viernes, 24 de julio de 2026

Ideología de género, una tragedia (un suicidio) y temas relacionados

 


Sentí el deseo de volver a leer una obra maestra de la literatura, Matar un Ruiseñor, en el idioma original, inglés; To Kill a Mockingbird.

Menciono esto porque el tema principal es una enorme injusticia. Si bien, se trata de una novela (ficción), se basa en un hecho real. En Estados Unidos, durante la década de La Gran Depresión (1930s), en una pequeña población en un estado del sur, Alabama, Tom Robinson, hombre de raza negra, es acusado de haber violado a una mujer de raza blanca, Mayella Ewell. Se asigna a Atticus Finch, padre de la mujer que narra la historia —Jean Louise “Scout” Finch, una niña en la época— la tarea de defender a Tom. Atticus (con sus hijos Jem y Scout) es objeto de violencia verbal, habitantes de esa pequeña población le llaman: nigger lover; esa expresión no puede ser traducida al español porque no existe un equivalente de la palabra “nigger”, término extremadamente ofensivo que se usa contra personas de raza negra. Podría traducirse como “adorador de niggers”. Se espera que ese abogado realice una simulación, una farsa, al defender al supuesto violador. En lugar de ello, Atticus demuestra que Tom no hizo ningún daño a Mayella, sino lo contrario. Fue la única persona que, en los 19 años de vida de esa mujer, se portó bien con ella, hija mayor de un alcohólico, con seis hermanos menores, huérfana de madre, viviendo en la miseria y víctima de la violencia de su padre.

Por haber mostrado una buena actitud hacia Mayella, Tom Robinson es acusado de violación y pese a que Atticus Finch demuestra que es inocente, es condenado a muerte. Un fallo a favor de una persona de raza negra y en contra de una persona de raza blanca, resulta una imposibilidad en un estado del sur de los EEUU, y más en esa época. En el momento en que Mayella Ewell acusa a Tom Robinson de violación, él es hombre muerto.

Como señalé antes, se trata de una novela, pero está basada en un hecho real, algo que sucedió en Alabama o tal vez en algún otro estado del sur durante esa época, la Gran Depresión.

Hoy viernes 24 de julio, se difunde una noticia trágica. Un hombre, maestro de una institución de educación media superior, se quitó la vida, abrumado por la catástrofe que se aproximaba, habiendo sido acusado por una alumna por acoso sexual.

La ideología de género se ha convertido en un mecanismo no feminista, sino hembrista, que a todas luces, pretende dar un giro de 180 grados al desequilibrio de género. Que las mujeres puedan violentar a los hombres, acusarlos por faltas o incluso delitos que no cometieron y salirse con la suya.

Yo soy partidario del régimen que gobierna a mi país. Voté por López Obrador en tres ocasiones (2006, 2012 y 2018) y en 2024 voté por Claudia Sheinbaum. Me parece que Claudia ha continuado con una buena labor, pero me preocupa el modo como ha manejado este asunto, esa violencia de género y el uso de una palabra recién acuñada: feminicidio.

Esta ideología de género convierte en sinónimos las palabras hombre y agresor, victimario, violador y feminicida. Existen testimonios que expresan que ese hombre, maestro en una institución de enseñanza media superior, de nombre Alberto Israel Jasso Cruz, tuvo un buen desempeño durante 25 años y fue muy apreciado por sus alumnos durante un cuarto de siglo.


Sigo a una dama en X (antes Twitter) de nombre Ana María Vázquez. No sé mucho sobre ella, pero me halaga (y le agradezco) que ella me siga en esa red social. Es escritora, dramaturga y novelista, algo que yo quisiera llegar a ser; de momento soy un escribidor. Ella escribe en algo que llaman Diario Basta. Eché un ojo a lo que publicó sobre el tema mencionado, que ella tituló: “AHORA ME LO CHINGO”, que expresa con mucha claridad la violencia que no pocas mujeres están dispuestas a perpetrar contra individuos del sexo masculino, algo que en realidad no es nuevo, pero crece con medida con este fenómeno terrible, la ideología de género.


Un párrafo de ese breve texto (de la autoría de Ana María, en el Diario Basta), menciona al sistema carcelario, llamándole “el hotel más caro del mundo”; algo que me llamó mucho la atención porque en fecha reciente publiqué en mis blogs, una nota sobre el hermano mayor de un individuo que hace mucho tiempo (28 años) me pegó una puñalada por la espalda, algo que pudo haberme costado la vida. Ese hermano mayor de David, de nombre Jorge Iturbe Gutiérrez, es director general de operaciones y socio de Constructora GIA, fundada por Hipólito Gerard Rivero, hermano de Ana Paula, segunda cónyuge de un ex primer mandatario: Carlos Salinas de Gortari.


Este individuo, Carlos Salinas de Gortari, continuó con la labor que inició su antecesor, Miguel de la Madrid Hurtado, al ingresar a México al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio). Salinas de Gortari dio inicio al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que provocó una catástrofe económica en los tres países, arruinó a altos porcentajes de sus poblaciones. Esa es la razón más importante por la que creció tanto la delincuencia organizada en México, en específico, el narcotráfico.


Hipólito Gerard, cuñado de Salinas de Gortari (al que yo llamo Gnomo Diabólico), fundó la Constructora GIA, y durante más de 20 años, ha saqueado al erario, sustrayendo cantidades estratosféricas de dinero. Encontré en una nota en la red, que por administrar un centro penitenciario, Hipólito obtiene 1051 millones de pesos al año. Otros magnates (apóstoles del neoliberalismo) como Carlos Slim y Olegario Vázquez hacen eso mismo.


Sé que he mencionado muchas cosas en este escrito. En fecha reciente, escribí sobre ese individuo infame (débil en extremo, tanto en lo físico como en lo mental, origen de una patología narcisista de gravedad extrema), refiriéndome a un hermano mayor de él, que estudió arquitectura en una “universidad católica” y se convirtió en el vasallo y socio más importante de Hipólito Gerard, canalla cuñado de Carlos Salinas de G, Gnomo Diabólico.

¿Por qué esta mescolanza, o amalgama de ideas?

Tal vez porque aparecen temas y personajes que ejemplifican manifestaciones muy importantes de la destructividad humana. Entre ellas, violencia injustificada (porque no se trata de agresión defensiva), desequilibrio de género a la inversa, fomentar la injusticia, ambición (acaparar el capital) a la que uno de los más grandes filósofos de la historia (Baruch Spinoza) llamó insania.

Ese mal individuo, Jorge Iturbe, es enemigo acérrimo de la 4T, la razón debe ser obvia. Parece muy probable que se hayan iniciado procedimientos para incautar a los saqueadores lo que robaron a la Nación, y eso haya convertido en “víctimas” a Hipólito, con sus socios de la Constructora GIA, apóstoles del Evangelio Neoliberal; (omitiré decir “amén”).

De momento es todo. Agradezco a quien haga favor de leer lo que escribo.

jueves, 23 de julio de 2026

Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee, de Wikipedia en inglés, tercera parte

 


Resumen de la trama

La historia, narrada por Jean Louise “Scout” Finch, se da durante un periodo de tres años (1933-1935) durante la Gran Depresión en el pueblo ficticio de Maycomb, Alabama, capital del Condado de Maycomb. Scout, de seis años de edad al inicio del libro, vive con su hermano mayor Jeremy, apodado Jem, y su padre viudo Atticus, un abogado de edad mediana. Tienen también una cocinera de raza negra, Calpurnia, que ha estado con la familia durante muchos años y ayuda a Atticus a criar a sus dos hijos.

Jem y Scout hacen Amistad con un niño de nombre Charles Baker Harris, apodado Dill, que visita Maycomb y se hospeda con su tía cada verano. Los tres niños sienten terror, y sin embargo también fascinación, por su vecino, Arthur “Boo” Radley, que vive en reclusión. Los adultos de Maycomb muestran poca disposición a hablar de Boo, y muchos de ellos no lo han visto en muchos años. Los niños estimulan mutuamente su imaginación con rumores sobre la apariencia de Boo y las razones por las que permanece oculto, e idean tácticas para conseguir que salga de su vivienda. Después de dos veranos de amistad con Dill, Scout y Jem se topan con que alguien les deja pequeños obsequios en un árbol fuera de la propiedad Radley. En ocasiones el misterioso Boo manifiesta afecto por los niños, pero, para su decepción, jamás aparece en persona. Un día, aparece el hermano mayor de Boo y abruptamente cierra el lugar poco visible que usaba Boo para dejar figurillas y objetos de poco valor para los niños.

El juez Taylor designa a Atticus como defensor de Tom Robinson, un hombre de raza negra que ha sido acusado de violar a una joven de raza blanca, Mayella Ewell. Aunque muchos de los ciudadanos de Maycomb desaprueban que Atticus haga eso, él acepta defender a Tom haciendo su mejor esfuerzo. Otros niños agreden a Jem y a Scout por la actividad de Atticus, llamándole “adorador de niggers”*. Scout se muestra dispuesta a pelear para defender el honor de su padre, aunque se le ha pedido que no haga tal cosa. Una noche, Atticus se confronta con un grupo de hombres que quieren linchar a Tom. Scout, Jem y Dill aparecen inesperadamente, y sin darse cuenta, Scout quebranta la mentalidad de la turba cuando reconoce a un compañero de su padre en la universidad y al establecer un diálogo profundo con él, quebranta la voluntad de esos hombres que pretendían cometer un linchamiento.  

Atticus no quiere que Jem y Scout estén presentes en el juicio de Tom. No hay lugares disponibles en el piso principal, pero el Reverendo Sykes, el pastor de la iglesia de Calpurnia, invita a Jem, a Scout y a Dill a presenciar el juicio desde el balcón de las personas de color. Atticus demuestra que Mayella Ewell y su padre, Bob, mienten. Se revela que Mayella hizo insinuaciones sexuales a Tom, y que por ello fue golpeada por su padre. Los habitantes de la localidad se refieren a los Ewell llamándoles “basura blanca” no merecedora de confianza, pero a pesar de ello, el jurado dicta veredicto de culpable y Tom es condenado. Atticus conserva la esperanza de que el veredicto sea revertido, pero Tom no puede mirarlo a los ojos cuando es retirado del lugar. A 24 horas del intento de linchamiento y del fin del juicio, se informa que Tom intentó escapar de la prisión, y murió acribillado.

A pesar de que Tom fue hallado culpable y ejecutado, Bob Ewell se siente humillado por los eventos del juicio. Atticus explica que destruyó el último vestigio de credibilidad de Ewell, que jura cobrar venganza y escupe a Atticus en el rostro, intenta allanar la casa del juez y amenaza a la viuda de Tom Robinson. Finalmente, cuando Jem y Scout se dirigen hacia su vivienda en una noche oscura después de un evento en su escuela, Ewell ataca a Jem, le fractura y brazo y lo deja inconsciente en la confrontación, pero en medio de la confusión, alguien acude al rescate de los niños. El hombre misterioso lleva a Jem a casa, donde Scout se percata de que se trata de Boo Radley.

El sheriff Tate llega al hogar de Finch, habiendo encontrado a Ewell muerto por una herida de cuchillo. Atticus cree que Jem es responsable de ello, pero Tate está seguro de que fue Boo. El sheriff dice a Atticus que para proteger a Boo, informará que Ewell cayó sobre su cuchillo durante el ataque. Boo pide a Scout que lo acompañe a casa, y ella acepta de buena gana. Después de que Scout se despide de Boo en el frente de su casa, él desaparece y Scout jamás lo vuelve a ver. Mientras se encuentra en ese lugar, Scout imagina la vida desde la perspectiva de Boo.

 

*No existe en español un equivalente de la palabra “nigger”, por lo tanto, no puede ser traducida; es un término peyorativo y en extremo ofensivo con el que se agrede a personas de raza negra.

Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee, de Wikipedia en inglés, segunda parte

 


Nacida en 1926, Harper Lee creció en el pueblo sureño de Monroeville, Alabama, donde se hizo amiga íntima del que pronto se convertiría en un escritor famoso, Truman Capote. Asistió a la Universidad Privada de Huntington en Montgomery (1944-45), y después estudió leyes en la Universidad de Alabama (1945-49). Cuando asistía a la universidad privada, escribió para publicaciones literarias del campus: Huntress at Huntington y la revista humorística Rammer Jammer en la Universidad de Alabama. En ambas instituciones, Lee escribió historias cortas y otras obras sobre injusticia racial, un tópico rara vez mencionado en esos entornos educativos durante esa época. En 1950, Lee se mudó a la Ciudad de Nueva York, donde trabajó como empleada de reservaciones para British Overseas Airways Corporation (BOAC); y empezó a escribir una colección de ensayos e historias cortas sobre gente en Monroeville. Albergando la esperanza de ser publicada, en 1957 Lee presentó sus escritos a un agente literario recomendado por Capote. Un editor en J. B. Lippincott, que compró el manuscrito, le aconsejó que abandonara la aerolínea y se concentrara en la escritura.

Donaciones de amigos le permitieron escribir sin interrupción durante un año. Después de terminar el primer borrador y devolverlo a Lippincot, el manuscrito, en ese momento titulado “Ve y Pon un Centinela”, cayó en manos de Therese von Hohoff Torrey, conocida profesionalmente como Tay Hohoff, que se sintió impresionada: “La chispa del verdadero escritor brota en cada línea”, relataría Hohoff más tarde en una historia corporativa de Lippincott, pero como lo percibía ella, el manuscrito no era de ninguna manera adecuado para ser publicado. Era, como ella lo describía, “más una serie de anécdotas que una novela concebida en su totalidad”. Durante los siguientes dos años y medio, Hohoff dirigió a Lee, de un borrador al siguiente hasta que al final el libro alcanzó su forma terminada.

Después de que el título “Centinela” fue rechazado, fue re-titulado Atticus, pero Lee lo renombró Matar un Cenzontle* para reflejar que la historia iba más allá del retrato de un personaje. El libro fue publicado el 11 de julio de 1960. El equipo editorial en Lippincot advirtió a Lee que probablemente vendería solo unos centenares de copias. En 1964, Lee recordó sus esperanzas sobre el libro cuando dijo:

Nunca esperé ninguna clase de éxito con ‘Cenzontle*”… Esperaba una muerte rápida y misericordiosa en las manos de los revisores pero, al mismo tiempo, albergaba la esperanza de que a alguien le gustaría lo suficiente como para darme ánimos; estímulo público. La esperanza era exigua, como dije, pero obtuve mucho, y en cierta forma eso resultó tan atemorizador como la muerte rápida y misericordiosa que yo esperaba.

En lugar de una “muerte rápida y misericordiosa”, Libros Condensados del Reader’s Digest eligió al libro para reimprimirlo en parte, lo cual le proporcionó inmediatamente amplia difusión. Desde su publicación original, el libro nunca ha sido descatalogado.

*En el original, aparece la palabra Ruiseñor, que no corresponde con la palabra inglesa Mockingbird; al traducir al español se alteró el título; debe ser Matar un Cenzontle.  

lunes, 20 de julio de 2026

To Kill a Mockinbird, de Harper Lee, paralelismos con mi historia de vida

 


Desde mi más temprana infancia, mi padre me acusó de haber sido la causa de su sufrimiento por la violencia de la que él fue víctima, algo que sucedió décadas antes de que yo naciera. Siendo todavía un niño, mi padre me hizo responsable de todo lo que estaba mal en el mundo, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Manipuló a muchísimas personas durante no menos de 35 años, haciéndoles creer que yo era la causa de su adicción al alcohol y de sus comportamientos terribles. Su éxito al hacer tal cosa, manipular a un número indeterminado de débiles mentales, fue contundente.

Atticus Finch defendió a Tom Robinson, a mí nadie me defendió.

No fui condenado a muerte, por supuesto, pero sí viví señalado, estigmatizado y en el oprobio. Desde mi infancia comencé a esforzarme para afrontar mi problemática, viviendo en desatención por parte de mi madre y objeto de la violencia que mi padre perpetraba con una furia de intensidad homicida.

Como si eso no fuera suficiente, enfrenté desde mi más temprana infancia dificultades muy severas porque nací neuro-divergente, y padeciendo un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) que nunca se diagnosticó; por puesto, nunca se atendió. También nací sin visión en el ojo izquierdo, o debería decir, con una visión muy disminuida; 35 por ciento, periférica, sin poder enfocar. Por ello, mostraba una torpeza extrema de movimientos —me tropezaba con mis propios pies, no pude aprender a atarme los cordones de los zapatos y jamás me lavaba los dientes—, y pese a que mostré siempre un desempeño académico en todo aquello que involucraba lectura y escritura, en lo que involucraba números, mi desempeño fue deplorable. Necesitaba una educación especial, un maestro particular que me ayudara a aprender, pero mis padres no estaban dispuestos a hacer nada por mí.

Desde mi infancia, empecé a enfrentar esas dificultades y a fortalecerme, tanto en lo físico como en lo intelectual. Muchos años más tarde, ya en la cuarta década de mi vida, al interactuar con otros individuos (durante mi primer empleo, por ejemplo, que obtuve con 33 años y medio de edad), compañeros de trabajo, débiles en lo mental —ni que decir de su debilidad física, ratones emasculados— me detestaron al percibir en mí características deseables poco comunes (cualidades) e incluso hubo quienes me odiaron por ello.


Perdí ese primer empleo al comenzar el año 1998, tres meses antes de cumplir 34 años de edad, porque un ex compañero de la universidad que era mi jefe directo (él me contrató) en una empresa de la maquiladora electrónica recién llegada al país, reencarnó a mi padre. Su patología narcisista era extremadamente grave y al percibir que yo no era infinitamente inferior a él en lo intelectual, me atacó con una furia de intensidad homicida mediante agresiones verbales. Mutante que padecía una distrofia muscular, persona gordiflaca, arranques de furia característicos de una mujer menopáusica, megalómano monstruoso.

Lo que me hizo ese mutante de características antinaturales (de lo cual yo no soy responsable en lo más absoluto), pudo haberme costado la vida. Meses más tarde, mi familia (mis padres y mis hermanas, con participación de sus cónyuges) completaron la agresión y mi vida cayó a un precipicio.


Perdí la voluntad de vivir y durante más de un cuarto de siglo he deseado no haber nacido jamás. Sin embargo, durante los últimos años (a raíz de haber perdido ese empleo que desempeñé en una empresa farmacéutica por negarme a aceptar la impunidad que le obsequiaron a un individuo que me acosó laboralmente, un narcisista maligno, como mi padre) he cobrado conciencia de que pese a toda mi problemática, mi calidad de vida es mejor que la de muchísimos hombres considerados normales.

¿Qué significa la palabra normal? En el pasado (hace muchos años, no podría decir cuántos), era sinónimo de sano. Cambió su uso, no sé por qué. Ahora tiene que ver con estadística, norma, mayoría.

La mayoría de las personas están peor que yo. Lejos de avergonzarme por ser un anormal, me enorgullezco de ello.



Cito una vez más a Erich Fromm. Capítulo 3 “la naturaleza humana y el carácter” del libro Ética y Psicoanálisis:

Las dicotomías existenciales e históricas en el hombre … permanece insatisfecho, ansioso e inquieto. Existe solamente una solución a su problema: enfrentarse con la verdad, admitir su soledad fundamental en medio de un universo indiferente a su destino, reconocer que no existe ningún poder que lo trascienda que sea capaz de resolverle su problema. El hombre debe aceptar la responsabilidad para consigo mismo y también el hecho de que solamente usando sus propios poderes puede dar significado a su vida.



Leer una vez más una obra maestra de la literatura, ¿por qué?

 

Antier, sábado 18 de julio bajé de una red social cinco capítulos más (antes había bajado los primeros siete capítulos) del audiolibro de To Kill a Mockingbird, obra maestra de la literatura estadounidense, de la autoría de Harper Lee, en el idioma original, inglés. La portada de la copia que tengo de ese libro, To Kill a Mockingbird, Harper Lee, presenta la imagen de una niña de rostro bellísimo. ¿Por qué sentí que debía volver a leer esa obra?

Atticus Finch, padre de Jem y Scout, es un hombre excepcional, la clase de progenitor que millones de personas hubieran querido tener. Contrasta con el padre que yo tuve, ultra depravado, que con participación de muchísimas personas casi consiguió arruinar mi vida.

Arthur Radley es un enfermo mental, vive en un aislamiento casi total y sin trabajar. Así viví yo durante muchos años; de hecho, la mayor parte de mi vida.

Tom Robinson es un hombre excelente. Hizo algo ejemplar, ayudar a una mujer que vivía en la miseria, huérfana de madre, hija de un alcohólico que la arruinaba junto a sus otros seis hijos. Mayella Ewell, mujer joven de raza blanca acusa a Tom Robinson, un hombre de raza negra que le ayudó —la única persona que en sus 19 años de vida había mostrado una buena actitud hacia ella— de haberla violado.

A Atticus Finch, —abogado de profesión, empleado de gobierno de esa pequeña población que habitaba, Maycomb, Alabama— se le asigna la tarea de defender a Tom, algo que él no puede (ni tampoco desea) evitar hacer, pese a que eso da lugar a que un buen número de habitantes de esa población muestren hostilidad y agresividad hacia él y hacia sus hijos, Jem y Scout, porque les parece inconcebible que defienda a un criminal que violó a una mujer;  que la víctima sea de raza blanca y el agresor de raza negra, eleva sin medida la furia de los habitantes de Maycomb.

Al defender a Tom, Atticus demuestra —sin el menor lugar para la duda razonable— que Tom no hizo ningún daño a Mayella, sino lo contrario, le ayudó cuando ella se lo pidió y rechazó el pago que ella le ofreció porque sabía que vivía en la miseria, con seis hermanos menores, víctima de un padre alcohólico que gastaba lo que el Estado le daba (welfare, asistencia social) en whisky; su vida era una pesadilla sin esperanzas de que eso cambiara.

No obstante, un fallo a favor de una persona de raza negra, y en contra de una persona de raza blanca, resultaba una imposibilidad durante esa época, la Gran Depresión, década de los años 1930s, antes de la Segunda Guerra Mundial. Tom Robinson es condenado a muerte, y al intentar escapar, es acribillado a balazos, dejando una esposa viuda y tres hijos huérfanos.

¿Paralelismos con mi historia de vida?

Difícilmente.

domingo, 19 de julio de 2026

Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee. Tomado de Wikipedia en inglés

 


Matar un Ruiseñor es una novela género gótico sureño de la autoría de la escritora estadounidense Harper Lee. Un éxito inmediato cuando se publicó; en Estados Unidos es leída ampliamente en la escuela secundaria e intermedia. Ganó el Premio Pulitzer un año después de ser publicada y se ha convertido en un clásico de la literatura norteamericana. La trama y los personajes se basan de manera holgada en la familia y en los vecinos de Harper Lee, y en un evento que sucedió cerca de su ciudad natal, Monroeville, Alabama, en 1936, cuando ella contaba con 10 años de edad.

Pese a abordar asuntos serios que se relacionan con violación y desigualdad racial, la novela ha cobrado renombre por su calidez y por su sentido del humor. Atticus Finch, padre de la niña que narra la historia, ha encarnado el papel de héroe para muchos lectores y el de modelo de integridad para abogados. El historiador Joseph Crespino explica: “en el siglo veinte, Matar un Ruiseñor es probablemente el libro más leído que aborda el tema racial en Estados Unidos, y su personaje principal, Atticus Finch, la imagen de ficción más apreciada de heroísmo racial”. Como novela de género gótico sureño y bildungsroman* los temas principales de Matar un Ruiseñor, incluyen la injusticia racial y la pérdida de la inocencia. Académicos han hecho notar que Harper Lee aborda también temas de clase, valor, compasión y roles de género en el Bajo Sur. Las lecciones de la obra hacen énfasis en la tolerancia y en condenar el prejuicio. A pesar de los temas que trata, Matar un Ruiseñor ha sido objeto de campañas para que sea retirada de las aulas públicas, señalada frecuentemente por el uso de epítetos raciales. En 2006, bibliotecarios británicos elevaron el rango de la novela —colocándola por encima de la Biblia—, como una obra que “toda persona adulta debe leer antes de morir”.

La reacción fue muy variada cuando Matar un Ruiseñor fue publicada. A pesar del número de copias vendidas y de su uso extendido en educación, el análisis literario ha sido escaso. La escritora Mary McDonough Murphy, que reunió impresiones individuales de Matar un Ruiseñor, de varios escritores y figuras públicas, llamó al libro “un fenómeno sorprendente”. Fue adaptada como película en 1962, ganó el Oscar, con mismo título, dirigida por Robert Mulligan, con un guion de Horton Foote. Desde 1990, una obra de teatro basada en la novela ha sido interpretada anualmente en la ciudad natal de Harper Lee.

Matar un Ruiseñor fue el único libro publicado por Harper Lee hasta Ve y Pon un Centinela —un borrador anterior a Matar un Ruiseñor— publicado el 14 de julio de 2015. Harper Lee siguió dando respuestas sobre el impacto de su obra hasta su muerte en febrero de 2016. Mantuvo una postura de mucha cautela en lo referente a su vida personal, y concedió la última entrevista a un periodista en 1964.

 

*Bildungsroman

En crítica literaria, un bildungsroman es un género que se enfoca en el crecimiento moral y psicológico y en la transición de la infancia a la adultez del protagonista. El término proviene de las palabras alemanas bildung (‘formación’ o ‘educación’) y roman (‘novela’).

 


 


En recuperación, muy cerca de la sanación

 


Ayer sábado entrené en mi bicicleta de ruta, marca AluBike, cuadro de aluminio muy pesado con llantas más anchas a lo acostumbrado, que se inflan a una presión también menor a la acostumbrada, lo cual involucra un esfuerzo mayor; algo que he hecho desde enero de 2024 y ha aumentado la potencia muscular de mis piernas, y mi capacidad cardiopulmonar.

Un inconveniente es que mi metabolismo se aceleró a algo que parece un máximo, mi peso corporal descendió a 60 kg con 1.78 m de estatura; en abril de 2024 cumplí 60 años de edad, en abril de 2026 cumplí 62, por supuesto. Mi peso corporal no había sido tan bajo desde mi adolescencia, pero ya me estoy recuperando. Hoy domingo 19 de julio de 2026 peso 65 kg. También hago entrenamiento de fuerza, dos o tres días por semana, siempre complementario. Ejercicios sencillos, planchas (conocidas coloquialmente en mi país como “lagartijas”), ejercicios con mancuernas y ocasionalmente con una barra y discos, sin mucho peso; no más de 30 kg.

Por todas partes veo personas con anatomía deforme, depósitos de adiposidad, no es poco frecuente que su obesidad sea severa y en ocasiones muy grave. Parte de la catástrofe neoliberal que trajo consigo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Se elevó el consumo de bebidas azucaradas, refresco, refresco negro (Coca, Pepsi y Red cola), con miles de “alimentos” carentes de nutrientes y en cambio tóxicos (industrializados, procesados y ultra procesados), conocidos como comida chatarra (junk food en inglés), que da lugar a que millones de habitantes sean diagnosticados cada año por padecer enfermedad cardiaca, diabetes, cáncer; cientos de miles de personas mueren cada año, habiendo cometido un suicidio lento al consumir cotidianamente todos esos venenos.


Yo que he vivido señalado, estigmatizado, en el oprobio, porque padeciendo una patología mental muy grave —sin siquiera saberlo, pese a haber sido atendido por tres médicos psiquiatras durante 16 años—, pasé la mayor parte de mi vida sin trabajar, presento características poco comunes. Mi figura es atlética (a riesgo de sonar narcisista, algo que en realidad no soy), la proporción de tejido adiposo es tan baja que no resulta visible, mientras que la proporción de masa muscular es muy alta, pese a mi delgadez, y mi organismo funciona excelentemente. Cuando se me han practicado pruebas clínicas como química sanguínea, biometría hemática y función hepática, los resultados han sido casi perfectos; algo poco común en hombres de la mitad de mi edad, e incluso menores.

En el pasado (no podría decir cuándo), la palabra normal era sinónimo de sano. Cambió el uso (no sé por qué), ahora tiene que ver con estadística, norma. Ser normal significa pertenecer a la mayoría. La normalidad en mi país (algo que ya se extendió a la mayor parte del mundo) es padecer sobrepeso, obesidad, afectación al corazón, riñones, hígado, páncreas; lo cual lleva a padecer diabetes, enfermedad cardiaca, insuficiencia renal y hepática, cáncer, etc.

Desde mi infancia me interesó mucho la lectura, y también la escritura. Comencé a leer desde el inicio de mi educación básica (primaria) y continué haciendo eso. Al aprender una lengua extranjera, el inglés, se me ocurrió que leer libros en ese idioma, con todo tipo de material impreso, se incrementaría mi conocimiento y aprendí, principalmente como autodidacta. Más tarde, me convertí en traductor inglés-español, también enseñándome a mí mismo. Mi nivel intelectual/cultural es poco común, pese a haber sido un mal (incluso un pésimo) estudiante. En inglés hay un término que me describe: brilliant underachiever.

Soy un anormal, y lejos de avergonzarme, me enorgullezco de ello.

El peor enemigo que tuve jamás, mi padre (muerto un 14 de diciembre de 2007, un viernes), es decir, hace más de 18 años, pronosticaba que yo iba a ser gordo —es decir, obeso—, adicto a alcohol y tabaco y a drogas no legales, mamarracho, inculto, semi-analfabeto; un lacra.


Tradiciones tanto religiosas como seculares dictan que debemos amar a nuestros padres. Aberración gigantesca que potencialmente conlleva destructividad, porque así, muchas personas a quienes sus padres hicieron mucho daño, racionalizan la crueldad de quienes los trajeron al mundo y cuando tienen hijos repiten la historia.

En contraste, yo odié a mi padre. Murió en una entidad lejana a donde yo vivo, no fui a su funeral. No soy tan idiota como para ir a las exequias de un individuo que parecería un ser demoniaco. Odiar a ese hijo de puta fue lo más acertado porque (sin que yo tuviera conciencia de ello), ese sentimiento me dio la energía y la determinación para ser muy diferente a él; que presentaba las características indeseables antes mencionadas. Sus predicciones no se cumplieron y así lo derroté contundentemente. Siendo un narcisista maligno, un psicópata, vivió torturándome psicológicamente. Mi grave neurosis, un Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), derivó de esa tortura psicológica y el sufrimiento fue de tal intensidad que pudo haber provocado que me quitara la vida. De haber sucedido eso, mi padre habría obtenido uno de sus mayores logros; por eso afirmó que lo derroté contundentemente.

Jamás podría perdonar a ese depravado, sádico torturador despiadado, ser demoniaco. Solamente espero ser capaz de dejar de odiarlo, sentir indiferencia por él.

Repito, soy un anormal, un fracasado, un perdedor y me siento muy orgulloso de ello. Agradezco a quien haga el favor de leer lo que escribo.