Publicado en la revista High Times, abril de 1998
John Veit: Usted ha definido la Guerra Contra las
Drogas como un instrumento para controlar a la población. ¿Cómo puede lograrse
eso?
Noam Chomsky: Control de la población es en realidad un
término que tomé de literatura de contrainsurgencia de la época de Kennedy. Los
objetivos principales en la época eran el Sudeste Asiático y América Latina,
donde un fermento popular se daba en abundancia. Se reconoció que la población
apoyaba fuerzas populares que clamaban todo tipo de cambio social, algo que los
Estados Unidos simplemente no estaba dispuesto a superar. Y la población es
controlada mediante el uso de un número de recursos. Uno es usando el terror y
la violencia, bombas de napalm y todo eso, pero también se trabajó en el
desarrollo de otras medidas de control de la población para mantener a la gente
subyugada, medidas que van del uso de la propaganda hasta campos de
concentración. La propaganda es mucho más efectiva cuando se combina con el
terror.
Se tiene el mismo
problema en casa, donde frecuentemente el público se sale de
control. Tienen que tomarse medidas para asegurar que la gente permanezca
pasiva, apática y obediente; y que no interfiera con el privilegio o con el
poder. Es un tema de mayor importancia de la democracia moderna. Conforme se
expanden los mecanismos de la democracia, como las franquicias y el
crecimiento, se incrementa también la necesidad de controlar a las poblaciones
usando otros métodos.
Así el crecimiento de la propaganda corporativa en los
Estados Unidos es más o menos paralelo al crecimiento de la democracia, por
razones que resultan muy evidentes. No es un secreto de ningún tipo. Es
analizado de manera muy directa y abierta en la literatura de negocios y en
publicaciones periódicas de ciencias sociales. Es necesario entablar una “lucha
siempre presente por las mentes de los hombres”, en su fraseología estándar,
para adoctrinar y regimentar a los hombres de la misma manera que los ejércitos
regimientan a sus integrantes. Esas son medidas de control de la población. El
diseño o la manufactura del consentimiento es la esencia de la democracia,
porque se tiene que asegurar que los forasteros entrometidos —es decir,
nosotros, la población— no interfieran con el trabajo de las personas
importantes que manejan los asuntos públicos cuya intención es favorecer a los
intereses de los privilegiados.
John Veit: ¿Cómo encaja en esto la Guerra Contra las
Drogas?
Noam Chomsky: Bueno, una de las maneras tradicionales y obvias
de controlar a las poblaciones en todas las sociedades, trátese de una dictadura
militar o de una democracia, es atemorizándolas. Si la población tiene miedo,
está dispuesta a ceder la autoridad a sus superiores, para que la proteja. De acuerdo, permitiré que gobiernes mi vida
para que puedas protegerme, ese es el raciocinio.
Así, se estimula
el temor a las drogas y al crimen, en gran medida por el estado y por la
propaganda de negocios. La Comisión Nacional de Justicia señala frecuentemente
que el crimen en los Estados Unidos —si bien, su incidencia es alta—, no se
encuentra fuera del espectro de las sociedades industrializadas. Por otra
parte, el temor al crimen supera con mucho al de otras sociedades, y es
estimulado en su mayor parte por propaganda diversa. La Guerra Contra las
Drogas es un esfuerzo para estimular el temor a gente peligrosa de la que
debemos protegernos. Es también una forma de control directo de lo que hemos
dado por llamar “clase peligrosa”, esa gente superflua que en realidad no
cumple una función en la generación de lucro y riqueza. Debe abordarse ese
problema, de alguna manera.
John Veit: En otros países, simplemente se liquida a
la plebe.
Noam Chomsky: Sí, pero en los Estados Unidos, no se le
mata, se le encierra en centros penitenciarios. Las políticas económicas de los
años 1980s incrementaron bruscamente la desigualdad, concentrando el
crecimiento económico como ya existía —que era enorme— en muy pocas manos. El
pequeño porcentaje de la población en la cima se hizo extremadamente acaudalada
conforme el lucro llegó al techo, mientras que los salarios de medianos
ingresos se habían estancado o disminuido bruscamente desde los años 1970s. Una
gran cantidad de habitantes sintieron la inseguridad, padeciendo desde
dificultades en lo económico hasta miseria, o algo intermedio. Muchos de ellos
serían arrestados, básicamente, porque debían ser controlados.
John Veit: Es una verdad absoluta, pero ¿cómo probar
eso?
Noam Chomsky: Echando un vistazo a las tendencias en el
consumo de mariguana, que se elevaba a finales de los años 1970s, pero no se
criminalizaba en gran medida. No se acababa en la cárcel por posesión de mariguana,
porque quienes la consumían eran personas apreciadas, como nosotros, los hijos
de los ricos. A esas personas no se les aloja en centros penitenciarios,
tampoco a los ejecutivos de las corporaciones —aunque los crímenes corporativos
resulten más costosos y peligrosos que la delincuencia callejera. Pero en la
década de los años 1980s el uso de sustancias “no saludables” empezó a
disminuir en los sectores integrados por personas con más escolaridad,
educación: mariguana y tabaco, alcohol, carnes rojas, café, toda esa categoría
de productos. Por otra parte, el uso permaneció estable entre sectores de la
población de menores ingresos. En los Estados Unidos, la correlación entre
pobreza y gente de raza negra —no es lo mismo, pero existe una correlación— y
en sectores de la población compuesta por negros e hispanos, el uso de esas
sustancias permaneció estable.
Así que echemos un
vistazo a esas tendencias. Cuando se requiere una Guerra contra las Drogas, se
sabe con exactitud contra quiénes será dirigida: gente de raza negra que vive
en pobreza. No se dirigirá contra gente acaudalada de raza blanca; jamás se
hace nada contra ellos. En el suburbio de clase media alta donde yo vivo, si
alguien va a casa e inhala cocaína, la policía no irrumpe en su vivienda.
Existen tantos
factores que hacen que la guerra contra las drogas sea dirigida contra los
pobres, en gran medida contra gente de color. Y esas son las personas de las
que desean deshacerse. Durante el periodo en que estas políticas económicas
fueron instituidas, la tasa de encarcelamiento se disparó, no así el crimen,
que se mantenía estable o disminuía. Pero el encarcelamiento siguió elevándose.
Para finales de los años 1980s, en términos de privar de la libertad a nuestra
población, nos encontrábamos muy por delante del resto del mundo, muy por delante
de cualquier otra sociedad industrial.
John Veit: ¿Quién se beneficia por encarcelar a jóvenes
negros del sexo masculino?
Noam Chomsky: Muchas personas. La gente pobre es básicamente
superflua para la producción de riqueza, y por lo tanto, los acaudalados
quieren deshacerse de ellos. Los ricos también atemorizan a todos los demás,
porque si temes a esas personas, te sometes a la autoridad del estado. Pero más
allá de eso, es una industria estatal. Desde la década de los años 1930s, todos
los hombres de negocios entendieron que la economía capitalista privada debe
recibir subsidios masivos del estado; la única interrogante es ¿qué forma tomará
el subsidio del estado? En los Estados Unidos la forma principal ha sido
mediante el sistema militar. Los aspectos más dinámicos de la economía —
computadoras, internet, la industria aeronáutica, farmacéutica— han sido alimentados
por el sistema militar. Pero la industria de control de la delincuencia, como
es llamada por los criminólogos, se está convirtiendo en la industria de crecimiento
más acelerado en los Estados Unidos.
Y es una industria
del estado, financiada con recursos públicos. Se trata de la industria de la
construcción, de la industria de los bienes raíces, y también de las firmas de
alta tecnología. Está alcanzando una escala suficiente como para que los
contratistas de alta tecnología y de lo militar pretenden comercializarla como
técnicas de control de alta tecnología y vigilancia, de modo que pueda
monitorearse lo que las personas hacen en sus actividades privadas con dispositivos
electrónicos complejos y con súper computadoras: monitorear sus llamadas
telefónicas y análisis de orina, y lo que sigue. De hecho, es probable que se
llegue a una época en que esta población superflua pueda ser privada de la
libertad en departamentos privados, en lugar de en centros penitenciarios, y
ser monitoreada para determinar si hacen algo que está mal, dicen algo
incorrecto, se desplazan en la dirección equivocada.
John Veit: Arresto domiciliario para las masas.
Noam Chomsky: Ha alcanzado el nivel de industria
necesario para que interese a las firmas de la industria de la defensa; puedes
leer sobre eso en The Wall Street Journal. Los grandes bufetes de abogados y
casas de inversión se han interesado: Merrill Lynch emite grandes préstamos
para construcción de centros penitenciarios. Si incluyes el sistema en su
totalidad, probablemente se aproxima en escala al Pentágono.
También representa
una fuerza de trabajo formidable. Escuchamos denuncias indignantes sobre
trabajo penitenciario en China, pero ese trabajo en centros penitenciarios ya
es norma en Estados Unidos. Es muy económico, no se organiza, los trabajadores
no piden derechos, no te tienes que preocupar por beneficios a la salud porque
el público paga todo. Es lo que se denomina fuerza de trabajo “flexible”, de la
que agrada a los economistas: tú tienes los trabajadores cuando lo deseas, y los
desechas cuando ya no los quieres.
Y, lo que es más,
se trata de una tradición estadounidense. Hubo una revolución industrial de
gran tamaño en partes del sur a principios del siglo XX, en el norte de
Georgia, en Kentucky y en Alabama; y tuvo como base en su mayor parte trabajo penitenciario.
Los esclavos —técnicamente— habían sido liberados, pero pocos años después,
volvieron a ser esclavos. Una manera de controlarlos fue privarlos de la
libertad en cárceles, donde se convirtieron en trabajadores penitenciarios
sometidos a control. Ese es el núcleo de la revolución industrial en el sur,
que continuó en Georgia en los años 1920s y hasta la Segunda Guerra Mundial en
lugares como Mississippi.
Ahora se revive.
En Oregón y en California existe una industria textil razonablemente sustancial
en las prisiones, que es exportada a Asia. En la misma época en que gente se
queja del trabajo penitenciario en China, California y Oregón exportan a China
textiles hechos en centros penitenciarios. Hasta tienen una línea llamada Prison Blues.
Y eso abarca todo, hasta tecnología avanzada como
procesamiento de datos. En el estado de Washington, trabajadores de Boeing
protestan porque se exportan trabajos a China, pero probablemente no tienen
conciencia de que sus trabajos están siendo exportados a prisiones cercanas,
donde los maquinistas hacen trabajo para Boeing bajo circunstancias que —por
razones obvias—, son un deleite para los administradores.
John Veit: Y casi todos esos prisioneros son infractores
a leyes relacionadas con consumo de drogas.
Noam Chomsky: La enorme tasa de crecimiento de las
poblaciones carcelarias ha tenido relación con drogas. Las últimas cifras que
vi mostraban que más de la mitad de la población en prisiones federales, y tal
vez un cuarto en las prisiones estatales, son infractores a leyes sobre consumo
de drogas. En el estado de Nueva York, por ejemplo, una venta de 20 dólares en
la calle o la posesión de una onza de cocaína acarreará la misma sentencia que
provocar un incendio con intenciones homicidas. La regla de “tres delitos” va a
elevar hasta el cielo esa condición. El tercer arresto por una transgresión
menor a leyes sobre drogas te llevará a un centro penitenciario del que jamás
saldrás.

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