domingo, 18 de octubre de 2026

Luz Long, atleta alemán que compitió contra Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936

 Tomado de Wikipedia en inglés


Carl Ludwig “Luz” Long (27 de abril de 1913 – 14 de julio de 1943) fue un deportista que practicó el salto de longitud y ganó la medalla de plata en ese evento en los Juegos Olímpicos de Verano en Berlín e hizo amistad con Jesse Owens, que ganó la medalla de oro en ese evento. Luz Long ganó el campeonato alemán de salto de longitud en seis ocasiones: 1933, 1934, 1936, 1937, 1938 y 1939.

Long murió cuando prestaba sus servicios en el Ejército Alemán bajo el mando de la Wehrmacht durante la Segunda Guerra mundial.


Temprana época de su vida

Long nació en Leipzig un 27 de abril de 1913. Estudió Derecho en la Universidad de Leipzig, donde en 1936 se unió al Club Deportivo Leipziger. Después de su graduación, ejerció como abogado en Hamburgo, y mantuvo su interés en el deporte.


Juegos Olímpicos de 1936


Con 21 años de edad y una estatura de 1.84 metros (6 pies con 0.5 pulgadas), Long había ocupado el tercer lugar en los Campeonatos Europeos de Atletismo con 7.25 metros (23 pies y 9.5 pulgadas). Para el verano de 1936, Long detentaba el récord europeo en salto de longitud y anhelaba enfrentar en competición a Jesse Owens, atleta estadounidense, que detentaba el récord mundial. El evento de salto de longitud celebrado un 4 de agosto fue el primero en el que Long enfrentó a Owens, y Long satisfizo su expectativa al romper el récord olímpico durante la ronda preliminar. En contraste, Owens cometió infracción al ejecutar sus primeros dos saltos; y sabiendo que en su tercer salto necesitaría lograr 7.15 metros (23 pies con 5.5 pulgadas) como mínimo para poder avanzar hacia la final, que se celebraría esa misma tarde, Owens se sentó sobre el área de campo (dentro del estadio de atletismo), sintiéndose apesumbrado.

En el documental de 1966, Jesse Owens Regresa a Berlín, Owens relata una anécdota, Long se acerca a darle consejo antes de que ejecute su tercer salto. De acuerdo con la narración, Long dijo a Owens que debía saltar unas pulgadas antes de la línea de despegue, lo cual reduciría la distancia de salto que sería medida, pero evitaría el riesgo de cometer otra infracción. Según esa teoría, Owens sería capaz de cubrir la distancia (de salto) requerida, incluso con la desventaja de saltar antes de la línea de despegue. Pero esta conversación es apócrifa. Grantland Rice observó a Owens durante toda la ronda de calificación y en ningún momento vio que hablara con Long. Tom Ecker relata que él preguntó a Owens sobre esta anécdota y Owens admitió que no era cierta, mas sí parecía agradable. En su tercera ronda de calificación, Owens mantuvo la calma y saltó al menos 10 cuatro pulgadas (10 centímetros) detrás de la línea de despegue, y así le fue posible calificar a la final. En la competencia final, horas más tarde, los participantes rompieron el récord olímpico vigente en cinco ocasiones.


Owens se convirtió en campeón olímpico de salto de longitud con una marca de 8.06 metros (26 pies con 5.25 pulgadas), superando el récord de Long de 7.87 metros (25 pies y 9.75 pulgadas). Long ganó la medalla de plata por segunda vez y fue el primero en felicitar a Owens; posaron juntos para las fotografías y caminaron hacia el vestidor tomados del brazo. Owens dijo: “Long mostró mucho valor al hacer amistad conmigo en presencia de Hitler…, si yo fundiera todas mis medallas y trofeos, ese material no resultaría suficiente para igualar la amistad de 24 quilates que sentí por Luz Long en ese momento”. La competición entre Long y Owens quedó registrada en un documental de Leni Riefenstahl, Olympia Fest der Völker.


Dos días más tarde, Long terminó en décimo lugar en la competencia de triple salto.

Long ganó la competencia de salto de longitud en los Campeonatos Británicos de la Asociación de Atletismo Amateur de 1937 y ocupó el tercer lugar en esa misma prueba (salto de longitud) en los Campeonatos Europeos de Atletismo de 1938, con un registro de 7.56 metros (29 pies y 9.5 pulgadas).

Segunda Guerra Mundial

Long prestó sus servicios en la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial, con el grado de Obergefreiter. Durante la invasión de los Aliados en Sicilia, Italia; fue herido un 10 de julio de 1943, en la batalla por el aeródromo de Biscari-Santo Pietro, y murió cuatro días después en un hospital militar británico. Fue sepultado en el cementerio de guerra de Motta Sant’Anastasia en Sicilia.

Una leyenda urbana dice que Long envió una carta a Owens, desde el campo de batalla, pidiéndole que visitara a su hijo si él fallecía. Se dice que Long pidió a Owens que explicara al muchacho cómo era la vida, antes de que las poblaciones fueran divididas por la confrontación; la guerra. Esa carta jamás fue vista por las familias de Owens o de Long, ni parece probable que a Long le fuera posible enviar una misiva hacia los Estados Unidos siendo integrante de la milicia alemana. Además, se ha afirmado frecuentemente que la carta provino del Norte de África, un escenario en el que Long no prestó sus servicios.

Después de la guerra, Owens viajó a Alemania para encontrarse con el hijo de Long, Kai-Heinrich Long (1941–2021), lo cual aparece en el documental Jesse Owens Regresa a Berlín, en el que Owens y el hijo de Luz Long sostienen una conversación en el Estadio Olímpico de Berlín.

Monumentos conmemorativos



Trayectos cercanos a las instalaciones deportivas en la ciudad natal de Luz Long, Leipzig, y en el Parque Olímpico de Múnich de 1972, llevan su nombre. Su medalla, fotografías y documentos fueron donados al Museo del Deporte de Leipzig.

sábado, 17 de octubre de 2026

Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de Berlín, 1936. Tweet de BLACK-MEDIA-HUB @BmediaHQ

 

Jesse Owens llegó a unos Juegos Olímpicos de Berlín que el mundo observaba, pero su mayor rival no se hallaba en la pista. La Alemania Nazi había convertido los Juegos Olímpicos en un escaparate para la ideología de Hitler, que proclamaba la superioridad de la raza aria. Owens respondió a esa propaganda ganando cuatro medallas de oro.


Nacido James Cleveland Owens en 1913 en Alabama, se mudó con su familia a Cleveland como parte de la Gran Migración Afroestadounidense. Sus capacidades atléticas se hicieron evidentes durante su paso por la escuela secundaria superior, y en la Universidad Estatal de Ohio ascendió al siguiente nivel. En 1935, en los Big Ten Championships en Ann Arbor, Owens rompió tres récords mundiales y empató otro durante un periodo de tiempo de apenas 45 minutos, proeza todavía considerada una de las más importantes en la historia del atletismo.


En los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, Owens ganó los 100 y los 200 metros, el salto de longitud y los relevos de 4 x 100 metros. Su victoria en el salto de longitud resultó particularmente sobresaliente porque el atleta alemán Luz Long lo alentó de manera abierta durante la competencia. Ellos se hicieron buenos amigos a pesar de la ideología racial dominante en esos Juegos Olímpicos.


Una versión popular dice que Hitler se rehusó a estrechar la mano de Owens, pero la realidad es más compleja. Hitler había dejado de felicitar de manera personal a cada ganador de medalla individual después de que oficiales olímpicos le dijeron que debía felicitar a todos los vencedores, o a ninguno. Owens recordó más tarde que el tratamiento que recibió en casa resultó también profundamente desalentador. El presidente Franklin D. Roosevelt no lo invitó a la Casa Blanca después de sus victorias.

Owens regresó a una nación segregada en la que haber ganado cuatro medallas de oro en Juegos Olímpicos no lo liberaba del racismo ni de la discriminación. Sus logros exhibieron una dolorosa contradicción: Estados Unidos celebraba sus victorias en el extranjero, mientras estadounidenses negros seguían luchando por la igualdad básica en casa.















jueves, 15 de octubre de 2026

I answer a question published in Workplace Mental and Health Resources, X (formerly Twitter). Who has been your worst bully – Second part


 

My father was my worst bully, but he was not the only one. Two narcissistic coworkers harassed me and hurt me badly

Because I was a very bad student, from the beginning (except with everything that involved reading and writing), and having behaved badly almost everywhere, my father considered me the worst criminal who ever lived. My mother didn’t take care of me and did not realize that my father hated me. She did not defend me when I was attacked by my father or anyone else, or worse, she participated in that violence.

Unable to learn, target of my father’s anger (of homicidal intensity), I developed a very bad mental illness. Being 26 I found a psychiatrist who handled the subject as if I were “normal” (healthy), not because he was incompetent, but because he wouldn’t want me to heal; he hurt his clients (patients) as much as he could.

Five years later, being 31 and having failed at college for a second time (which made me lose the desire to live), I found another psychiatrist. He didn’t inform me or my parents about my mental illness (Borderline Personality Disorder), which is considered very serious. Three years later I found a third psychiatrist, who did just what his colleagues had done before.

Three criminal physicians, psychiatrists, hurt me badly. They would have wanted to see me death (suicide rate is very high in this condition), or at least ruined by substance abuse of legal or not legal drugs.

Being 33 and a half years old, a former classmate from college hired me for the first job of my life. He hated me because I had the looks of a high-performance sportsman (although I wasn’t such, at all) and in contrast, he suffered from a very bad condition, some kind of genetic mutation. Being very slim, he lacked muscle mass and his proportion of adipose tissue was very high.


I did very well in this job, for a very short time (a few weeks) I was happy. Seemed to me that it was worth having failed when I tried to kill myself, but that didn’t last. Two and a half months after being hired, my “friend” (boss), gaslighted me. He distorted everything, I was doing very well and he said that he couldn’t have hired anyone worse than me, for that individual couldn’t possibly have existed, couldn’t have been found anywhere in the whole world.

I resigned and my life became hell, once more.

This former classmate at college was a second bully. Extremely weak, both physically and mentally; vitally powerless.

I left that first job of my life early in 1998 (2 February, a Monday). I lived in despair, tried to work again, I did very well but I didn’t achieve anything.

I have been the kind of person who arises jealousy, envy, in narcissistic individuals. Because of that I was rejected or harassed when I worked in electronics maquiladoras as an unskilled worker, earning less than the equivalent of 50 US dollars a week.

Rather late in life, being almost 51, I entered a pharmaceutical company, as an English-Spanish translator. I worked with documentation which would be sent to the equivalent of what in the US is known as FDA (Food and Drugs Administration). I worked there for six years and three months.

It wasn’t a good job, but was far better than working as an unskilled worker, being better educated than many professionals. Two years after joining the company, I suffered a bicycling accident, I broke my left collarbone. It wasn’t bad, because it was a simple fracture. After six weeks I would be ok.

When I went back to work, late in June 2017 (being 53 years old), a coworker began harassing me. He was 19 years my junior, but I was taller and stronger than him, physically fit.


Omar would have felt relieved had he perceived in me an incompetent coworker, not very smart and with the looks of an individual who doesn’t live with good habits. He was known as a bully, untouchable because he was protected by the highest senior executive in the company, the director of our department. A woman.

In October 2018 (I was almost 54 and a half years old), this bully told his boss (a woman who had been hired two months earlier) that I had hurt someone badly. That wasn’t true, of course. He broke the law, defamation of character.

I informed that to the director of the department to which the bully, his boss and I belonged. That woman ordered the director of the Human Resources department (who was not her subordinate, but did hold a position at the same corporate level) that I must be sent to the institution where I received medical (psychiatric) care and obtain a document which proved that I was taking care of myself, for I had become a very big threat for everyone around me.

For the next two years and 10 months, I was forced to live defenseless.

Nobody did ever do any wrong to me. I imagined that I was being harassed because I was crazy.

I found the way to spread information on the bully’s behavior, and the way Human Resources had handled the affair. I was fired on 17 August 2021, a Tuesday. That is, more than five years ago.

I have lived a nightmare because again, once more, I was punished for being the target of violence perpetrated by bullies, evil individuals who suffered from very bad mental pathologies; my father, my “friend” and former classmate David in that electronics maquiladora; and Omar in that pharmaceutical company.

However, those three bullies did not get away with what they did to me. My father died 18 years and 10 months ago. I don’t know what happened to David, but I believe he could be dead. Omar must have been fired too from that pharmaceutical company, but his dismissal must have been justified. Because of that, he would have lost his compensation for having worked for 14 years in that place; he may not survive.

David backstabbed me in AVEX; Omar did harass me in Maver

The first place died long ago, the second could have died recently. Were this the case, both would be cadÁVEres (corpses).

I would celebrate that


 

I answer a question published in Workplace Mental and Health Resources, X (formerly Twitter). Who has been your worst bully – First part

 

My father was my worst bully, but he was not the only one

For years, I have been following an X (formerly Twitter) account on violence at workplaces. Its name used to be “Stop Workplace Bullies”, which was changed to “Workplace Mental Health Resources”. I consider that a very good resource, for this kind of violence is a very serious problem, and —talking about myself—, I have been target of such. I avoid the use of the word ‘victim’ because I would not want to be perceived as manipulative, which I am not.

Today I answered a question written on this X account:

Who has been your worst bully?

My response was:

My father. 14 August 1937 - 14 December 2007. I saw him for the last time two years and four months before he died. I did not attend his funeral. I threw his ashes... I'll skip that. I have not been able to stop hating him, malignant narcissist. Psychopath

I believe this is a very serious subject, because for centuries (maybe for thousands of years), people have been taught that they must love their parents. In fact, it has been mandatory, both by religious and secular traditions.

This is preposterous

Love and gratitude are felt naturally. We human beings do not have a switch in our anatomies that can be turned on or off. Were this the case, we could turn off the Suffering Switch, and/or turn on the Happiness Switch.

Loving someone who has hurt us badly equals to become severely masochistic.

When I was born (with a twin sister), my father was 26 years and nine months old. His mother had died 14 years before. He blamed his father for that, accused him of having been a brutal husband, very violent with her and their six children, all males. My father was forth in birth order.

Four and eight years after my twin sister and me came to this world, two more sisters were born. I was the only male of four children, just like my paternal grandfather. Maybe that increased the hatred my father felt against me, for he blamed me for everything that was wrong in his life, even if I couldn’t have possibly hurt him because such violence was perpetrated years (even decades) before I was born. Being still a child, he made me responsible for everything that was wrong in the world, for the entire history of humanity.

A malignant narcissist (a psychopath) my father was. He was not psychotic (mad), he knew that considering me the worst criminal who ever lived didn’t make sense at all. He couldn’t have cared less.

He was the kind of man who stabs someone and then asks why they bleed. Psychological torture; gaslighting?

Being a (fraternal) twin, my health was fragile. I was born unable to see much with a left eye. Thirty-five percent peripheral vision, unable to focus. Besides that, I was neurodivergent and suffered from Attention-Deficit Hyperactivity Disorder (ADHD), never diagnosed and therefore, never attended.

I learnt to read and write in a very short time, but everything that involved numbers (beginning with basic arithmetic) seemed extremely difficult. I needed a special education, a tutor who three days a week taught me in my home or somewhere else. My mother didn’t take care of me, my father considered me the worst criminal who ever existed. He considered himself a martyr.

Being neurodivergent, I fell very often, I tripped with my own feet. I never washed my teeth, which were not visible because a layer of tartar covered it. I couldn’t tie my shoelaces the way most people do, so I taught myself to do that, and eventually, I learnt to do a lot of things teaching myself.

When I was nine or 10 years old, I wanted to play with my sisters, but they refused to do that because they wouldn’t want to play with “men”. There weren’t boys, males, around (in the neighborhood where I lived), so I took a piece of rope and began to jump. I liked that. It became a frequent activity and that helped me to overcome movement and coordination problems.



Being 16, I watched Olympic Games on TV. I decided that in four or eight years, I would become an Olympic champion, and began to run every morning, Monday to Sunday. About five miles in 40 minutes. Six or eight years later, in my early 20s, I realized that I wouldn’t ever become a high performance sportsman, for they are gifted and I wasn’t such, but an ordinary man. I didn’t care much, anymore.

After 10 years being a runner, at 26, I was forced to quit because I injured my Achilles tendons (I had run on hard surfaces), and I switched to bicycling. Having failed miserably as a student (electronics engineering), I began to teach myself mathematics, physics and other engineering subjects. I succeeded in overcoming my very bad academic deficiencies, but I couldn’t complete an undergraduate degree. Anyway, I do not consider myself a failure.

I am not condescending with myself. I believe failure doesn’t exist, or I must say that he who has tried, cannot fail, if he has made their best effort. He who avoids doing that, —doesn’t even try— is a failure.


I also taught myself a foreign language, English. My mother tongue is Spanish, which I had learnt well because I had spent many years reading books bought by my parents when I began primary education.

I thought that reading (unabridged) books and all kind of written material in English would be useful. I believe I have done that well, although I must study the grammar of this foreign language, which is not easy, as many people believe.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Sobre tener hijos, disminución de los índices de natalidad. Quinta parte

 

Tener hijos para que el sistema capitalista, que ha degenerado en neoliberalismo, empiece a envenenarlos desde que nacen; incluso tal vez desde antes de su llegada. Corporaciones gigantescas inundan el comercio con productos (alimentos y bebidas carentes de nutrientes y en cambio tóxicos, basura venenosa) y organismos como la Organización Mundial de Comercio (World Trade Organization) se encargan de imponer reglamentos para impedir que los gobiernos de las naciones que lo integran difundan información sobre sus efectos en la salud, y así sus habitantes dañen su salud; frecuentemente de manera irremediable. 



Gerber, leche Nido y similares cuando son bebés. Durante su niñez, cereales de caja, mermeladas, sustancias untables como mantequilla de cacahuate, Nutella, etc.; botanas como Sabritas, Barcel; bebidas azucaradas (jugos), refresco, refresco negro; cereales de caja (Kellog’s y similares), etc.

 

Chatarra, más bien basura, tóxica, carente de nutrientes, veneno.


Enfermedad cardiaca, diabetes, cáncer. Genera utilidades gigantescas a quienes producen y comercializan esos productos, después a prestadores de servicios médicos e industria farmacéutica.

Cultura de la muerte, necrofilia, término de Erich Fromm.

Así, traer hijos al mundo equivale a convertirlos en carne de cañón para que magnates y similares los aniquilen en vida, lentamente, incurriendo incluso en los actos de mayor depravación que pueden existir:

Paidofilia: prácticas sexuales con menores de edad, abuso sexual e incluso violación.

Necrofilia, como parafilia; prácticas sexuales con cadáveres.

Antropofagia, canibalismo.

Escatología, prácticas sexuales en las que se involucra diuresis (orinar) y evacuación (defecación) entre las personas que participan.


Sodoma y Gomorra son mitología, no así las orgías romanas. Eso nunca cambió, la Isla Epstein horrorizó (comprensiblemente) a muchas personas, pero eso siempre ha existido.



Soy ateo. Así como no necesitamos un Ser Superior, tampoco necesitamos a Satanás (o Belcebú, o como le quieran llamar) ni a su legión de Ángeles Caídos (rememorando a John Milton). En el ser humano se encuentra el potencial para el bien y para el mal.

Mi postura no es pesimista, mucho menos catastrofista; más bien es realista.

Hay un aspecto positivo, que mencionaré en otro momento. Agradezco a quien haga el favor de leer lo que escribo.

Sobre tener hijos, disminución de los índices de natalidad. Cuarta parte

 

Otras buenas razones para evitar tener hijos:

Desaparecen personas de todas las edades —desde bebés hasta ancianos—, como si se las tragara la tierra; en muchas ocasiones, jamás se vuelve a saber de ellas.


Catástrofe neoliberal, en lo económico. Comenzó con Miguel de la Madrid Hurtado, primer mandatario de mi país entre 1982 y 1988, c el ingreso al GATT (General Agreement on Tariffs and Trade); continuó con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al final del sexenio de Carlos Salinas de Gortari (Gnomo Diabólico); Ernesto Zedillo Ponce de León tomó la estafeta (pese a ser muy antagónico con su antecesor); continuaron Vicente Fox Quezada (infame, el primer mandatario más débil de la historia de esta nación); Felipe Calderón (Comandante Borolas); Enrique Peña Nieto; terminó cuando en diciembre de 2018 asumió la Primera Magistratura un hombre con una postura totalmente opuesta a la de sus predecesores, etc.

Un hombre y una mujer se unen en matrimonio, o en concubinato, lo que sea. Si no trabajan ambos, muy probablemente no contarán con el dinero suficiente que es necesario para vivir. ¿Quién se hará cargo del (la) pequeño(a)? Guardería…

El Amor de los Padres y “Una Familia Unida”


En su libro Tener o Ser, Erich Fromm cita a un científico estadounidense, Lloyd de Mause:


Experimentar amor en el modo de tener implica encerrar, aprisionar o dominar al objeto “amado”. Es sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida. Lo que la gente llama amor la mayoría de las veces es un mal uso de la palabra, para ocultar que en realidad no ama. Puede dudarse que muchos padres amen a sus hijos. Lloyd de Mause afirmó que durante los pasados dos milenios de historia occidental, ha habido informes de crueldad para con los hijos, desde tortura física y psíquica, descuido, franca posesividad y sadismo tan terribles que puede creerse que los padres amantes son la excepción y no la regla.

La inmensa mayoría de las familias son en extremo disfuncionales. Para tantas personas, el lugar donde está su familia es el más inhóspito del mundo. Por añadidura, con mucha frecuencia se dan lo que Erich Fromm denomina “vínculos incestuosos”; no se rompe el cordón umbilical, y “familia muégano”.

Siendo un hombre muy joven, con 24 años de edad, yo decidí que jamás tendría hijos, sí contraería nupcias (algo que hasta el día de hoy no he hecho, si bien, no hay una edad límite para ello), pero tener descendencia, definitivamente no.

Leyendo la biografía de Erich Fromm —hijo único de padres judíos ortodoxos—, me enteré de que el matrimonio de sus padres fue muy disfuncional, él vivió en una atmósfera de tensión, se casó en dos ocasiones, pero nunca tuvo descendencia.

Hablando de mí, puedo decir que he deseado que la población de mi país y del mundo disminuya, pero sin homicidios, genocidios, limpieza étnica, epidemias; nada de eso.

Podría suceder de manera natural, cuando cientos —tal vez miles— de millones de personas se percaten de que abstenerse de reproducirse puede ser una opción perfectamente válida y muy deseable.

En esta tercera década del siglo XXI, con avances tecnológicos como la robótica y la inteligencia artificial, muchas labores podrán ser realizadas por robots, y se prescindirá de seres humanos. Muy probablemente, filantrópatas como el dueño de la mayor compañía de software de todo el mundo, haciendo equipo con una Organización Mundial de la Salud (WHO), han utilizado armas químico-biológicas para reducir la población mundial entre un 10 y un 15 por ciento (como él lo expresó), muy probablemente faltando a la verdad, y el verdadero objetivo sería entre un 85 y un 90 por ciento.

No es eso lo que yo deseo.

Mi intención ha sido expresar ideas, agradezco a quien haga el favor de leer mi prosa.

Sobre tener hijos, disminución de los índices de natalidad. Tercera parte

 Vivencia difícil, cargada de violencia, de mi historia de vida


Vacaciones de verano, durante mi temprana adolescencia, pubertad. La maestra de la materia Español, me había reprobado porque me detestaba, yo había cursado el segundo año de secundaria, asistía a un curso de regularización entre semana. Mi padre jugaba golf, razonablemente bien; yo practicaba ese deporte porque él lo había decidido, no porque yo deseara hacer tal cosa; si bien, debo agregar que en cierta medida lo disfrutaba.

Se celebró un torneo, el cupo era limitado, no había lugar para mí. Mi padre me cedió su lugar y por supuesto, por ello no le fue posible participar; mi hándicap era el más alto, 36. La competencia se llevó durante un fin de semana, los días sábado y domingo. No gané ni quedé en segundo ni en tercer lugar; fallé miserablemente, según mi padre.

Era la noche del domingo, no muy tarde, tal vez las 21 horas. Al día siguiente yo debía asistir a ese plantel donde cursaba la secundaria, al curso de verano, regularización de esa materia que había reprobado, Español. Yo ocupaba una habitación que no compartía con ninguna de mis tres hermanas, un pequeño privilegio siendo el único hijo varón. Mi madre se hallaba en su habitación, tal vez habiendo ya conciliado el sueño, como mis hermanas en otra habitación. Yo me encontraba en mi dormitorio, con la puerta abierta. Al ver a mi padre subir las escaleras, sonreí porque sentí que eso era lo que debía hacer, aunque ver a mi verdugo no fuera agradable, en lo más absoluto.

El narcisista maligno, psicópata, interpretó la sonrisa de su terrible hijo (deportista fracasado, que hacía todo mal) como una agresión, de un vástago que se burla de su sufrido padre. Se enfureció por ello y se plantó frente a mí, expresando con furia de intensidad homicida que yo era lo más terrible que pudo haberle sucedido en su existencia, nunca fui capaz de brindarle ninguna satisfacción.

Yo había cumplido 14 años de edad, mi padre se acercaba a 41; en ese momento de la historia, un individuo de esa edad podía ser considerado todavía joven. Manifestando su odio (de intensidad homicida) con su discurso, su mirada, la expresión de su rostro, mi padre —un hombre fuerte, muy violento, peleador temible— me atemorizó y yo comencé a llorar.

Yo había sido educado con ideas tradicionales (milenarias) como “los hombres no lloran”. Además del malestar que sentía al ser agredido por un individuo contra el que no podía defenderme, de ninguna manera, sentí bochorno, vergüenza, turbación.

—No chille, cabrón— dijo ese individuo terrible, violento, sádico, torturador despiadado.

El hijo de la gran puta se fue, no sé a dónde, a pasar la noche quién sabe con quién.

Mi madre había despertado, se acercó a mí y me preguntó qué había pasado, el porqué de mi llanto. Yo respondí y ella me dijo:

—No le hagas caso.

Los hijos no venimos al mundo a satisfacer las expectativas de nadie, a darle ningún tipo de satisfacción a nuestros padres; tampoco a ser su servidumbre. Menciono esto último porque mi padre (igual que muchos otros, mayoría), asignaba tareas a su hijo como lavar sus automotores —automóvil o camioneta pick up, (y ahora Town & Country— y otras), por el estilo.

En otra ocasión, cuando yo me hallaba en mi tardía adolescencia, viviendo ya en otra ciudad, mi padre me llevó (con una de mis hermanas) a una pista de atletismo, un domingo en la mañana. Yo había practicado la carrera pedestre durante unos tres años, participaba en carreras medio fondo (1500 m) y fondo (5000 m), pero no destacaba porque pese a ser muy dedicado, muy disciplinado y contando con una gran motivación para competir, mis capacidades eran muy modestas. Esto porque pese a la apariencia que proyectaba (de deportista de alto rendimiento), mi capacidad cardiopulmonar y muscular (de mis piernas, principalmente), no daban para mucho.

Mientras nos dirigíamos a ese lugar (a esa pista de atletismo), mi padre nos decía a mi hermana y a mí que en una competencia, solamente hay un triunfador, un individuo exitoso; el que consigue el primer lugar; todos los demás —segundo, tercero, cuarto lugar; y de ahí para abajo son una bola de fracasados—. “Un honroso segundo lugar” es una expresión detestable, merecedora de desprecio. 

Yo participé en una carrera de 5000 metros, 12.5 vueltas a la pista (que mide 400 m). Último lugar, hice el ridículo. Los atletas que ocuparon los primeros lugares eran algunos años mayores que yo, sus capacidades —tanto de los músculos de sus piernas, como de pulmones y corazón— eran muy superiores a las mías. Me sentí terriblemente mal, incapaz de comprender que haber ocupado ese último lugar (incluso fui rebasado en dos ocasiones y muy probablemente corrí una vuelta menos a la pista, es decir, una distancia total de 4600 m.,) y cuando me acerqué a mi padre, él expresó con un desprecio absoluto que lo que yo había hecho no servía absolutamente para nada.

Semanas después, mi padre volvió a agredirme, mencionando incluso que los competidores que ocuparon los tres primeros lugares en esa carrera de 5000 metros eran “pati-cortos”, la longitud de sus piernas era considerablemente menor que la longitud de las mías.

El narcisista maligno, psicópata, además de pendejo e hijo de ramera, ignoraba que la longitud de las piernas no tiene nada que ver con la capacidad de un atleta o deportista para su desplazarse en carrera pedestre. Los seres humanos tenemos en nuestros músculos una combinación de fibras de contracción lenta y fibras de contracción rápida. En quienes son muy veloces, predominan las fibras de contracción rápida, algo que no tiene nada que ver con su estatura. Además, tratándose de medio fondo o fondo —y gran fondo, por supuesto—, es muy importante la capacidad cardiopulmonar, a diferencia de las carreras de velocidad, sprints.

Exigir a un hijo que destaque en competencia deportiva (o académica, en cualquier actividad que implique tal cosa, competir), no es una manifestación de amor, sino de lo más opuesto a eso: es una manifestación de narcisismo patológico.

He traído al mundo a un individuo de características formidables, a un prodigio humano; eso demuestra mi superioridad.

Pierre de Coubertin, barón, pedagogo e historiador, concibió la realización de Juegos Olímpicos en la era moderna, muy lejos en el tiempo de los que se celebraron en la Antigua Grecia. Su objetivo fue promover la amistad entre las juventudes del mundo, no convertir el evento en un sustituto de la guerra.

Lo importante no es ganar, lo importante es competir, dijo este hombre ejemplar

Cito una vez más a Erich Fromm. Este gran humanista dice que vivir compitiendo es algo insano, indeseable, porque dificulta o incluso imposibilita sentir empatía y solidaridad por otro ser humano; si cada individuo con el que nos encontramos es —al menos potencialmente— un antagonista.

Creo yo que además de eso, el deporte (especialmente el alto rendimiento), fomenta otra característica indeseable (y potencialmente muy destructiva) del ser humano: el narcisismo patológico, tanto individual como social (de grupo). Por eso, detesto el Campeonato Mundial de Futbol (la última edición se celebró hace algunos meses), así como prácticamente todo lo que es deporte espectáculo, cuando curiosamente, ver por televisión unos Juegos Olímpicos me motivó para convertirme en un deportista.