Megalómano
David:
¿Ya falleciste, o te encuentras
tal vez en fase terminal?
¿Cuál es tu diagnóstico,
cáncer colorrectal? Recuerdo lo que había grabado en ese video-cassette
(formato VHS) que me diste para copiar un material sobre control de calidad,
que grabé sobre el contenido original de esa cinta: un análisis clínico de un
padecimiento tuyo: prurito anal. Año 1997, tu edad era 32 años, ya estabas así
de mal.
La vida te jugó rudo. Tu
genética —constitución— era de precariedad extrema, así naciste. Jodidez que te
heredaron tus padres, tus ancestros. Persona gordi-flaca eres, o fuiste, si ya
estás muerto. Proporción terrible masa muscular / tejido adiposo; predomina lo
segundo, lo primero es tan escaso que no resulta visible. Por eso me odiabas;
el contraste entre tú y yo resultaba extremo.
Despreciable pendejo
Sabes lo que me hiciste. Por
supuesto, sabes cómo te respondí, cómo devolví el golpe.
Como buen narciso, construiste
una edificación de gran tamaño, sin cimientos, sin castillos y sin vigas. Aquel
lunes 2 de febrero de 1998 —hace 28 años menos 16 días— en que yo presenté mi
renuncia a ese empleo en el que permanecí apenas dos meses y medio, donde tú
intentaste vejarme, denigrarme porque me odiabas y no satisfice tu expectativa
—ser infinitamente inferior a ti en todo lo que tuviera que ver con intelecto—,
al pegarme esa puñalada por la espalda, iniciaste una confrontación a muerte.
Si no estás muerto, estás
perdido irremediablemente. Morir será lo más deseable para ti porque dejar de
vivir es dejar de sufrir.
Eres, o fuiste, un ser
despreciable; personificación de la miseria humana. Tu debilidad mental era
acorde con tu debilidad física, que (como expresé antes) era extrema.
Hay demasiada porquería en
este mundo. ¿Para qué se suman individuos como tú a las legiones necrófilas?
Hoy tus allegados, hermanos, tu cónyuge, tus hijos, te identifican como lo que
eres, o como lo que fuiste. Tus delirios de grandeza te condenaron a acabar
así. Al decidir destruirte, en realidad no hiciste nada indebido; es parte
(negativa) de la libertad (individual) de todo ser humano, pero eso no te daba
el derecho a intentar aniquilar (o como mínimo arruinar) a un hombre al que
llamaste amigo.
Adiós, individuo despreciable.
Podrido por elección

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