viernes, 21 de agosto de 2026

Matar un Ruiseñor, novela de Harper Lee, de Wikipedia en inglés, quinta parte

 


Pérdida de la inocencia



Pájaros cantores con su simbolismo asociado aparecen a lo largo de toda la novela. El apellido de la familia, Finch, era el apellido de soltera de la madre de Harper Lee; (finch significa pinzón). Cenzontle (mockingbird) es el elemento central del tema, que aparece por primera vez cuando Atticus —habiendo obsequiado a sus hijos rifles de aire en Navidad—, permite que su tío Jack les enseñe a disparar. Atticus les advierte que, aunque pueden “disparar a todos los azulejos que quieran”, pero deben recordar que “es un pecado matar un cenzontle”. Confundida, Scout se aproxima a su vecina, la señorita Maudie, que le explica que los cenzontles jamás dañan a otras criaturas, haciendo énfasis en que esas aves nos dan placer con su canto, diciendo “ ‘matar a un cenzontle es matar algo que es inocente e inofensivo —como Tom Robinson”. Académicos han señalado que Lee regresa frecuentemente al tema del cenzontle cuando intenta expresar un asunto de moralidad.

Tom Robinson es el ejemplo más importante, entre varios en la novela, de inocentes aniquilados, ya sea por negligencia o con toda intención. Sin embargo, el académico Christopher Metress conecta al cenzontle con Boo Radley: “En lugar de intentar utilizar a Boo para divertirse (como hace al principio de la novela, representando situaciones dramáticas inventadas sobre la vida de Boo), Scout llega a percibirlo como un ‘cenzontle’, esto es, como alguien cuya nobleza interior debe ser honrada”. Las últimas páginas del libro ilustran la moraleja de la historia que Atticus ha estado leyendo para ella, y, en alusión tanto a Boo Radley como a Tom Robinson, afirma que interpretaron mal a un personaje, “cuando al final les fue posible verlo, se percataron de que él no había hecho nada de lo que se decía… Atticus, él era verdaderamente bueno”, a lo que él responde, “la mayor parte de las personas lo son, Scout, cuando al final te das cuenta”.

La novela expone la pérdida de la inocencia de manera tan frecuente que el revisor R. A. Dave afirma que, por el hecho de que cada personaje tiene que enfrentar la derrota, o incluso padecerla, el libro incorpora elementos de una tragedia clásica. Al explorar cómo lidia cada personaje con su derrota personal, Lee construye un marco para determinar si los personajes son héroes o incautos. Ella guía al lector en esa determinación, alternando entre adoración embarazosa e ironía mordaz. La experiencia de Scout con la Sociedad Misionera es una yuxtaposición de mujeres que se mofan, chismean y “reflejan una actitud colonialista arrogante para con otras razas”, mientras proyectan la “actitud de gentileza, piedad y moralidad”. En contraposición, cuando Atticus pierde el caso de Tom, es el último en abandonar la corte, excepto por sus hijos y los espectadores de raza negra, que se encuentran en el balcón designado para ellos y se ponen de pie en silencio cuando Atticus pasa caminando, para rendir honor a sus esfuerzos.



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