidad, agotamiento severo, mareos, etc.; mi padre rehusó proporcionarme el dinero para atenderme, yo pensaba que podía padecer un mal funcionamiento de mi glándula tiroides, pues mi ingesta calórica era muy alta y a pesar de eso, había perdido mucho peso. Cuatro años antes, durante el mes de enero de 1998, mi “amigo” David me había pegado una puñalada por la espalda, movido por la envidia (necesitaba desesperadamente percibir en mí una inferioridad extrema en todo lo que tuviera que ver con intelecto) y el primer día hábil de febrero (lunes 2 de ese mes), presenté mi renuncia. No fui capaz de obtener otro empleo y en junio de ese año, me fui a una ciudad fronteriza, con la esperanza de ingresar en alguna empresa maquiladora electrónica. Eso no sucedió y entonces mi familia —mis padres y dos de mis hermanas, ya casadas, con participación de mi hermana gemela, todavía soltera— completaron la agresión y mi vida cayó a un precipicio.

Volviendo al mes de agosto de 2002, compré esa PC en la Universidad Jesuita en G. Un día fui a una sucursal de un negocio donde vendían publicaciones periódicas (Sanborn’s, propiedad de un magnate de apellido Slim) y leí en una revista de ciclismo la historia de un ciclista escocés de nombre Graeme Obree. Identifiqué algo.

Yo había empezado a convertirme en un deportista durante el verano de 1980, con 16 años de edad, habiéndome sentido motivado para ello al mirar en TV los Juegos Olímpicos de Moscú. Practiqué la carrera pedestre durante 10 años, la cual me vi obligado a abandonar por lesiones en los tendones de Aquiles, causadas por correr sobre superficies duras (cemento, asfalto, concreto hidráulico). Entonces comencé a usar una bicicleta de 10 velocidades, al cabo de unos meses (en 1990), empecé a practicar el ciclismo de ruta. Avancé rápidamente, pero no destaqué (como no destaqué en la carrera pedestre) porque mis capacidades son muy modestas; el entrenamiento ayuda, pero no es posible elevar mucho dichas capacidades. Eso dejó de importarme.

Volviendo a ese asunto de haber leído sobre la vida de Graeme Obree (que enfrentó dificultades terribles, de salud mental), me di cuenta de que durante años (no podría decir cuántos), había vivido provocándome agotamiento físico haciendo esfuerzos excesivos en la práctica de mi deporte sin tener conciencia de ello; la intención era anestesiar el sufrimiento psíquico a que daba lugar vivir sin dinero —porque no trabajaba, había vivido estudiando como autodidacta—, sin un círculo social, sin una pareja, etc. Yo no había destacado ni en la carrera pedestre ni en el ciclismo de ruta, pero mi anatomía parecía la de un deportista de alto rendimiento, de los que participan en Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo, ciclismo de ruta en Europa (carreras por etapas como el Tour de Francia, el Giro de Italia), etc.

Mi “amigo” David presentaba una constitución anormal que parecería la de un mutante. Extremadamente delgado, la masa muscular de su anatomía era tan escasa que no resultaba visible, mientras que su proporción de tejido adiposo era muy alta. A esto se le llama coloquialmente “persona gordi-flaca”, él sufría mucho por ello.

Cuando percibió en mí mis características anatómicas que parecerían las de un prodigio humano (las de un deportista de alto rendimiento, pese a no ser tal cosa, ni remotamente) comenzó a sentir una envidia de tal intensidad que durante nuestra interacción (muy esporádica), al percatarse de que intelectualmente yo no era infinitamente inferior a él (que fue muy buen estudiante, uno de los mejores de su generación) era presa de estallidos de furia que le hacían parecer una mujer histérica, en la menopausia.

En noviembre de 1997 (yo contaba con 33 años y medio de edad), David me contrató para el primer empleo de toda mi vida en una empresa de la maquiladora electrónica recién llegada al Silicon Valley de M. Mi puesto era técnico de seguridad e higiene industrial, para lo cual no estaba capacitado en absoluto, pero mi dominio del idioma inglés y mi muy sólida formación académica, me permitieron trabajar con la documentación de la matriz de la corporación, con todo lo que ello implicaba. Ese megalómano, David, descubrió que mi dominio del inglés superaba total y absolutamente a su muy deficiente conocimiento de esa lengua extranjera (pese a haber vivido un año en Londres) y entonces me atacó con violencia verbal extrema. Por ello presenté mi renuncia ese lunes 2 de febrero de 1998, lo cual dio inicio a la caída a un precipicio.

Mi padre había vivido torturándome psicológicamente desde mi más temprana infancia; mi madre no se daba cuenta (en el mejor de los casos) o se sumaba a esa violencia.

Después de esa agresión gigantesca que se dio en 1998, viví en la desesperación y pese a haber buscado atención psiquiátrica desde 1990, habiendo sido atendido por tres médicos psiquiatras, no sabía que padecía una neurosis muy grave; esos tres médicos psiquiatras se encuentran entre las personas que más daño me hicieron en mi historia de vida.

Entre abril de 2015 y agosto de 2021, trabajé en una empresa farmacéutica fabricante de productos genéricos intercambiables. A partir de junio de 2017, un narcisista maligno (de terrible reputación) comenzó a acosarme laboralmente. En septiembre-octubre de 2018, cometió faltas tan graves que involucraron conductas delictivas, lo que me provocó una crisis y entonces, el personal de Recursos Humanos, manejó el asunto como si yo fuera un problema gigantesco y se atribuyó mi percepción de ser agredido a mi problema de salud mental. Mi patología me había hecho imaginar que alguien me había hecho algo.

Han pasado cerca de cuatro años y 10 meses a partir de que fui despedido. He vivido un estrés postraumático, he estado solo durante cerca de 10 meses (mi madre octogenaria se fue con una hermana que vive a unos 300 km, algo que para mí resulta de gran ayuda) y esa afectación (el estrés postraumático por haber perdido ese empleo en una empresa farmacéutica) me ha inmovilizado. La idea que deseaba expresar es que mi peso corporal descendió de aprox. 70 kg a 60 kg (con 1.78 m de estatura, como había mencionado antes). Hoy lunes 8 de junio de 2026, con 62 años de edad, mi peso anda entre 63 y 64 kg. El origen de ello es actividad excesiva en la práctica de ese deporte que antes mencioné, el ciclismo de ruta. Mi ingesta calórica es altísima, mi metabolismo está muy acelerado, siento cansancio (agotamiento) permanente, dolor muscular, he sufrido lesiones óseas y en tejido conectivo (tendones y ligamentos), etc.

En días como hoy, mi estado depresivo es muy intenso. Quisiera acostarme a dormir y no despertar, morir sin tomarme la molestia de atentar contra mi vida. El único error que cometí fue nacer, pero no dependía de mí; no le pedí a mis padres que me trajeran al mundo.

Durante muchos años usé servicios de orientación emocional, vía telefónica. Durante cinco o seis semanas he evitado hacer tal cosa, porque no se me atiende, las psicólogas sabotean la llamada, dicen cosas de una estupidez inaudita, cosas así.

¿Estoy irremediablemente perdido? Tal vez no. He aprendido a disfrutar de mi soledad, a convertirme en mi mejor compañía.

—¿Estás solo? — podría preguntarme alguien.

—No.

—¿Con quién estás?

—Conmigo.

Es posible que haya alcanzado la sanación, la tristeza y la desesperanza podrían ser parte de una percepción equivocada. No sé cuánto tiempo voy a vivir, algo que no me importa mucho, de hecho, no me importa casi nada. Habito un universo indiferente a mi destino, no puedo confiar en nadie, y a pesar de ello, siento que pronto encontraré sentido a la vida. Algo favorable es percatarme de que ya no siento el deseo irrefrenable de buscar en la red a personajes terribles de mi historia de vida, gente como David megalómano histérico personificación de una muy baja pasión: la envidia; tampoco al médico criminal (Flavio) que me atendió durante once años (entre 1995 y 2006) y manejó mi caso como si no padeciera absolutamente nada; ni a otros individuos débiles mentales, impotentes en lo vital, que asumieron una postura cobarde ante la vida y así se convirtieron en sus mayores enemigos.

No he comido en unas 16 horas porque ha padecido una indigestión cuya causa desconozco. Procuraré seguir adelante y no buscaré la compañía de nadie, a menos que la presencia de alguien en particular me resulte indispensable. Jamás volveré a buscar atención en salud mental; psicología, mucho menos psiquiatría; jamás volveré a tomar fármacos psiquiátricos: si muero, llevaré en mi conciencia que hice lo que pude.

¿Continuará mi vida? No sé y la verdad no me importa mucho.

domingo, 31 de mayo de 2026

Traducción al español de un tweet de Valerie Ann Smith @ValerieAnn1970

 




Las vacunas han provocado una explosión en las tasas de alergias a cacahuates y lácteos; alergias a huevos y carnes, y muchas otras.

¿Cómo se provoca una súbita alergia debilitante que durará toda la vida?

Se inyecta el adyuvante aluminio con una proteína.

La verdad oscura sobre alergias inducidas por vacunas…

Aluminio más excipiente cacahuate provoca alergia a cacahuate para toda la vida.

Aluminio más proteína láctea provoca intolerancia a lácteos.

Aluminio más proteína látex provoca alergia al látex para toda la vida.

Aluminio más proteína de carne provoca alergia a la carne para toda la vida.

El coadyuvante aluminio no provoca únicamente alergias a los materiales que se encuentran en esa vacuna.

También provocará una alergia a materiales que están en el ambiente, en el momento en el que la vacuna fue aplicada.

Por ejemplo, si eres vacunado cuando hubo un brote de hierva timotea, puede quedar en tu organismo una alergia a esa hierba timotea para toda la vida.

La investigación muestra que los niños vacunados presentan 30 veces la tasa de rinitis alérgica que presentan niños no vacunados; y una tasa 36% más alta de diagnóstico de asma en niños de 2 a 5 años de edad.

 

Hemos criado una generación con todas estas alergias, habiendo aplicado esas vacunas.

Excipientes comunes usados con aluminio en vacunas:

1.  Cacahuate, causa alergia a cacahuate para toda la vida.

2.  Proteína de huevo, causante de alergias a huevo y carne de aves de corral.

3.  Gelatina, gelatina de cerdo usada en vacunas puede provocar alergia a carne.

4.  Proteína láctea caseína, provoca intolerancia a lácteos para toda la vida.

5.  Antibiótico neomicina, provoca alergias y resistencia a antibióticos.

6.  Proteína de levadura, provoca alergias Levadura de Brewer y de Baker, para toda la vida.

7.  Polietilenglicol (PEG), provoca una alergia a este polímero muy usado en alimentos, cosméticos y medicamentos.



El ganador de un Premio Nobel Charles Richet, demostró hace más de 100 años que inyectar una proteína a animales o a humanos provoca que el sistema inmune se haga sensible a esa proteína.

La exposición subsecuente a la proteína da lugar a reacciones alérgicas o a anafilaxis. El Instituto de Medicina (IOM, por sus siglas en inglés), confirmó que proteínas de alimentos en vacunas provocan alergia a alimentos, en su informe del año 2011.

Y aquí está el truco:

Las mismas compañías farmacéuticas que crearon la epidemia de alergias, ahora ganan miles de millones de dólares comercializando medicamentos para alergias como…

Claritin, Allegra, Zyrtec, Xyzal

Y estos productos provocan depresión, que generará un lucro aún mayor cuando se prescriban antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.



Empático Oscuro, traducción de un tweet de X (antes Twitter)

 


El empático oscuro es el superviviente que se convirtió en un guerrero, habiendo aprendido el juego del narcisista. Fue instruido en el espacio que el narcisista dominaba haciendo uso de la manipulación, el silencio, la culpa, el amor falso, la traición, la confusión y la guerra emocional. Es por eso que el empático se ha vuelto peligroso. Con el paso del tiempo, el alumno supera al maestro, porque conoce los trucos, los patrones, las debilidades y los puntos ciegos de su maestro. Ahora este empático puede sentarse, comer, viajar y sobrevivir en soledad, manteniéndose un paso adelante. Se conduce con naturalidad, no se inquieta y permite que el narcisista piense que está ganando, porque entiende mejor el juego que quien lo instruyó.


Dark Empath. Transcription from a tweet on X (formerly Twitter)

 


The dark empath is the survivor who became a warrior by learning every game of the narcissist. They were trained on the narcissist’s own playground, through manipulation, silence, guilt, fake love, betrayal, confusion, and emotional war. That is why they become dangerous. A student eventually rises above the teacher because the student knows the teacher’s tricks, patterns, weaknesses, and blind spots. Now this empath can sit alone, eat alone, travel alone, and survive alone while staying one step ahead. They act simple, stay quiet, and let the narcissist think they are winning, because they now understand the game better than the one who taught it.

martes, 21 de abril de 2026

Mi interés en Graeme Obree, ciclista de alto rendimiento, “el escocés volador” Segunda parte

 


Desde entonces, han pasado más de 23 años y pese a tener conciencia de que convertí la práctica de mi deporte en un mecanismo de evasión, no he sido capaz de dejar de hacer eso, provocarme agotamiento para anestesiar un sufrimiento psíquico cuyo origen es esa grave patología, TLP, provocada por haber sido víctima de tortura psicológica perpetrada por mi padre, con todo lo que ello implica (participación de mi madre y mis hermanas con muchas otras personas).

A principios del año 2021, acercándome a 57 años de edad, incrementé mis esfuerzos. Me quedaban unos meses en una empresa farmacéutica a la que había ingresado a finales de abril de 2015 (cuando cumplí 51 años de edad) ocupando el puesto de “químico traductor”, una experiencia terrible, pero también un gran aprendizaje. En agosto de ese año, fui despedido por negarme a aceptar que un compañero que me había acosado laboralmente durante más de cuatro años siguiera gozando de la impunidad obsequiada por la empresa; fui despojado de mi empleo y se consumó una injusticia, algo que ha caracterizado mi historia de vida.

Mi peso corporal andaba en unos 72 kg, descendió a 65 kg, me recuperé, pero a principios de 2025 (me acercaba a 61 años de edad) mi peso descendió a 60 kg, con 1.78 m de estatura. Mi metabolismo se encuentra súper acelerado, mi ingesta calórica es muy alta, he padecido síntomas como mareos frecuentes, pérdida del equilibrio y torpeza de movimientos bastante severa, pero nada de eso me preocupa mucho. Sé que puedo resolver el problema y siento que pronto me voy a recuperar; siento que la sanación física y mental está por llegar y por añadidura, hay un elemento en mi psiquis que tiene que ver con las distancias que he recorrido en mis bicicletas de carreras, pero dejaré ese asunto para más adelante.

El propósito de esta entrada es mencionar el origen de mi interés en la historia de vida de Graeme Obree.

Mi interés en Graeme Obree, ciclista de alto rendimiento, “el escocés volador” Primera parte

 


El pasado 8 de abril, miércoles, busqué información sobre Graeme Obree, ciclista escocés, porque recordé algo muy importante, que tiene que ver con mi historia de vida.



Como he expresado antes, siendo un adolescente (con 16 años de edad, en 1980), vi por televisión unos Juegos Olímpicos, Moscú, Unión Soviética, antes de la caída de la Cortina de Hierro, por supuesto. No había llevado una vida sedentaria, pero no había practicado ningún deporte de manera disciplinada. Siendo un niño, había comenzado a saltar la cuerda, algo que me ayudó con mis problemas de coordinación, pues siendo neuro-divergente, adolecía de una torpeza de movimientos extrema, me tropezaba con mis propios pies. Mis padres no hacían nada por ayudarme y en lugar de eso, mi padre me violentaba de todas las formas posibles, mi madre no se ocupaba de mí.

Pero volviendo al tema que me ocupa, que durante mi adolescencia empecé a convertirme en un deportista, inspirándome en mirar por TV los Juegos Olímpicos de Moscú, 1980, me dije a mí mismo: “voy a convertirme en uno de esos, un deportista de alto rendimiento y en cuatro u ocho años, seré campeón olímpico”. Al cabo de un tiempo breve, corría todas las mañanas, de lunes a domingo, ocho kilómetros en cuarenta minutos; algo que no era difícil en absoluto, pero a mí me parecía una proeza. Al cabo de unos años me di cuenta de que mis capacidades eran muy modestas y eso no cambiaría jamás, por mucho que entrenara. Los deportistas de alto rendimiento son súper-dotados, algo análogo a las personas que tienen un IQ de 140 y más; no se hacen inteligentes, nacen así. Un porcentaje muy pequeño de la población mundial nace con esas potencialidades, un uno por ciento, algo así.

Yo no pertenezco a esa minoría, sino a la mayoría, el noventa y tantos por ciento de la población, tal vez 97, 98 o 99 por ciento, tanto en IQ como en capacidades físico-atléticas.

Después de unos 10 años de practicar la carrera pedestre, me vi obligado a abandonar la práctica de ese deporte por lesiones en los tendones de Aquiles. Entonces empecé a practicar el ciclismo de ruta; contaba con unos 26 años de edad. Al cabo de un tiempo breve, recorría unos 1,100 km al mes, es decir, poco más de 250 km por semana, que en realidad es poco, pero como decía antes, mis capacidades son muy modestas.



Durante la segunda mitad del año 2002 (posiblemente en agosto de ese año), leí en una revista de ciclismo estadounidense, Bicycling, la historia de Graeme Obree. No compré ese ejemplar, leí el artículo en una sucursal de una cadena que pertenece a un magnate de mi país y tiene como símbolo unos tecolotitos.



Al leer sobre Graeme Obree, su historia de vida, sus problemas de salud mental, etc., identifiqué algo en mi historia de vida. Durante muchos años (no podría decir cuántos), había vivido provocándome agotamiento físico mediante la práctica de mi deporte, para anestesiar un sufrimiento psíquico muy severo porque vivía de manera muy disfuncional. El origen de ello era una patología mental grave. Pese a haber sido atendido por médicos psiquiatras desde 1990 (es decir, durante 12 años hasta ese momento), no sabía que padecía un trastorno de personalidad, el límite (TLP, Borderline Personality Disorder en inglés) y por ello, había vivido en un aislamiento y una soledad muy patológicos, en un ambiente familiar terrible (violencia), sin ser capaz de trabajar y valerme por mí mismo, pese a haber pasado muchos años estudiando como autodidacta para superar mis muy graves deficiencias académicas (algo que logré en buena medida) y pese a ello, no fui capaz de concluir una licenciatura en ingeniería (electrónica).



Me pregunté entonces, ¿por qué dedico tanto tiempo y energía a la práctica de un deporte, es porque me gusta, o se trata nada más de una actividad compulsiva? Lo comenté a mi médico psiquiatra, un individuo terrible, de nombre Flavio. Él no le dio la menor importancia; muchos años más tarde entendí el por qué de ello.

miércoles, 8 de abril de 2026

Graeme Obree, el escocés volador (fragmento tomado de Wikipedia en inglés)

 


Graeme Obree

De Wikipedia (en inglés), la enciclopedia libre

Fragmentos traducidos al español

Graeme Obree (nacido un 11 de septiembre de 1965), apodado “el escocés volador” (por una popular locomotora de vapor), es un ciclista escocés que rompió en dos ocasiones el récord mundial de la hora, en julio de 1993 y en abril de 1994, y fue campeón individual de persecución en 1993 y en 1995. Fue conocido por sus posiciones no convencionales sobre la bicicleta y por la bicicleta (a la que dio el nombre Old Faithful) que él fabricó, usando incluso cojinetes que tomó de una lavadora. Pasó a formar parte de un equipo profesional en Francia, pero fue despedido antes de su primera carrera. También compitió en la persecución individual varonil en los Juegos Olímpicos de 1996. 




Graeme Obree ideó innovaciones radicales en el diseño de bicicletas y en las posiciones para la práctica del ciclismo, pero enfrentó problemas cuando las autoridades de este deporte prohibieron las posiciones que esos diseños requerían. Graeme adopta una actitud de apertura en lo referente a abordar el tema de vivir padeciendo trastorno bipolar y depresión, y haber atentado contra su vida en tres ocasiones; ha usado sus experiencias para motivar a otros deportistas a hablar sobre su salud mental.

Su vida y sus logros fueron plasmados de forma dramática en la película del año 2006, El Escocés Volador, y más recientemente en la película documental Battle Mountain: Graeme Obree’s Story, que narra su viaje a Battle Mountain, Nevada, donde compitió en los World Human Powered Speed Championships (campeonatos de velocidad propulsada por el ser humano).

En marzo de 2010, fue incorporado al Scottish Sports Hall of Fame (salón de la fama del deporte escocés).





Biografía

Orígenes

Graeme Obree nació en Nuneaton, una población de gran tamaño en Warwickshire, Inglaterra, pero ha radicado casi toda su vida en Escocia y se considera escocés.

Atentó contra su vida durante su adolescencia, inhalando gas. Su padre lo salvó, habiendo regresado de su trabajo a una hora temprana.

Competidor de la prueba de contrarreloj, su primera carrera fue una competencia de ese tipo de 10 millas, a la cual se presentó vistiendo pantalones cortos, parka y botas de la marca Doc Marten. Pensó que la línea de salida y la de llegada se encontraban en el mismo lugar y se detuvo donde había comenzado, 100 m metros antes de la meta. Había comenzado a cambiarse de ropa cuando oficiales de la competencia le indicaron que debía continuar. Terminó en “unos 30 minutos”.

Su negocio de venta de bicicletas había fracasado y entonces Graeme decidió intentar romper el récord de la hora en velódromo como un recurso para resolver sus problemas. Durante nueve años ese récord había pertenecido a Francesco Moser, con una distancia de 51.151 kilómetros.




El récord me había despertado una fascinación desde que Moser lo rompió. Era la prueba máxima, sin tráfico, un hombre en el velódromo contra el reloj. No me dije a mí mismo que intentaría romper el récord, me dije que lo rompería. Cuando se tiene la espalda contra la pared, puede uno decir, es una mala situación, o puede uno decir: “lo haré”. Decidí que de eso se trataría, tan valioso como conseguirlo, romper ese récord. 




 Vida personal

Los logros de Graeme en el ciclismo, su vida personal y sus dificultades con su salud mental se han combinado para convertirlo en una de las figuras más enigmáticas y excéntricas del ciclismo. El escocés obtuvo los títulos de Persecución Mundial Individual en 1993 y en 1995, sin embargo, es más conocido por sus intentos por romper el récord mundial de la hora.

En 1990 tomó una sobredosis de aspirina, que deglutió con agua de un charco. Padecía problemas de personalidad, inhaló el gas que usaba para soldar bicicletas, y enfrentaba adeudos de 492 libras esterlinas de cuotas de una universidad. Su hermano mayor, Gordon, murió en un choque automovilístico en octubre de 1994, y Graeme volvió a padecer episodios depresivos. En 2001 fue encontrado inconsciente en la Granja Bellsland en Kilmaurs, a 12 km de su hogar en Ayrshire. El caballo de su familia estaba alojado en un establo en ese lugar y Graeme fue encontrado por una mujer cuando revisaba el granero; él había intentado colgarse usando una soga.

Obree se ha divorciado de su esposa, con la que tuvo dos hijos.