domingo, 30 de agosto de 2026

Tweet de Robert F. Kennedy Jr., sobre educación en nutrición en facultades de medicina @SecKennedy

 


No podemos resolver el problema de la epidemia de enfermedad crónica en Estados Unidos si los médicos se gradúan sin entender cómo el alimento da forma a la salud. Las escuelas médicas de Kentucky están cambiando eso, haciendo que la nutrición sea una parte fundamental de la educación médica, preparando a la próxima generación de médicos para que prevengan la enfermedad, tratar sus causas de raíz y ayudar a los pacientes a conseguir una salud duradera.



Robert F. Kennedy Jr.: Que tal, soy Robert F. Kennedy Jr. su Secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. Me encuentro en Lexington, Kentucky, con el Dr. Robert DiPaola, que es el rector de la Universidad de Kentucky y uno de sus líderes del sistema de salud de esta universidad. La Universidad de Kentucky ha sido líder en la nación en educación de nutrición.

Fue una de las primeras universidades en adoptar la recomendación del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, de que todas las facultades de medicina en el país enseñaran 40 horas de educación en nutrición. La Universidad de Kentucky ya se hallaba en la delantera, ya se habían iniciado, concentrado y enfocado en la nutrición. Ahora avanzan hacia el siguiente nivel.

Dr. Robert DiPaola: Agradecemos la oportunidad de lanzar un programa, que surge en nuestra facultad de medicina, y se enfoca en la nutrición y en la salud, por el estado de Kentucky. Apreciamos también la oportunidad de guiarlo por nuestras nuevas instalaciones, el edificio de educación en salud, donde reuniremos a cuatro facultades de diferentes disciplinas. La facultad de medicina, la facultad de enfermería, la facultad de ciencias de la salud y de salud pública, todos se reúnen con un propósito muy importante, que es, servir al estado de Kentucky.

Robert F. Kennedy Jr.: Gracias, rector. Hagamos que Kentucky sea saludable otra vez, y después el resto de los Estados Unidos.

Tweet de Power to the People, sobre esclavitud en centros penitenciarios en Estados Unidos @ProudSocialist

La mayoría de los estadounidenses piensa que la esclavitud fue abolida totalmente, cuando en realidad, solamente se modificó con la 13a Enmienda, que permite trabajo forzado tipo esclavo dentro del sistema de prisiones.

Los trabajadores presos ganan en promedio 13 a 52 centavos de dólar por hora a nivel nacional; y en siete estados, no perciben ningún pago en absoluto.

Corporaciones como McDonald’s y Wal-Mart lucran mediante el trabajo forzado tipo esclavo en los Estados Unidos.

En ningún lugar es tan terrible este problema como en Alabama, donde las personas privadas de la libertad producen 450 millones de dólares al año en bienes y servicios sin recibir ninguna remuneración.

Más de 500 corporaciones estadounidenses han “alquilado” a personas encarceladas de las prisiones de Alabama desde 2018 para explotar su trabajo y lucrar con su trabajo esclavo.

Un litigio reciente contra el Sistema penitenciario de Alabama revela que el estado había suprimido la libertad bajo palabra para mantener un suministro estable de trabajadores esclavos a corporaciones, con lo cual lucraba.

Y en un estado que superó a Luisiana, se aprobó una ley que hace ilegal la indigencia para que quienes carecen de una vivienda sean obligados a integrarse al aprovisionamiento de trabajo en centros penitenciarios.  

Este es el nuevo esbozo para los Estados Unidos. En lugar de abordar el problema de raíz —el origen de la indigencia (el capitalismo)— los estados criminalizan a la pobreza y la convierten en un suministro de trabajo esclavo para las corporaciones con intención de lucrar.

Si esto no hace que cobres conciencia sobre el hecho de que Estados Unidos es la dictadura más cruel del capital que jamás ha existido, nada lo hará. 


 No quieren que te enteres del trabajo esclavo que se lleva a cabo en el interior.

Si el trabajo es peligroso, no importa; tampoco importa si estás enfermo, puede tomarse una medida disciplinaria si te rehúsas a trabajar y se te someterá a confinamiento en solitario. Y no se trata únicamente de trabajo en el interior de una prisión, muchos prisioneros están siendo alquilados a corporaciones o para hacer trabajo estatal.

Yo trabajo en el Departamento de Sanidad, todos los días en las comunidades. Y se me paga solamente dos dólares al día.

Centro de Montgomery, tienen reclusos trabajando ahí. Incluso en la mansión del gobernador, ahí se encuentra Key Ivey.

Se nos dice: “vas a trabajar para nosotros sin remuneración hasta que mueras”. Si insisten en dirigir una prisión anticonstitucional, pueden dirigirla ellos mismos. 



viernes, 28 de agosto de 2026

Nikki Giovanni, tweet de African & Black History, @AfricanArchives

 

Nikki Giovanni pasó más de cinco décadas escribiendo sobre la vida de la gente de raza negra con una voz que simultáneamente pudo ser tanto política como íntima, humorosa y profundamente personal. Al surgir durante el Movimiento de las Artes Negras durante la tardía década de los años 1960s, Giovanni perteneció a una generación de escritores que insistió en que la gente de color no necesitaba medir su cultura comparándola con los estándares de alguien más para comprender su valor. Su poesía y ensayos exploraban raza, familia, amor, resistencia, memoria y las experiencias cotidianas que dan forma a la identidad. En el centro de gran parte de su trabajo se hallaba una idea sencilla pero poderosa: la cultura negra no era algo que necesitara ser justificado; merecía ser entendida en sus propios términos.

Su prosa sobre estilo se dirige directamente a esa idea. Cuando Giovanni describe cómo se hace un pie con duraznos considerados inservibles, frazadas con tela desechada, ritmo con manos que aplauden y formas de caminar que conllevan distinción cuando otras oportunidades han sido negadas, describe la creatividad que ha surgido de las restricciones. Cuatro generaciones de negros estadounidenses crearon tradiciones culturales extraordinarias mientras vivían en sistemas que restringían dónde podían vivir, trabajar, estudiar, viajar y su participación en la vida pública. No obstante, la exclusión no impidió que se manifestara la creación cultural. Espirituales, góspel, blues, jazz, soul, hip-hop, tradiciones de tejido, hábitos alimentarios, baile, moda e incontables formas de expresión más surgieron de comunidades que continuamente transformaron en algo significativo lo que tenían disponible y frecuentemente su influencia se extendía más allá de esas comunidades. 

Esa historia es importante porque la creatividad negra es celebrada en ocasiones sin reconocer las circunstancias en las que se desarrolló gran parte de la misma. El jazz puede ser disfrutado sin analizar la segregación. Soul food puede ser consumida sin entender cómo los cocineros negros adaptaron ingredientes disponibles para ellos a lo largo de generaciones. Los estilos de música negra, bailes, cortes de pelo y expresiones pueden convertirse en tendencias dominantes mientras las personas y las comunidades que las desarrollaron reciben mucho menos reconocimiento. La profundidad del punto de Giovanni va más allá de simplemente decir que la gente negra es creativa. Ella nos pide que reconozcamos la relación entre creatividad, supervivencia y la determinación para mantener un sentido de identidad en una sociedad que repetidamente intentó definir a la gente de color desde el exterior.

Pero hay también algo importante en lo que se refiere a evitar romantizar la adversidad. Los estadounidenses de color no necesitaron la opresión para manifestar su creatividad, y el sufrimiento jamás debe ser designado el origen del valor negro. Lo que demuestra la historia en lugar de eso es que incluso cuando las oportunidades fueron restringidas con toda intención, las personas continuaron creando belleza, comunidad y cultura. Giovanni entendió que la confianza proviene en parte de conocer esta historia. Cuando la gente entiende que generaciones previas crearon, perseveraron y sobrevivieron, adquiere una comprensión más profunda de quiénes son y de las contribuciones que su cultura ha aportado al mundo. Ese podría ser el mensaje más duradero en sus palabras: las circunstancias pueden limitar lo que la gente recibe, pero no determinan lo que las personas son capaces de crear.



jueves, 27 de agosto de 2026

D. B. E Du Bois, tweet de African & Black History. @AfricanArchives

 


W. E. B. Du Bois murió en Accra, Ghana, un 27 de agosto de 1963, a los 95 años de edad. Fue sepultado cerca de su hogar, donde había pasado sus últimos años, un lugar que hoy es parte del Centro Conmemorativo W. E. B. Du Bois. La fecha de su muerte es significativa pues al día siguiente, cientos de miles de personas se reunieron en Washington D.C. para la Marcha en Washington, donde el líder de la NAACP, Roy Wilkins, pidió a la multitud que guardara un minuto de silencio en su honor.

Du Bois había dedicado su vida a exigir muchos de los derechos por los que luchaban los participantes en la marcha, y menos de un año después, la Ley de Derechos de 1964, se hizo realidad; misma que prohibía la segregación y la discriminación en áreas importantes de la vida en Estados Unidos.

Nacido en 1868 en Great Barrington, Massachusetts, Du Bois se convirtió en uno de los intelectuales negros más influyentes de la historia moderna. Se convirtió en el primer estadounidense de origen africano en ganar un doctorado en la Universidad de Harvard y enseñó historia, sociología y economía en la Universidad de Atlanta. Ayudó a establecer el Movimiento Niágara, que demandaba derechos civiles y políticos plenos para los estadounidenses de raza negra, y más tarde se convirtió en una de las figuras fundadoras del National Association for the Advancement of Colored People (NAACP [Asociación Nacional Para el Progreso de las Personas de Color]).

También mostró un profundo desacuerdo con la aproximación acomodaticia de Booker T. Washington, argumentando que la oportunidad económica no podía sustituir los derechos políticos y la igualdad ante la ley. El trabajo de Du Bois se extendió más allá de los Estados Unidos. Fue una figura importante en el Panafricanismo y se conectó con la lucha contra el racismo estadounidense y contra el colonialismo y el imperialismo europeo en África y en el resto del mundo.

Sus libros, incluyendo The Souls of Black Folk (las almas del pueblo negro) y Black Reconstruction in America (Reconstrucción Negra en los Estados Unidos), desafiaron ideas profundamente enraizadas sobre raza, historia y el papel de las personas de color al dar forma a la sociedad estadounidense. También se volvió intensamente crítico del capitalismo, apoyando causas socialistas, advocando la paz y haciendo campaña contra las armas nucleares.

Cuando murió en Ghana, Du Bois había vivido a lo largo de la época en que se dieron los efectos resultantes de la esclavitud; la Reconstrucción; dos guerras mundiales y la emergencia de un movimiento moderno por los derechos humanos. Su vida se extendió casi a lo largo de un siglo, pero su demanda central permaneció notablemente consistente: la gente de raza negra debe contar con poder político, educación, oportunidad económica y la libertad necesaria para que pueda determinar su futuro propio.



Louise Norton Little, madre de Malcolm X. Tweet de African & Black History @AfricanArchives

 


Cuando se analiza el poderoso legado de Malcolm X, frecuentemente, los libros de historia pasan por alto a la mujer brillante y resiliente que estableció su cimiente intelectual. Su madre, Louise Norton Little, fue una mujer que contaba con una educación brillante, y se había mantenido activa en la política —por derecho propio— desde mucho antes de que el ojo público visualizara a su hijo. Nacida en Grenada, Louise hablaba varios idiomas y contaba con una mente analítica aguda que hizo de ella una fuerza formidable en el movimiento Panafricano a principios del siglo XX. Con su esposo, Earl Little, ella prestó servicio como una dedicada líder en la Asociación Universal Para el Mejoramiento del Negro, de Marcus Garvey, dirigiendo las comunicaciones organizacionales, escribiendo artículos para el periódico Negro World, y organizando comunidades locales a lo largo del Medio Oeste de Estados Unidos, a pesar de amenazas frecuentes de grupos supremacistas blancos.  

Louise fue mucho más que una activista detrás de los escenarios; fue también una madre de familia independiente que inoculó a sus hijos con orgullo, pensamiento crítico y autosuficiencia. Instruyó a su familia para que leyeran periódicos extranjeros, los motivó para que aprendieran sobre su herencia global, y se negó a permitir que aceptaran su ciudadanía de segunda clase asignada en la época a los estadounidenses de raza negra. Incluso después de la trágica y sospechosa muerte de su esposo, Louise luchó incansablemente para que su familia permaneciera unida mantuviera su independencia. Su profundo compromiso con la liberación africana y su rigor intelectual dieron forma directa a la futura cosmovisión de Malcolm X, convirtiendo su extraordinaria existencia en un capítulo esencial en la historia más amplia de la liberación Negra.  



domingo, 23 de agosto de 2026

El Complejo Industrial de la Lucha contra las Drogas, Noam Chomsky entrevistado por John Veit. Segunda parte

 


Publicado en la revista High Times, abril de 1998

 


John Veit: La oficina del Zar de las Drogas estima que los estadounidenses gastaron 57 mil millones de dólares en drogas ilegales. ¿Qué efecto tiene esto en la economía global?



Noam Chomsky: Bueno, las Naciones Unidas intentan monitorear el tráfico de drogas internacional, y sus estimados andan por 400 a 500 mil millones de dólares —medio billón de dólares al año— en comercio de drogas solamente, lo que lo hace superior al de petróleo, algo así como el 10 por ciento del comercio mundial. De dónde viene y hacia dónde va este dinero es algo que en su mayor parte no se sabe, pero estimaciones generales estiman que tal vez el 60 por ciento pasa a través de bancos en Estados Unidos. Después de eso se dirige a paraísos fiscales. Es tan oscuro que nadie lo monitorea, y nadie tiene intenciones de hacer tal cosa. Pero el Departamento de Comercio publica cada año cifras sobre inversión extranjera directa —hacia dónde se dirige la inversión estadounidense— y durante la década de los años 1990s, el gran entusiasmo han sido los “nuevos mercados emergentes” como América Latina. Y sucede que un cuarto de la inversión extranjera directa de Estados Unidos va a Bermuda, otro 15 por ciento a las Bahamas y a las Islas Caimán, otro 10 por ciento a Panamá, y así. Ahora ya no se construyen fábricas de acero. La interpretación más benigna es que son solo paraísos fiscales; y la interpretación menos benigna es que es una manera de transferir dinero ilegal a lugares donde no será monitoreado. En realidad, no lo sabemos, porque no se investiga. Esta no es la tarea del Departamento de Justicia, que consiste en perseguir a un jovencito en un gueto negro porque lleva un cigarrillo de mariguana en su bolsillo.

John Veit: ¿Qué piensa de la política estadounidense sobre ofrecer comercio y ayuda a países que promulgan las así llamadas iniciativas anti-drogas?

Noam Chomsky: En realidad, los programas estadounidenses incrementan radicalmente el uso de drogas. Veamos el enorme crecimiento en producción de cocaína que ha explotado en los Andes durante los últimos años, en Colombia, en Perú y en Bolivia. ¿Por qué, por ejemplo, campesinos bolivianos producen coca? Las políticas de ajuste neoliberal del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, que son gobernados por los Estados Unidos, intentan conducir a los campesinos hacia la exportación agropecuaria, producción que no es para consumo local, sino para ventas al extranjero. Pretenden reducir los programas sociales, como el gasto en salud y educación, disminuir los déficits de gobierno mediante el incremento de las exportaciones. Y reducen los aranceles de modo que podamos verter nuestras exportaciones altamente subsidiadas de alimentos a sus países, lo cualdesde luego, disminuye la producción de los campesinos. ¿Qué se obtiene al combinar todos estos elementos? Un enorme incremento en producción de coca boliviana, como su única ventaja comparativa.

Lo mismo es cierto en Colombia, donde la ayuda estadounidense “alimento para la paz”, como se le ha llamado, fue usada para destruir la producción de trigo proporcionando esencialmente alimento —lo que implica un gasto para los contribuyentes estadounidenses—mediante exportaciones agrícolas para disminuir la producción de trigo en ese lugar, que más tarde disminuirá la producción de café y su capacidad para fijar precios de una manera razonable.

Y el resultado final es que recurren a otra cosa, y una es la producción de coca. De hecho, si echas una mirada al efecto total de las políticas estadounidenses, ha sido incrementar la producción de drogas.

John Veit: Bueno, quien eche un ojo a la historia de las políticas estadounidenses en este siglo… (se refiere al s. XX).

Noam Chomsky: Estoy dejando de lado otro factor, a saber, la guerra clandestina. Si echas una mirada a la historia de lo que se denomina CIA, que significa la Casa Blanca de Estados Unidos, sus guerras secretas, guerra clandestina, lo siguiente es la senda de la producción de drogas. Comenzó en Francia después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos esencialmente intentaba reinstalar el orden global, para rehabilitar a colaboradores fascistas, eliminar a la resistencia y destruir los sindicatos y todo eso. Lo primero que hicieron fue reconstituir la mafia, como rompe huelgas o para otros servicios útiles de ese tipo. Y la mafia no lo hacía por diversión, había un intercambio: esencialmente, se les permitía reconstituir el sistema de producción de heroína, que había sido destruido por los fascistas. Los fascistas tendían a dirigir un barco muy rígido; no querían ninguna competencia, por eso eliminaron a la mafia. Pero Estados Unidos la reconstituyó, primero en el sur de Italia, después en el sur de Francia, con la Mafia de Córcega. Es ahí donde se origina la Conexión Francesa.

 Ese fue el centro de heroína principal durante muchos años. Después las actividades terroristas de Estados Unidos se desplazaron hacia el sudeste asiático. Si deseas realizar actividades terroristas, necesitas que gente de la localidad haga por ti, y también dinero para pagar, dinero oculto clandestino. Bien, sin necesitas contratar hampones y asesinos con dinero secreto, no hay muchas opciones. Una de ellas es el vínculo con las drogas. El así llamado Triángulo Dorado alrededor de Birmania, Laos y Tailandia se convirtió en un área de alta producción de drogas con la ayuda de Estados Unidos, como parte de las guerras secretas contra esas poblaciones.

En Centroamérica, fue expuesta parcialmente en las audiencias de los Contras, aunque en su mayor parte fue suprimida. Pero no hay duda respecto a que las operaciones terroristas de la administración Reagan en Centroamérica estaban fuertemente conectadas con el tráfico de drogas.

Afganistán se convirtió en uno de los centros más grandes de tráfico de drogas en el mundo en los años 1980s, porque era el pago para las fuerzas a las cuales Estados Unidos hacía contribuciones de millones de dólares: los mismos fundamentalistas islámicos extremistas que ahora hacen añicos al país.

Ha sido así en todo el mundo. No es que Estados Unidos tenga la intención de incrementar el consumo de drogas, es solamente lo que resulta natural hacer. Si estuvieras en una posición en la que tuvieras que contratar hampones y gánsters para matar campesinos y sabotear huelgas, y tuvieras que hacerlo con dinero imposible de rastrear, ¿qué vendría a tu mente?

John Veit: ¿Cuál es su postura respecto a legalizar las drogas?

Noam Chomsky: Nadie sabe cuál sería el efecto. Quien diga que sabe miente o es torpe, porque nadie lo sabe. Estas cosas tienen que ser experimentadas, tiene que hacerse eso para ver cuáles son los efectos que eso conlleva.

La mayoría de las drogas de efecto menor, principalmente alcohol y tabaco, son legales. El tabaco es por mucho el mayor homicida de todos los psicoactivos. Las muertes por alcohol son un poco difíciles de cuantificar, porque una alta proporción de muertes violentas están asociadas con alcohol. Muy por debajo vienen las “drogas” de efecto mayor, una diminuta fracción de las muertes por alcohol y tabaco, tal vez diez o veinte mil muertes por año. Las drogas de crecimiento más acelerado son las sustancias tipo anfetaminas, producidas principalmente en los Estados Unidos.

En lo que concierne al resto de las drogas, la mariguana no es conocida como muy dañina. Quiero decir, se asume generalmente que no es buena para su consumo, pero el café tampoco lo es, ni el té, el pastel de chocolate tampoco. Sería una insensatez criminalizar el café, aun siendo dañino.

Estados Unidos es uno de muy pocos países donde esto es considerado un asunto moral. En la mayoría de los países es considerado un asunto médico. En la mayoría de los países no hay políticos que lanzan alaridos sobre lo rudos que pueden ser ante las drogas. Así que lo primero que tienes que hacer es salir de la fase de control de la población y dirigirte a la esfera de los asuntos sociales. La Corporación Rand estima que, si se compara el efecto de los programas criminales contra los programas educacionales al reducir el uso de drogas, los programas educacionales se encuentran muy por delante en una proporción de uno a siete.

John Veit: Pero programas alarmistas de propaganda de drogas como DARE y el los comerciales de televisión de Partnership for a Drug-Free America han dado como resultado un incremento en experimentación entre adolescentes.

Noam Chomsky: El asunto es, ¿qué clase de educación estás haciendo? Los programas educacionales no son la única categoría. La educación tiene que ver también con las circunstancias sociales en las cuales las drogas son usadas. La respuesta no es meter gente a la cárcel, sino intentar determinar qué está sucediendo en sus vidas, sus familias, ¿necesitan atención médica y lo que sigue? Esta disminución muy marcada en el abuso de sustancias entre sectores educados, como dije, atraviesa el espectro —carnes rojas, café, tabaco, todo. Eso es educación. No se trató de un programa educacional que dijera que se deje de consumir café, sino de actitudes hacia uno mismo y hacia la salud, cómo vivimos y lo que sigue, que cambió entre los sectores más educados de la población, y estas cosas disminuyeron. Y nada de eso tuvo relación con criminalización. Tuvo que ver nada más con el nivel cultural y educacional, que condujo a un mayor cuidado de sí mismo.

El Complejo Industrial de la Lucha contra las Drogas, Noam Chomsky entrevistado por John Veit. Primera parte

 


Publicado en la revista High Times, abril de 1998


John Veit: Usted ha definido la Guerra Contra las Drogas como un instrumento para controlar a la población. ¿Cómo puede lograrse eso?



Noam Chomsky: Control de la población es en realidad un término que tomé de literatura de contrainsurgencia de la época de Kennedy. Los objetivos principales en la época eran el Sudeste Asiático y América Latina, donde un fermento popular se daba en abundancia. Se reconoció que la población apoyaba fuerzas populares que clamaban todo tipo de cambio social, algo que los Estados Unidos simplemente no estaba dispuesto a superar. Y la población es controlada mediante el uso de un número de recursos. Uno es usando el terror y la violencia, bombas de napalm y todo eso, pero también se trabajó en el desarrollo de otras medidas de control de la población para mantener a la gente subyugada, medidas que van del uso de la propaganda hasta campos de concentración. La propaganda es mucho más efectiva cuando se combina con el terror.    

Se tiene el mismo problema en casa, donde frecuentemente el público se sale de control. Tienen que tomarse medidas para asegurar que la gente permanezca pasiva, apática y obediente; y que no interfiera con el privilegio o con el poder. Es un tema de mayor importancia de la democracia moderna. Conforme se expanden los mecanismos de la democracia, como las franquicias y el crecimiento, se incrementa también la necesidad de controlar a las poblaciones usando otros métodos.

Así el crecimiento de la propaganda corporativa en los Estados Unidos es más o menos paralelo al crecimiento de la democracia, por razones que resultan muy evidentes. No es un secreto de ningún tipo. Es analizado de manera muy directa y abierta en la literatura de negocios y en publicaciones periódicas de ciencias sociales. Es necesario entablar una “lucha siempre presente por las mentes de los hombres”, en su fraseología estándar, para adoctrinar y regimentar a los hombres de la misma manera que los ejércitos regimientan a sus integrantes. Esas son medidas de control de la población. El diseño o la manufactura del consentimiento es la esencia de la democracia, porque se tiene que asegurar que los forasteros entrometidos —es decir, nosotros, la población— no interfieran con el trabajo de las personas importantes que manejan los asuntos públicos cuya intención es favorecer a los intereses de los privilegiados.

John Veit: ¿Cómo encaja en esto la Guerra Contra las Drogas?

Noam Chomsky: Bueno, una de las maneras tradicionales y obvias de controlar a las poblaciones en todas las sociedades, trátese de una dictadura militar o de una democracia, es atemorizándolas. Si la población tiene miedo, está dispuesta a ceder la autoridad a sus superiores, para que la proteja. De acuerdo, permitiré que gobiernes mi vida para que puedas protegerme, ese es el raciocinio.

Así, se estimula el temor a las drogas y al crimen, en gran medida por el estado y por la propaganda de negocios. La Comisión Nacional de Justicia señala frecuentemente que el crimen en los Estados Unidos —si bien, su incidencia es alta—, no se encuentra fuera del espectro de las sociedades industrializadas. Por otra parte, el temor al crimen supera con mucho al de otras sociedades, y es estimulado en su mayor parte por propaganda diversa. La Guerra Contra las Drogas es un esfuerzo para estimular el temor a gente peligrosa de la que debemos protegernos. Es también una forma de control directo de lo que hemos dado por llamar “clase peligrosa”, esa gente superflua que en realidad no cumple una función en la generación de lucro y riqueza. Debe abordarse ese problema, de alguna manera.

John Veit: En otros países, simplemente se liquida a la plebe.

Noam Chomsky: Sí, pero en los Estados Unidos, no se le mata, se le encierra en centros penitenciarios. Las políticas económicas de los años 1980s incrementaron bruscamente la desigualdad, concentrando el crecimiento económico como ya existía —que era enorme— en muy pocas manos. El pequeño porcentaje de la población en la cima se hizo extremadamente acaudalada conforme el lucro llegó al techo, mientras que los salarios de medianos ingresos se habían estancado o disminuido bruscamente desde los años 1970s. Una gran cantidad de habitantes sintieron la inseguridad, padeciendo desde dificultades en lo económico hasta miseria, o algo intermedio. Muchos de ellos serían arrestados, básicamente, porque debían ser controlados.

John Veit: Es una verdad absoluta, pero ¿cómo probar eso?

Noam Chomsky: Echando un vistazo a las tendencias en el consumo de mariguana, que se elevaba a finales de los años 1970s, pero no se criminalizaba en gran medida. No se acababa en la cárcel por posesión de mariguana, porque quienes la consumían eran personas apreciadas, como nosotros, los hijos de los ricos. A esas personas no se les aloja en centros penitenciarios, tampoco a los ejecutivos de las corporaciones —aunque los crímenes corporativos resulten más costosos y peligrosos que la delincuencia callejera. Pero en la década de los años 1980s el uso de sustancias “no saludables” empezó a disminuir en los sectores integrados por personas con más escolaridad, educación: mariguana y tabaco, alcohol, carnes rojas, café, toda esa categoría de productos. Por otra parte, el uso permaneció estable entre sectores de la población de menores ingresos. En los Estados Unidos, la correlación entre pobreza y gente de raza negra —no es lo mismo, pero existe una correlación— y en sectores de la población compuesta por negros e hispanos, el uso de esas sustancias permaneció estable.

Así que echemos un vistazo a esas tendencias. Cuando se requiere una Guerra contra las Drogas, se sabe con exactitud contra quiénes será dirigida: gente de raza negra que vive en pobreza. No se dirigirá contra gente acaudalada de raza blanca; jamás se hace nada contra ellos. En el suburbio de clase media alta donde yo vivo, si alguien va a casa e inhala cocaína, la policía no irrumpe en su vivienda.

Existen tantos factores que hacen que la guerra contra las drogas sea dirigida contra los pobres, en gran medida contra gente de color. Y esas son las personas de las que desean deshacerse. Durante el periodo en que estas políticas económicas fueron instituidas, la tasa de encarcelamiento se disparó, no así el crimen, que se mantenía estable o disminuía. Pero el encarcelamiento siguió elevándose. Para finales de los años 1980s, en términos de privar de la libertad a nuestra población, nos encontrábamos muy por delante del resto del mundo, muy por delante de cualquier otra sociedad industrial.

John Veit: ¿Quién se beneficia por encarcelar a jóvenes negros del sexo masculino?

Noam Chomsky: Muchas personas. La gente pobre es básicamente superflua para la producción de riqueza, y por lo tanto, los acaudalados quieren deshacerse de ellos. Los ricos también atemorizan a todos los demás, porque si temes a esas personas, te sometes a la autoridad del estado. Pero más allá de eso, es una industria estatal. Desde la década de los años 1930s, todos los hombres de negocios entendieron que la economía capitalista privada debe recibir subsidios masivos del estado; la única interrogante es ¿qué forma tomará el subsidio del estado? En los Estados Unidos la forma principal ha sido mediante el sistema militar. Los aspectos más dinámicos de la economía — computadoras, internet, la industria aeronáutica, farmacéutica— han sido alimentados por el sistema militar. Pero la industria de control de la delincuencia, como es llamada por los criminólogos, se está convirtiendo en la industria de crecimiento más acelerado en los Estados Unidos.

Y es una industria del estado, financiada con recursos públicos. Se trata de la industria de la construcción, de la industria de los bienes raíces, y también de las firmas de alta tecnología. Está alcanzando una escala suficiente como para que los contratistas de alta tecnología y de lo militar pretenden comercializarla como técnicas de control de alta tecnología y vigilancia, de modo que pueda monitorearse lo que las personas hacen en sus actividades privadas con dispositivos electrónicos complejos y con súper computadoras: monitorear sus llamadas telefónicas y análisis de orina, y lo que sigue. De hecho, es probable que se llegue a una época en que esta población superflua pueda ser privada de la libertad en departamentos privados, en lugar de en centros penitenciarios, y ser monitoreada para determinar si hacen algo que está mal, dicen algo incorrecto, se desplazan en la dirección equivocada.

John Veit: Arresto domiciliario para las masas.

Noam Chomsky: Ha alcanzado el nivel de industria necesario para que interese a las firmas de la industria de la defensa; puedes leer sobre eso en The Wall Street Journal. Los grandes bufetes de abogados y casas de inversión se han interesado: Merrill Lynch emite grandes préstamos para construcción de centros penitenciarios. Si incluyes el sistema en su totalidad, probablemente se aproxima en escala al Pentágono.

También representa una fuerza de trabajo formidable. Escuchamos denuncias indignantes sobre trabajo penitenciario en China, pero ese trabajo en centros penitenciarios ya es norma en Estados Unidos. Es muy económico, no se organiza, los trabajadores no piden derechos, no te tienes que preocupar por beneficios a la salud porque el público paga todo. Es lo que se denomina fuerza de trabajo “flexible”, de la que agrada a los economistas: tú tienes los trabajadores cuando lo deseas, y los desechas cuando ya no los quieres.   

Y, lo que es más, se trata de una tradición estadounidense. Hubo una revolución industrial de gran tamaño en partes del sur a principios del siglo XX, en el norte de Georgia, en Kentucky y en Alabama; y tuvo como base en su mayor parte trabajo penitenciario. Los esclavos —técnicamente— habían sido liberados, pero pocos años después, volvieron a ser esclavos. Una manera de controlarlos fue privarlos de la libertad en cárceles, donde se convirtieron en trabajadores penitenciarios sometidos a control. Ese es el núcleo de la revolución industrial en el sur, que continuó en Georgia en los años 1920s y hasta la Segunda Guerra Mundial en lugares como Mississippi.

Ahora se revive. En Oregón y en California existe una industria textil razonablemente sustancial en las prisiones, que es exportada a Asia. En la misma época en que gente se queja del trabajo penitenciario en China, California y Oregón exportan a China textiles hechos en centros penitenciarios. Hasta tienen una línea llamada Prison Blues.

Y eso abarca todo, hasta tecnología avanzada como procesamiento de datos. En el estado de Washington, trabajadores de Boeing protestan porque se exportan trabajos a China, pero probablemente no tienen conciencia de que sus trabajos están siendo exportados a prisiones cercanas, donde los maquinistas hacen trabajo para Boeing bajo circunstancias que —por razones obvias—, son un deleite para los administradores.

John Veit: Y casi todos esos prisioneros son infractores a leyes relacionadas con consumo de drogas.

Noam Chomsky: La enorme tasa de crecimiento de las poblaciones carcelarias ha tenido relación con drogas. Las últimas cifras que vi mostraban que más de la mitad de la población en prisiones federales, y tal vez un cuarto en las prisiones estatales, son infractores a leyes sobre consumo de drogas. En el estado de Nueva York, por ejemplo, una venta de 20 dólares en la calle o la posesión de una onza de cocaína acarreará la misma sentencia que provocar un incendio con intenciones homicidas. La regla de “tres delitos” va a elevar hasta el cielo esa condición. El tercer arresto por una transgresión menor a leyes sobre drogas te llevará a un centro penitenciario del que jamás saldrás.