viernes, 16 de enero de 2026

Epístola a un antagonista canalla. Flavio, médico delincuente, criminal

 

Flavio, médico delincuente, criminal:

¿Cómo atentarías contra tu vida? ¿Usarías un arma de fuego, un arma blanca, deglutirás trozos de vidrio, o ingerirías un fármaco (sobredosis), tal vez un ansiolítico?

Estás perdido irremediablemente. Atentaste contra la vida de un paciente, de un hombre que vivía en gran vulnerabilidad y te necesitaba, había confiado en ti, te estimaba, veía en ti a un aliado. Cometiste una vileza incalificable, un delito; violaste el juramento de Hipócrates.

Tu origen racial-étnico, no hace de ti un ser humano inferior. Tú optaste por incrementar tu debilidad en la mayor medida posible; te convertiste en tu peor enemigo. ¿Qué piensan de ti tu cónyuge y tus hijas? ¿Son esas jóvenes, tus hijas, descendencia biológica tuya, o fueron concebidas por inseminación artificial, algo así? Parecería innecesario mencionar que la semilla proveniente del varón (para esa concepción) vendría de un hombre que no sería el cónyuge de la mujer que se embaraza; sin embargo, no puedo evitar hacerlo.

¿Sienten esas mujeres lástima por ti, tu esposa y tus hijas; o en cambio te detestan, tal vez te odian e incluso se avergüenzan por su parentesco contigo; por llevar tu apellido paterno?

El contraste entre un hombre como tú y ese hombre al que intentaste arruinar (o incluso aniquilar) es algo cuyo origen se encuentra en la naturaleza; él no te despojó de nada.

Lo que te quede de vida será una pesadilla, en el mejor de los casos; será un infierno, en el peor de los casos. Lo mereces, inferior por elección propia.



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