Hace muchos años
descubrí el origen de ese odio de intensidad homicida que sentía David hacia mi
persona. Lo he señalado en entradas anteriores, la vida le jugó rudo. Persona gordiflaca, la proporción masa muscular/tejido
adiposo en su anatomía es terrible, la masa muscular es tan escasa que no
resulta visible, mientras que el tejido adiposo predomina, pese a tratarse de
una persona delgada, sin sobrepeso.
David
decía ser mi amigo, en realidad jamás lo fue. Eso resultaba una imposibilidad
porque nadie puede ser amigo de un individuo al que odia; mucho menos estaría
dispuesto a ayudar a ese antagonista. A riesgo de sonar narcisista, mencionaré
una vez más que por haber empezado a convertirme en un deportista en mi
adolescencia, por haber adoptado buenos hábitos de salud e higiene (nutrición,
principalmente) y una genética favorable, mi aspecto era el de un deportista de
alto rendimiento, algo que nunca fui, ni remotamente. Pero así me veía, esa era
la imagen que proyectaba.
Mi
antagonista David, nació con algo que se conoce como distrofia muscular, su
debilidad física era extrema y por haber adoptado una postura cobarde —negarse
a aceptar la verdad, hacer una evaluación objetiva de sí mismo—, se refugió en
la fantasía y desarrolló una patología narcisista de gravedad extrema. Fue un
buen estudiante, al cursar su licenciatura de ingeniería electrónica fue siempre
un buen estudiante, uno de los mejores de su generación. Se tituló poco tiempo
después de haber egresado (tal vez un año más tarde), estudió una maestría en
finanzas, ejerció evitando aquello para lo que estaba bien dotado: el diseño
electrónico. La razón de eso es que su patología narcisista hizo que se dejara
seducir por las jerarquías, sus delirios de grandeza lo llevaron a soñar que un
día sería un Chief Executive Officer (CEO)
en una corporación de importancia mundial. Se dirigió a la maquiladora
electrónica, consiguió a finales de 1997 una gerencia (en AVEX Electronics de
M) y contrató al hombre que odiaba (a quien llamaba amigo) para demostrarle que,
en lo intelectual, él (David) era como el Everest, mientras que su amigo, era
del tamaño de una partícula subatómica.
Ese
amigo inadaptado falló en la universidad y la razón de eso no fue un IQ bajo,
sino dificultades muy graves que intentó superar, pero la violencia que había
dominado su vida le había imposibilitado lograr tal cosa. Ese subalterno
sorprendió a propios y extraños con su excelente desempeño. David se dio cuenta
de que en áreas del intelecto (como el conocimiento de una lengua extranjera,
el inglés), su antagonista lo superaba total y absolutamente, pese a no haber
salido del país más que en su infancia (cuando no hablaba una palabra de ese
idioma), mientras que David había hecho muchos viajes al exterior e incluso
había vivido un año en Londres.
Eso
despertó la furia del alfeñique cuya debilidad física tenía su origen en esa
mutación, la distrofia muscular, y su debilidad mental (también extrema) en su
cobardía para aceptar su realidad, lo que era. Intentó vejar, denigrar, humillar
a ese hombre al que llamó amigo, y
por ello ese hombre, objeto de su violencia verbal extrema, decidió renunciar y
entonces su vida cayó a un precipicio.


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