miércoles, 14 de octubre de 2026

Sobre tener hijos, disminución de los índices de natalidad. Primera parte

 

En fecha reciente, se anunció que la población de mi país, México, alcanzó la cifra (aproximada, no la conozco con exactitud) de 130 millones de habitantes. Muchas personas ven esto como un fenómeno preocupante, incluso tal vez decadente. Eso sucede también en prácticamente toda la Unión Europea, donde ha prevalecido un déficit demográfico desde hace no sé cuántas décadas.

A título personal, puedo decir que yo lo percibo de lo arriba expresado como algo muy afortunado. Siempre he pensado que en mi país hay demasiada gente (pese a que su área se acerca a dos millones de kilómetros cuadrados), que sus tasas de natalidad han sido demasiado altas.


En una video columna de un hombre muy letrado, al que seguí durante algún tiempo en la red social X (antes Twitter) —que es prácticamente la única red social que uso—, Germán Castro (doctor en letras), habló del tema, poniéndole como título “Menos ‘bebes’ ‘mas’ solotes”, algo así como una analogía —paralelismo— con una expresión coloquial en la cultura mexicana: “menos burros, más olotes”.

Las palabras mal escritas (faltas de ortografía), “bebes” y “mas” (en lugar de bebés y más, respectivamente) parecen ser las limitaciones de la Inteligencia Artificial (IA), algo que yo detesto y considero un potencial riesgo para las capacidades mentales/cognitivas de un alto porcentaje de la población de mi país (independientemente de lo que suceda en el resto del mundo), en una nación en la que sus habitantes adolecen de un nivel intelectual/cultural nivel paupérrimo; algo que en un pasado no lejano fue para mí motivo de vergüenza, hoy eso ha disminuido y se ha convertido en motivo de preocupación.

Con este recurso, IA, se escribe atrocidad y media, además de que se empobrece cada vez más el idioma y el de por sí muy deficiente vocabulario del habitante promedio, que se limita a unos pocos cientos de palabras.

Soy muy dado a usar analogías. Se me viene a la mente el mal uso de la calculadora, muchísimas personas no pueden hacer las operaciones aritméticas más sencillas sin usar ese dispositivo electrónico; ya sea mentalmente o a mano (usando lápiz o bolígrafo y papel). Así, usan la calculadora para hacer una resta como: 29 – 12 = 17; una multiplicación como 16 x 4 = 64, u 8 x 25 (que sería exactamente lo mismo que 4 x 50) …

—                      ¿Cuánto es 5 x 4? — Habría que multiplicar el resultado [20] por 10, algo de lo más elemental, 200.

—                      No sé, no cuento con un doctorado en matemáticas.

Dejaré este tema para otro escrito. Abordaré aquí ese asunto de la disminución en la tasa de natalidad.

A riesgo de que lo que me dispongo a expresar parezca innecesario, debo mencionar que el crecimiento poblacional se calcula con una ecuación muy sencilla, una resta:

Número de personas que nacen en un periodo de tiempo, menos el número de personas que mueren. Así, si la primera cifra es mayor que la segunda, aumenta el número de habitantes; si sucede lo contrario, el sustraendo es mayor que el minuendo, se obtiene como resultado un número negativo, lo que significa que la población decrece; lo cual siempre me ha parecido algo muy deseable.

Yo estimo a Germán, un hombre que llegó al mundo casi ocho meses después de mí. Muy letrado, muy culto y no narcisista, pese a su grado académico de doctor; que evita usar como un título nobiliario (que en nuestra cultura nunca hubo), como hacen la mayoría de los médicos, pese a que, en mi país, una especialidad en medicina no es tal cosa —un doctorado— e incluso lo hacen médicos generales que no cuentan con una especialidad porque nunca aprobaron el examen de residencias médicas. Patéticos narcisos que no pueden con la aritmética más elemental, y pese a conocer la fisiología del organismo humano, no viven con buenos hábitos. Estas son generalidades, por supuesto; existen excepciones a todo (médicos no narcisistas, sin las deficiencias intelectuales mencionadas y que viven con buenos hábitos).

Esa expresión, (que escrita correctamente rezaría Menos bebés, más solotes), me molestó, en parte por mi historia de vida (mi padre era un narcisista maligno, un psicópata, parecería un ser demoniaco) y en parte porque el ser humano debe aprender a…, mencionaré eso a continuación.

Erich Fromm (un hombre al que admiro, un genio, un gran humanista, uno de los padres del psicoanálisis), en su libro El Miedo a la Libertad, expresa la idea de que muchas personas no se conocen a sí mismas porque hacer tal cosa conlleva soledad y aislamiento, algo que aterra a la mayoría y por ello evitan hacer algo tan importante.

Hablando de mí, debo decir que, desde mi más temprana infancia, mostré una tendencia al aislamiento, si bien no extrema. Durante mis tempranos años 20s, habiendo fallado (miserablemente) en la universidad, habiéndome matriculado en una licenciatura en ingeniería, decidí superar mis muy graves deficiencias académicas. Entonces me encerré en mi habitación, dormitorio, y se intensificó mi soledad y mi aislamiento, excepto porque vivía con mis padres y con tres hermanas, pero sin un círculo social, mucho menos con una pareja; ni siquiera una amiga. Con el paso del tiempo, el sufrimiento a que eso dio lugar, pudo haber sido el detonante para que pusiera fin a mi vida; lo cual, por supuesto, no sucedió.

En julio de 2025 (es decir, hace 15 meses), mi madre octogenaria (que vivía conmigo en la que fue la casa de la familia) se fue a visitar a una hija —la que ahora es mi hermana menor— y se quedó con ella. Durante este tiempo, he conseguido lo que tal vez es lo más importante en la vida de un ser humano, a aprender a estar conmigo mismo, he aprendido a convertirme en mi mejor compañía.

Me molesta mucho que una motivación para tener hijos sea evitar la soledad. Debo decir (a riesgo de parecer manipulador, algo que no soy) como mencioné antes, que mi historia de vida ha sido terrible. Mi padre, un narcisista maligno, trajo al mundo a su descendencia para que, con su cónyuge, formaran un grupo de adoradores que lo colocaran en un pedestal y se convirtieran en un suministro gigantesco e inagotable de admiración, para el resto de su vida.

 ¿Por qué tener hijos, formar una familia?

Creo que, en la mayoría de los casos, el origen de eso es lo que Erich Fromm denomina un Mecanismo de evasión, la conformidad automática; hacer lo que otros esperan de uno.

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