domingo, 23 de agosto de 2026

El Complejo Industrial de la Lucha contra las Drogas, Noam Chomsky entrevistado por John Veit. Primera parte

 


Publicado en la revista High Times, abril de 1998


John Veit: Usted ha definido la Guerra Contra las Drogas como un instrumento para controlar a la población. ¿Cómo puede lograrse eso?



Noam Chomsky: Control de la población es en realidad un término que tomé de literatura de contrainsurgencia de la época de Kennedy. Los objetivos principales en la época eran el Sudeste Asiático y América Latina, donde un fermento popular se daba en abundancia. Se reconoció que la población apoyaba fuerzas populares que clamaban todo tipo de cambio social, algo que los Estados Unidos simplemente no estaba dispuesto a superar. Y la población es controlada mediante el uso de un número de recursos. Uno es usando el terror y la violencia, bombas de napalm y todo eso, pero también se trabajó en el desarrollo de otras medidas de control de la población para mantener a la gente subyugada, medidas que van del uso de la propaganda hasta campos de concentración. La propaganda es mucho más efectiva cuando se combina con el terror.    

Se tiene el mismo problema en casa, donde frecuentemente el público se sale de control. Tienen que tomarse medidas para asegurar que la gente permanezca pasiva, apática y obediente; y que no interfiera con el privilegio o con el poder. Es un tema de mayor importancia de la democracia moderna. Conforme se expanden los mecanismos de la democracia, como las franquicias y el crecimiento, se incrementa también la necesidad de controlar a las poblaciones usando otros métodos.

Así el crecimiento de la propaganda corporativa en los Estados Unidos es más o menos paralelo al crecimiento de la democracia, por razones que resultan muy evidentes. No es un secreto de ningún tipo. Es analizado de manera muy directa y abierta en la literatura de negocios y en publicaciones periódicas de ciencias sociales. Es necesario entablar una “lucha siempre presente por las mentes de los hombres”, en su fraseología estándar, para adoctrinar y regimentar a los hombres de la misma manera que los ejércitos regimientan a sus integrantes. Esas son medidas de control de la población. El diseño o la manufactura del consentimiento es la esencia de la democracia, porque se tiene que asegurar que los forasteros entrometidos —es decir, nosotros, la población— no interfieran con el trabajo de las personas importantes que manejan los asuntos públicos cuya intención es favorecer a los intereses de los privilegiados.

John Veit: ¿Cómo encaja en esto la Guerra Contra las Drogas?

Noam Chomsky: Bueno, una de las maneras tradicionales y obvias de controlar a las poblaciones en todas las sociedades, trátese de una dictadura militar o de una democracia, es atemorizándolas. Si la población tiene miedo, está dispuesta a ceder la autoridad a sus superiores, para que la proteja. De acuerdo, permitiré que gobiernes mi vida para que puedas protegerme, ese es el raciocinio.

Así, se estimula el temor a las drogas y al crimen, en gran medida por el estado y por la propaganda de negocios. La Comisión Nacional de Justicia señala frecuentemente que el crimen en los Estados Unidos —si bien, su incidencia es alta—, no se encuentra fuera del espectro de las sociedades industrializadas. Por otra parte, el temor al crimen supera con mucho al de otras sociedades, y es estimulado en su mayor parte por propaganda diversa. La Guerra Contra las Drogas es un esfuerzo para estimular el temor a gente peligrosa de la que debemos protegernos. Es también una forma de control directo de lo que hemos dado por llamar “clase peligrosa”, esa gente superflua que en realidad no cumple una función en la generación de lucro y riqueza. Debe abordarse ese problema, de alguna manera.

John Veit: En otros países, simplemente se liquida a la plebe.

Noam Chomsky: Sí, pero en los Estados Unidos, no se le mata, se le encierra en centros penitenciarios. Las políticas económicas de los años 1980s incrementaron bruscamente la desigualdad, concentrando el crecimiento económico como ya existía —que era enorme— en muy pocas manos. El pequeño porcentaje de la población en la cima se hizo extremadamente acaudalada conforme el lucro llegó al techo, mientras que los salarios de medianos ingresos se habían estancado o disminuido bruscamente desde los años 1970s. Una gran cantidad de habitantes sintieron la inseguridad, padeciendo desde dificultades en lo económico hasta miseria, o algo intermedio. Muchos de ellos serían arrestados, básicamente, porque debían ser controlados.

John Veit: Es una verdad absoluta, pero ¿cómo probar eso?

Noam Chomsky: Echando un vistazo a las tendencias en el consumo de mariguana, que se elevaba a finales de los años 1970s, pero no se criminalizaba en gran medida. No se acababa en la cárcel por posesión de mariguana, porque quienes la consumían eran personas apreciadas, como nosotros, los hijos de los ricos. A esas personas no se les aloja en centros penitenciarios, tampoco a los ejecutivos de las corporaciones —aunque los crímenes corporativos resulten más costosos y peligrosos que la delincuencia callejera. Pero en la década de los años 1980s el uso de sustancias “no saludables” empezó a disminuir en los sectores integrados por personas con más escolaridad, educación: mariguana y tabaco, alcohol, carnes rojas, café, toda esa categoría de productos. Por otra parte, el uso permaneció estable entre sectores de la población de menores ingresos. En los Estados Unidos, la correlación entre pobreza y gente de raza negra —no es lo mismo, pero existe una correlación— y en sectores de la población compuesta por negros e hispanos, el uso de esas sustancias permaneció estable.

Así que echemos un vistazo a esas tendencias. Cuando se requiere una Guerra contra las Drogas, se sabe con exactitud contra quiénes será dirigida: gente de raza negra que vive en pobreza. No se dirigirá contra gente acaudalada de raza blanca; jamás se hace nada contra ellos. En el suburbio de clase media alta donde yo vivo, si alguien va a casa e inhala cocaína, la policía no irrumpe en su vivienda.

Existen tantos factores que hacen que la guerra contra las drogas sea dirigida contra los pobres, en gran medida contra gente de color. Y esas son las personas de las que desean deshacerse. Durante el periodo en que estas políticas económicas fueron instituidas, la tasa de encarcelamiento se disparó, no así el crimen, que se mantenía estable o disminuía. Pero el encarcelamiento siguió elevándose. Para finales de los años 1980s, en términos de privar de la libertad a nuestra población, nos encontrábamos muy por delante del resto del mundo, muy por delante de cualquier otra sociedad industrial.

John Veit: ¿Quién se beneficia por encarcelar a jóvenes negros del sexo masculino?

Noam Chomsky: Muchas personas. La gente pobre es básicamente superflua para la producción de riqueza, y por lo tanto, los acaudalados quieren deshacerse de ellos. Los ricos también atemorizan a todos los demás, porque si temes a esas personas, te sometes a la autoridad del estado. Pero más allá de eso, es una industria estatal. Desde la década de los años 1930s, todos los hombres de negocios entendieron que la economía capitalista privada debe recibir subsidios masivos del estado; la única interrogante es ¿qué forma tomará el subsidio del estado? En los Estados Unidos la forma principal ha sido mediante el sistema militar. Los aspectos más dinámicos de la economía — computadoras, internet, la industria aeronáutica, farmacéutica— han sido alimentados por el sistema militar. Pero la industria de control de la delincuencia, como es llamada por los criminólogos, se está convirtiendo en la industria de crecimiento más acelerado en los Estados Unidos.

Y es una industria del estado, financiada con recursos públicos. Se trata de la industria de la construcción, de la industria de los bienes raíces, y también de las firmas de alta tecnología. Está alcanzando una escala suficiente como para que los contratistas de alta tecnología y de lo militar pretenden comercializarla como técnicas de control de alta tecnología y vigilancia, de modo que pueda monitorearse lo que las personas hacen en sus actividades privadas con dispositivos electrónicos complejos y con súper computadoras: monitorear sus llamadas telefónicas y análisis de orina, y lo que sigue. De hecho, es probable que se llegue a una época en que esta población superflua pueda ser privada de la libertad en departamentos privados, en lugar de en centros penitenciarios, y ser monitoreada para determinar si hacen algo que está mal, dicen algo incorrecto, se desplazan en la dirección equivocada.

John Veit: Arresto domiciliario para las masas.

Noam Chomsky: Ha alcanzado el nivel de industria necesario para que interese a las firmas de la industria de la defensa; puedes leer sobre eso en The Wall Street Journal. Los grandes bufetes de abogados y casas de inversión se han interesado: Merrill Lynch emite grandes préstamos para construcción de centros penitenciarios. Si incluyes el sistema en su totalidad, probablemente se aproxima en escala al Pentágono.

También representa una fuerza de trabajo formidable. Escuchamos denuncias indignantes sobre trabajo penitenciario en China, pero ese trabajo en centros penitenciarios ya es norma en Estados Unidos. Es muy económico, no se organiza, los trabajadores no piden derechos, no te tienes que preocupar por beneficios a la salud porque el público paga todo. Es lo que se denomina fuerza de trabajo “flexible”, de la que agrada a los economistas: tú tienes los trabajadores cuando lo deseas, y los desechas cuando ya no los quieres.   

Y, lo que es más, se trata de una tradición estadounidense. Hubo una revolución industrial de gran tamaño en partes del sur a principios del siglo XX, en el norte de Georgia, en Kentucky y en Alabama; y tuvo como base en su mayor parte trabajo penitenciario. Los esclavos —técnicamente— habían sido liberados, pero pocos años después, volvieron a ser esclavos. Una manera de controlarlos fue privarlos de la libertad en cárceles, donde se convirtieron en trabajadores penitenciarios sometidos a control. Ese es el núcleo de la revolución industrial en el sur, que continuó en Georgia en los años 1920s y hasta la Segunda Guerra Mundial en lugares como Mississippi.

Ahora se revive. En Oregón y en California existe una industria textil razonablemente sustancial en las prisiones, que es exportada a Asia. En la misma época en que gente se queja del trabajo penitenciario en China, California y Oregón exportan a China textiles hechos en centros penitenciarios. Hasta tienen una línea llamada Prison Blues.

Y eso abarca todo, hasta tecnología avanzada como procesamiento de datos. En el estado de Washington, trabajadores de Boeing protestan porque se exportan trabajos a China, pero probablemente no tienen conciencia de que sus trabajos están siendo exportados a prisiones cercanas, donde los maquinistas hacen trabajo para Boeing bajo circunstancias que —por razones obvias—, son un deleite para los administradores.

John Veit: Y casi todos esos prisioneros son infractores a leyes relacionadas con consumo de drogas.

Noam Chomsky: La enorme tasa de crecimiento de las poblaciones carcelarias ha tenido relación con drogas. Las últimas cifras que vi mostraban que más de la mitad de la población en prisiones federales, y tal vez un cuarto en las prisiones estatales, son infractores a leyes sobre consumo de drogas. En el estado de Nueva York, por ejemplo, una venta de 20 dólares en la calle o la posesión de una onza de cocaína acarreará la misma sentencia que provocar un incendio con intenciones homicidas. La regla de “tres delitos” va a elevar hasta el cielo esa condición. El tercer arresto por una transgresión menor a leyes sobre drogas te llevará a un centro penitenciario del que jamás saldrás.

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