lunes, 27 de julio de 2026

Antagonistas de todo tipo, desde homicidas en potencia hasta ratones emasculados. Segunda parte

 

Un buen número de individuos débiles en lo mental (independientemente de su constitución en lo físico, sus características anatómicas), impotentes en lo vital, me han agredido, también movidos por la envidia. En ciertos casos, esa violencia tiene una explicación (si bien, no una justificación), pues se trató de personas que fueron víctimas de la injusticia y la desigualdad social, vivieron en pobreza. En muchos casos, no fue así; se trató de individuos que, si bien no provenían de familias pudientes, contaron con circunstancias favorables en lo económico y pese a ello, decidieron no esforzarse para desarrollar sus potencialidades y así llegar a respetarse y a amarse a sí mismos.

Esforzarse, no nada más en lo que resulta fácil, sino también en lo que resulta difícil y muy difícil permite al ser humano superar el sentimiento de insignificancia en un mundo gigantesco, cuya complejidad es de tamaño descomunal. 

Desde mi más temprana infancia me sentí muy motivado para aprender a leer y a escribir. Logré eso muy rápidamente al inicio de mi educación básica (primaria), y en todo aquello que tenía que ver con lectura y escritura, siempre destaqué; mas en aquello que tenía que ver con números, aprender resultaba de difícil a imposible, necesitaba una educación especial, un maestro particular, pero viví en desatención y violencia perpetrada por mis padres.



Un origen de violencia en el ser humano es la envidia; otro origen, los celos. He aprendido esto de leer a Erich Fromm (El Corazón del Hombre), que en el capítulo 2 (que se titula Diferentes Formas de Violencia) menciona esas y otras causas, como agresión defensiva (una violencia que se justifica, por razones obvias), etcétera.

Volviendo al asunto de violencia cuyo origen es la envidia, me llama la atención lo irracional que resulta esa baja pasión.



El megalómano de nombre David, padecía lo que yo creo (no puedo asegurarlo) es una mutación, algo que le heredaron sus padres y quién sabe cuántos de sus antepasados, una carencia de masa muscular muy grave que lo condenó a ser extremadamente débil. Cuando se dio cuenta de que yo era un deportista (mi actividad y una genética favorable me daba la apariencia de un deportista de alto rendimiento), comenzó a odiarme. Fingió ser mi amigo, pero manifestaba una violencia verbal extrema y arranques de furia de intensidad homicida que lo hacían parecer una mujer menopáusica o presa de un brote psicótico. Por si hiciera falta, me permitiré mencionar que su cobardía era también extrema.


Un médico psiquiatra (de tres que me hicieron mucho daño), no parecía sentir envidia, sino necesidad de vengarse, no de quien lo lastimó, de quien le hizo daño, sino de alguien vulnerable que confiara en él e incluso llegara a sentir gratitud y afecto por prestarle su “ayuda” profesional. Su aspecto era el de un indígena, por añadidura, sus características (constitución, genética) eran pésimas, —lo cual no se debía a su origen étnico, racial— en una cultura a la vez clasista y racista. Tiene sentido suponer que desde su infancia sufrió violencia, que compañeros de la escuela y en muchos entornos le llamaban indito, aborigen, de lo cual yo no era responsable; nunca lo consideré inferior ni manifesté ese tipo de violencia. Él intentó arruinarme, o incluso, sus acciones pudieron haber contribuido a que me venciera la desesperación y atentara contra mi vida.



Cuando he sido objeto de acoso laboral (me sucedió en esa empresa farmacéutica donde trabajé durante seis años y tres meses), el acosador se sintió amenazado, intimidado, por mis características, pese a que él ocupaba un puesto de jefatura y su remuneración era mucho mayor que la mía (más del doble); él era 19 años menor que yo; una diferencia considerable, casi dos décadas. Quienes participaron en el acoso (violencia vicaria, monos voladores) tenían a su jefe narciso (y afeminado) en un pedestal —de hecho, estaban perdidamente enamorados de él, lo cual implica por supuesto, (como mínimo) una homosexualidad latente—.

Pero, ¿cómo manejar todo esto, y más? ¿Cómo eliminar ese síntoma tan problemático, sobre-pensar, cuyo origen son esos miles de recuerdos que brotan en mi memoria la mayor parte del tiempo, mientras estoy despierto?

Debo escribir sobre las victorias contundentes que he logrado al enfrentar esa violencia, que, si bien me dañó en gran medida, no me aniquiló; tampoco arruinó mi vida.

Los he vencido a todos. Debo escribir de manera concisa sobre esos antagonistas, cómo logré derrotarlos y la victoria contundente que implica encontrarme en la séptima década de mi vida (62 años de edad), en mejores condiciones que muchísimos hombres (podría decir, mejor que la mayoría, a riesgo de parecer narcisista), incluso mejor que muchos individuos jóvenes.

Mi padre fue un sádico torturador despiadado, un narcisista maligno (un psicópata), un depravado, incestuoso y más. Viví en vulnerabilidad casi total y sin percatarme de ello, lo odié. Ese odio fue de lo más acertado, pues inconscientemente, me dio la energía y la determinación para ser muy diferente a él, no se cumplieron sus profecías (yo me convertiría en un individuo despreciable, una piltrafa humana); mientras que él vivía aterrado durante muchos años porque se dirigía hacia un precipicio o hacia una fosa en llamas y le resultaba imposible detenerse.



Si escribo las ideas arriba expresadas, de manera concisa y clara y después las leo en voz alta y grabo ese discurso, al escucharlo, esas ideas anidarán en mi psiquis y eso me permitirá asimilar esa parte de mi existencia; cuando lo consiga, habré alcanzado la sanación.

Lo voy a intentar

Antagonistas de todo tipo, desde homicidas en potencia hasta ratones emasculados. Primera parte

 




Mi padre, un narcisista maligno; David, megalómano cuya patología mental (narcisista, muy grave) tenía su origen en su debilidad física y todavía más en su debilidad mental; médicos psiquiatras, tres, el más terrible el último, de nombre Flavio; son ellos los antagonistas que me atacaron perpetrando una violencia que pudo haberme costado la vida. No exagero al afirmar que lo que hicieron equivale a intento de homicidio.

Otros individuos manifestaron hostilidad, agresividad, mediante agresiones de todo tipo, pero la mayor parte del tiempo, manifestaban esa violencia de manera cobarde. Ataques de furia nivel histeria, que manifestaban verbalmente, por algo que yo en algún momento hice mal, pero tendría poca o nula consecuencia. Muy frecuentemente, me ridiculizaban, movían la cabeza y soltaban la carcajada, señalándome; algo que coloquialmente se conoce como “arrojar la piedra y esconder la mano”, actos verdaderamente cobardes y que, sin embargo, muy pocas personas son capaces de identificar.

Otra manifestación de violencia cobarde perpetrada por esos roedores, eunucos por elección, o por vocación, era chisme, intriga, maledicencia, la mayor parte del tiempo perpetrada a mis espaldas. Esto sucedió durante las diferentes épocas de mi educación, pese a que nunca fui un buen estudiante (por ser neuro-divergente, padecer un TDAH no identificado, por la afectación a que daba lugar la violencia familiar en mi hogar, etc.,) y por haber sido un deportista, aunque no destaqué en competencia, más que a un nivel verdaderamente muy modesto porque mis capacidades no daban para mucho.

Siempre tendí a ser asocial, solitario, un inadaptado. En ocasiones, me dolía esa condición e intentaba socializar, pero la mayor parte del tiempo, la interacción con otras personas era pésima. Con el paso del tiempo, después de mi infancia, adolescencia, temprana juventud, etc., la soledad y el aislamiento en que vivía me provocó un sufrimiento difícil de tolerar y en combinación con la violencia en mi hogar (un caldo de cultivo para neurosis e incluso psicosis o demencias), mi existencia se convirtió en una pesadilla; en ocasiones un infierno.

A pesar de que superé mis muy graves deficiencias académicas, convirtiéndome en un autodidacta para aprender matemáticas, física y otras materias de ingeniería, no fui capaz de terminar una licenciatura, quedé trunco y llegué a tener más de 30 años sin haber trabajado un solo día de mi vida. Pese a haber contado con atención psiquiátrica durante no menos de seis años, no sabía que padecía una patología muy grave y por ello vivía de una manera tan disfuncional.

No obstante, fui capaz de evitar el abuso de sustancias —adicción a drogas legales como tabaco y alcohol; y adicción a drogas no legales como marihuana, cocaína, morfina, cristal, todo eso—. ¿Cómo conseguí un logro tan importante?


El médico psiquiatra infame, criminal, de nombre Flavio, me dijo una vez:

—Te salvaste del alcoholismo.

No, señor perverso, no es que me haya salvado. Fui capaz de evitarlo esforzándome para fortalecerme y así no llevar en mi psiquis un dolor que puede alcanzar intensidad nivel suplicio, lo que da lugar al abuso de sustancias (alcohol etílico en este caso), buscando anestesiar ese sufrimiento tan intenso.

Sobre-pensar, un síntoma de mi neurosis sigue presente, no he conseguido suprimirlo, eliminarlo

 

Leía en la sala el capítulo 10 de To Kill a Mockingbird, de Harper Lee (que ya había leído, unos días antes), para escucharlo más tarde del audio-libro, que ha ido bajando poco a poco de una red social. La intención es compenetrarme con el idioma inglés, porque durante los últimos años, después de haber perdido un empleo por negarme a aceptar la impunidad que se obsequió a un agresor que me acosó laboralmente durante más de cuatro años, he padecido un estrés postraumático que a todas luces me ha dañado en lo mental/cognitivo.



Durante los últimos tres o cuatro días, he evitado usar la TV (Smart), excepto como monitor para activar archivos mp3 en memorias USB conectadas a un DVD cuyo cable de video está conectado a la Smart TV, y el cable de audio está conectado a una barra de sonido. A ratos uso YouTube, para ver informativos no comerciales (después de las 21 o las 22 h) y limito mucho el uso de esa red social. Es poco lo que vale la pena ver, la publicidad es extremadamente desagradable, y he llegado a creer que un exceso de estímulos visuales ha afectado seriamente mi salud mental.

He leído antes esta novela, una obra maestra de la literatura estadounidense, y hacer tal cosa ha sido una delicia. Esta vez ha sido diferente, porque siguen brotando en mi mente recuerdos de personas que me hicieron mucho daño, como mi padre, el megalómano de nombre David, médicos psiquiatras y otras personas que trabajan en salud mental (como psicólogos, profesión en que predomina el sexo femenino, es decir, psicólogas), y muchos individuos que en las diferentes épocas de mi historia de vida, me agredieron de diferentes maneras sin que yo les diera el menor motivo; hicieron tal cosa simple y sencillamente porque yo estaba presente.

¿Cómo explicar eso? Resulta un tanto difícil, porque se presta a que se malinterprete mi respuesta: envidia.

Argumentar eso, que muchas personas me han agredido movidos por envidia, podría parecer un síntoma de narcisismo patológico, y no es el caso. Si bien es cierto que cuento con características poco comunes, el problema de fondo es muchos de esos antagonistas se han sentido muy mal al percibir en mí a un individuo que optó por evaluarse a sí mismo de manera objetiva, evitar recurrir a la negación; evitó hacer uso de un mecanismo de defensa psicológico: racionalización, que conduce a algo terriblemente dañino refugiarse en la fantasía; hacer tal cosa conduce a la autoinmolación, a arruinarse a sí mismo, sin esperanzas de recuperación.

Al hacer tal cosa, —evaluarme de una manera objetiva— mirarme al espejo y percibir mis debilidades, tanto físicas como mentales, sentí la necesidad imperiosa y la motivación para esforzarme y superar esas deficiencias. Empecé a convertirme en un deportista en mi adolescencia —adoptando al mismo tiempo buenos hábitos en nutrición y todo lo que tiene que ver con salud orgánica— y años más tarde, me convertí en un autodidacta para aprender aquello que me resultaba difícil y muy difícil.

También me esforcé en aquello para lo que estaba bien dotado, principalmente en estudiar una segunda lengua, el inglés, también como autodidacta a partir de que alcancé un nivel intermedio. Esto es algo que no ha concluido, debo estudiar la gramática a fondo, para poder escribir correctamente, y parte de ese estudio autodidacta consiste en escuchar audio-libros, por eso he leído y escuchado esa maravillosa obra, legado de Harper Lee, Matar un Cenzontle (esa sería la traducción correcta del título).

Mis antagonistas (o muchos de ellos), evitaron fortalecerse y así cultivaron la debilidad, incrementaron su fragilidad en la mayor medida posible y al hacer tal cosa volvieron autosuficientes; ellos no necesitaron que nadie les hiciera daño, se convirtieron en sus peores enemigos.

Yo no voy a permitir a nadie que arruine mi vida, si yo me la puedo arruinar; si no puedo, le permitiré a alguien que me eche la mano.

Por eso me detestaban o me odiaban. Me percaté de eso recientemente, al toparme en YouTube con videos que exponen las teorías de Carl Gustav Jung.

Ahora debo hacerme de un recurso para manejar este síntoma tan problemático, que me afecta la mayor parte del tiempo: sobre-pensar, recuerdos de malas vivencias de diferentes épocas de mi vida, frustración, furia, necesidad de cobrar venganza, etc.

En la siguiente entrada mencionaré una idea, que podría funcionar; escuchar mi voz, mi discurso, al referirme a esos antagonistas que me violentaron sin que yo les diera el menor motivo, etc.

Si consigo eliminar ese síntoma, mi psiquis quedará limpia, desintoxicada y eso liberará mi creatividad. No pierdo nada con intentarlo.

viernes, 24 de julio de 2026

Ideología de género, una tragedia (un suicidio) y temas relacionados

 


Sentí el deseo de volver a leer una obra maestra de la literatura, Matar un Ruiseñor, en el idioma original, inglés; To Kill a Mockingbird.

Menciono esto porque el tema principal es una enorme injusticia. Si bien, se trata de una novela (ficción), se basa en un hecho real. En Estados Unidos, durante la década de La Gran Depresión (1930s), en una pequeña población en un estado del sur, Alabama, Tom Robinson, hombre de raza negra, es acusado de haber violado a una mujer de raza blanca, Mayella Ewell. Se asigna a Atticus Finch, padre de la mujer que narra la historia —Jean Louise “Scout” Finch, una niña en la época— la tarea de defender a Tom. Atticus (con sus hijos Jem y Scout) es objeto de violencia verbal, habitantes de esa pequeña población le llaman: nigger lover; esa expresión no puede ser traducida al español porque no existe un equivalente de la palabra “nigger”, término extremadamente ofensivo que se usa contra personas de raza negra. Podría traducirse como “adorador de niggers”. Se espera que ese abogado realice una simulación, una farsa, al defender al supuesto violador. En lugar de ello, Atticus demuestra que Tom no hizo ningún daño a Mayella, sino lo contrario. Fue la única persona que, en los 19 años de vida de esa mujer, se portó bien con ella, hija mayor de un alcohólico, con seis hermanos menores, huérfana de madre, viviendo en la miseria y víctima de la violencia de su padre.

Por haber mostrado una buena actitud hacia Mayella, Tom Robinson es acusado de violación y pese a que Atticus Finch demuestra que es inocente, es condenado a muerte. Un fallo a favor de una persona de raza negra y en contra de una persona de raza blanca, resulta una imposibilidad en un estado del sur de los EEUU, y más en esa época. En el momento en que Mayella Ewell acusa a Tom Robinson de violación, él es hombre muerto.

Como señalé antes, se trata de una novela, pero está basada en un hecho real, algo que sucedió en Alabama o tal vez en algún otro estado del sur durante esa época, la Gran Depresión.

Hoy viernes 24 de julio, se difunde una noticia trágica. Un hombre, maestro de una institución de educación media superior, se quitó la vida, abrumado por la catástrofe que se aproximaba, habiendo sido acusado por una alumna por acoso sexual.

La ideología de género se ha convertido en un mecanismo no feminista, sino hembrista, que a todas luces, pretende dar un giro de 180 grados al desequilibrio de género. Que las mujeres puedan violentar a los hombres, acusarlos por faltas o incluso delitos que no cometieron y salirse con la suya.

Yo soy partidario del régimen que gobierna a mi país. Voté por López Obrador en tres ocasiones (2006, 2012 y 2018) y en 2024 voté por Claudia Sheinbaum. Me parece que Claudia ha continuado con una buena labor, pero me preocupa el modo como ha manejado este asunto, esa violencia de género y el uso de una palabra recién acuñada: feminicidio.

Esta ideología de género convierte en sinónimos las palabras hombre y agresor, victimario, violador y feminicida. Existen testimonios que expresan que ese hombre, maestro en una institución de enseñanza media superior, de nombre Alberto Israel Jasso Cruz, tuvo un buen desempeño durante 25 años y fue muy apreciado por sus alumnos durante un cuarto de siglo.


Sigo a una dama en X (antes Twitter) de nombre Ana María Vázquez. No sé mucho sobre ella, pero me halaga (y le agradezco) que ella me siga en esa red social. Es escritora, dramaturga y novelista, algo que yo quisiera llegar a ser; de momento soy un escribidor. Ella escribe en algo que llaman Diario Basta. Eché un ojo a lo que publicó sobre el tema mencionado, que ella tituló: “AHORA ME LO CHINGO”, que expresa con mucha claridad la violencia que no pocas mujeres están dispuestas a perpetrar contra individuos del sexo masculino, algo que en realidad no es nuevo, pero crece con medida con este fenómeno terrible, la ideología de género.


Un párrafo de ese breve texto (de la autoría de Ana María, en el Diario Basta), menciona al sistema carcelario, llamándole “el hotel más caro del mundo”; algo que me llamó mucho la atención porque en fecha reciente publiqué en mis blogs, una nota sobre el hermano mayor de un individuo que hace mucho tiempo (28 años) me pegó una puñalada por la espalda, algo que pudo haberme costado la vida. Ese hermano mayor de David, de nombre Jorge Iturbe Gutiérrez, es director general de operaciones y socio de Constructora GIA, fundada por Hipólito Gerard Rivero, hermano de Ana Paula, segunda cónyuge de un ex primer mandatario: Carlos Salinas de Gortari.


Este individuo, Carlos Salinas de Gortari, continuó con la labor que inició su antecesor, Miguel de la Madrid Hurtado, al ingresar a México al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio). Salinas de Gortari dio inicio al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que provocó una catástrofe económica en los tres países, arruinó a altos porcentajes de sus poblaciones. Esa es la razón más importante por la que creció tanto la delincuencia organizada en México, en específico, el narcotráfico.


Hipólito Gerard, cuñado de Salinas de Gortari (al que yo llamo Gnomo Diabólico), fundó la Constructora GIA, y durante más de 20 años, ha saqueado al erario, sustrayendo cantidades estratosféricas de dinero. Encontré en una nota en la red, que por administrar un centro penitenciario, Hipólito obtiene 1051 millones de pesos al año. Otros magnates (apóstoles del neoliberalismo) como Carlos Slim y Olegario Vázquez hacen eso mismo.


Sé que he mencionado muchas cosas en este escrito. En fecha reciente, escribí sobre ese individuo infame (débil en extremo, tanto en lo físico como en lo mental, origen de una patología narcisista de gravedad extrema), refiriéndome a un hermano mayor de él, que estudió arquitectura en una “universidad católica” y se convirtió en el vasallo y socio más importante de Hipólito Gerard, canalla cuñado de Carlos Salinas de G, Gnomo Diabólico.

¿Por qué esta mescolanza, o amalgama de ideas?

Tal vez porque aparecen temas y personajes que ejemplifican manifestaciones muy importantes de la destructividad humana. Entre ellas, violencia injustificada (porque no se trata de agresión defensiva), desequilibrio de género a la inversa, fomentar la injusticia, ambición (acaparar el capital) a la que uno de los más grandes filósofos de la historia (Baruch Spinoza) llamó insania.

Ese mal individuo, Jorge Iturbe, es enemigo acérrimo de la 4T, la razón debe ser obvia. Parece muy probable que se hayan iniciado procedimientos para incautar a los saqueadores lo que robaron a la Nación, y eso haya convertido en “víctimas” a Hipólito, con sus socios de la Constructora GIA, apóstoles del Evangelio Neoliberal; (omitiré decir “amén”).

De momento es todo. Agradezco a quien haga favor de leer lo que escribo.

jueves, 23 de julio de 2026

Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee, de Wikipedia en inglés, tercera parte

 


Resumen de la trama

La historia, narrada por Jean Louise “Scout” Finch, se da durante un periodo de tres años (1933-1935) durante la Gran Depresión en el pueblo ficticio de Maycomb, Alabama, capital del Condado de Maycomb. Scout, de seis años de edad al inicio del libro, vive con su hermano mayor Jeremy, apodado Jem, y su padre viudo Atticus, un abogado de edad mediana. Tienen también una cocinera de raza negra, Calpurnia, que ha estado con la familia durante muchos años y ayuda a Atticus a criar a sus dos hijos.

Jem y Scout hacen Amistad con un niño de nombre Charles Baker Harris, apodado Dill, que visita Maycomb y se hospeda con su tía cada verano. Los tres niños sienten terror, y sin embargo también fascinación, por su vecino, Arthur “Boo” Radley, que vive en reclusión. Los adultos de Maycomb muestran poca disposición a hablar de Boo, y muchos de ellos no lo han visto en muchos años. Los niños estimulan mutuamente su imaginación con rumores sobre la apariencia de Boo y las razones por las que permanece oculto, e idean tácticas para conseguir que salga de su vivienda. Después de dos veranos de amistad con Dill, Scout y Jem se topan con que alguien les deja pequeños obsequios en un árbol fuera de la propiedad Radley. En ocasiones el misterioso Boo manifiesta afecto por los niños, pero, para su decepción, jamás aparece en persona. Un día, aparece el hermano mayor de Boo y abruptamente cierra el lugar poco visible que usaba Boo para dejar figurillas y objetos de poco valor para los niños.

El juez Taylor designa a Atticus como defensor de Tom Robinson, un hombre de raza negra que ha sido acusado de violar a una joven de raza blanca, Mayella Ewell. Aunque muchos de los ciudadanos de Maycomb desaprueban que Atticus haga eso, él acepta defender a Tom haciendo su mejor esfuerzo. Otros niños agreden a Jem y a Scout por la actividad de Atticus, llamándole “adorador de niggers”*. Scout se muestra dispuesta a pelear para defender el honor de su padre, aunque se le ha pedido que no haga tal cosa. Una noche, Atticus se confronta con un grupo de hombres que quieren linchar a Tom. Scout, Jem y Dill aparecen inesperadamente, y sin darse cuenta, Scout quebranta la mentalidad de la turba cuando reconoce a un compañero de su padre en la universidad y al establecer un diálogo profundo con él, quebranta la voluntad de esos hombres que pretendían cometer un linchamiento.  

Atticus no quiere que Jem y Scout estén presentes en el juicio de Tom. No hay lugares disponibles en el piso principal, pero el Reverendo Sykes, el pastor de la iglesia de Calpurnia, invita a Jem, a Scout y a Dill a presenciar el juicio desde el balcón de las personas de color. Atticus demuestra que Mayella Ewell y su padre, Bob, mienten. Se revela que Mayella hizo insinuaciones sexuales a Tom, y que por ello fue golpeada por su padre. Los habitantes de la localidad se refieren a los Ewell llamándoles “basura blanca” no merecedora de confianza, pero a pesar de ello, el jurado dicta veredicto de culpable y Tom es condenado. Atticus conserva la esperanza de que el veredicto sea revertido, pero Tom no puede mirarlo a los ojos cuando es retirado del lugar. A 24 horas del intento de linchamiento y del fin del juicio, se informa que Tom intentó escapar de la prisión, y murió acribillado.

A pesar de que Tom fue hallado culpable y ejecutado, Bob Ewell se siente humillado por los eventos del juicio. Atticus explica que destruyó el último vestigio de credibilidad de Ewell, que jura cobrar venganza y escupe a Atticus en el rostro, intenta allanar la casa del juez y amenaza a la viuda de Tom Robinson. Finalmente, cuando Jem y Scout se dirigen hacia su vivienda en una noche oscura después de un evento en su escuela, Ewell ataca a Jem, le fractura y brazo y lo deja inconsciente en la confrontación, pero en medio de la confusión, alguien acude al rescate de los niños. El hombre misterioso lleva a Jem a casa, donde Scout se percata de que se trata de Boo Radley.

El sheriff Tate llega al hogar de Finch, habiendo encontrado a Ewell muerto por una herida de cuchillo. Atticus cree que Jem es responsable de ello, pero Tate está seguro de que fue Boo. El sheriff dice a Atticus que para proteger a Boo, informará que Ewell cayó sobre su cuchillo durante el ataque. Boo pide a Scout que lo acompañe a casa, y ella acepta de buena gana. Después de que Scout se despide de Boo en el frente de su casa, él desaparece y Scout jamás lo vuelve a ver. Mientras se encuentra en ese lugar, Scout imagina la vida desde la perspectiva de Boo.

 

*No existe en español un equivalente de la palabra “nigger”, por lo tanto, no puede ser traducida; es un término peyorativo y en extremo ofensivo con el que se agrede a personas de raza negra.

Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee, de Wikipedia en inglés, segunda parte

 


Nacida en 1926, Harper Lee creció en el pueblo sureño de Monroeville, Alabama, donde se hizo amiga íntima del que pronto se convertiría en un escritor famoso, Truman Capote. Asistió a la Universidad Privada de Huntington en Montgomery (1944-45), y después estudió leyes en la Universidad de Alabama (1945-49). Cuando asistía a la universidad privada, escribió para publicaciones literarias del campus: Huntress at Huntington y la revista humorística Rammer Jammer en la Universidad de Alabama. En ambas instituciones, Lee escribió historias cortas y otras obras sobre injusticia racial, un tópico rara vez mencionado en esos entornos educativos durante esa época. En 1950, Lee se mudó a la Ciudad de Nueva York, donde trabajó como empleada de reservaciones para British Overseas Airways Corporation (BOAC); y empezó a escribir una colección de ensayos e historias cortas sobre gente en Monroeville. Albergando la esperanza de ser publicada, en 1957 Lee presentó sus escritos a un agente literario recomendado por Capote. Un editor en J. B. Lippincott, que compró el manuscrito, le aconsejó que abandonara la aerolínea y se concentrara en la escritura.

Donaciones de amigos le permitieron escribir sin interrupción durante un año. Después de terminar el primer borrador y devolverlo a Lippincot, el manuscrito, en ese momento titulado “Ve y Pon un Centinela”, cayó en manos de Therese von Hohoff Torrey, conocida profesionalmente como Tay Hohoff, que se sintió impresionada: “La chispa del verdadero escritor brota en cada línea”, relataría Hohoff más tarde en una historia corporativa de Lippincott, pero como lo percibía ella, el manuscrito no era de ninguna manera adecuado para ser publicado. Era, como ella lo describía, “más una serie de anécdotas que una novela concebida en su totalidad”. Durante los siguientes dos años y medio, Hohoff dirigió a Lee, de un borrador al siguiente hasta que al final el libro alcanzó su forma terminada.

Después de que el título “Centinela” fue rechazado, fue re-titulado Atticus, pero Lee lo renombró Matar un Cenzontle* para reflejar que la historia iba más allá del retrato de un personaje. El libro fue publicado el 11 de julio de 1960. El equipo editorial en Lippincot advirtió a Lee que probablemente vendería solo unos centenares de copias. En 1964, Lee recordó sus esperanzas sobre el libro cuando dijo:

Nunca esperé ninguna clase de éxito con ‘Cenzontle*”… Esperaba una muerte rápida y misericordiosa en las manos de los revisores pero, al mismo tiempo, albergaba la esperanza de que a alguien le gustaría lo suficiente como para darme ánimos; estímulo público. La esperanza era exigua, como dije, pero obtuve mucho, y en cierta forma eso resultó tan atemorizador como la muerte rápida y misericordiosa que yo esperaba.

En lugar de una “muerte rápida y misericordiosa”, Libros Condensados del Reader’s Digest eligió al libro para reimprimirlo en parte, lo cual le proporcionó inmediatamente amplia difusión. Desde su publicación original, el libro nunca ha sido descatalogado.

*En el original, aparece la palabra Ruiseñor, que no corresponde con la palabra inglesa Mockingbird; al traducir al español se alteró el título; debe ser Matar un Cenzontle.  

lunes, 20 de julio de 2026

To Kill a Mockinbird, de Harper Lee, paralelismos con mi historia de vida

 


Desde mi más temprana infancia, mi padre me acusó de haber sido la causa de su sufrimiento por la violencia de la que él fue víctima, algo que sucedió décadas antes de que yo naciera. Siendo todavía un niño, mi padre me hizo responsable de todo lo que estaba mal en el mundo, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Manipuló a muchísimas personas durante no menos de 35 años, haciéndoles creer que yo era la causa de su adicción al alcohol y de sus comportamientos terribles. Su éxito al hacer tal cosa, manipular a un número indeterminado de débiles mentales, fue contundente.

Atticus Finch defendió a Tom Robinson, a mí nadie me defendió.

No fui condenado a muerte, por supuesto, pero sí viví señalado, estigmatizado y en el oprobio. Desde mi infancia comencé a esforzarme para afrontar mi problemática, viviendo en desatención por parte de mi madre y objeto de la violencia que mi padre perpetraba con una furia de intensidad homicida.

Como si eso no fuera suficiente, enfrenté desde mi más temprana infancia dificultades muy severas porque nací neuro-divergente, y padeciendo un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) que nunca se diagnosticó; por puesto, nunca se atendió. También nací sin visión en el ojo izquierdo, o debería decir, con una visión muy disminuida; 35 por ciento, periférica, sin poder enfocar. Por ello, mostraba una torpeza extrema de movimientos —me tropezaba con mis propios pies, no pude aprender a atarme los cordones de los zapatos y jamás me lavaba los dientes—, y pese a que mostré siempre un desempeño académico en todo aquello que involucraba lectura y escritura, en lo que involucraba números, mi desempeño fue deplorable. Necesitaba una educación especial, un maestro particular que me ayudara a aprender, pero mis padres no estaban dispuestos a hacer nada por mí.

Desde mi infancia, empecé a enfrentar esas dificultades y a fortalecerme, tanto en lo físico como en lo intelectual. Muchos años más tarde, ya en la cuarta década de mi vida, al interactuar con otros individuos (durante mi primer empleo, por ejemplo, que obtuve con 33 años y medio de edad), compañeros de trabajo, débiles en lo mental —ni que decir de su debilidad física, ratones emasculados— me detestaron al percibir en mí características deseables poco comunes (cualidades) e incluso hubo quienes me odiaron por ello.


Perdí ese primer empleo al comenzar el año 1998, tres meses antes de cumplir 34 años de edad, porque un ex compañero de la universidad que era mi jefe directo (él me contrató) en una empresa de la maquiladora electrónica recién llegada al país, reencarnó a mi padre. Su patología narcisista era extremadamente grave y al percibir que yo no era infinitamente inferior a él en lo intelectual, me atacó con una furia de intensidad homicida mediante agresiones verbales. Mutante que padecía una distrofia muscular, persona gordiflaca, arranques de furia característicos de una mujer menopáusica, megalómano monstruoso.

Lo que me hizo ese mutante de características antinaturales (de lo cual yo no soy responsable en lo más absoluto), pudo haberme costado la vida. Meses más tarde, mi familia (mis padres y mis hermanas, con participación de sus cónyuges) completaron la agresión y mi vida cayó a un precipicio.


Perdí la voluntad de vivir y durante más de un cuarto de siglo he deseado no haber nacido jamás. Sin embargo, durante los últimos años (a raíz de haber perdido ese empleo que desempeñé en una empresa farmacéutica por negarme a aceptar la impunidad que le obsequiaron a un individuo que me acosó laboralmente, un narcisista maligno, como mi padre) he cobrado conciencia de que pese a toda mi problemática, mi calidad de vida es mejor que la de muchísimos hombres considerados normales.

¿Qué significa la palabra normal? En el pasado (hace muchos años, no podría decir cuántos), era sinónimo de sano. Cambió su uso, no sé por qué. Ahora tiene que ver con estadística, norma, mayoría.

La mayoría de las personas están peor que yo. Lejos de avergonzarme por ser un anormal, me enorgullezco de ello.



Cito una vez más a Erich Fromm. Capítulo 3 “la naturaleza humana y el carácter” del libro Ética y Psicoanálisis:

Las dicotomías existenciales e históricas en el hombre … permanece insatisfecho, ansioso e inquieto. Existe solamente una solución a su problema: enfrentarse con la verdad, admitir su soledad fundamental en medio de un universo indiferente a su destino, reconocer que no existe ningún poder que lo trascienda que sea capaz de resolverle su problema. El hombre debe aceptar la responsabilidad para consigo mismo y también el hecho de que solamente usando sus propios poderes puede dar significado a su vida.