sábado, 22 de agosto de 2026

Tweet sobre el “subdesarrollo” de África, de Africa Rebirth @Africa_Rebirth

 

África no enfrenta una contienda para desarrollarse, más bien se le ha impedido que haga tal cosa y ha sido así desde antes de que comenzó a usarse la palabra desarrollo.




Iniciemos con la razón más antigua: África es la cuna de la humanidad. El registro fósil apoya esto contundentemente, los restos de los homínidos se remontan unos 3.5 millones de años, concentrados en lugares como Sudáfrica, Tanzania y Etiopía. Escritores de la antigua Grecia —Heródoto entre ellos— escribieron sobre África con una reverencia que fue borrada más tarde del registro en su totalidad. Un continente entendido como el punto de origen de la civilización misma jamás permanecería “subdesarrollado” en la narrativa honesta de nadie; por ello se optó por alterar la narrativa.

Lo que sigue es el tema de la riqueza, algo que nunca fue un secreto, simplemente se sepultó. El peregrinaje de Meca Mansa a la Meca en 1324 es el ejemplo más citado por una razón: cronistas contemporáneos describieron una caravana con un cargamento de oro de tal tamaño que su breve pausa en el Cairo hizo que descendieran los precios del metal precioso durante años después de eso. Historiadores modernos no pueden determinar un precio equivalente en dólares de esta fortuna; algunas estimaciones se calculan cientos de miles de millones de dólares, pero la escala de alteración que Musa provocó al detenerse en ese lugar dice suficiente. No era un continente pobre, era un continente que se empobreció según lo programado, acorde con la necesidad de materias primas y trabajo para la industrialización de potencias europeas.

La supresión no se limitó a lo económico, fue también cartográfica. La proyección de Mercator —todavía el mapa del mundo por default en la mayoría de los salones de clases en la actualidad—, amplifica matemáticamente las dimensiones de las áreas geográficas cercanas a los polos y encoge todo lo que se encuentra en las inmediaciones a la línea del ecuador, lo cual implica que África, pese a ser lo bastante grande como para albergar dentro de sus fronteras a Estados Unidos, China, la India y la mayor parte de Europa, se ve de un tamaño muy parecido al de Groenlandia en el mapa que cuelga en el salón de clases de Geografía. Los historiadores todavía debaten qué tan deliberada fue la distorsión realizada por Gerardus Mercator en el siglo XVI, versus el efecto colateral cuya intención era resolver un problema de navegación. Lo que no está a debate es su efecto: generaciones crecieron con un mapa mental que minimiza la importancia de África antes de que si quiera inicie una lección de historia. 

Nada de esto requirió una reunión conspiratoria formal para que funcionara, requirió simplemente un continente despojado de su propia historia, narrada en alta escala, durante un tiempo suficiente para que el hurto adquiriera la apariencia de un hecho.

El asunto real no fue jamás si África era una amenaza para nadie, sino por qué se realizó tal esfuerzo para asegurarse de que jamás se pueda demostrar que no es tal cosa.

viernes, 21 de agosto de 2026

La Guerra de Biafra, tweet de Africa Rebirth @Africa_Rebirth

 


Más de un millón de personas murieron en la Guerra de Biafra, la mayoría por inanición, no por impactos de bala, y Gran Bretaña intervino durante todo ese tiempo porque había petróleo que proteger.

El origen de la guerra fue un golpe de estado. En 1966, el mayor Nzeogwu, un oficial igbo, derrocó el gobierno de Nigeria central. Siguió un contra-golpe, después masacres anti-igbo en el norte que liquidaron a decenas de miles de sus habitantes. Para mayo de 1967, la región oriental, bajo el teniente coronel Odumegwu Ojukwu, se declaró a sí misma la República Independiente de Biafra. Nigeria respondió iniciando una guerra.

Esto es lo que las reinterpretaciones omiten: Shell-BP controlaba el 84% de la producción de petróleo de Nigeria, unos 580,000 barriles diarios, y Gran Bretaña compraba el 40%, aproximadamente. El problema era de geografía. Dos tercios de ese petróleo se alojaban dentro del territorio que Biafra acababa de declarar como suyo. El nuevo gobierno de Biafra se movió rápidamente, exigiendo directamente a Shell-BP 3.5 millones de libras en regalías, dinero que habría financiado una guerra contra el país que Gran Bretaña todavía quería intacto.

Una revisión histórica de la Universidad de Cambridge de documentos de los Archivos Nacionales del Reino Unido confirmó más tarde lo que el gobierno británico denunció públicamente durante años: su política oficial era impedir el rompimiento de las líneas tribales, pero los registros internos muestran que los intereses en el petróleo guiaron esa línea en mayor medida de lo que lo declarado. Gran Bretaña enfrentaba también su déficit de petróleo en casa, después de la Guerra de los Seis Días en Medio Oriente de 1967, que hizo que fuera más urgente proteger el flujo ininterrumpido de petróleo procedente de Nigeria. El apoyo a Una Nigeria no era una estrategia humanitaria, sino la apuesta más segura para mantener el flujo en las tuberías de Shell-BP bajo un gobierno con el que la Gran Bretaña pudiera continuar haciendo negocios.  

Por ello Gran Bretaña proporcionó armas al gobierno federal nigeriano durante la guerra, mientras que los civiles biafreños morían de inanición por el bloqueo. Imágenes de niños esqueléticos se convirtieron en algunas de las primeras fotografías ampliamente difundidas de la historia moderna. Francia, mientras tanto, apoyó a Biafra, algo que tampoco hizo por principio, sino para debilitar la influencia británica en una región que quería para sí misma.


Ambas potencias extranjeras eligieron un bando, ninguna de las dos eligió el de la población que moría en su centro.

Francia apoyó a Biafra, y no lo hizo para salvar vidas, se trataba de petróleo y la intención era también reducir a la Gran Bretaña a su justa medida.

Nigeria era el único país de habla inglesa en una región atestada de colonias francesas. Biafra representaba la oportunidad de desprender a ese territorio de la influencia británica en su totalidad, dividir al país, debilitar a un rival y abrir la puerta al petróleo de Biafra bajo un gobierno más cordial, amistoso. Oficiales en París sabían lo que necesitaba para sobrevivir un estado en proceso de secesión donde su población moría de inanición, y para ello ofreció armas en lugar de ayuda humanitaria.


Las fotos de la hambruna que conmocionaron al mundo fueron difundidas al principio por los medios de comunicación franceses, y lo que presentaban era real. Pero la difusión no era la estrategia, sino el producto secundario de un gobierno que armaba a un bando para servir a sus intereses geopolíticos propios, obteniendo más tarde crédito por despertar la conciencia sobre el sufrimiento que sus propias armas contribuyeron a prolongar.


Dos potencias europeas, dos banderas diferentes, con el mismo objetivo: el petróleo de un país africano y la debilidad de un imperio rival; más valioso que el millón de personas que murieron en medio.


John Morton-Finney, tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


La vida de John Morton-Finney haría que la frase “estudiante de por vida” pareciera casi inadecuada. Nacido en Kentucky en 1889, hijo de un hombre que había sido esclavo y de una mujer libre, Morton-Finney se convirtió en soldado, educador, abogado y defensor de los derechos civiles. Sirvió dentro del 24.˚Regimiento de Infantería, una de las unidades conocidas como Soldados Búfalo, y más tarde con las Fuerzas Expedicionarias Estadounidenses en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Pero su servicio militar fue solamente un capítulo de una vida extraordinaria dedicada al servicio público y a la educación.

Morton-Finney obtuvo 11 grados académicos, incluyendo una multiplicidad de grados en Derecho, así como en estudios avanzados en campos como matemáticas, francés y educación. Continuó estudiando durante más tiempo que la mayoría de las personas, que habrían considerado que su educación había terminado, obteniendo su último grado a los 75 años de edad. También era notablemente talentoso en idiomas, y fue conocido por su conocimiento de francés, latín, griego, español y otros idiomas. Su compromiso con el aprendizaje no se limitó a acumular calificaciones; él pensaba que la educación es algo que debe continuar a lo largo de toda la vida de una persona.

Su trabajo como educador fue igual de significativo. Morton-Finney pasó 47 años enseñando en escuelas públicas en Indianápolis y pasó a formar parte de la facultad original en Crispus Attucks High School cuando fue inaugurada en 1927. La institución fue establecida durante una era en la que se practicaba la segregación en las escuelas en Indianápolis, y Morton-Finney ayudó a que su departamento de enseñanza de lenguas extranjeras se convirtiera en uno de los más sólidos del estado. También motivó a los estudiantes a que obtuvieran una educación superior, conectándolos con instituciones tradicionalmente para personas de raza negra y les ayudó a obtener becas.

Después vino su práctica profesional como abogado. Morton-Finney fue admitido en el colegio de abogados de Indiana en 1935, más tarde logró ser admitido para ejercer ante la Corte de Distrito de Estados Unidos, y a la notable edad de 83 años fue admitido para la práctica de la abogacía en la Corte Suprema de Estados Unidos. En 1971, con 82 años de edad, desafió incluso la edad de retiro obligatoria de Indianápolis para maestros, después de que el sistema escolar intentara obligarlo a retirarse. Continuó practicando su profesión de abogado rebasando los 100 años de edad y se retiró a los 107. La Universidad de Indiana lo menciona como alguien que ejerció durante casi 85 años y se cree que es el abogado que ejerció durante más tiempo en los Estados Unidos.

Morton-Finney murió en 1998, a la edad de 108 años, pero su legado va más allá del número de grados académicos que obtuvo o de la edad extraordinaria en la que dejó de practicar su profesión. Su vida muestra cómo la educación puede convertirse en una forma de servicio, especialmente en alguien que usó su conocimiento para educar a jóvenes, abrir las puertas para otras personas y desafiar a las instituciones que intentaron limitar sus propias oportunidades.



Jane Minor, tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


Jane Minor nació esclava en Virginia, pero se convirtió en una de las más destacadas sanadoras en Petersburgo en el siglo XIX. Durante la epidemia de cólera que se dio en la ciudad en 1825, ella cuidó a los enfermos en una época en la que el cólera se propagaba rápidamente y el tratamiento médico estaba limitado. Su trabajo fue considerado tan valioso que, con el paso del tiempo, le fue concedida la libertad. Para muchas personas, obtener su libertad habría sido el fin de una prolongada lucha; para Jane Minor, se convirtió en el principio de otra.

Una vez en libertad, Minor continuó trabajando como enfermera y sanadora, ganando dinero con el cuidado médico que prestaba. El uso que dio a sus ingresos rindió enormes resultados, en lugar de conservar todo lo que ganaba, gastó mucho en comprar esclavos y asegurar su libertad. Relatos históricos acreditan que Jane ayudó al menos a 16 personas a lograr su libertad, incluyendo mujeres y niños. Usaba las capacidades y la independencia económica que había obtenido para ayudar a desmantelar el mismo sistema que en el pasado la había esclavizado.

La historia de Minor nos da también un vistazo a la historia —frecuentemente ignorada— del conocimiento médico negro. Mujeres de raza negra, tanto libres como esclavas, frecuentemente trabajaron como enfermeras, parteras y sanadoras dentro de sus comunidades, basándose en conocimiento de plantas, tratamientos, partos y cuidado práctico que había sido transmitido durante generaciones. Mucho de este trabajo fue realizado fuera de las instituciones médicas de la época, que rutinariamente excluían a las personas de raza negra. Por ello, sus contribuciones fueron documentadas de manera deficiente, pese a que su conocimiento fue esencial para la supervivencia de sus comunidades.



Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee, de Wikipedia en inglés, quinta parte

 


Pérdida de la inocencia



Pájaros cantores con su simbolismo asociado aparecen a lo largo de toda la novela. El apellido de la familia, Finch, era el apellido de soltera de la madre de Harper Lee; (finch significa pinzón). Cenzontle (mockingbird) es el elemento central del tema, que aparece por primera vez cuando Atticus —habiendo obsequiado a sus hijos rifles de aire en Navidad—, permite que su tío Jack les enseñe a disparar. Atticus les advierte que, aunque pueden “disparar a todos los azulejos que quieran”, pero deben recordar que “es un pecado matar un cenzontle”. Confundida, Scout se aproxima a su vecina, la señorita Maudie, que le explica que los cenzontles jamás dañan a otras criaturas, haciendo énfasis en que esas aves nos dan placer con su canto, diciendo “ ‘matar a un cenzontle es matar algo que es inocente e inofensivo —como Tom Robinson”. Académicos han señalado que Lee regresa frecuentemente al tema del cenzontle cuando intenta expresar un asunto de moralidad.

Tom Robinson es el ejemplo más importante, entre varios en la novela, de inocentes aniquilados, ya sea por negligencia o con toda intención. Sin embargo, el académico Christopher Metress conecta al cenzontle con Boo Radley: “En lugar de intentar utilizar a Boo para divertirse (como hace al principio de la novela, representando situaciones dramáticas inventadas sobre la vida de Boo), Scout llega a percibirlo como un ‘cenzontle’, esto es, como alguien cuya nobleza interior debe ser honrada”. Las últimas páginas del libro ilustran la moraleja de la historia que Atticus ha estado leyendo para ella, y, en alusión tanto a Boo Radley como a Tom Robinson, afirma que interpretaron mal a un personaje, “cuando al final les fue posible verlo, se percataron de que él no había hecho nada de lo que se decía… Atticus, él era verdaderamente bueno”, a lo que él responde, “la mayor parte de las personas lo son, Scout, cuando al final te das cuenta”.

La novela expone la pérdida de la inocencia de manera tan frecuente que el revisor R. A. Dave afirma que, por el hecho de que cada personaje tiene que enfrentar la derrota, o incluso padecerla, el libro incorpora elementos de una tragedia clásica. Al explorar cómo lidia cada personaje con su derrota personal, Lee construye un marco para determinar si los personajes son héroes o incautos. Ella guía al lector en esa determinación, alternando entre adoración embarazosa e ironía mordaz. La experiencia de Scout con la Sociedad Misionera es una yuxtaposición de mujeres que se mofan, chismean y “reflejan una actitud colonialista arrogante para con otras razas”, mientras proyectan la “actitud de gentileza, piedad y moralidad”. En contraposición, cuando Atticus pierde el caso de Tom, es el último en abandonar la corte, excepto por sus hijos y los espectadores de raza negra, que se encuentran en el balcón designado para ellos y se ponen de pie en silencio cuando Atticus pasa caminando, para rendir honor a sus esfuerzos.



martes, 18 de agosto de 2026

La masacre del Zong. Tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


En 1871, más de 100 esclavos africanos fueron arrojados por la borda y murieron ahogados, para que los esclavistas pudieran cobrar dinero del seguro por esas pérdidas.

La Masacre del Zong

El 6 de septiembre de 1781, el barco Zong, cargado con esclavos, zarpó de África con unos 442 africanos convertidos en esclavos. En aquel entonces, los esclavos eran un “producto” rentable, por lo que frecuentemente se capturaban más de los que el navío podía transportar, para maximizar las utilidades.

Diez semanas más tarde, alrededor de noviembre de 1781, el Zong llegó a Tobago, de ahí se dirigió a Santa Elizabeth, pero se desvió de su ruta en las cercanías de Haití. En esa etapa, escasez de agua, enfermedad y decesos entre la tripulación, en combinación con decisiones erróneas, provocaron caos.

Para finales de noviembre, unos 62 africanos habían muerto, unos por enfermedad, otros por desnutrición. El Zong zarpó entonces en un área en el Atlántico conocida como Doldrums (Zona de Convergencia Intertropical), conocida por el estancamiento de vientos. Varados ahí, la enfermedad causó estragos, cobrando más de 500 vidas conforme las condiciones empeoraban.

Desesperado porque se agotaba el agua, Luke Collingwood, capitán del barco, decidió arrojar por la borda parte del cargamento para salvar el navío y proporcionar a los dueños la oportunidad de hacer seguro de reclamo.

Hombres, mujeres y niños fueron obligados a saltar del buque y así morir ahogados. Algunos de ellos fueron arrojados llevando esposas en las muñecas y bolas de hierro en sus tobillos. Unos 10 africanos saltaron por decisión propia, para evitar ser arrojados por la tripulación. Para el 22 de diciembre, unos 228 africanos llegaron vivos, la tasa de mortalidad fue de 53%.

Cuando el Zong llegó a Jamaica, James Gregson, el dueño del buque, hizo una reclamación de seguro por sus pérdidas. Declaró que el Zong no llevaba el agua suficiente para el consumo de la tripulación y los africanos. El asegurador, Thomas Gilbert, refutó la declaración mencionando la cita de que el barco sí llevaba suficiente agua.

A pesar de ello, la corte jamaicana falló em 1872 a favor del propietario. El valor de los africanos fue reducido al de “caballos” o “carga”, y al mismo tiempo causó indignación entre quienes se oponían a la esclavitud. Pasarían años antes de que el evento fuera denominado como lo que fue: una masacre.

Melissa envió el peor huracán de la historia de Jamaica al viejo puerto de esclavos, al Muelle de Farquharson, y al resto del Río Negro.

Dios no olvida nada




Atentado racista con bomba en un templo en Birmingham, Alabama. Tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


El 15 de septiembre de 1963, cuatro jóvenes de color (raza negra) acudieron a la Iglesia Bautista en la Calle 16 en Birmingham, Alabama, a servicios dominicales. Addie Mae Collins, de 14 años de edad; Cynthia Wesley, de 14; Carole Robertson, de 14; y Denise McNair de 11 años de edad, se dirigieron al sótano a hacer sus preparativos para ese día cuando explotó una bomba que miembros del Ku Klux Klan ahí habían colocado ahí. Las cuatro jóvenes murieron, y más de una docena de personas resultaron heridas.

El templo no había sido elegido al azar. La Iglesia Bautista en la Calle 16 se había convertido en un lugar de congregación importante para la Comunidad Negra y en un centro de reunión para el Movimiento de Derechos Civiles. Birmingham era ya bien conocido por la violencia racial y se había ganado el sobrenombre Bombingham porque en repetidas ocasiones se habían colocado bombas con la intención de destruir viviendas, templos y negocios. Los atentados con bombas se dieron durante un periodo en el que activistas desafiaban la segregación en escuelas y en la vida pública, convirtiendo a la iglesia en un blanco especialmente significativo para quienes tenían la intención de intimidar a los integrantes del movimiento.  

Lo que hace que resulte tan doloroso mirar esta imagen es que estas víctimas no son símbolos o estadísticas. Eran hijas con familias, amigos, personalidades y futuros; y de todo ello fueron despojadas. Addie Mae, Cynthia, Carole y Denise debieron crecer y vivir existencias ordinarias. En lugar de ello, sus nombres fueron vinculados permanentemente con uno de los actos más devastadores del terror racial de la era de los Derechos Civiles. El uso de bombas provocó trauma colectivo en el país e incrementó la atención a la violencia que se usaba para defender la segregación.  

Sin embargo, la justicia no llegó pronto. Aunque el atentado con bomba sucedió en 1963, pasaron décadas antes de que los perpetradores fueran juzgados de manera exitosa. Rose Chambliss fue declarado culpable en 1977, mientras que Thomas Blanton y Bobby Frank Cherry fueron condenados en 2001 y 2002. Otro sospechoso, Herman Cash, murió sin ser condenado. El retraso extremo por sí mismo se convirtió en parte de la historia del uso de bombas y en un recordatorio de cómo la injusticia racial fue incorporada en las instituciones que se suponía debían procurar la justicia.

Recordemos sus nombres: Addie Mae Collins. Cynthia Wesley, Carole Robertson. Denise McNair. Cuatro jóvenes que nunca debieron convertirse en mártires de un conflicto del que no eran responsables. Recordarlas implica recordar que la segregación exigía, lo que la violencia supremacista blanca estaba dispuesta a hacer para preservarla, y por qué la lucha por los derechos civiles era tan importante.

Si usted aprecia el contenido y quisiera apoyar a la página, puede comprar una taza de café en este enlace: https://buymeacoffee.com/africanarchives