Al presentar su teoría de la personalidad, Erich Fromm
afirma que el hombre (se usa esa palabra como sinónimo de ser humano), necesita
trascender. Una manera positiva de lograr eso es el trabajo creativo. A riesgo
de sonar narcisista, puedo decir que cuento con un talento para la escritura.
Hace tiempo (cerca de tres décadas, aproximadamente 28
años), escribí sobre el mal individuo que en enero de 1998 me violentó de una
manera terrible, siendo mi jefe directo en el primer empleo de toda mi vida (en
el que duré menos de tres meses), me acosó, intentó vejarme, denigrarme,
humillarme. Esa violencia fue elevada al máximo durante la última semana de
enero y el siguiente lunes 2 de febrero (1998), presenté mi renuncia.
Mi vida cayó a un precipicio.
Lo que hizo ese individuo fue un homicidio en grado de
tentativa. Basándome en mi experiencia —la interacción con él durante unos 13
años, si bien durante un tiempo muy prolongado fue muy esporádica— escribí una
narración en la que describía esas experiencias en que el megalómano había
manifestado síntomas de su muy grave patología narcisista. Su violencia verbal era
extrema, su furia parecía la de una mujer menopáusica histérica o incluso presa
de un brote psicótico.
Una vez (unas semanas antes de que me contratara para
ese empleo en una maquiladora electrónica), David me dio un video-cassette, formato
VHS, para copiar un material sobre calidad usando dos videocaseteras. Esa cinta
contenía material de un análisis clínico al que él se había sometido, en la
etiqueta se había escrito: prurito anal.
¿Se quedó en la etapa anal este megalómano? Teoría de
Sigmund Freud.
Muchos individuos a lo largo de toda mi vida —desde mi
temprana infancia, mi padre en primer lugar—, me agredieron sin que yo les
diera el menor motivo, simplemente porque yo estaba presente, porque existía,
porque respiraba, etc. ¿Cuál sería el origen de esa violencia?
La envidia
Resulta difícil expresar esta idea porque la pregunta
obvia es: ¿por qué envidia? Responder esa interrogante conlleva un riesgo
imposible de eludir, ser mal interpretado, que quien lea lo que escribo me
identifique (erróneamente) como narcisista.
Eso no debe preocuparme más
Otra persona (entre muchas) que me hizo mucho daño fue
un médico psiquiatra (el último de tres, me atendió durante once años, si bien,
de forma discontinua), al que vi por última vez cuatro meses después de que
murió mi hermana menor. Yo había cumplido 42 años de edad, ella había muerto a
los 33 años y medio, mi padre la había arruinado cuando ella terminó la
enseñanza media superior y se disponía a ingresar a la universidad, e incluso
poco tiempo después la atacó sexualmente, intentó violarla.
Ese médico psiquiatra conocía mi historia de vida.
Sabía que yo había nacido muy mal, sin vista en el ojo izquierdo (solamente 35
por ciento de visión periférica, sin poder enfocar, estrabismo divergente),
además de neuro-divergente (torpeza de movimientos extrema) y padeciendo un
trastorno por déficit de atención (TDAH) nunca identificado, diagnosticado.
Padecí desatención de mi madre y violencia sistemática de mi padre —nivel
tortura psicológica— que me culpó de todo lo que estaba mal en su vida
(violencia de la que él había sido objeto, décadas antes de que yo naciera) y
siendo todavía un niño me hizo responsable de todo lo que estuvo mal a lo largo
de toda la historia de la humanidad.
Comencé en mi infancia (como a los 10 años de edad) a
enfrentar esa adversidad, continué en mi adolescencia y en mi juventud. Actividad
física para superar (en la medida de lo posible) mi problemática de torpeza
extrema de movimientos —me tropezaba con mis pies—, salto de cuerda. En mi
adolescencia empecé a practicar la carrera pedestre y a adoptar hábitos de
higiene (nutrición, principalmente) muy adecuados. Durante mi tardía
adolescencia y temprana juventud, me convertí en un autodidacta para continuar
el aprendizaje del idioma inglés, y para aprender matemáticas, física y
materias de ingeniería. Cuando terminé mi enseñanza media superior, no había
aprendido siquiera aritmética básica; sabía sumar y multiplicar, no podía
restar ni dividir. Ideé algoritmos para aprender esas dos operaciones de la aritmética
básica y continué con el punto decimal, geometría plana y del espacio; más
tarde álgebra, cálculo diferencial, integral y vectorial, etc.

.jpg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario