Cuando se analiza
el poderoso legado de Malcolm X, frecuentemente, los libros de historia pasan
por alto a la mujer brillante y resiliente que estableció su cimiente
intelectual. Su madre, Louise Norton Little, fue una mujer que contaba con una
educación brillante, y se había mantenido activa en la política —por derecho
propio— desde mucho antes de que el ojo público visualizara a su hijo. Nacida
en Grenada, Louise hablaba varios idiomas y contaba con una mente analítica
aguda que hizo de ella una fuerza formidable en el movimiento Panafricano a
principios del siglo XX. Con su esposo, Earl Little, ella prestó servicio como
una dedicada líder en la Asociación Universal Para el Mejoramiento del Negro,
de Marcus Garvey, dirigiendo las comunicaciones organizacionales, escribiendo
artículos para el periódico Negro World,
y organizando comunidades locales a lo largo del Medio Oeste de Estados Unidos,
a pesar de amenazas frecuentes de grupos supremacistas blancos.
Louise
fue mucho más que una activista detrás de los escenarios; fue también una madre
de familia independiente que inoculó a sus hijos con orgullo, pensamiento
crítico y autosuficiencia. Instruyó a su familia para que leyeran periódicos
extranjeros, los motivó para que aprendieran sobre su herencia global, y se
negó a permitir que aceptaran su ciudadanía de segunda clase asignada en la
época a los estadounidenses de raza negra. Incluso después de la trágica y
sospechosa muerte de su esposo, Louise luchó incansablemente para que su
familia permaneciera unida mantuviera su independencia. Su profundo compromiso
con la liberación africana y su rigor intelectual dieron forma directa a la futura
cosmovisión de Malcolm X, convirtiendo su extraordinaria existencia en un
capítulo esencial en la historia más amplia de la liberación Negra.


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