miércoles, 14 de octubre de 2026

Sobre tener hijos, disminución de los índices de natalidad. Segunda parte

Vas a trabajar, llevarás una vida productiva, contraerás nupcias; formarás una familia; “un nido”.

¿Será posible que ese fenómeno terrible, esa debilidad de tantas personas —ese mecanismo de evasión, conformidad automática— esté disminuyendo y muchas personas estén aprendiendo a decidir lo que desean hacer con sus vidas?

Que la respuesta fuera afirmativa sería algo verdaderamente muy afortunado.

Poco antes de que muriera mi padre, a principios del año 2007 (me acercaba a 43 años de edad), empecé a asistir a un grupo de autoayuda, de 12 pasos. Al Anon, para familiares y amigos de alcohólicos, paralelo a Alcohólicos Anónimos. Cuando se celebraba un aniversario de la formación del grupo en cuestión, se invitaba a profesionales de la salud mental, como psicólogos(as) —profesión en la que predomina el género femenino, psicólogas— y en ocasiones, a médicos psiquiatras.


En aquella época, yo no detestaba a los médicos, aunque me percataba de que no me resultaban particularmente agradables. En uno de esos aniversarios, se invitó a uno de esos profesionales de la salud mental, un médico psiquiatra, que decía haber estudiado su especialidad en Oxford, Inglaterra; algo que yo dudo, pues el nivel de esas instituciones educativas (igual que Cambridge), es de los más altos de todo el mundo, y este individuo presentaba características que yo percibí como indeseables, en extremo.

Ese Dr. (PhD) en Narcisismo Patológico (Magna Cum Laude) —además de (según él) doctor en psiquiatría— exhibió una estupidez característica del género femenino.

Antes de continuar, debo aclarar que no considero que la mujer sea menos que el hombre —inferior—, sino que las manifestaciones de estupidez son diferentes, o lo fueron, porque hoy la masculinidad parece encontrarse en un proceso muy acelerado de extinción.

La estupidez es lo más democrático que existe. Se da en muchísimos individuos, independientemente de su origen socioeconómico o su escolaridad, pero las manifestaciones de estupidez masculina y estupidez femenina solían ser diferentes.

Mencionaré ahora algo que expresó Albert Einstein: Solamente existen dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana; y del universo no estoy seguro.

Ese médico psiquiatra —según él “oxfordiano”— mencionó a un individuo del género masculino que ha egresado de la universidad, ha ejercido una profesión durante años, pero no se ha casado y por ello no ha comenzado a formar una familia, usando una violencia verbal extrema al llamarle “parásito”.

Por si hiciera falta, debo mencionar que se le llama “parásito” a alguien que, contando con posibilidades reales para trabajar, evita hacerlo, con toda intención, para vivir a expensas de alguien más. Quien no muestra interés en contraer nupcias y formar una familia —o no tiene prisa por hacer tal cosa—, no merece el término ofensivo (adjetivo) “parásito”.

Ese médico psiquiatra, además de padecer un narcisismo muy patológico (como la mayoría de sus colegas, médicos) exhibe un afeminamiento antinatural y una estupidez característica de mujeres entradas en años, ancianas muy tontitas que quieren que todos formen un nido.

Otra motivación frecuente para traer hijos al mundo es la incapacidad de tantas personas conocerse a sí mismas, requisito indispensable para ser capaz de desarrollar sus potencialidades —para lo cual es requisito indispensable conocerse a sí mismo, lo cual involucra soledad y aislamiento; como mencioné antes— y así ser capaces dar sentido a sus vidas; y por ello, depositan en sus hijos una carga de peso descomunal, incluso antes de que lleguen al mundo: aliviar ese vacío existencial tan doloroso.

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