Ayer sábado entrené en mi bicicleta de ruta, marca AluBike, cuadro de aluminio muy pesado con llantas más anchas a lo acostumbrado, que se inflan a una presión también menor a la acostumbrada, lo cual involucra un esfuerzo mayor; algo que he hecho desde enero de 2024 y ha aumentado la potencia muscular de mis piernas, y mi capacidad cardiopulmonar.
Un inconveniente es que mi metabolismo se aceleró a
algo que parece un máximo, mi peso corporal descendió a 60 kg con 1.78 m de
estatura; en abril de 2024 cumplí 60 años de edad, en abril de 2026 cumplí 62,
por supuesto. Mi peso corporal no había sido tan bajo desde mi adolescencia,
pero ya me estoy recuperando. Hoy domingo 19 de julio de 2026 peso 65 kg.
También hago entrenamiento de fuerza, dos o tres días por semana, siempre
complementario. Ejercicios sencillos, planchas (conocidas coloquialmente en mi
país como “lagartijas”), ejercicios con mancuernas y ocasionalmente con una
barra y discos, sin mucho peso; no más de 30 kg.
Por todas partes veo personas con anatomía deforme, depósitos de adiposidad, no es poco frecuente que su obesidad sea severa y en ocasiones muy grave. Parte de la catástrofe neoliberal que trajo consigo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Se elevó el consumo de bebidas azucaradas, refresco, refresco negro (Coca, Pepsi y Red cola), con miles de “alimentos” carentes de nutrientes y en cambio tóxicos (industrializados, procesados y ultra procesados), conocidos como comida chatarra (junk food en inglés), que da lugar a que millones de habitantes sean diagnosticados cada año por padecer enfermedad cardiaca, diabetes, cáncer; cientos de miles de personas mueren cada año, habiendo cometido un suicidio lento al consumir cotidianamente todos esos venenos.
Yo que he vivido señalado, estigmatizado, en el oprobio, porque padeciendo una patología mental muy grave —sin siquiera saberlo, pese a haber sido atendido por tres médicos psiquiatras durante 16 años—, pasé la mayor parte de mi vida sin trabajar, presento características poco comunes. Mi figura es atlética (a riesgo de sonar narcisista, algo que en realidad no soy), la proporción de tejido adiposo es tan baja que no resulta visible, mientras que la proporción de masa muscular es muy alta, pese a mi delgadez, y mi organismo funciona excelentemente. Cuando se me han practicado pruebas clínicas como química sanguínea, biometría hemática y función hepática, los resultados han sido casi perfectos; algo poco común en hombres de la mitad de mi edad, e incluso menores.
En el pasado (no podría decir cuándo), la palabra
normal era sinónimo de sano. Cambió el uso (no sé por qué), ahora tiene que ver
con estadística, norma. Ser normal significa pertenecer a la mayoría. La
normalidad en mi país (algo que ya se extendió a la mayor parte del mundo) es
padecer sobrepeso, obesidad, afectación al corazón, riñones, hígado, páncreas;
lo cual lleva a padecer diabetes, enfermedad cardiaca, insuficiencia renal y
hepática, cáncer, etc.
Desde mi infancia me interesó mucho la lectura, y
también la escritura. Comencé a leer desde el inicio de mi educación básica (primaria)
y continué haciendo eso. Al aprender una lengua extranjera, el inglés, se me
ocurrió que leer libros en ese idioma, con todo tipo de material impreso, se
incrementaría mi conocimiento y aprendí, principalmente como autodidacta. Más
tarde, me convertí en traductor inglés-español, también enseñándome a mí mismo.
Mi nivel intelectual/cultural es poco común, pese a haber sido un mal (incluso
un pésimo) estudiante. En inglés hay un término que me describe: brilliant
underachiever.
Soy un anormal, y lejos de avergonzarme, me
enorgullezco de ello.
El peor enemigo que tuve jamás, mi padre (muerto un 14
de diciembre de 2007, un viernes), es decir, hace más de 18 años, pronosticaba
que yo iba a ser gordo —es decir, obeso—, adicto a alcohol y tabaco y a drogas
no legales, mamarracho, inculto, semi-analfabeto; un lacra.
Tradiciones tanto religiosas como seculares dictan que debemos amar a nuestros padres. Aberración gigantesca que potencialmente conlleva destructividad, porque así, muchas personas a quienes sus padres hicieron mucho daño, racionalizan la crueldad de quienes los trajeron al mundo y cuando tienen hijos repiten la historia.
En contraste, yo odié a mi padre. Murió en una entidad lejana a donde yo vivo, no fui a su funeral. No soy tan idiota como para ir a las exequias de un individuo que parecería un ser demoniaco. Odiar a ese hijo de puta fue lo más acertado porque (sin que yo tuviera conciencia de ello), ese sentimiento me dio la energía y la determinación para ser muy diferente a él; que presentaba las características indeseables antes mencionadas. Sus predicciones no se cumplieron y así lo derroté contundentemente. Siendo un narcisista maligno, un psicópata, vivió torturándome psicológicamente. Mi grave neurosis, un Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), derivó de esa tortura psicológica y el sufrimiento fue de tal intensidad que pudo haber provocado que me quitara la vida. De haber sucedido eso, mi padre habría obtenido uno de sus mayores logros; por eso afirmó que lo derroté contundentemente.
Jamás podría perdonar a ese depravado, sádico
torturador despiadado, ser demoniaco. Solamente espero ser capaz de dejar de
odiarlo, sentir indiferencia por él.
Repito, soy un anormal, un fracasado, un perdedor y me
siento muy orgulloso de ello. Agradezco a quien haga el favor de leer lo que
escribo.






No hay comentarios:
Publicar un comentario