domingo, 11 de octubre de 2026

Temprano apoyo británico y estadounidense a un Estado Judío en Palestina

 


Las ideas de reubicación de los judíos a la Tierra de Israel fueron introducidas al discurso público británico a principios del s. XIX, simultáneamente con la Redención Protestante Británica.

No todas las actitudes favorecían a los judíos, concebidas en parte por una variedad de creencias protestantes, o por un rasgo pro-semita entre la élite británica de educación clásica; o por anhelos de extender el imperio (ver El Gran Juego).


Por insistencia de Lord Shaftesbury, el Reino Unido estableció un consulado en Jerusalén en 1838, el primer nombramiento diplomático en la ciudad. En 1939, la Iglesia de Escocia envió a Andrew Bonar y Robert Murray M’Cheyne a elaborar un informe sobre la condición de los judíos en el lugar. El informe fue publicado ampliamente, seguido de un Memorándum de Monarcas Protestantes de Europa para la reubicación de los judíos en Palestina. En agosto de 1840, The Times informó que el gobierno británico analizaba la restauración judía. La correspondencia en 1841-42 entre Moses Montefiore, el Presidente de la Junta de Diputados de los Judíos Británicos y Charles Henry Churchill, el cónsul británico en Damasco, es considerada el primer registro sobre el plan propuesto para el sionismo político.

Lord Linsday escribió en 1847: “El suelo de Palestina disfruta todavía sus sabbats, y solamente espera el regreso de sus hijos exiliados, y la realización de su trabajo industrial —proporcional a sus capacidades agrícolas—, para el surgimiento de una exuberancia universal, y sea todo lo que fue en los días de Salomón”.

 


En 1851, la correspondencia entre Lord Stanley, cuyo padre se convertiría en Primer Ministro Británico al año siguiente, y Benjamín Disraeli, que con él se convirtió en Canciller del Erario, registró las actitudes protosionistas de Disraeli: “Procedió a presentar un plan para restaurar la nación a Palestina —afirmó que el país se encontraba admirablemente apto para ellos— los financiadores en toda Europa podrían ayudar, el Gobierno Otomano es débil, los turcos/poseedores de propiedades podrían ser comprados; esto, dijo él, era el propósito de su vida…” “Coningsby (La Nueva Generación) era nada más un sondeo, mis puntos de vista no se habían desarrollado en su totalidad en la época; desde entonces todo lo que he escrito ha sido para servir un propósito. El hombre que debe restaurar a la raza hebrea en su país debería ser el Mesías, ¡el verdadero salvador de la profecía!” No agregó formalmente que él aspiraba jugar esa parte, pero su involucramiento resultaba evidente. Consideraba que los potenciales del territorio eran de muy alto nivel, y sugería que su objetivo más importante al adquirir poder en el lugar sería promover el regreso. Veintiséis años más tarde, Disraeli escribió en su artículo titulado “La Cuestión Judía es la Búsqueda Oriental” (1877) que, al cabo de 50 años, una nación de un millón de judíos habitaría Palestina bajo liderazgo británico.


Moses Montefiore, que visitó muchos países para ayudar a aliviar la opresión de sus poblaciones locales de judíos, visitó Palestina en siete ocasiones. Buscó desarrollar una autosuficiencia de la comunidad judía, de modo que no dependiera del apoyo de la diáspora. Mediante estos esfuerzos, ayudó a establecer asentamientos fuera de la Vieja Jerusalén, donde residía la mayor parte de la comunidad judía.

En 1842, Joseph Smith, fundador del movimiento de los Santos de los Últimos Días, envió a un representante, Orson Hyde, para que se dedicara a la tarea de conseguir que la tierra de Israel fuera devuelta a los judíos. El teólogo protestante William Eugene Blackstone presentó una petición al presidente de los Estados Unidos en 1891; el Monumento conmemorativo de Blackstone, que solicitaba que Palestina fuera entregada a los judíos.


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