viernes, 21 de agosto de 2026

Jane Minor, tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


Jane Minor nació esclava en Virginia, pero se convirtió en una de las más destacadas sanadoras en Petersburgo en el siglo XIX. Durante la epidemia de cólera que se dio en la ciudad en 1825, ella cuidó a los enfermos en una época en la que el cólera se propagaba rápidamente y el tratamiento médico estaba limitado. Su trabajo fue considerado tan valioso que, con el paso del tiempo, le fue concedida la libertad. Para muchas personas, obtener su libertad habría sido el fin de una prolongada lucha; para Jane Minor, se convirtió en el principio de otra.

Una vez en libertad, Minor continuó trabajando como enfermera y sanadora, ganando dinero con el cuidado médico que prestaba. El uso que dio a sus ingresos rindió enormes resultados, en lugar de conservar todo lo que ganaba, gastó mucho en comprar esclavos y asegurar su libertad. Relatos históricos acreditan que Jane ayudó al menos a 16 personas a lograr su libertad, incluyendo mujeres y niños. Usaba las capacidades y la independencia económica que había obtenido para ayudar a desmantelar el mismo sistema que en el pasado la había esclavizado.

La historia de Minor nos da también un vistazo a la historia —frecuentemente ignorada— del conocimiento médico negro. Mujeres de raza negra, tanto libres como esclavas, frecuentemente trabajaron como enfermeras, parteras y sanadoras dentro de sus comunidades, basándose en conocimiento de plantas, tratamientos, partos y cuidado práctico que había sido transmitido durante generaciones. Mucho de este trabajo fue realizado fuera de las instituciones médicas de la época, que rutinariamente excluían a las personas de raza negra. Por ello, sus contribuciones fueron documentadas de manera deficiente, pese a que su conocimiento fue esencial para la supervivencia de sus comunidades.



Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee, de Wikipedia en inglés, quinta parte

 


Pérdida de la inocencia



Pájaros cantores con su simbolismo asociado aparecen a lo largo de toda la novela. El apellido de la familia, Finch, era el apellido de soltera de la madre de Harper Lee; (finch significa pinzón). Cenzontle (mockingbird) es el elemento central del tema, que aparece por primera vez cuando Atticus —habiendo obsequiado a sus hijos rifles de aire en Navidad—, permite que su tío Jack les enseñe a disparar. Atticus les advierte que, aunque pueden “disparar a todos los azulejos que quieran”, pero deben recordar que “es un pecado matar un cenzontle”. Confundida, Scout se aproxima a su vecina, la señorita Maudie, que le explica que los cenzontles jamás dañan a otras criaturas, haciendo énfasis en que esas aves nos dan placer con su canto, diciendo “ ‘matar a un cenzontle es matar algo que es inocente e inofensivo —como Tom Robinson”. Académicos han señalado que Lee regresa frecuentemente al tema del cenzontle cuando intenta expresar un asunto de moralidad.

Tom Robinson es el ejemplo más importante, entre varios en la novela, de inocentes aniquilados, ya sea por negligencia o con toda intención. Sin embargo, el académico Christopher Metress conecta al cenzontle con Boo Radley: “En lugar de intentar utilizar a Boo para divertirse (como hace al principio de la novela, representando situaciones dramáticas inventadas sobre la vida de Boo), Scout llega a percibirlo como un ‘cenzontle’, esto es, como alguien cuya nobleza interior debe ser honrada”. Las últimas páginas del libro ilustran la moraleja de la historia que Atticus ha estado leyendo para ella, y, en alusión tanto a Boo Radley como a Tom Robinson, afirma que interpretaron mal a un personaje, “cuando al final les fue posible verlo, se percataron de que él no había hecho nada de lo que se decía… Atticus, él era verdaderamente bueno”, a lo que él responde, “la mayor parte de las personas lo son, Scout, cuando al final te das cuenta”.

La novela expone la pérdida de la inocencia de manera tan frecuente que el revisor R. A. Dave afirma que, por el hecho de que cada personaje tiene que enfrentar la derrota, o incluso padecerla, el libro incorpora elementos de una tragedia clásica. Al explorar cómo lidia cada personaje con su derrota personal, Lee construye un marco para determinar si los personajes son héroes o incautos. Ella guía al lector en esa determinación, alternando entre adoración embarazosa e ironía mordaz. La experiencia de Scout con la Sociedad Misionera es una yuxtaposición de mujeres que se mofan, chismean y “reflejan una actitud colonialista arrogante para con otras razas”, mientras proyectan la “actitud de gentileza, piedad y moralidad”. En contraposición, cuando Atticus pierde el caso de Tom, es el último en abandonar la corte, excepto por sus hijos y los espectadores de raza negra, que se encuentran en el balcón designado para ellos y se ponen de pie en silencio cuando Atticus pasa caminando, para rendir honor a sus esfuerzos.



martes, 18 de agosto de 2026

La masacre del Zong. Tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


En 1871, más de 100 esclavos africanos fueron arrojados por la borda y murieron ahogados, para que los esclavistas pudieran cobrar dinero del seguro por esas pérdidas.

La Masacre del Zong

El 6 de septiembre de 1781, el barco Zong, cargado con esclavos, zarpó de África con unos 442 africanos convertidos en esclavos. En aquel entonces, los esclavos eran un “producto” rentable, por lo que frecuentemente se capturaban más de los que el navío podía transportar, para maximizar las utilidades.

Diez semanas más tarde, alrededor de noviembre de 1781, el Zong llegó a Tobago, de ahí se dirigió a Santa Elizabeth, pero se desvió de su ruta en las cercanías de Haití. En esa etapa, escasez de agua, enfermedad y decesos entre la tripulación, en combinación con decisiones erróneas, provocaron caos.

Para finales de noviembre, unos 62 africanos habían muerto, unos por enfermedad, otros por desnutrición. El Zong zarpó entonces en un área en el Atlántico conocida como Doldrums (Zona de Convergencia Intertropical), conocida por el estancamiento de vientos. Varados ahí, la enfermedad causó estragos, cobrando más de 500 vidas conforme las condiciones empeoraban.

Desesperado porque se agotaba el agua, Luke Collingwood, capitán del barco, decidió arrojar por la borda parte del cargamento para salvar el navío y proporcionar a los dueños la oportunidad de hacer seguro de reclamo.

Hombres, mujeres y niños fueron obligados a saltar del buque y así morir ahogados. Algunos de ellos fueron arrojados llevando esposas en las muñecas y bolas de hierro en sus tobillos. Unos 10 africanos saltaron por decisión propia, para evitar ser arrojados por la tripulación. Para el 22 de diciembre, unos 228 africanos llegaron vivos, la tasa de mortalidad fue de 53%.

Cuando el Zong llegó a Jamaica, James Gregson, el dueño del buque, hizo una reclamación de seguro por sus pérdidas. Declaró que el Zong no llevaba el agua suficiente para el consumo de la tripulación y los africanos. El asegurador, Thomas Gilbert, refutó la declaración mencionando la cita de que el barco sí llevaba suficiente agua.

A pesar de ello, la corte jamaicana falló em 1872 a favor del propietario. El valor de los africanos fue reducido al de “caballos” o “carga”, y al mismo tiempo causó indignación entre quienes se oponían a la esclavitud. Pasarían años antes de que el evento fuera denominado como lo que fue: una masacre.

Melissa envió el peor huracán de la historia de Jamaica al viejo puerto de esclavos, al Muelle de Farquharson, y al resto del Río Negro.

Dios no olvida nada




Atentado racista con bomba en un templo en Birmingham, Alabama. Tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


El 15 de septiembre de 1963, cuatro jóvenes de color (raza negra) acudieron a la Iglesia Bautista en la Calle 16 en Birmingham, Alabama, a servicios dominicales. Addie Mae Collins, de 14 años de edad; Cynthia Wesley, de 14; Carole Robertson, de 14; y Denise McNair de 11 años de edad, se dirigieron al sótano a hacer sus preparativos para ese día cuando explotó una bomba que miembros del Ku Klux Klan ahí habían colocado ahí. Las cuatro jóvenes murieron, y más de una docena de personas resultaron heridas.

El templo no había sido elegido al azar. La Iglesia Bautista en la Calle 16 se había convertido en un lugar de congregación importante para la Comunidad Negra y en un centro de reunión para el Movimiento de Derechos Civiles. Birmingham era ya bien conocido por la violencia racial y se había ganado el sobrenombre Bombingham porque en repetidas ocasiones se habían colocado bombas con la intención de destruir viviendas, templos y negocios. Los atentados con bombas se dieron durante un periodo en el que activistas desafiaban la segregación en escuelas y en la vida pública, convirtiendo a la iglesia en un blanco especialmente significativo para quienes tenían la intención de intimidar a los integrantes del movimiento.  

Lo que hace que resulte tan doloroso mirar esta imagen es que estas víctimas no son símbolos o estadísticas. Eran hijas con familias, amigos, personalidades y futuros; y de todo ello fueron despojadas. Addie Mae, Cynthia, Carole y Denise debieron crecer y vivir existencias ordinarias. En lugar de ello, sus nombres fueron vinculados permanentemente con uno de los actos más devastadores del terror racial de la era de los Derechos Civiles. El uso de bombas provocó trauma colectivo en el país e incrementó la atención a la violencia que se usaba para defender la segregación.  

Sin embargo, la justicia no llegó pronto. Aunque el atentado con bomba sucedió en 1963, pasaron décadas antes de que los perpetradores fueran juzgados de manera exitosa. Rose Chambliss fue declarado culpable en 1977, mientras que Thomas Blanton y Bobby Frank Cherry fueron condenados en 2001 y 2002. Otro sospechoso, Herman Cash, murió sin ser condenado. El retraso extremo por sí mismo se convirtió en parte de la historia del uso de bombas y en un recordatorio de cómo la injusticia racial fue incorporada en las instituciones que se suponía debían procurar la justicia.

Recordemos sus nombres: Addie Mae Collins. Cynthia Wesley, Carole Robertson. Denise McNair. Cuatro jóvenes que nunca debieron convertirse en mártires de un conflicto del que no eran responsables. Recordarlas implica recordar que la segregación exigía, lo que la violencia supremacista blanca estaba dispuesta a hacer para preservarla, y por qué la lucha por los derechos civiles era tan importante.

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domingo, 16 de agosto de 2026

Alcanzar la sanación, segunda parte

 

Hoy domingo 16 de mayo salí de casa antes del amanecer, como a las 5:40 h. Me dirigí con mi mascota, mi perrita, Clara (que ha estado conmigo durante nueve años y cuatro meses) hacia un parque no lejano a mi casa. Al regresar tomé unos guantes para protegerme las manos, una sierra y un machete, fragmenté ramas de un árbol que había sido podado hace algunas semanas y se hallaba frente a mi vivienda, en un área que es parte de un parque. Eso me tomó bastante tiempo (más de una hora) y después tomé pico y pala y cavé una fosa poco profunda, donde vertí materia vegetal y otra materia orgánica que cubrí con tierra. Abono natural, nutre la tierra, aumenta su fertilidad, origen de la vida. En mí predominan las tendencias biófilas, a diferencia de tantas personas, en las que predominan las tendencias necrófilas.

Esta actividad me hizo sentir bien. La había aplazado durante mucho tiempo, semanas, y poner manos a la obra trajo consigo un bienestar que podría quedarse conmigo durante mucho tiempo; tal vez permanentemente. Siento que es muy probable que se concrete lo que me he propuesto, asimilar —internalizar— mi historia de vida, cobrar conciencia de que la violencia que ha dominado mi existencia tiene su origen en esa parte destructiva de la naturaleza humana y que al sobrevivir, he derrotado a todos mis antagonistas, sin una sola excepción.

Dice Erich Fromm que el ser humano necesita trascender, y eso se logra con actividad, tanto creativa como destructiva; la segunda es indeseable, por supuesto. Cuando a un ser humano le resulta imposible manifestar su creatividad, manifiesta su destructividad.

Considero que en mí predominan las tendencias biófilas porque pese a la violencia que ha dominado mi existencia, he sido capaz de evitar convertirme en un delincuente —el origen de ello sería un trastorno antisocial de la personalidad, un sociópata— y pese a haber mostrado comportamientos violentos e inestabilidad emocional, no ha predominado en mí ningún tipo de destructividad.

He sido capaz de evitar el abuso de sustancias, drogas tanto legales (tabaco y alcohol) como no legales. He vivido adoptando buenos hábitos (nutrición y actividad física, deporte), algo que me interesó durante mi adolescencia, cuando empecé a convertirme en un deportista, y desde mi infancia me ha interesado mucho la lectura, he vivido buscando la cultura y el conocimiento. Para aprender —enfrentando dificultades muy serias por haber nacido neuro-divergente y habiendo padecido un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, nunca diagnosticado— me convertí en un autodidacta. En los últimos años he superado mis tendencias racistas y ahora oriento mi vida hacia la búsqueda de la justicia, como lo más importante que puede existir. Mi postura en contra del racismo y la segregación es representada por una frase (que no es de mi autoría): Una sola raza, la raza humana.

Admiro a personajes de la historia que mostraron características excepcionales; he buscado en libros y en la red (sobre todo en Wikipedia en inglés), información sobre algunos de ellos, como Wilm Hosenfeld, Patrice Lumumba, Albert Schweitzer; Hans y Sophie Scholl, con Christoph Probst y los otros miembros de la Rosa Blanca; Viktor Frankl, Erich Fromm…, muchos otros.

Si consigo internalizar ese conocimiento, el origen de la violencia que ha dominado mi vida, perpetrada por individuos que no fueron capaces de escapar a la mayor debilidad que puede existir (refugiarse en la fantasía, evitar evaluarse a sí mismos como lo que son para así ser capaces de fortalecerse), principalmente por cobardía; mientras al mismo tiempo internalizo que yo fui capaz de hacer una autoevaluación de manera objetiva, sin incurrir en racionalización, cobardía; optando en cambio por hacer lo contrario, identificar mis deficiencias y convertir mis debilidades en fortalezas; si consigo internalizar todo eso, habré logrado la sanación.

Siento que estoy muy cerca. No buscaré más vengarme de nadie y si consigo liberarme del resentimiento y del odio (un peso descomunal que he llevado sobre mis hombros durante décadas), mi creatividad se habrá liberado y seré capaz de recorrer la senda correcta.

Eso liberará mi creatividad, y la capacidad de trascender, una característica del ser humano, según Erich Fromm, mi gran maestro.  

Agradezco a quien haga el favor de leer lo que escribo.

Alcanzar la sanación, primera parte

 

Ayer sábado dormí muchas horas durante el día, también comí una barbaridad. Ha sido así durante mucho tiempo, supongo que la razón de eso es que me estoy recuperando de un agotamiento físico, mi metabolismo se aceleró en gran medida y perdí mucho peso.

Mañana 17 de agosto se cumplirán cinco años de que se consumó una enorme injusticia, fui despedido en esa empresa farmacéutica, Maver (segunda ave, después de AVEX, muchos años antes). Desde entonces he vivido un trastorno por estrés postraumático muy severo porque lo que sucedió —haber sido agredido sistemáticamente durante mucho tiempo, ser violentado por negarme a aceptar que mi agresor permaneciera impune— es muy representativo de lo que ha sido mi historia de vida. Mi padre, un narcisista maligno, me torturó psicológicamente desde mi más temprana infancia, etc.

Abandoné la atención psiquiátrica hace años, antes de ser despedido. Ese es otro asunto importante, médicos psiquiatras me hicieron mucho daño, intentaron arruinarme o incluso provocar que por desesperación atentara contra mi vida; los fármacos no me ayudaron y en cambio provocaron que subiera mucho de peso, que no sintiera nada (como un autómata) y también que careciera de la voluntad para hacer nada.

Para acabarla de completar, en una institución pública de salud mental se me violentó de una manera terrible, una psicóloga cometió faltas gravísimas e incluso incurrió en conductas delictivas y las autoridades de esa institución le obsequiaron toda la impunidad del mundo.

Durante los últimos años me he percatado de que he vivido despertando envidia en muchas personas (la mayoría del género masculino, varones), pese a nunca haber sido un buen estudiante y por haber sido un deportista, aunque en realidad jamás destaqué. Muy recientemente he pensado en la posibilidad de que muchos de esos antagonistas (a los que yo llamo “ratones emasculados”), como muchísimos “hombres”, llevan consigo (como mínimo) una homosexualidad latente y en parte, esa furia que manifestaban contra mí tenía su origen en esas tendencias no naturales; una atracción erótica por ese compañero, “amigo” o conocido al que detestaban u odiaban; esto es, hacia mi persona.

Uno de los individuos que más daño me hicieron (ese antagonista de nombre David) me odió y manifestó eso en muchas ocasiones una furia contra mí de intensidad homicida (siempre de una manera muy cobarde e histérico), porque me identificó como alguien que sí hizo lo que él pudo haber hecho y decidió no hacer: esforzarse para superar sus deficiencias, convertir sus debilidades en fortalezas. Esto lo aprendí mirando videos en YouTube sobre la obra y el legado de Carl Gustav Jung, uno de los padres del psicoanálisis; un genio, por supuesto.

No he sido rechazado, detestado u odiado por mis defectos —que, por supuesto sí tengo, soy un ser humano—, sino por mis características positivas, cualidades.

Hace muchos años me atendió una psicóloga de nombre Leticia, de forma presencial, durante un poco más de dos años en una institución pública donde incluso no se me cobraba por el servicio. Ella fue muy competente y me ayudó mucho. Algo que me dijo quedó en mi mente: “tu pensamiento te controla”. Leticia identificó mi grave patología (neurosis, un trastorno límite de la personalidad), pero desafortunadamente para mí, no me dijo cuál era el origen de eso, tortura psicológica.

El más problemático de los síntomas es la obsesión, brotan en mi mente miles de recuerdos de violencia perpetrada por muchas personas, no porque yo quiera que suceda eso, sino porque no lo puedo evitar. Como dije antes, no pienso volver a tomar jamás ningún tipo de fármaco psiquiátrico, trátese de antidepresivos, ansiolíticos, estabilizadores del estado de ánimo, antipsicóticos, etc. Me propuse investigar y determinar cuál es el origen de esa violencia que ha dominado mi vida. He leído a Erich Fromm, podría decir que incluso he estudiado su obra (si bien, no tengo todos sus libros). Además, lo admiro porque fue un gran humanista, hijo único de judíos ortodoxos, se convirtió en lo que él llamó un ateo místico”.

Mi padre murió hace 18 años y ocho meses. Los acontecimientos durante mis años 30s, (la puñalada por la espalda que me pegó David, con lo que siguió, mi familia la completó) dieron lugar a que mi vida cayera a un precipicio, viví muchos años en la desesperación y no me quité la vida nada más porque no me atreví; usando palabras más claras, no me quité la vida por cobarde. La cobardía no es algo que predomina en mí, pero finalmente soy un ser humano.

Volviendo al asunto de mi padre, he vivido odiándolo y especialmente durante estos últimos cinco años, he vivido como si lo tuviera junto a mí. Después de buscar información sobre la parte destructiva del ser humano, empecé a asimilar ese conocimiento y así ha disminuido ese síntoma tan problemático, recordar muchísimas vivencias de agresión, violencia, perpetrada por mi padre y por muchas otras personas, cuyo origen es la debilidad mental, la impotencia vital, la cobardía manifestada como incapacidad para aceptar la verdad. Creo que el objetivo del psicoanálisis es que el terapeuta y el paciente busquen juntos la verdad y cuando lo logran, cuando encuentran la verdad, se llega a la sanación.

Por ello afirmo que la incapacidad para aceptar la verdad es el origen de la enfermedad mental, el individuo empieza a llevar una activa vida de fantasía y eso le sucede a la mayoría de las personas. Vivimos en un mundo que en el que no se tolera la verdad y algún personaje célebre dijo una vez: “¿eres dado a hablar con la verdad?, prepárate para quedarte solo”.

Mi padre y esos antagonistas que me hicieron mucho daño (David y el psiquiatra de nombre Flavio), con otras decenas de alfeñiques (tanto en lo físico como en lo mental/cognitivo), optaron por vivir como cobardes y así se permitieron desarrollar patologías (principalmente narcisistas) y manifestar conductas vergonzosas, negándose a percibir que la persona a la que agredieron no los despojó de nada; fueron ellos quienes se convirtieron en sus mayores enemigos.

Autosuficientes, gente que no necesita que nadie le haga daño. Hace tiempo me topé con una idea genial (tal vez en la red social X, antes Twitter), que decía algo así como: Yo no voy a permitir a nadie que arruine mi vida, si yo me la puedo arruinar; si no puedo, le pediré a alguien que me eche la mano.

Yo viví señalado, estigmatizado y en el oprobio durante muchísimos años, sin merecer eso, sino lo contrario. Me esforcé en lo difícil y en lo muy difícil, desde mi infancia, durante mi adolescencia y durante mi juventud. No merecería el desprecio de nadie, sino lo contrario; merecería respeto y reconocimiento.

Continuaré en la siguiente entrada

Understanding Power, de Noam Chomsky, libro mencionado en una cita de Chomsky en X (antes Twitter). Tomado de Wikipedia en inglés. @Chomsky_Quotes

 


Understanding Power: The Indispensable Chomsky (Entendiendo el Poder: Chomsky Indispensable), publicado en 2002, es una colección de transcripciones (no publicada previamente) de seminarios, ponencias y sesiones de preguntas y respuestas, conducidas por Noam Chomsky entre 1989 y 1999.

Las transcripciones fueron compiladas y editadas por Peter R. Mitchell y John Schoeffel. Mitchel y Schoeffel son defensores públicos en Nueva York.  

Recepción


Yannick Vanderborght, al escribir en la Revisión de la Economía Política Radical, calificó Understanding Power como “una lectura estimulante”, y elogió el extenso conocimiento fáctico de Chomsky. Afirmó que Chomsky demuestra “cómo (lo que es percibido como) ‘sentido común’ puede ser trascendido mediante una exploración cuidadosa de fuentes no tomadas en cuenta, el examen detallado de hechos no revelados, o la comparación informada de eventos olvidados”, pero hizo una advertencia, mediante la observación de que las afirmaciones de Chomsky —a las que calificó como anti-intelectuales— respecto a que los problemas políticos son en realidad simples, y advirtió que “el estilo oral podría despertar suspicacias sobre el radicalismo, que necesariamente implica argumentos desequilibrados y no sutiles”.

Publishers Weekly afirmó que el libro proporciona “una introducción útil y de amplio rango al análisis (de Chomsky) del poder y los medios de comunicación, y afirmó: Los análisis —un formato que permite a Chomsky presentar sus puntos de vista en un estilo de conversación, accesible, confirman su involucramiento de amplio espectro en los asuntos del mundo”.


El editor de Current Affairs, Nathan J. Robinson, describió el libro como “de alto contenido, con comprensión a fondo” y “la mejor introducción disponible” al pensamiento de Chomsky, y declaró que se encuentra en el primer lugar entre los libros que han influenciado su postura política personal.