viernes, 5 de diciembre de 2025

Meditando sobre el asunto, crisis provocadas por violencia perpetrada en mi contra

 

Durante los días que siguieron, del lunes 1 al jueves 4 de diciembre, pensé en todo lo que ha ocurrido, que se extiende al resto de mi existencia, desde mi más temprana infancia.

La noche de ayer jueves 4 de diciembre, me percaté de que esas actitudes de vecinos agresivos y cobardes, despreciables, no deben afectarme. Muchas personas muestran ese tipo de comportamientos, todo el tiempo; el origen de ello es su debilidad, que en muchos casos no tiene su origen en condiciones de vida muy adversas (ser víctimas de la injusticia y la desigualdad social, haber vivido en pobreza económica, o problemas de salud severos, que afectaron su desarrollo, etc.,). La debilidad de muchos de esos individuos que me han detestado o incluso me han odiado y el origen de ese odio ha sido envidia, tiene su origen en que ellos mismos decidieron no esforzarse para fortalecerse, no convertir sus debilidades en fortalezas —un mecanismo de defensa psicológico, positivo; Compensación. Al adoptar esa postura, se debilitaron a sí mismos en la mayor medida posible. La clase de personas que no necesitan enemigos, se vuelven autosuficientes, deciden que no permitirán a nadie que arruine sus vidas porque ellas se reservan el derecho de arruinarse a sí mismas.

En mi país están cambiando muchas cosas, para bien. Hasta hace poco tuvimos uno de los peores sistemas de impartición de justicia de todo el mundo, algo que se está resolviendo de una manera muy acelerada.

Esos vecinos burócratas, Ramón de Fiscalía y Marcela de alguna secretaría de gobierno, son opositores al régimen que ha gobernado mi país (gobierno federal) durante los últimos siete años, desde diciembre de 2018. Eso es un indicador de que se trata del tipo de personas que han sido afectadas por acciones acertadas tomadas por ese gobierno federal. A todas luces, esa mujer se ha vinculado con alta burocracia, a gobiernos municipales y al gobierno estatal de la entidad donde vivo, adoptando una postura pragmática (como tantísimas personas), careciendo de la inteligencia para percatarse de que hacer tal cosa, faltar a la ética, a la honestidad y a la decencia, propicia la desintegración mental y emocional. Para completarla, una procuración de justicia competente (a diferencia de lo que ha sido durante muchísimos años, algo que está llegando a su fin) podría traer una catástrofe a la vida de ese tipo de personas, gente como esos dos vecinos, Marcela y Ramón, este último de Fiscalía.



Además, un cierto número de vecinos (no podría decir cuántos) están coludidos con cárteles inmobiliarios y de otro tipo (delincuencia organizada) y en las cercanías hay un templo al que un día por semana (los lunes) acuden miles de personas provenientes de quién sabe cuántos lugares, lo cual recauda cantidades de dinero que —por supuesto— representa un lucro muy deseable para el clero y allegados. Su vinculación con cárteles inmobiliarios y lo que sigue es también algo conocido, lo que se conoce coloquialmente como “un secreto a voces”.



Hablando de mí, soy un hombre decente. No soy un delincuente y he evitado convertirme en eso, un criminal, no solamente por temor a las consecuencias, sino por una tendencia a apegarme a la ética, a la honestidad y a la decencia. Por haber sido objeto de una forma de violencia muy dañina perpetrada por mi padre y otras personas, difamación de honor, daño moral, he sido señalado y estigmatizado. Lo que muy probablemente hizo Marcela (con posible participación de Ramón y otras personas), difundir información sobre mí en esa junta de colonos, no tendría por qué afectarme mucho.

Soy un solitario, nadie viene nadie a mi casa. Nunca se me ha visto en compañía de individuos con aspecto de delincuentes o algo parecido, gente de mal aspecto, “malas pulgas” como se dice coloquialmente; nunca se me ha visto intoxicado por alcohol, mucho menos por alguna droga no legal, etc.

En tiempos recientes he decidido dejar de dar explicaciones. Escribir esto parece contradecir lo anterior, pero me lo permitiré en esta ocasión, principalmente porque me ayuda a enfrentar este tipo de situaciones.

Sería útil añadir lo siguiente. Mi edad es 61 años. Nunca me he casado, no he tenido hijos.

Un cierto número de personas poco inteligentes (nunca escasas) dice idioteces como: “soltero maduro, joto seguro”. Si alguien piensa que soy gay, homosexual, no me preocupa en lo más absoluto. No soy tal cosa, soy heterosexual y nunca me he propuesto demostrar que no soy homosexual; si alguien piensa que lo soy, que piense lo que quiera, no me afecta en lo más absoluto.

Haré extensiva esta actitud, a todo lo que tenga que ver con el modo como me perciben otras personas, trátese de quien se trate, en cualquier lugar.

Estoy muy cerca de la sanación. La violencia que dominó mi vida habría arruinado o incluso aniquilado a muchos individuos, muchos de los cuales (como lo mencioné en la entrada anterior) optaron por evitar enfrentar la adversidad que la vida les deparó, evitaron fortalecerse y en cambio eligieron incrementar su debilidad en la mayor medida posible.

Desde mi más temprana infancia, muchas personas han dicho que soy muy inteligente. Honestamente y a riesgo de que lo que voy a decir suene a falsa modestia, no creo que lo sea tanto, que sea tan inteligente. Vivimos en un mundo de idiotas; en entornos donde abundan los poco inteligentes —enanos– alguien que cuenta con capacidades adecuadas parece un gigante.

No es que yo sea muy inteligente; lo que sucede es que soy menos tonto que muchas personas.

Se me viene a la mente Albert Einstein

Solamente conozco dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana; y del universo no estoy seguro.



Así las cosas

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