Flavio,
médico delincuente, criminal:
¿Cómo atentarías contra tu
vida? ¿Usarías un arma de fuego, un arma blanca, deglutirás trozos de vidrio, o
ingerirías un fármaco (sobredosis), tal vez un ansiolítico?
Estás perdido
irremediablemente. Atentaste contra la vida de un paciente, de un hombre que
vivía en gran vulnerabilidad y te necesitaba, había confiado en ti, te
estimaba, veía en ti a un aliado. Cometiste una vileza incalificable, un delito;
violaste el juramento de Hipócrates.
Tu origen racial-étnico, no
hace de ti un ser humano inferior. Tú optaste por incrementar tu debilidad en
la mayor medida posible; te convertiste en tu peor enemigo. ¿Qué piensan de ti
tu cónyuge y tus hijas? ¿Son esas jóvenes, tus hijas, descendencia biológica
tuya, o fueron concebidas por inseminación artificial, algo así? Parecería
innecesario mencionar que la semilla proveniente del varón (para esa
concepción) vendría de un hombre que no sería el cónyuge de la mujer que se
embaraza; sin embargo, no puedo evitar hacerlo.
¿Sienten esas mujeres lástima
por ti, tu esposa y tus hijas; o en cambio te detestan, tal vez te odian e incluso
se avergüenzan por su parentesco contigo; por llevar tu apellido paterno?
El contraste entre un hombre
como tú y ese hombre al que intentaste arruinar (o incluso aniquilar) es algo
cuyo origen se encuentra en la naturaleza; él no te despojó de nada.
Lo que te quede de vida será
una pesadilla, en el mejor de los casos; será un infierno, en el peor de los
casos. Lo mereces, inferior por elección propia.
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