domingo, 31 de mayo de 2026

Traducción al español de un tweet de Valerie Ann Smith @ValerieAnn1970

 




Las vacunas han provocado una explosión en las tasas de alergias a cacahuates y lácteos; alergias a huevos y carnes, y muchas otras.

¿Cómo se provoca una súbita alergia debilitante que durará toda la vida?

Se inyecta el adyuvante aluminio con una proteína.

La verdad oscura sobre alergias inducidas por vacunas…

Aluminio más excipiente cacahuate provoca alergia a cacahuate para toda la vida.

Aluminio más proteína láctea provoca intolerancia a lácteos.

Aluminio más proteína látex provoca alergia al látex para toda la vida.

Aluminio más proteína de carne provoca alergia a la carne para toda la vida.

El coadyuvante aluminio no provoca únicamente alergias a los materiales que se encuentran en esa vacuna.

También provocará una alergia a materiales que están en el ambiente, en el momento en el que la vacuna fue aplicada.

Por ejemplo, si eres vacunado cuando hubo un brote de hierva timotea, puede quedar en tu organismo una alergia a esa hierba timotea para toda la vida.

La investigación muestra que los niños vacunados presentan 30 veces la tasa de rinitis alérgica que presentan niños no vacunados; y una tasa 36% más alta de diagnóstico de asma en niños de 2 a 5 años de edad.

 

Hemos criado una generación con todas estas alergias, habiendo aplicado esas vacunas.

Excipientes comunes usados con aluminio en vacunas:

1.  Cacahuate, causa alergia a cacahuate para toda la vida.

2.  Proteína de huevo, causante de alergias a huevo y carne de aves de corral.

3.  Gelatina, gelatina de cerdo usada en vacunas puede provocar alergia a carne.

4.  Proteína láctea caseína, provoca intolerancia a lácteos para toda la vida.

5.  Antibiótico neomicina, provoca alergias y resistencia a antibióticos.

6.  Proteína de levadura, provoca alergias Levadura de Brewer y de Baker, para toda la vida.

7.  Polietilenglicol (PEG), provoca una alergia a este polímero muy usado en alimentos, cosméticos y medicamentos.



El ganador de un Premio Nobel Charles Richet, demostró hace más de 100 años que inyectar una proteína a animales o a humanos provoca que el sistema inmune se haga sensible a esa proteína.

La exposición subsecuente a la proteína da lugar a reacciones alérgicas o a anafilaxis. El Instituto de Medicina (IOM, por sus siglas en inglés), confirmó que proteínas de alimentos en vacunas provocan alergia a alimentos, en su informe del año 2011.

Y aquí está el truco:

Las mismas compañías farmacéuticas que crearon la epidemia de alergias, ahora ganan miles de millones de dólares comercializando medicamentos para alergias como…

Claritin, Allegra, Zyrtec, Xyzal

Y estos productos provocan depresión, que generará un lucro aún mayor cuando se prescriban antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.



Empático Oscuro, traducción de un tweet de X (antes Twitter)

 


El empático oscuro es el superviviente que se convirtió en un guerrero, habiendo aprendido el juego del narcisista. Fue instruido en el espacio que el narcisista dominaba haciendo uso de la manipulación, el silencio, la culpa, el amor falso, la traición, la confusión y la guerra emocional. Es por eso que el empático se ha vuelto peligroso. Con el paso del tiempo, el alumno supera al maestro, porque conoce los trucos, los patrones, las debilidades y los puntos ciegos de su maestro. Ahora este empático puede sentarse, comer, viajar y sobrevivir en soledad, manteniéndose un paso adelante. Se conduce con naturalidad, no se inquieta y permite que el narcisista piense que está ganando, porque entiende mejor el juego que quien lo instruyó.


Dark Empath. Transcription from a tweet on X (formerly Twitter)

 


The dark empath is the survivor who became a warrior by learning every game of the narcissist. They were trained on the narcissist’s own playground, through manipulation, silence, guilt, fake love, betrayal, confusion, and emotional war. That is why they become dangerous. A student eventually rises above the teacher because the student knows the teacher’s tricks, patterns, weaknesses, and blind spots. Now this empath can sit alone, eat alone, travel alone, and survive alone while staying one step ahead. They act simple, stay quiet, and let the narcissist think they are winning, because they now understand the game better than the one who taught it.

martes, 21 de abril de 2026

Mi interés en Graeme Obree, ciclista de alto rendimiento, “el escocés volador” Segunda parte

 


Desde entonces, han pasado más de 23 años y pese a tener conciencia de que convertí la práctica de mi deporte en un mecanismo de evasión, no he sido capaz de dejar de hacer eso, provocarme agotamiento para anestesiar un sufrimiento psíquico cuyo origen es esa grave patología, TLP, provocada por haber sido víctima de tortura psicológica perpetrada por mi padre, con todo lo que ello implica (participación de mi madre y mis hermanas con muchas otras personas).

A principios del año 2021, acercándome a 57 años de edad, incrementé mis esfuerzos. Me quedaban unos meses en una empresa farmacéutica a la que había ingresado a finales de abril de 2015 (cuando cumplí 51 años de edad) ocupando el puesto de “químico traductor”, una experiencia terrible, pero también un gran aprendizaje. En agosto de ese año, fui despedido por negarme a aceptar que un compañero que me había acosado laboralmente durante más de cuatro años siguiera gozando de la impunidad obsequiada por la empresa; fui despojado de mi empleo y se consumó una injusticia, algo que ha caracterizado mi historia de vida.

Mi peso corporal andaba en unos 72 kg, descendió a 65 kg, me recuperé, pero a principios de 2025 (me acercaba a 61 años de edad) mi peso descendió a 60 kg, con 1.78 m de estatura. Mi metabolismo se encuentra súper acelerado, mi ingesta calórica es muy alta, he padecido síntomas como mareos frecuentes, pérdida del equilibrio y torpeza de movimientos bastante severa, pero nada de eso me preocupa mucho. Sé que puedo resolver el problema y siento que pronto me voy a recuperar; siento que la sanación física y mental está por llegar y por añadidura, hay un elemento en mi psiquis que tiene que ver con las distancias que he recorrido en mis bicicletas de carreras, pero dejaré ese asunto para más adelante.

El propósito de esta entrada es mencionar el origen de mi interés en la historia de vida de Graeme Obree.

Mi interés en Graeme Obree, ciclista de alto rendimiento, “el escocés volador” Primera parte

 


El pasado 8 de abril, miércoles, busqué información sobre Graeme Obree, ciclista escocés, porque recordé algo muy importante, que tiene que ver con mi historia de vida.



Como he expresado antes, siendo un adolescente (con 16 años de edad, en 1980), vi por televisión unos Juegos Olímpicos, Moscú, Unión Soviética, antes de la caída de la Cortina de Hierro, por supuesto. No había llevado una vida sedentaria, pero no había practicado ningún deporte de manera disciplinada. Siendo un niño, había comenzado a saltar la cuerda, algo que me ayudó con mis problemas de coordinación, pues siendo neuro-divergente, adolecía de una torpeza de movimientos extrema, me tropezaba con mis propios pies. Mis padres no hacían nada por ayudarme y en lugar de eso, mi padre me violentaba de todas las formas posibles, mi madre no se ocupaba de mí.

Pero volviendo al tema que me ocupa, que durante mi adolescencia empecé a convertirme en un deportista, inspirándome en mirar por TV los Juegos Olímpicos de Moscú, 1980, me dije a mí mismo: “voy a convertirme en uno de esos, un deportista de alto rendimiento y en cuatro u ocho años, seré campeón olímpico”. Al cabo de un tiempo breve, corría todas las mañanas, de lunes a domingo, ocho kilómetros en cuarenta minutos; algo que no era difícil en absoluto, pero a mí me parecía una proeza. Al cabo de unos años me di cuenta de que mis capacidades eran muy modestas y eso no cambiaría jamás, por mucho que entrenara. Los deportistas de alto rendimiento son súper-dotados, algo análogo a las personas que tienen un IQ de 140 y más; no se hacen inteligentes, nacen así. Un porcentaje muy pequeño de la población mundial nace con esas potencialidades, un uno por ciento, algo así.

Yo no pertenezco a esa minoría, sino a la mayoría, el noventa y tantos por ciento de la población, tal vez 97, 98 o 99 por ciento, tanto en IQ como en capacidades físico-atléticas.

Después de unos 10 años de practicar la carrera pedestre, me vi obligado a abandonar la práctica de ese deporte por lesiones en los tendones de Aquiles. Entonces empecé a practicar el ciclismo de ruta; contaba con unos 26 años de edad. Al cabo de un tiempo breve, recorría unos 1,100 km al mes, es decir, poco más de 250 km por semana, que en realidad es poco, pero como decía antes, mis capacidades son muy modestas.



Durante la segunda mitad del año 2002 (posiblemente en agosto de ese año), leí en una revista de ciclismo estadounidense, Bicycling, la historia de Graeme Obree. No compré ese ejemplar, leí el artículo en una sucursal de una cadena que pertenece a un magnate de mi país y tiene como símbolo unos tecolotitos.



Al leer sobre Graeme Obree, su historia de vida, sus problemas de salud mental, etc., identifiqué algo en mi historia de vida. Durante muchos años (no podría decir cuántos), había vivido provocándome agotamiento físico mediante la práctica de mi deporte, para anestesiar un sufrimiento psíquico muy severo porque vivía de manera muy disfuncional. El origen de ello era una patología mental grave. Pese a haber sido atendido por médicos psiquiatras desde 1990 (es decir, durante 12 años hasta ese momento), no sabía que padecía un trastorno de personalidad, el límite (TLP, Borderline Personality Disorder en inglés) y por ello, había vivido en un aislamiento y una soledad muy patológicos, en un ambiente familiar terrible (violencia), sin ser capaz de trabajar y valerme por mí mismo, pese a haber pasado muchos años estudiando como autodidacta para superar mis muy graves deficiencias académicas (algo que logré en buena medida) y pese a ello, no fui capaz de concluir una licenciatura en ingeniería (electrónica).



Me pregunté entonces, ¿por qué dedico tanto tiempo y energía a la práctica de un deporte, es porque me gusta, o se trata nada más de una actividad compulsiva? Lo comenté a mi médico psiquiatra, un individuo terrible, de nombre Flavio. Él no le dio la menor importancia; muchos años más tarde entendí el por qué de ello.

miércoles, 8 de abril de 2026

Graeme Obree, el escocés volador (fragmento tomado de Wikipedia en inglés)

 


Graeme Obree

De Wikipedia (en inglés), la enciclopedia libre

Fragmentos traducidos al español

Graeme Obree (nacido un 11 de septiembre de 1965), apodado “el escocés volador” (por una popular locomotora de vapor), es un ciclista escocés que rompió en dos ocasiones el récord mundial de la hora, en julio de 1993 y en abril de 1994, y fue campeón individual de persecución en 1993 y en 1995. Fue conocido por sus posiciones no convencionales sobre la bicicleta y por la bicicleta (a la que dio el nombre Old Faithful) que él fabricó, usando incluso cojinetes que tomó de una lavadora. Pasó a formar parte de un equipo profesional en Francia, pero fue despedido antes de su primera carrera. También compitió en la persecución individual varonil en los Juegos Olímpicos de 1996. 




Graeme Obree ideó innovaciones radicales en el diseño de bicicletas y en las posiciones para la práctica del ciclismo, pero enfrentó problemas cuando las autoridades de este deporte prohibieron las posiciones que esos diseños requerían. Graeme adopta una actitud de apertura en lo referente a abordar el tema de vivir padeciendo trastorno bipolar y depresión, y haber atentado contra su vida en tres ocasiones; ha usado sus experiencias para motivar a otros deportistas a hablar sobre su salud mental.

Su vida y sus logros fueron plasmados de forma dramática en la película del año 2006, El Escocés Volador, y más recientemente en la película documental Battle Mountain: Graeme Obree’s Story, que narra su viaje a Battle Mountain, Nevada, donde compitió en los World Human Powered Speed Championships (campeonatos de velocidad propulsada por el ser humano).

En marzo de 2010, fue incorporado al Scottish Sports Hall of Fame (salón de la fama del deporte escocés).





Biografía

Orígenes

Graeme Obree nació en Nuneaton, una población de gran tamaño en Warwickshire, Inglaterra, pero ha radicado casi toda su vida en Escocia y se considera escocés.

Atentó contra su vida durante su adolescencia, inhalando gas. Su padre lo salvó, habiendo regresado de su trabajo a una hora temprana.

Competidor de la prueba de contrarreloj, su primera carrera fue una competencia de ese tipo de 10 millas, a la cual se presentó vistiendo pantalones cortos, parka y botas de la marca Doc Marten. Pensó que la línea de salida y la de llegada se encontraban en el mismo lugar y se detuvo donde había comenzado, 100 m metros antes de la meta. Había comenzado a cambiarse de ropa cuando oficiales de la competencia le indicaron que debía continuar. Terminó en “unos 30 minutos”.

Su negocio de venta de bicicletas había fracasado y entonces Graeme decidió intentar romper el récord de la hora en velódromo como un recurso para resolver sus problemas. Durante nueve años ese récord había pertenecido a Francesco Moser, con una distancia de 51.151 kilómetros.




El récord me había despertado una fascinación desde que Moser lo rompió. Era la prueba máxima, sin tráfico, un hombre en el velódromo contra el reloj. No me dije a mí mismo que intentaría romper el récord, me dije que lo rompería. Cuando se tiene la espalda contra la pared, puede uno decir, es una mala situación, o puede uno decir: “lo haré”. Decidí que de eso se trataría, tan valioso como conseguirlo, romper ese récord. 




 Vida personal

Los logros de Graeme en el ciclismo, su vida personal y sus dificultades con su salud mental se han combinado para convertirlo en una de las figuras más enigmáticas y excéntricas del ciclismo. El escocés obtuvo los títulos de Persecución Mundial Individual en 1993 y en 1995, sin embargo, es más conocido por sus intentos por romper el récord mundial de la hora.

En 1990 tomó una sobredosis de aspirina, que deglutió con agua de un charco. Padecía problemas de personalidad, inhaló el gas que usaba para soldar bicicletas, y enfrentaba adeudos de 492 libras esterlinas de cuotas de una universidad. Su hermano mayor, Gordon, murió en un choque automovilístico en octubre de 1994, y Graeme volvió a padecer episodios depresivos. En 2001 fue encontrado inconsciente en la Granja Bellsland en Kilmaurs, a 12 km de su hogar en Ayrshire. El caballo de su familia estaba alojado en un establo en ese lugar y Graeme fue encontrado por una mujer cuando revisaba el granero; él había intentado colgarse usando una soga.

Obree se ha divorciado de su esposa, con la que tuvo dos hijos.

 



martes, 7 de abril de 2026

Dos antagonistas terribles, algo anal los dominaba. Segunda parte

 


A Flavio lo vi por última vez en septiembre de 2006, no en su consultorio particular, sino en la institución de salud pública donde trabajaba. Él conocía mi historia de vida, la violencia que perpetró mi padre contra mí —un narcisista maligno, psicópata— las dificultades extremas que me vi obligado a enfrentar sin ayuda de nadie, por haber nacido sin visión en un ojo (el izquierdo), neuro-divergente, con un TDAH que nunca se diagnosticó, desatención por parte de mi madre, etc.

Tuvo que haber identificado mi muy grave neurosis, trastorno límite de la personalidad (TLP) y haber hablado con mis padres, proporcionándoles incluso material del DSM III o DSM IV (lo que correspondiera) para que comprendieran la gravedad de mi trastorno y el peligro que implicaba. El índice de suicidios es muy alto, como lo es el abuso de sustancias (adicciones a drogas legales como el alcohol y el tabaco, y a drogas no legales), etc. Flavio sabía que yo había empezado a enfrentar la muy severa adversidad que dominaba mi vida desde la infancia, durante mi adolescencia, y que en mi temprana juventud me había convertido en un autodidacta para aprender matemáticas, física, materias de ingeniería; y una lengua extranjera, el inglés.

En ese momento, septiembre de 2005, en que yo contaba con 42 años de edad y mi hermana menor había muerto el último día de abril, dejando huérfanos a un hijo que llegaba a la pubertad y a dos niñas en la temprana infancia, me dijo Flavio que mi situación —una pesadilla que con mucha frecuencia se convertía en un infierno, al morir mi hermana me percaté de que había perdido la voluntad de vivir, por segunda vez— me dijo que mi situación era lo que cabría esperar. Yo había expresado la idea de que había intentado regresar a la maquiladora electrónica ingresando como operador (eufemismo de obrero) básico, para una vez adentro informarles de mi escolaridad (ingeniería inconclusa) pero con una muy buena formación académica y mi dominio de una lengua extranjera; capaz de hablar, leer, escribir en inglés y traducir al español.

Todo lo hice bien, lo cual no sirvió para nada. Cometí el error de aceptar traducir procedimientos de trabajo de una empresa cliente, que se me pagaría como tiempo extra de operador (básico) en Solectron (hoy Flex), entre marzo y abril de 2004 (en que cumplí 40 años de edad) y no tuve la suerte de toparme con alguien que me ayudara a colocarme en un puesto mejor que el que ocupaba —operador básico, una pesadilla. Flavio me interrumpió y exclamó:

—¿Suerte? Se dice que el hombre es el arquitecto de su propio destino.

La perversidad de este señor resultó pasmosa. Parece tener sentido suponer que habría sido muy satisfactorio para él que yo acabara quitándome la vida, o como mínimo, arruinado por adicción al alcohol o drogas no legales.

Meses antes yo le había pedido que me atendiera en una situación de emergencia, en su consultorio en un lugar donde vive una hermana de él, en una calle de nombre Isabel la Católica. Le hablé del sufrimiento psíquico que me aquejaba y le dije: quisiera matarme. El peligro no era algo menor, había hecho grandes esfuerzos —titánicos— y todo resultó inútil, una constante a lo largo de la mayor parte de mi vida. Este médico psiquiatra infame me pidió el número de teléfono de mi padre, que vivía en un estado vecino, a unos 300 km de distancia, para comunicarle mi situación.

Y con esos antecedentes y todo lo que sabía de mí, habiéndome atendido durante once años (si bien de forma discontinua), me asestó un golpe, una puñalada, en un momento terrible de mi vida. Mi trastorno tenía su origen en la tortura psicológica perpetrada por mi padre –un narcisista maligno, psicópata– desde mi más temprana infancia; con las dificultades que implicaba lo antes mencionado, haber nacido sin vista en un ojo, neuro-divergente, padeciendo un TDAH, etc.

¿Por qué me trajo a la mente ese padecimiento de David, el prurito anal? Porque cuando Flavio cometió esa vileza, hallándonos él y yo en su oficina en ese hospital público, él parecía evitar sentarse sobre su ano; imagino que padecía hemorroides.

¿Tiene algo que ver con la teoría de Sigmund Freud? Yo no podría responder a esa interrogante.

Quisiera pensar que ha llegado el momento de dejar en el pasado a esos dos individuos terribles, ambos casos de debilidad extrema, no solamente en lo físico (anatomía), sino también en lo mental y por añadidura, lisiados de espíritu.

No se trata de olvidar, pues sin memoria no somos nada; por eso resulta aterrador el Alzheimer, o la demencia senil. La intención es asimilar todo eso como parte de mi historia de vida y el hecho de que fui capaz de enfrentar una adversidad a la que muchos hombres no habrían sobrevivido.

Por el sufrimiento que ha dominado mi existencia, me volví muy vengativo. Quisiera cambiar eso, sé bien que eso no es ético y mi intención (y una tendencia natural en mí) es hacer lo correcto. Además, dice Erich Fromm (mi gran maestro) que ese rasgo, la búsqueda de la venganza, es parte de la personalidad improductiva.

Me viene a la mente una idea importantísima en relación con los comportamientos terribles de estos dos antagonistas: la violencia no es fuerza, sino lo contrario, la violencia es debilidad.

Fin de la historia


Dos antagonistas terribles, algo anal los dominaba. Primera parte

 


Durante la segunda mitad del año 1997, un compañero de la universidad, de nombre David, obtuvo un puesto de gerencia en una empresa de la maquiladora electrónica, que iba llegando al país, a un territorio al que algunos le dieron el nombre Silicon Valley del lugar; algo por demás inadecuado, absurdo, rayando en lo patético.

Eso porque en el lugar donde se encuentra el verdadero Valle del Silicio, se desarrollaban tecnologías muy avanzadas de la electrónica digital. El silicio es un metal semiconductor, con el que se hacen las obleas diminutas que con tecnologías de punta son convertidas en la parte medular de todo tipo de circuitos integrados, algunos de complejidad gigantesca, como los microprocesadores y similares.

La maquiladora existe porque quienes la concibieron buscaron elevar el lucro a su máxima expresión, pagar a los trabajadores salarios míseros y por el mayor número de horas posible, sin pagar impuestos, reparto de utilidades, con los trabajadores sometidos a condiciones laborales terribles, expuestos a todo tipo de abusos.

Ese antagonista, David, me dio en aquella época, durante la segunda mitad de ese año 1997, material del tema “control de calidad” para que lo estudiara; él me contrataría como auditor. Entre ese material habían unos videocasetes, formato VHS (hoy obsoletos, ya en desuso). Yo concebí la idea de copiar ese material en video, para lo cual necesitaría una segunda video casetera y videocasetes en blanco. David me prestó su videocasetera para que me la llevara a casa y un videocasete en el que un médico había grabado un análisis clínico al se había sometido ese antagonista terrible al que yo consideraba mi amigo (error descomunal), para determinar el origen de un padecimiento: prurito anal.

Yo copié ese material sobre control de calidad, que finalmente no me fue útil porque mi “amigo” me contrató para ocupar un puesto diferente, que tenía que ver con seguridad e higiene en la empresa; pero eso es otro asunto.

He leído sobre psicoanálisis, un tema que me ha fascinado, pero la verdad es que no he prestado mucha atención a la teoría de Freud sobre esas etapas del desarrollo, oral, anal, fálica, genital. Solamente recuerdo lo más elemental del asunto, en parte porque he leído casi exclusivamente a Erich Fromm, un gran humanista, genio, al que yo tengo en alta estima.

David debió haber sido bautizado con el nombre de Goliat, salvo que su debilidad física era extrema, un defecto verdaderamente terrible.

Al violentarme de una manera terrible, durante la última semana del mes de enero de 1998, manifestó una patología narcisista verdaderamente muy grave. Por ser una de las personas que más daño me hizo en mi muy difícil historia de vida (plagada de violencia), se ha convertido en uno de esos individuos cuyos recuerdos brotan en mi mente de manera cotidiana porque lo que me hizo me pudo haber costado la vida.

De pronto recordé lo arriba mencionado, un padecimiento anal, eso trajo a mi mente a otro de mis peores antagonistas, un médico psiquiatra que en esa época me atendía en su consultorio particular, Flavio.

He mencionado antes, en otros espacios (blogs), que ese médico psiquiatra es un delincuente, un individuo dominado por el resentimiento, odio contra la vida, porque creció en un entorno racista y su aspecto no es el de un mestizo, sino el de un indígena; un indígena de características muy precarias, no por ese origen étnico, racial, ya que ese tipo de individuos existen en todas las culturas del mundo, sean de origen europeo, asiático (raza mongólica), polinesio, nativo de América, Oceanía, África, lo que sea; así como en contraste, existen individuos de características excepcionales en todos esos entornos, culturas.

Para que quede clara esa idea arriba expresada, hace falta hacer énfasis en que su precariedad no tiene nada que ver con su origen racial indígena. Tiene en común con David esa precariedad física extrema, algo de lo que no se puede culpar a nadie; la vida —la naturaleza— es así.

David carecía de masa muscular, tan escasa en su anatomía que no resultaba visible, mientras que la proporción de tejido adiposo era muy alta. A quienes presentan este rasgo se les ha dado el nombre de “personas gordi-flacas”. Una vez lo vi vistiendo pantalones cortos y camiseta sin mangas (él había dormido una siesta durante la tarde, contaba con 21 años de edad), cuando abrió la puerta de su vivienda. Yo me quedé estupefacto, no supe quién era ese anciano septuagenario que parecía padecer una muy grave desnutrición (aparentaba 3.5 veces su edad cronológica). Al escuchar su voz lo reconocí y la impresión que me causó quedó en mi memoria.

Once años más tarde, en septiembre de 1997 (unos dos meses antes de contratarme), David me citó en su casa un día entre semana, por la tarde, después de las 17 horas. Él contaba con 32 años de edad, había llegado de su trabajo, donde debía vestir camisa y corbata, se había despojado de esas prendas y vestía una camiseta sin mangas, ropa interior. Sus brazos eran delgados y flácidos en extremo, debajo de las axilas se acumulaba la adiposidad, conocida coloquialmente como “lonjas”.


Etapa anal, de la teoría del desarrollo psicosexual de Sigmund Freud

 


Tomado de Wikipedia en inglés, traducido al español, por supuesto

 

Etapa anal

Tomado de Wikipedia, la enciclopedia libre

Psicoanálisis

La etapa anal es la segunda fase en la teoría de Sigmund Freud de desarrollo psicosexual, la cual toma lugar aproximadamente entre los 18 meses y los tres años de edad. En esta etapa, la zona erógena anal se convierte en el foco primario de la energía libidinal del infante. El contexto social principal para la experiencia es el proceso de control de esfínteres, en el cual el placer sexual es asociado con el control de movimientos intestinales. La etapa anal es la segunda de las cinco etapas de desarrollo psicosexual: oral, anal, fálica, latente y genital.

De acuerdo con la teoría de Freud, la personalidad se desarrolla a lo largo de una serie de etapas, con un enfoque en las áreas erógenas, durante la niñez. Una personalidad sana en la edad adulta depende de que esas etapas de la infancia hayan sido resueltas de manera con éxito. Si asuntos de una etapa en particular no han sido resueltos, puede darse una fijación, con potencial de conducir a tendencias neuróticas o perturbaciones psicológicas. Una fijación en esta etapa puede dar como resultado una personalidad demasiado rígida o trastornada.

Información general

La etapa anal, en la psicología freudiana, es el periodo del desarrollo humano que se da entre en el rango de edad edad entre uno y tres años. En este periodo, el infante inicia el control de esfínteres, que trae consigo una fascinación del niño con la zona erógena del ano. La zona erógena se enfoca en el intestino y el control de la vejiga. Así, Freud pensaba que la libido se enfocaba principalmente en controlar la vejiga y los movimientos del intestino. La etapa anal coincide con el inicio de la capacidad del niño para controlar su esfínter anal, y por tanto su capacidad para retener o dejar ir las heces a voluntad. Si durante esta etapa el niño consigue superar el conflicto, obtendrá una sensación de logro e independencia.

Conflicto

Esta es la segunda de las etapas psicosexuales de Freud, misma que representa un conflicto con el ello, el yo, y el superyó. El infante enfrenta este conflicto aparejado con las exigencias de sus padres. Una finalización exitosa de esta etapa depende de cómo interactúen los padres con el infante durante la enseñanza del uso del retrete. Si un progenitor elogia al niño y lo premia por su uso apropiado y en los momentos adecuados, el infante habrá superado la etapa con éxito. Sin embargo, si un progenitor ridiculiza o castiga al niño cuando se encuentra en esta etapa, el infante podría responder de forma negativa.

El papel del padre

Como se mencionó antes, la capacidad del niño para tener éxito en esta etapa depende de sus padres en su totalidad y del modo como aborden al enseñarle el uso del retrete. Freud creía que los padres deben promover el uso del retrete con elogios y recompensas. El uso de refuerzo positivo después de usar en los momentos adecuados favorece los resultados positivos. Esto ayudará a reforzar el sentimiento de que el niño es capaz de controlar su vejiga. Los padres pueden conseguir que el resultado de esta etapa se convierta en una experiencia positiva, la que a su vez, conducirá a que se convierta en un adulto competente, productivo y creativo. Esta etapa también es importante en las futuras relaciones del niño con la autoridad.

De acuerdo con la Teoría Psicosexual de Freud, los padres deben ser muy cuidadosos en su trato hacia los niños durante esta etapa sensible, durante la cual, los niños ponen a prueba a sus padres, las figuras de autoridad, sobre el poder con que cuentan, en oposición al grado de libertad con que cuenta el niño para tomar sus propias decisiones.

Personalidad anal-retentiva

Las interacciones progenitor-hijo pasivas en exceso en la etapa anal conducen al desarrollo de una personalidad anal-expulsiva. Debido a que los padres del niño fueron poco consistentes o negligentes al enseñarle a controlar sus propios movimientos intestinales, el niño podría aliviar la necesidad en momentos no apropiados y al hacerlo ensuciar sus prendas, como un acto de rebeldía contra el uso del retrete. En la edad adulta, desearán compartir sus cosas con sus semejantes y obsequiárselas. Pueden ser en ocasiones caóticos, desorganizados y rebeldes. También podrían mostrar desconsideración hacia los sentimientos de otras personas. 




viernes, 27 de marzo de 2026

Traducción al español de un tweet de Paul White Gold Eagle sobre Bill Gates, los archivos Epstein, pandemia Covid 19

 


BILL GATES HA SIDO SORPRENDIDO CON LAS MANOS EN LA MASA: ¡LOS ARCHIVOS EPSTEIN PRUEBAN QUE ÉL PLANEÓ LA PANDEMIA PARA DESPOBLAR A LA HUMANIDAD!

¡ESTE MONSTRUO DEBE SER ARRESTADO, ANTES DE QUE DESENCADENE LA SIGUIENTE PANDEMIA!

¡Los documentos Epstein han exhibido todo! Bill Gates no nada más era amigo de Jeffrey Epstein, colaboraba con él en secreto máximo de simulaciones de pandemia y esquemas de defensa biológica AÑOS antes de que el COVID apareciera en la escena. Correos electrónicos filtrados muestran a Gates y a Epstein tratando el tema de proyectos de simulación deformada en Ginebra, en una época tan lejana como el año 2015. Borradores que flotan entre círculos de elite describen crisis globales de salud con un grado de especificidad que resulta aterrador. Esto no fue filantropía, ¡fue el bosquejo para el control, la vacunación de masas y la reducción de la población!



Sigamos la ruta del dinero y la traición aparece con claridad cristalina. USAID, los dólares que has aportado como contribuyente, vertieron más de cuatro mil millones de dólares en el imperio de vacunas GAVI de Bill Gates, incluyendo otros 880 millones de dólares como inmensas aportaciones. Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibió una enorme aportación de 700 millones de dólares en efectivo para asuntos de salud globales que guardaban relación con el asunto. Gates cultivó GAVI personalmente con cientos de millones de dólares procedentes de su fundación, convirtiéndola en su red privada de inyección global. Y entonces… ¡sorpresa… sorpresa! Sus pandemias dejaron de ser una simulación y empezaron a convertirse en una realidad aterradora, mientras miles de millones de dólares seguían siendo transferidos directamente a sus cuentas.

Gates ha predicado abiertamente sobre el tema de la despoblación. Ha financiado terapias genéticas experimentales disfrazadas como vacunas por medio de GAVI. Se ha codeado con la red de paidofilia Epstein. Esa elite fabrica crisis para inyectar, rastrear, esterilizar y erradicar a la población mientras se oculta detrás de la salud pública. Epstein no se quitó la vida y Gates no es inocente; ¡es la mente maestra que desde las sombras tira de las cuerdas!

LOS ARCHIVOS EPSTEIN SON EL ARMA HUMEANTE. LOS MILES DE MILLONES DE DÓLARES DE USAID SON EL PAGO. ¡BILL GATES DEBE HALLARSE EN UNA PRISIÓN, NO EN UN ESCENARIO EN DAVOS!

¡EXIJAMOS SU ARRESTO INMEDIATO! Difundamos esto antes de que la memoria de Big Tech lo suprima. La verdad ya es conocida, la pandemia fue planeada, Gates es culpable. ¡Ha llegado el momento de encerrarlo!


jueves, 26 de febrero de 2026

Cómo la industria del azúcar compró a los científicos de Harvard

 


Echemos un vistazo a la imagen de una playa en la década de los años 1970s. Algo que se percibe de inmediato es la delgadez de casi todas las personas. Sin membresías a gimnasios, sin tecnologías inalámbricas para monitorear la fisiología, sin aplicaciones para el monitoreo de ingesta calórica. La población consumía pan blanco, mantequilla, leche entera, fumaba cigarrillos; y la obesidad era poco común. La diabetes tipo 2 era una enfermedad que padecían personas de la tercera edad. Ahora, echemos un vistazo a nuestro alrededor. Contamos con el sistema médico más avanzado de la historia, miles de libros sobre dietas, yogurt bajo en grasa, leche descremada, omelettes hechos con clara de huevo; hemos vivido obsesionados con la salud durante 40 años y sin embargo, nuestra salud es la peor que jamás ha existido.

Las tasas de obesidad se han triplicado, la diabetes es una epidemia, la enfermedad cardiaca es todavía el asesino número uno. Durante décadas, nos hemos culpado a nosotros mismos. Pensamos que somos perezosos, que no tenemos fuerza de voluntad. Pensamos que consumimos demasiada grasa, pero ¿y si le dijera que no es su culpa, que lo que se le ha aconsejado a lo largo de toda su vida es una falsedad? Y no fue un error, no fue un desacierto científico; fue un crimen.

Se trata de un crimen específico cometido por individuos en específico en una habitación en específico, en 1967. Esta es la historia que narra cómo la industria del azúcar compró a los científicos más prestigiados del mundo, cómo pagaron un soborno que mató a millones de personas; y es la historia de cómo se salieron con la suya durante 50 años.

Para entender cómo se cometió este delito, debemos retroceder hasta el año 1955. El presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower jugaba golf en Denver. De pronto, sintió un dolor de gran intensidad en el pecho, un ataque cardiaco masivo. La noticia impactó al mundo, Eisenhower era un héroe de guerra, un símbolo de la fuerza de los Estados Unidos, y súbitamente, se volvió vulnerable; desencadenó un pánico en la nación. Los estadounidenses se percataron de que un asesino silencioso los acechaba, hombres se desplomaban y morían en sus años cuarentas y cincuentas. La enfermedad cardiaca se había convertido en la principal causa de muerte y nadie sabía por qué. ¿Era provocada por el estrés, por fumar, por el alimento que se consumía?

La comunidad científica se había dividido en dos bandos. En una esquina se hallaba Ancel Keys, un científico carismático y agresivo de la Universidad de Minnesota. Su teoría se llamaba Hipótesis de Dieta Cardiaca. Creía que la grasa saturada era el enemigo, que la carne, la mantequilla y el queso elevaban el colesterol y obstruían las arterias como el sedimento obstruye una tubería.

En la otra esquina se encontraba un profesor británico de nombre John Yudkin. Él se percató de algo más. Al revisar los datos notó que la enfermedad cardiaca crecía en frecuencia en perfecta sincronía con el consumo de azúcar. Señaló que, durante miles de años, los seres humanos habían ingerido carne y mantequilla sin padecer ataques cardiacos, pero durante los últimos 100 años, la ingesta de azúcar había se había elevado sin medida, como un cohete de propulsión a chorro. Creció de un consumo de unas pocas libras anuales a cien libras (45.4 kg) por año.

 Yudkin argumentó que la azúcar era la toxina. Afirmó que alteraba nuestra insulina, dijo que inflamaba nuestras arterias. Era una batalla de ideas, grasa vs azúcar; y durante algún tiempo, pareció que la azúcar sería derrotada.

Para mediados de la década de los años 1960s, la evidencia contra la azúcar se había incrementado. Un grupo de comercio representaba a las compañías de azúcar más grandes de los Estados Unidos. Vieron lo que se había escrito en la pared. Si el público llegaba a creer que la azúcar provoca enfermedad cardiaca, el gobierno regularía su consumo, las ventas se desplomarían, el imperio se resquebrajaría; necesitaban un plan para evitar todo eso.

En 1965, un hombre de nombre John Hickson asumió la vicepresidencia de la Sugar Research Foundation (Fundación para la Investigación de la Azúcar). Hickson no era un científico, era un intermediario —deshonesto. Al percibir la amenaza que representaba John Yudkin y los investigadores anti-azúcar, decidió luchar contra ellos. Pero no lo hizo mediante el uso de ciencia respetable, sino con una chequera. Sabemos eso porque 50 años más tarde, una investigadora de nombre Cristin Kearns encontró unas misivas privadas en un archivo polvoriento en la biblioteca de una universidad. En una carta, Hickson escribió que era necesario llevar a cabo un programa de gran envergadura para contrarrestar la difusión de información en contra del azúcar. Escribió que la mejor manera de conseguir esto sería financiar su investigación, dijo que era necesario publicar datos que refutaran las aseveraciones de sus detractores, pero no debían limitarse a publicar un estudio de la Asociación del Azúcar, pues no convencería a nadie; parecería propaganda. Necesitaban un disfraz, necesitaban a la figura más respetada de la ciencia para propagar la falsedad; necesitaban a Harvard.

En esa época, la Escuela de Salud Pública de Harvard (Harvard School of Public Health), era el Vaticano de la ciencia de la nutrición. El departamento era dirigido por el doctor Frederick Stare, el nutriólogo más famoso en los Estados Unidos.

Con él trabajaba el Dr. Mark Hegsted, un brillante investigador que más tarde redactaría el borrador de las guías para el gobierno de los Estados Unidos. Estos hombres eran considerados divinidades en ese campo del conocimiento, lo que ellos dijeran sería una verdad incontrovertible. John Hickson se acercó a ellos, les hizo una proposición, que escribieran un artículo de revisión, lo cual —el artículo de revisión— no es otra cosa que un estudio de estudios, revisa toda la investigación realizada y la resume para ponerla a disposición de otros profesionales de la medicina. Hickson quería que ellos revisaran la ciencia que se ocupaba del azúcar, la grasa y la enfermedad cardiaca, pero no debía ser una revisión objetiva, honesta.

En los documentos internos encontrados décadas más tarde, se vislumbra que Hickson expresó de manera clara lo que pretendía: dijo a los científicos de Harvard que su trabajo consistiría en descartar la evidencia en contra de la azúcar y poner énfasis en la evidencia contra la grasa. Literalmente, escribió la conclusión a la que ellos debían llegar, antes de que si quiera iniciaran su labor. Les dijo que su intención era asegurarse de que entendieran lo que él tenía en mente.

Al responder, el Dr. Hegsted dijo: “entendemos su interés en particular y cumpliremos a cabalidad”. Se trataba de una transacción, simple y llanamente. La Fundación del Azúcar pagó a los tres científicos de Harvard una suma de 6500 dólares, que en la actualidad no parecería mucho dinero, pero en 1967, se trataba de una cantidad significativa. El equivalente en la actualidad andaría en unos 50 mil dólares; por esa cantidad, los científicos más respetados en los Estados Unidos, acordaron traicionar la confianza del público. Comenzaron a trabajar en lo que se llamó Proyecto 226.

Durante los meses siguientes, los científicos de Harvard trabajaron muy de cerca con los ejecutivos del azúcar. Pensemos en ello durante un segundo. Se trataba de investigadores académicos independientes, pero permitieron que cabilderos corporativos editaran su documento científico. Hickson tomó notas y les indicó dónde debían poner mayor énfasis, y también qué debían suprimir. Los científicos prestaron atención y manipularon los datos hábilmente, de forma sutil.

Cuando revisaron estudios que mostraban que la azúcar era dañina, usaban una lente de aumento para encontrar fallas; decían que los estudios eran de tamaño inadecuado, que la metodología era deficiente; argumentaban que los estudios con animales no debían tomarse en cuenta porque los humanos no son roedores.

 Desecharon toda evidencia que indicara que la azúcar representaba un peligro, pero al revisar los estudios sobre grasas saturadas, usaron un estándar totalmente opuesto. Aceptaron estudios deficientes, así como estudios con animales, ignoraron inconsistencias en los datos. Establecieron un mecanismo amañado en el que la grasa era culpable hasta que se probara su inocencia y la azúcar era inocente aún si se probaba que era culpable.

Finalmente, en 1967, el documento había sido terminado. Se publicó en el New England Journal of Medicine, el diario medico más prestigiado del mundo. Lo ahí publicado es considerado evangelio. El título del documento fue Grasas y carbohidratos en la dieta, y enfermedad aterosclerótica.

Parecía objetivo, académico, sonaba autoritario. En ninguna parte del documento se mencionaba que los autores habían recibido un pago proveniente de la industria del azúcar. Las reglas de divulgación eran diferentes en la época, no había razón para mencionar nada a ese respecto. Por ello, a los médicos que leyeron el estudio, les pareció que se trataba de un análisis sin sesgo proveniente de Harvard. La conclusión resultante dio lugar a un impacto contundente. Afirmaba que no existía duda de que la única intervención requerida para prevenir la enfermedad cardiaca era la reducción del colesterol y de las grasas saturadas; exoneraba al azúcar en su totalidad.

Se comunicó al mundo que la azúcar equivalía a calorías vacías inofensivas. Podría dañar la dentadura, pero no provocaría la muerte. La grasa, la mantequilla, el filete, eran los asesinos. El impacto de este documento único fue catastrófico porque provenía de Harvard y silenciaba el debate. John Yudkin y el bando anti-azúcar fueron ridiculizados, orillados hacia la periferia. Yudkin fue tratado como un teórico orientado a la conspiración, su financiamiento desapareció y su reputación quedó arruinada.

Ancel Keys y el bando anti-grasa, obtuvieron la victoria, pero el daño no se limitó a los diarios médicos. Se desplazó hacia Washington DC en la década de los años 1970, en que el gobierno decidió involucrarse en la dieta de los estadounidenses. El senador George McGovern dirigió un comité para crear los primeros Objetivos Dietéticos para los Estados Unidos.

La intención de McGovern era buena. Quería que mejorara la salud de la población de los Estados Unidos, pero ¿a quién recurrió para recibir orientación? A los expertos, a Harvard. El Dr. Mark Hegsted, que había recibido un soborno proveniente de la industria del azúcar asumió la jefatura en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos; el hombre que sostendría la pluma con que el gobierno escribiría las reglas sobre aquello que los estadounidenses debían consumir. Ello equivaldría a permitir que un zorro construyera un gallinero.

En 1977, el Informe McGovern fue difundido. Recomendaba oficialmente que los estadounidenses debían ingerir menos grasa y más carbohidratos. Debían reemplazar la carne y la leche por granos y azúcar. La pirámide de los alimentos había nacido, y la base de esa pirámide era una porción enorme de pan, pasta y cereal.

Esta era la señal que la industria del alimento estaba esperando. Si el gobierno decía que la grasa era dañina, la industria le daría a la población lo que quisiera. La década de los años 1980 condujo a la era del pasillo de lo Bajo en Grasa en el súper mercado en 1985. Todo —galletas, aderezo para ensaladas y yogurt— llevaba etiqueta con la leyenda “bajo en grasa”. Pero hay un problema con el alimento de bajo contenido de grasa.

Cuando se extrae la grasa de los alimentos, su sabor semeja al del cartón. La grasa da sabor, textura y proporciona saciedad. Así que, ¿cómo hacer que lo que es bajo en grasa resulte apetecible? Se añade azúcar, y no en pequeña cantidad; se añade una montaña de la misma.

El yogurt se convirtió en un postre, tenía tanta azúcar como una barra de caramelo; el aderezo para ensaladas se convirtió en un jarabe; el pan se convirtió en un pastel. Los estadounidenses hicieron exactamente lo que se les dijo, fueron obedientes. ¿Recuerdan los días en que dejaron de consumir mantequilla y la reemplazaron por margarina? Cambiaron huevos en el desayuno por tazones de cereal y leche entera por leche descremada.

Se les dijo que debían modificar su ingesta de grasa, y prestaron atención; hicieron lo que se suponía debían hacer.

Y, ¿qué sucedió? ¿Desapareció la enfermedad cardiaca, adelgazó la población?

¡No!

De hecho, sucedió exactamente lo contrario. Echemos un ojo a cualquier gráfica de tasas de obesidad en Estados Unidos. Durante décadas, se muestra casi perfectamente horizontal. De pronto, alrededor de 1980, se dispara hacia arriba como un cohete. Esta explosión en obesidad coincide casi perfectamente con la introducción de las guías dietéticas oficiales sobre reducción de grasa. Resultó que se reemplazó un nutriente que hace sentir saciedad, grasa; por uno que hace sentir un hambre insaciable, azúcar.

Cuando se ingiere grasa, el organismo segrega una hormona llamada leptina, que emite una señal que indica que hay que dejar de comer. Pero cuando se come azúcar, la insulina se eleva a un nivel máximo, los niveles de azúcar en sangre se desploman, y una hora más tarde, se siente otra vez un hambre insaciable.

Estados Unidos se convirtió en una nación de adictos al azúcar, algo que se difundió mediante consejo gubernamental. Mientras la población se enfermaba, la industria del azúcar ganaba millones de millones de dólares. Habían cometido el crimen perfecto, asignando la culpa de la letalidad de su producto a un nutriente esencial inofensivo. Y durante décadas, nadie contó con ninguna información.

Los científicos que recibieron el soborno, fueron considerados héroes. El Dr. Frederick Stare fundó el prestigiado Departamento de Nutrición de Harvard. El Dr. Mark Hegsted continuó ejerciendo influencia en la política dietética durante años. Ambos murieron siendo considerados figuras destacadas en la salud pública; su secreto quedó sepultado en los archivos, en profundidad. No fue sino hasta 2016 que la luz finalmente vio la luz del día.

Una dentista que se convirtió en investigadora, de nombre Cristin Kearns, buscaba en los archivos de la biblioteca en la Universidad de California. Ahí, tropezó con cajas de misivas antiguas provenientes de una organización llamada Sugar Research Foundation (Fundación para Investigación del Azúcar). Kearns encontró los recibos y las notas de un ejecutivo del azúcar de nombre John Hickson; había encontrado el arma humeante. Ella publicó sus hallazgos de impacto descomunal en el JMA, revista de medicina interna.

El mundo había sido impactado. El New York Times lo manejó como noticia de primera plana. La comunidad médica se vio obligada a meditar sobre su pasado corrupto, pero para millones de personas, era demasiado tarde; el daño ya había sido hecho.

Dos generaciones completas de estadounidenses había sido envenenada de manera efectiva, mientras pensaban que su dieta era sana. Papás murieron pensando que habían hecho lo correcto al sustituir la mantequilla con margarina; mamás fallecieron pensando que su desayuno de yogurt bajo en grasa era la clave para la buena salud.

Todavía se vive la catástrofe de lo que la industria del azúcar llamó Proyecto 226. Solamente hace falta echar un vistazo a los almuerzos escolares que se dan a los niños hoy en día. Pizza, leche con chocolate, cereales azucarados. Es un sistema de entrega de azúcar diseñado por las mismas guías que surgieron del engaño de la década de los años 1970. Echemos un vistazo a los alimentos que se dan a los pacientes en los hospitales. Jell-O, jugo, pan tostado. Se alimenta, literalmente, a la enfermedad de los pacientes.

¿Y la industria del azúcar?

Siguen siendo tan poderosos como antes. Continúan financiando estudios. Sus cabilderos todavía se encuentran en las juntas de consejo de gobierno. En este momento, luchan con uñas y dientes para impedir que se coloquen etiquetas que indiquen con claridad que se han añadido azúcares; luchan en contra de impuestos a refrescos y para que se mantenga oculta la verdad, como hicieron hace 50 años.

Pero el muro de silencio ha empezado a resquebrajarse. Ciencia nueva, independiente, está reivindicando finalmente el trabajo de científicos como John Yudin, que nos advirtió sobre la azúcar hace décadas. Ahora sabemos que la azúcar es una causa primaria de la enfermedad metabólica, que provoca enfermedad del hígado graso, que conduce a resistencia a la insulina; y sabemos que la grasa saturada, el villano de la historia, fue inocente en su mayor parte durante todo el tiempo transcurrido. La mantequilla no mató, el pan sí.

Así, ¿qué podemos aprender de este capítulo de la historia?

Aprendemos que la ciencia no es una religión, es una actividad humana. Como todas las actividades humanas, puede ser corrompida con dinero e influencia.

La próxima vez que usted vea a un científico en televisión, pregúntese quién financió su estudio. Cuando un gobierno dé recomendaciones, pregúntese quién cabildeó para obtener esa orientación.

En estas épocas, debemos convertirnos en nuestros propios detectives; tenemos que tomar el control de nuestra salud, porque 50 mil dólares fueron suficientes para vender la salud del mundo entero, y nadie va a darle a usted un reembolso por los años de vida que pudiera haber perdido.

La próxima vez que vaya a un súper mercado y vea una caja de cereal azucarado con una etiqueta que diga “corazón sano”, le pido que recuerde el Proyecto 226. Recuerde a John Hickson, recuerde el soborno, y percátese de que lo más peligroso que hay en ese comercio no es la grasa, sino el engaño. El engaño que nos dijo que debemos temer a aquello que nos nutre y debemos aceptar lo que nos mata.

Es, sin lugar a duda, la mentira más letal de la historia moderna, y debemos dejar de creerla.

La industria del azúcar quería que desviáramos la mirada, que nos culpáramos a nosotros mismos por nuestra salud deficiente, pero ahora conocemos la verdad. Nosotros no fallamos con la dieta; la dieta nos falló a nosotros.