domingo, 23 de agosto de 2026

El Complejo Industrial de la Lucha contra las Drogas, Noam Chomsky entrevistado por John Veit. Segunda parte

 


Publicado en la revista High Times, abril de 1998

 


John Veit: La oficina del Zar de las Drogas estima que los estadounidenses gastaron 57 mil millones de dólares en drogas ilegales. ¿Qué efecto tiene esto en la economía global?



Noam Chomsky: Bueno, las Naciones Unidas intentan monitorear el tráfico de drogas internacional, y sus estimados andan por 400 a 500 mil millones de dólares —medio billón de dólares al año— en comercio de drogas solamente, lo que lo hace superior al de petróleo, algo así como el 10 por ciento del comercio mundial. De dónde viene y hacia dónde va este dinero es algo que en su mayor parte no se sabe, pero estimaciones generales estiman que tal vez el 60 por ciento pasa a través de bancos en Estados Unidos. Después de eso se dirige a paraísos fiscales. Es tan oscuro que nadie lo monitorea, y nadie tiene intenciones de hacer tal cosa. Pero el Departamento de Comercio publica cada año cifras sobre inversión extranjera directa —hacia dónde se dirige la inversión estadounidense— y durante la década de los años 1990s, el gran entusiasmo han sido los “nuevos mercados emergentes” como América Latina. Y sucede que un cuarto de la inversión extranjera directa de Estados Unidos va a Bermuda, otro 15 por ciento a las Bahamas y a las Islas Caimán, otro 10 por ciento a Panamá, y así. Ahora ya no se construyen fábricas de acero. La interpretación más benigna es que son solo paraísos fiscales; y la interpretación menos benigna es que es una manera de transferir dinero ilegal a lugares donde no será monitoreado. En realidad, no lo sabemos, porque no se investiga. Esta no es la tarea del Departamento de Justicia, que consiste en perseguir a un jovencito en un gueto negro porque lleva un cigarrillo de mariguana en su bolsillo.

John Veit: ¿Qué piensa de la política estadounidense sobre ofrecer comercio y ayuda a países que promulgan las así llamadas iniciativas anti-drogas?

Noam Chomsky: En realidad, los programas estadounidenses incrementan radicalmente el uso de drogas. Veamos el enorme crecimiento en producción de cocaína que ha explotado en los Andes durante los últimos años, en Colombia, en Perú y en Bolivia. ¿Por qué, por ejemplo, campesinos bolivianos producen coca? Las políticas de ajuste neoliberal del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, que son gobernados por los Estados Unidos, intentan conducir a los campesinos hacia la exportación agropecuaria, producción que no es para consumo local, sino para ventas al extranjero. Pretenden reducir los programas sociales, como el gasto en salud y educación, disminuir los déficits de gobierno mediante el incremento de las exportaciones. Y reducen los aranceles de modo que podamos verter nuestras exportaciones altamente subsidiadas de alimentos a sus países, lo cualdesde luego, disminuye la producción de los campesinos. ¿Qué se obtiene al combinar todos estos elementos? Un enorme incremento en producción de coca boliviana, como su única ventaja comparativa.

Lo mismo es cierto en Colombia, donde la ayuda estadounidense “alimento para la paz”, como se le ha llamado, fue usada para destruir la producción de trigo proporcionando esencialmente alimento —lo que implica un gasto para los contribuyentes estadounidenses—mediante exportaciones agrícolas para disminuir la producción de trigo en ese lugar, que más tarde disminuirá la producción de café y su capacidad para fijar precios de una manera razonable.

Y el resultado final es que recurren a otra cosa, y una es la producción de coca. De hecho, si echas una mirada al efecto total de las políticas estadounidenses, ha sido incrementar la producción de drogas.

John Veit: Bueno, quien eche un ojo a la historia de las políticas estadounidenses en este siglo… (se refiere al s. XX).

Noam Chomsky: Estoy dejando de lado otro factor, a saber, la guerra clandestina. Si echas una mirada a la historia de lo que se denomina CIA, que significa la Casa Blanca de Estados Unidos, sus guerras secretas, guerra clandestina, lo siguiente es la senda de la producción de drogas. Comenzó en Francia después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos esencialmente intentaba reinstalar el orden global, para rehabilitar a colaboradores fascistas, eliminar a la resistencia y destruir los sindicatos y todo eso. Lo primero que hicieron fue reconstituir la mafia, como rompe huelgas o para otros servicios útiles de ese tipo. Y la mafia no lo hacía por diversión, había un intercambio: esencialmente, se les permitía reconstituir el sistema de producción de heroína, que había sido destruido por los fascistas. Los fascistas tendían a dirigir un barco muy rígido; no querían ninguna competencia, por eso eliminaron a la mafia. Pero Estados Unidos la reconstituyó, primero en el sur de Italia, después en el sur de Francia, con la Mafia de Córcega. Es ahí donde se origina la Conexión Francesa.

 Ese fue el centro de heroína principal durante muchos años. Después las actividades terroristas de Estados Unidos se desplazaron hacia el sudeste asiático. Si deseas realizar actividades terroristas, necesitas que gente de la localidad haga por ti, y también dinero para pagar, dinero oculto clandestino. Bien, sin necesitas contratar hampones y asesinos con dinero secreto, no hay muchas opciones. Una de ellas es el vínculo con las drogas. El así llamado Triángulo Dorado alrededor de Birmania, Laos y Tailandia se convirtió en un área de alta producción de drogas con la ayuda de Estados Unidos, como parte de las guerras secretas contra esas poblaciones.

En Centroamérica, fue expuesta parcialmente en las audiencias de los Contras, aunque en su mayor parte fue suprimida. Pero no hay duda respecto a que las operaciones terroristas de la administración Reagan en Centroamérica estaban fuertemente conectadas con el tráfico de drogas.

Afganistán se convirtió en uno de los centros más grandes de tráfico de drogas en el mundo en los años 1980s, porque era el pago para las fuerzas a las cuales Estados Unidos hacía contribuciones de millones de dólares: los mismos fundamentalistas islámicos extremistas que ahora hacen añicos al país.

Ha sido así en todo el mundo. No es que Estados Unidos tenga la intención de incrementar el consumo de drogas, es solamente lo que resulta natural hacer. Si estuvieras en una posición en la que tuvieras que contratar hampones y gánsters para matar campesinos y sabotear huelgas, y tuvieras que hacerlo con dinero imposible de rastrear, ¿qué vendría a tu mente?

John Veit: ¿Cuál es su postura respecto a legalizar las drogas?

Noam Chomsky: Nadie sabe cuál sería el efecto. Quien diga que sabe miente o es torpe, porque nadie lo sabe. Estas cosas tienen que ser experimentadas, tiene que hacerse eso para ver cuáles son los efectos que eso conlleva.

La mayoría de las drogas de efecto menor, principalmente alcohol y tabaco, son legales. El tabaco es por mucho el mayor homicida de todos los psicoactivos. Las muertes por alcohol son un poco difíciles de cuantificar, porque una alta proporción de muertes violentas están asociadas con alcohol. Muy por debajo vienen las “drogas” de efecto mayor, una diminuta fracción de las muertes por alcohol y tabaco, tal vez diez o veinte mil muertes por año. Las drogas de crecimiento más acelerado son las sustancias tipo anfetaminas, producidas principalmente en los Estados Unidos.

En lo que concierne al resto de las drogas, la mariguana no es conocida como muy dañina. Quiero decir, se asume generalmente que no es buena para su consumo, pero el café tampoco lo es, ni el té, el pastel de chocolate tampoco. Sería una insensatez criminalizar el café, aun siendo dañino.

Estados Unidos es uno de muy pocos países donde esto es considerado un asunto moral. En la mayoría de los países es considerado un asunto médico. En la mayoría de los países no hay políticos que lanzan alaridos sobre lo rudos que pueden ser ante las drogas. Así que lo primero que tienes que hacer es salir de la fase de control de la población y dirigirte a la esfera de los asuntos sociales. La Corporación Rand estima que, si se compara el efecto de los programas criminales contra los programas educacionales al reducir el uso de drogas, los programas educacionales se encuentran muy por delante en una proporción de uno a siete.

John Veit: Pero programas alarmistas de propaganda de drogas como DARE y el los comerciales de televisión de Partnership for a Drug-Free America han dado como resultado un incremento en experimentación entre adolescentes.

Noam Chomsky: El asunto es, ¿qué clase de educación estás haciendo? Los programas educacionales no son la única categoría. La educación tiene que ver también con las circunstancias sociales en las cuales las drogas son usadas. La respuesta no es meter gente a la cárcel, sino intentar determinar qué está sucediendo en sus vidas, sus familias, ¿necesitan atención médica y lo que sigue? Esta disminución muy marcada en el abuso de sustancias entre sectores educados, como dije, atraviesa el espectro —carnes rojas, café, tabaco, todo. Eso es educación. No se trató de un programa educacional que dijera que se deje de consumir café, sino de actitudes hacia uno mismo y hacia la salud, cómo vivimos y lo que sigue, que cambió entre los sectores más educados de la población, y estas cosas disminuyeron. Y nada de eso tuvo relación con criminalización. Tuvo que ver nada más con el nivel cultural y educacional, que condujo a un mayor cuidado de sí mismo.

El Complejo Industrial de la Lucha contra las Drogas, Noam Chomsky entrevistado por John Veit. Primera parte

 


Publicado en la revista High Times, abril de 1998


John Veit: Usted ha definido la Guerra Contra las Drogas como un instrumento para controlar a la población. ¿Cómo puede lograrse eso?



Noam Chomsky: Control de la población es en realidad un término que tomé de literatura de contrainsurgencia de la época de Kennedy. Los objetivos principales en la época eran el Sudeste Asiático y América Latina, donde un fermento popular se daba en abundancia. Se reconoció que la población apoyaba fuerzas populares que clamaban todo tipo de cambio social, algo que los Estados Unidos simplemente no estaba dispuesto a superar. Y la población es controlada mediante el uso de un número de recursos. Uno es usando el terror y la violencia, bombas de napalm y todo eso, pero también se trabajó en el desarrollo de otras medidas de control de la población para mantener a la gente subyugada, medidas que van del uso de la propaganda hasta campos de concentración. La propaganda es mucho más efectiva cuando se combina con el terror.    

Se tiene el mismo problema en casa, donde frecuentemente el público se sale de control. Tienen que tomarse medidas para asegurar que la gente permanezca pasiva, apática y obediente; y que no interfiera con el privilegio o con el poder. Es un tema de mayor importancia de la democracia moderna. Conforme se expanden los mecanismos de la democracia, como las franquicias y el crecimiento, se incrementa también la necesidad de controlar a las poblaciones usando otros métodos.

Así el crecimiento de la propaganda corporativa en los Estados Unidos es más o menos paralelo al crecimiento de la democracia, por razones que resultan muy evidentes. No es un secreto de ningún tipo. Es analizado de manera muy directa y abierta en la literatura de negocios y en publicaciones periódicas de ciencias sociales. Es necesario entablar una “lucha siempre presente por las mentes de los hombres”, en su fraseología estándar, para adoctrinar y regimentar a los hombres de la misma manera que los ejércitos regimientan a sus integrantes. Esas son medidas de control de la población. El diseño o la manufactura del consentimiento es la esencia de la democracia, porque se tiene que asegurar que los forasteros entrometidos —es decir, nosotros, la población— no interfieran con el trabajo de las personas importantes que manejan los asuntos públicos cuya intención es favorecer a los intereses de los privilegiados.

John Veit: ¿Cómo encaja en esto la Guerra Contra las Drogas?

Noam Chomsky: Bueno, una de las maneras tradicionales y obvias de controlar a las poblaciones en todas las sociedades, trátese de una dictadura militar o de una democracia, es atemorizándolas. Si la población tiene miedo, está dispuesta a ceder la autoridad a sus superiores, para que la proteja. De acuerdo, permitiré que gobiernes mi vida para que puedas protegerme, ese es el raciocinio.

Así, se estimula el temor a las drogas y al crimen, en gran medida por el estado y por la propaganda de negocios. La Comisión Nacional de Justicia señala frecuentemente que el crimen en los Estados Unidos —si bien, su incidencia es alta—, no se encuentra fuera del espectro de las sociedades industrializadas. Por otra parte, el temor al crimen supera con mucho al de otras sociedades, y es estimulado en su mayor parte por propaganda diversa. La Guerra Contra las Drogas es un esfuerzo para estimular el temor a gente peligrosa de la que debemos protegernos. Es también una forma de control directo de lo que hemos dado por llamar “clase peligrosa”, esa gente superflua que en realidad no cumple una función en la generación de lucro y riqueza. Debe abordarse ese problema, de alguna manera.

John Veit: En otros países, simplemente se liquida a la plebe.

Noam Chomsky: Sí, pero en los Estados Unidos, no se le mata, se le encierra en centros penitenciarios. Las políticas económicas de los años 1980s incrementaron bruscamente la desigualdad, concentrando el crecimiento económico como ya existía —que era enorme— en muy pocas manos. El pequeño porcentaje de la población en la cima se hizo extremadamente acaudalada conforme el lucro llegó al techo, mientras que los salarios de medianos ingresos se habían estancado o disminuido bruscamente desde los años 1970s. Una gran cantidad de habitantes sintieron la inseguridad, padeciendo desde dificultades en lo económico hasta miseria, o algo intermedio. Muchos de ellos serían arrestados, básicamente, porque debían ser controlados.

John Veit: Es una verdad absoluta, pero ¿cómo probar eso?

Noam Chomsky: Echando un vistazo a las tendencias en el consumo de mariguana, que se elevaba a finales de los años 1970s, pero no se criminalizaba en gran medida. No se acababa en la cárcel por posesión de mariguana, porque quienes la consumían eran personas apreciadas, como nosotros, los hijos de los ricos. A esas personas no se les aloja en centros penitenciarios, tampoco a los ejecutivos de las corporaciones —aunque los crímenes corporativos resulten más costosos y peligrosos que la delincuencia callejera. Pero en la década de los años 1980s el uso de sustancias “no saludables” empezó a disminuir en los sectores integrados por personas con más escolaridad, educación: mariguana y tabaco, alcohol, carnes rojas, café, toda esa categoría de productos. Por otra parte, el uso permaneció estable entre sectores de la población de menores ingresos. En los Estados Unidos, la correlación entre pobreza y gente de raza negra —no es lo mismo, pero existe una correlación— y en sectores de la población compuesta por negros e hispanos, el uso de esas sustancias permaneció estable.

Así que echemos un vistazo a esas tendencias. Cuando se requiere una Guerra contra las Drogas, se sabe con exactitud contra quiénes será dirigida: gente de raza negra que vive en pobreza. No se dirigirá contra gente acaudalada de raza blanca; jamás se hace nada contra ellos. En el suburbio de clase media alta donde yo vivo, si alguien va a casa e inhala cocaína, la policía no irrumpe en su vivienda.

Existen tantos factores que hacen que la guerra contra las drogas sea dirigida contra los pobres, en gran medida contra gente de color. Y esas son las personas de las que desean deshacerse. Durante el periodo en que estas políticas económicas fueron instituidas, la tasa de encarcelamiento se disparó, no así el crimen, que se mantenía estable o disminuía. Pero el encarcelamiento siguió elevándose. Para finales de los años 1980s, en términos de privar de la libertad a nuestra población, nos encontrábamos muy por delante del resto del mundo, muy por delante de cualquier otra sociedad industrial.

John Veit: ¿Quién se beneficia por encarcelar a jóvenes negros del sexo masculino?

Noam Chomsky: Muchas personas. La gente pobre es básicamente superflua para la producción de riqueza, y por lo tanto, los acaudalados quieren deshacerse de ellos. Los ricos también atemorizan a todos los demás, porque si temes a esas personas, te sometes a la autoridad del estado. Pero más allá de eso, es una industria estatal. Desde la década de los años 1930s, todos los hombres de negocios entendieron que la economía capitalista privada debe recibir subsidios masivos del estado; la única interrogante es ¿qué forma tomará el subsidio del estado? En los Estados Unidos la forma principal ha sido mediante el sistema militar. Los aspectos más dinámicos de la economía — computadoras, internet, la industria aeronáutica, farmacéutica— han sido alimentados por el sistema militar. Pero la industria de control de la delincuencia, como es llamada por los criminólogos, se está convirtiendo en la industria de crecimiento más acelerado en los Estados Unidos.

Y es una industria del estado, financiada con recursos públicos. Se trata de la industria de la construcción, de la industria de los bienes raíces, y también de las firmas de alta tecnología. Está alcanzando una escala suficiente como para que los contratistas de alta tecnología y de lo militar pretenden comercializarla como técnicas de control de alta tecnología y vigilancia, de modo que pueda monitorearse lo que las personas hacen en sus actividades privadas con dispositivos electrónicos complejos y con súper computadoras: monitorear sus llamadas telefónicas y análisis de orina, y lo que sigue. De hecho, es probable que se llegue a una época en que esta población superflua pueda ser privada de la libertad en departamentos privados, en lugar de en centros penitenciarios, y ser monitoreada para determinar si hacen algo que está mal, dicen algo incorrecto, se desplazan en la dirección equivocada.

John Veit: Arresto domiciliario para las masas.

Noam Chomsky: Ha alcanzado el nivel de industria necesario para que interese a las firmas de la industria de la defensa; puedes leer sobre eso en The Wall Street Journal. Los grandes bufetes de abogados y casas de inversión se han interesado: Merrill Lynch emite grandes préstamos para construcción de centros penitenciarios. Si incluyes el sistema en su totalidad, probablemente se aproxima en escala al Pentágono.

También representa una fuerza de trabajo formidable. Escuchamos denuncias indignantes sobre trabajo penitenciario en China, pero ese trabajo en centros penitenciarios ya es norma en Estados Unidos. Es muy económico, no se organiza, los trabajadores no piden derechos, no te tienes que preocupar por beneficios a la salud porque el público paga todo. Es lo que se denomina fuerza de trabajo “flexible”, de la que agrada a los economistas: tú tienes los trabajadores cuando lo deseas, y los desechas cuando ya no los quieres.   

Y, lo que es más, se trata de una tradición estadounidense. Hubo una revolución industrial de gran tamaño en partes del sur a principios del siglo XX, en el norte de Georgia, en Kentucky y en Alabama; y tuvo como base en su mayor parte trabajo penitenciario. Los esclavos —técnicamente— habían sido liberados, pero pocos años después, volvieron a ser esclavos. Una manera de controlarlos fue privarlos de la libertad en cárceles, donde se convirtieron en trabajadores penitenciarios sometidos a control. Ese es el núcleo de la revolución industrial en el sur, que continuó en Georgia en los años 1920s y hasta la Segunda Guerra Mundial en lugares como Mississippi.

Ahora se revive. En Oregón y en California existe una industria textil razonablemente sustancial en las prisiones, que es exportada a Asia. En la misma época en que gente se queja del trabajo penitenciario en China, California y Oregón exportan a China textiles hechos en centros penitenciarios. Hasta tienen una línea llamada Prison Blues.

Y eso abarca todo, hasta tecnología avanzada como procesamiento de datos. En el estado de Washington, trabajadores de Boeing protestan porque se exportan trabajos a China, pero probablemente no tienen conciencia de que sus trabajos están siendo exportados a prisiones cercanas, donde los maquinistas hacen trabajo para Boeing bajo circunstancias que —por razones obvias—, son un deleite para los administradores.

John Veit: Y casi todos esos prisioneros son infractores a leyes relacionadas con consumo de drogas.

Noam Chomsky: La enorme tasa de crecimiento de las poblaciones carcelarias ha tenido relación con drogas. Las últimas cifras que vi mostraban que más de la mitad de la población en prisiones federales, y tal vez un cuarto en las prisiones estatales, son infractores a leyes sobre consumo de drogas. En el estado de Nueva York, por ejemplo, una venta de 20 dólares en la calle o la posesión de una onza de cocaína acarreará la misma sentencia que provocar un incendio con intenciones homicidas. La regla de “tres delitos” va a elevar hasta el cielo esa condición. El tercer arresto por una transgresión menor a leyes sobre drogas te llevará a un centro penitenciario del que jamás saldrás.

sábado, 22 de agosto de 2026

Tweet sobre el “subdesarrollo” de África, de Africa Rebirth @Africa_Rebirth

 

África no enfrenta una contienda para desarrollarse, más bien se le ha impedido que haga tal cosa y ha sido así desde antes de que comenzó a usarse la palabra desarrollo.




Iniciemos con la razón más antigua: África es la cuna de la humanidad. El registro fósil apoya esto contundentemente, los restos de los homínidos se remontan unos 3.5 millones de años, concentrados en lugares como Sudáfrica, Tanzania y Etiopía. Escritores de la antigua Grecia —Heródoto entre ellos— escribieron sobre África con una reverencia que fue borrada más tarde del registro en su totalidad. Un continente entendido como el punto de origen de la civilización misma jamás permanecería “subdesarrollado” en la narrativa honesta de nadie; por ello se optó por alterar la narrativa.

Lo que sigue es el tema de la riqueza, algo que nunca fue un secreto, simplemente se sepultó. El peregrinaje de Meca Mansa a la Meca en 1324 es el ejemplo más citado por una razón: cronistas contemporáneos describieron una caravana con un cargamento de oro de tal tamaño que su breve pausa en el Cairo hizo que descendieran los precios del metal precioso durante años después de eso. Historiadores modernos no pueden determinar un precio equivalente en dólares de esta fortuna; algunas estimaciones se calculan cientos de miles de millones de dólares, pero la escala de alteración que Musa provocó al detenerse en ese lugar dice suficiente. No era un continente pobre, era un continente que se empobreció según lo programado, acorde con la necesidad de materias primas y trabajo para la industrialización de potencias europeas.

La supresión no se limitó a lo económico, fue también cartográfica. La proyección de Mercator —todavía el mapa del mundo por default en la mayoría de los salones de clases en la actualidad—, amplifica matemáticamente las dimensiones de las áreas geográficas cercanas a los polos y encoge todo lo que se encuentra en las inmediaciones a la línea del ecuador, lo cual implica que África, pese a ser lo bastante grande como para albergar dentro de sus fronteras a Estados Unidos, China, la India y la mayor parte de Europa, se ve de un tamaño muy parecido al de Groenlandia en el mapa que cuelga en el salón de clases de Geografía. Los historiadores todavía debaten qué tan deliberada fue la distorsión realizada por Gerardus Mercator en el siglo XVI, versus el efecto colateral cuya intención era resolver un problema de navegación. Lo que no está a debate es su efecto: generaciones crecieron con un mapa mental que minimiza la importancia de África antes de que si quiera inicie una lección de historia. 

Nada de esto requirió una reunión conspiratoria formal para que funcionara, requirió simplemente un continente despojado de su propia historia, narrada en alta escala, durante un tiempo suficiente para que el hurto adquiriera la apariencia de un hecho.

El asunto real no fue jamás si África era una amenaza para nadie, sino por qué se realizó tal esfuerzo para asegurarse de que jamás se pueda demostrar que no es tal cosa.

viernes, 21 de agosto de 2026

La Guerra de Biafra, tweet de Africa Rebirth @Africa_Rebirth

 


Más de un millón de personas murieron en la Guerra de Biafra, la mayoría por inanición, no por impactos de bala, y Gran Bretaña intervino durante todo ese tiempo porque había petróleo que proteger.

El origen de la guerra fue un golpe de estado. En 1966, el mayor Nzeogwu, un oficial igbo, derrocó el gobierno de Nigeria central. Siguió un contra-golpe, después masacres anti-igbo en el norte que liquidaron a decenas de miles de sus habitantes. Para mayo de 1967, la región oriental, bajo el teniente coronel Odumegwu Ojukwu, se declaró a sí misma la República Independiente de Biafra. Nigeria respondió iniciando una guerra.

Esto es lo que las reinterpretaciones omiten: Shell-BP controlaba el 84% de la producción de petróleo de Nigeria, unos 580,000 barriles diarios, y Gran Bretaña compraba el 40%, aproximadamente. El problema era de geografía. Dos tercios de ese petróleo se alojaban dentro del territorio que Biafra acababa de declarar como suyo. El nuevo gobierno de Biafra se movió rápidamente, exigiendo directamente a Shell-BP 3.5 millones de libras en regalías, dinero que habría financiado una guerra contra el país que Gran Bretaña todavía quería intacto.

Una revisión histórica de la Universidad de Cambridge de documentos de los Archivos Nacionales del Reino Unido confirmó más tarde lo que el gobierno británico denunció públicamente durante años: su política oficial era impedir el rompimiento de las líneas tribales, pero los registros internos muestran que los intereses en el petróleo guiaron esa línea en mayor medida de lo que lo declarado. Gran Bretaña enfrentaba también su déficit de petróleo en casa, después de la Guerra de los Seis Días en Medio Oriente de 1967, que hizo que fuera más urgente proteger el flujo ininterrumpido de petróleo procedente de Nigeria. El apoyo a Una Nigeria no era una estrategia humanitaria, sino la apuesta más segura para mantener el flujo en las tuberías de Shell-BP bajo un gobierno con el que la Gran Bretaña pudiera continuar haciendo negocios.  

Por ello Gran Bretaña proporcionó armas al gobierno federal nigeriano durante la guerra, mientras que los civiles biafreños morían de inanición por el bloqueo. Imágenes de niños esqueléticos se convirtieron en algunas de las primeras fotografías ampliamente difundidas de la historia moderna. Francia, mientras tanto, apoyó a Biafra, algo que tampoco hizo por principio, sino para debilitar la influencia británica en una región que quería para sí misma.


Ambas potencias extranjeras eligieron un bando, ninguna de las dos eligió el de la población que moría en su centro.

Francia apoyó a Biafra, y no lo hizo para salvar vidas, se trataba de petróleo y la intención era también reducir a la Gran Bretaña a su justa medida.

Nigeria era el único país de habla inglesa en una región atestada de colonias francesas. Biafra representaba la oportunidad de desprender a ese territorio de la influencia británica en su totalidad, dividir al país, debilitar a un rival y abrir la puerta al petróleo de Biafra bajo un gobierno más cordial, amistoso. Oficiales en París sabían lo que necesitaba para sobrevivir un estado en proceso de secesión donde su población moría de inanición, y para ello ofreció armas en lugar de ayuda humanitaria.


Las fotos de la hambruna que conmocionaron al mundo fueron difundidas al principio por los medios de comunicación franceses, y lo que presentaban era real. Pero la difusión no era la estrategia, sino el producto secundario de un gobierno que armaba a un bando para servir a sus intereses geopolíticos propios, obteniendo más tarde crédito por despertar la conciencia sobre el sufrimiento que sus propias armas contribuyeron a prolongar.


Dos potencias europeas, dos banderas diferentes, con el mismo objetivo: el petróleo de un país africano y la debilidad de un imperio rival; más valioso que el millón de personas que murieron en medio.


John Morton-Finney, tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


La vida de John Morton-Finney haría que la frase “estudiante de por vida” pareciera casi inadecuada. Nacido en Kentucky en 1889, hijo de un hombre que había sido esclavo y de una mujer libre, Morton-Finney se convirtió en soldado, educador, abogado y defensor de los derechos civiles. Sirvió dentro del 24.˚Regimiento de Infantería, una de las unidades conocidas como Soldados Búfalo, y más tarde con las Fuerzas Expedicionarias Estadounidenses en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Pero su servicio militar fue solamente un capítulo de una vida extraordinaria dedicada al servicio público y a la educación.

Morton-Finney obtuvo 11 grados académicos, incluyendo una multiplicidad de grados en Derecho, así como en estudios avanzados en campos como matemáticas, francés y educación. Continuó estudiando durante más tiempo que la mayoría de las personas, que habrían considerado que su educación había terminado, obteniendo su último grado a los 75 años de edad. También era notablemente talentoso en idiomas, y fue conocido por su conocimiento de francés, latín, griego, español y otros idiomas. Su compromiso con el aprendizaje no se limitó a acumular calificaciones; él pensaba que la educación es algo que debe continuar a lo largo de toda la vida de una persona.

Su trabajo como educador fue igual de significativo. Morton-Finney pasó 47 años enseñando en escuelas públicas en Indianápolis y pasó a formar parte de la facultad original en Crispus Attucks High School cuando fue inaugurada en 1927. La institución fue establecida durante una era en la que se practicaba la segregación en las escuelas en Indianápolis, y Morton-Finney ayudó a que su departamento de enseñanza de lenguas extranjeras se convirtiera en uno de los más sólidos del estado. También motivó a los estudiantes a que obtuvieran una educación superior, conectándolos con instituciones tradicionalmente para personas de raza negra y les ayudó a obtener becas.

Después vino su práctica profesional como abogado. Morton-Finney fue admitido en el colegio de abogados de Indiana en 1935, más tarde logró ser admitido para ejercer ante la Corte de Distrito de Estados Unidos, y a la notable edad de 83 años fue admitido para la práctica de la abogacía en la Corte Suprema de Estados Unidos. En 1971, con 82 años de edad, desafió incluso la edad de retiro obligatoria de Indianápolis para maestros, después de que el sistema escolar intentara obligarlo a retirarse. Continuó practicando su profesión de abogado rebasando los 100 años de edad y se retiró a los 107. La Universidad de Indiana lo menciona como alguien que ejerció durante casi 85 años y se cree que es el abogado que ejerció durante más tiempo en los Estados Unidos.

Morton-Finney murió en 1998, a la edad de 108 años, pero su legado va más allá del número de grados académicos que obtuvo o de la edad extraordinaria en la que dejó de practicar su profesión. Su vida muestra cómo la educación puede convertirse en una forma de servicio, especialmente en alguien que usó su conocimiento para educar a jóvenes, abrir las puertas para otras personas y desafiar a las instituciones que intentaron limitar sus propias oportunidades.



Jane Minor, tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


Jane Minor nació esclava en Virginia, pero se convirtió en una de las más destacadas sanadoras en Petersburgo en el siglo XIX. Durante la epidemia de cólera que se dio en la ciudad en 1825, ella cuidó a los enfermos en una época en la que el cólera se propagaba rápidamente y el tratamiento médico estaba limitado. Su trabajo fue considerado tan valioso que, con el paso del tiempo, le fue concedida la libertad. Para muchas personas, obtener su libertad habría sido el fin de una prolongada lucha; para Jane Minor, se convirtió en el principio de otra.

Una vez en libertad, Minor continuó trabajando como enfermera y sanadora, ganando dinero con el cuidado médico que prestaba. El uso que dio a sus ingresos rindió enormes resultados, en lugar de conservar todo lo que ganaba, gastó mucho en comprar esclavos y asegurar su libertad. Relatos históricos acreditan que Jane ayudó al menos a 16 personas a lograr su libertad, incluyendo mujeres y niños. Usaba las capacidades y la independencia económica que había obtenido para ayudar a desmantelar el mismo sistema que en el pasado la había esclavizado.

La historia de Minor nos da también un vistazo a la historia —frecuentemente ignorada— del conocimiento médico negro. Mujeres de raza negra, tanto libres como esclavas, frecuentemente trabajaron como enfermeras, parteras y sanadoras dentro de sus comunidades, basándose en conocimiento de plantas, tratamientos, partos y cuidado práctico que había sido transmitido durante generaciones. Mucho de este trabajo fue realizado fuera de las instituciones médicas de la época, que rutinariamente excluían a las personas de raza negra. Por ello, sus contribuciones fueron documentadas de manera deficiente, pese a que su conocimiento fue esencial para la supervivencia de sus comunidades.



Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee, de Wikipedia en inglés, quinta parte

 


Pérdida de la inocencia



Pájaros cantores con su simbolismo asociado aparecen a lo largo de toda la novela. El apellido de la familia, Finch, era el apellido de soltera de la madre de Harper Lee; (finch significa pinzón). Cenzontle (mockingbird) es el elemento central del tema, que aparece por primera vez cuando Atticus —habiendo obsequiado a sus hijos rifles de aire en Navidad—, permite que su tío Jack les enseñe a disparar. Atticus les advierte que, aunque pueden “disparar a todos los azulejos que quieran”, pero deben recordar que “es un pecado matar un cenzontle”. Confundida, Scout se aproxima a su vecina, la señorita Maudie, que le explica que los cenzontles jamás dañan a otras criaturas, haciendo énfasis en que esas aves nos dan placer con su canto, diciendo “ ‘matar a un cenzontle es matar algo que es inocente e inofensivo —como Tom Robinson”. Académicos han señalado que Lee regresa frecuentemente al tema del cenzontle cuando intenta expresar un asunto de moralidad.

Tom Robinson es el ejemplo más importante, entre varios en la novela, de inocentes aniquilados, ya sea por negligencia o con toda intención. Sin embargo, el académico Christopher Metress conecta al cenzontle con Boo Radley: “En lugar de intentar utilizar a Boo para divertirse (como hace al principio de la novela, representando situaciones dramáticas inventadas sobre la vida de Boo), Scout llega a percibirlo como un ‘cenzontle’, esto es, como alguien cuya nobleza interior debe ser honrada”. Las últimas páginas del libro ilustran la moraleja de la historia que Atticus ha estado leyendo para ella, y, en alusión tanto a Boo Radley como a Tom Robinson, afirma que interpretaron mal a un personaje, “cuando al final les fue posible verlo, se percataron de que él no había hecho nada de lo que se decía… Atticus, él era verdaderamente bueno”, a lo que él responde, “la mayor parte de las personas lo son, Scout, cuando al final te das cuenta”.

La novela expone la pérdida de la inocencia de manera tan frecuente que el revisor R. A. Dave afirma que, por el hecho de que cada personaje tiene que enfrentar la derrota, o incluso padecerla, el libro incorpora elementos de una tragedia clásica. Al explorar cómo lidia cada personaje con su derrota personal, Lee construye un marco para determinar si los personajes son héroes o incautos. Ella guía al lector en esa determinación, alternando entre adoración embarazosa e ironía mordaz. La experiencia de Scout con la Sociedad Misionera es una yuxtaposición de mujeres que se mofan, chismean y “reflejan una actitud colonialista arrogante para con otras razas”, mientras proyectan la “actitud de gentileza, piedad y moralidad”. En contraposición, cuando Atticus pierde el caso de Tom, es el último en abandonar la corte, excepto por sus hijos y los espectadores de raza negra, que se encuentran en el balcón designado para ellos y se ponen de pie en silencio cuando Atticus pasa caminando, para rendir honor a sus esfuerzos.