El sabotaje social
representa un patrón de conducta peligroso que aparece principalmente en
entornos profesionales y en comunidades sociales. Las acciones deliberadas de
sabotaje social son llevadas a cabo para dañar el trabajo profesional de
alguien, sus relaciones y su senda hacia el éxito. El propósito principal de
estas acciones deliberadas es dañar la reputación profesional de la persona y
sus logros. El sabotaje social se diferencia de la violencia típica en que
funciona como un método estratégico para afectar a objetivos particulares. Una
persona podría arruinar intencionalmente la presentación de un compañero de
trabajo para obtener una ventaja proveniente de una idea concebida por ese
compañero, o para obstaculizar su avance profesional. La naturaleza deliberada
del sabotaje social lo convierte en un arma tanto estratégica como destructiva
que usan individuos para derrotar a otros en situaciones competitivas.
El sabotaje en el lugar de trabajo se manifiesta
mediante ataques a compañeros y propagación de rumores mal intencionados que
dañan su situación profesional. Este comportamiento da lugar a un ambiente de
trabajo insano que provoca una disminución en la satisfacción del empleado y
altas tasas de rotación de personal. Las personas que practican el sabotaje
social piensan que su conducta destructiva les será útil para ganar ventajas en
lo profesional, resultado del derrumbe de sus competidores. El comportamiento
destructivo del sabotaje social se manifiesta mediante dos métodos principales:
reteniendo información de importancia crucial necesaria para la finalización de
una tarea y mediante la atribución del mérito por el rendimiento por el trabajo
que corresponde a otros empleados. El comportamiento destructivo dirigido
contra una persona provoca dificultades para el equipo y afecta la calidad del
trabajo. Un clima laboral en el que se da el sabotaje de forma frecuente, da
lugar a un entorno en el que la confianza desaparece y los miembros del equipo
dejan de trabajar juntos de manera efectiva.
El
acoso y el sabotaje social existen juntos, pero funcionan con objetivos
diferentes. El acoso social se da para provocar dolor emocional y malestar a
individuos en específico. Ese comportamiento tiene como objetivo aspectos
individuales de la vida de una persona, incluyendo su apariencia física y sus
relaciones sociales, lo cual puede afectar gravemente a la salud mental. El
sabotaje social funciona como un comportamiento estratégico que permite a
quienes lo perpetran lograr sus objetivos en lo profesional o en su posición
social. Es necesario que en las organizaciones se comprendan estas
distinciones, para poder desarrollar soluciones efectivas a estos
comportamientos en los entornos laborales. Identificar estos comportamientos
permite a las organizaciones desarrollar medidas de protección que contribuyen
a asegurar que los entornos laborales sean más seguros. Los trabajadores necesitan
tener a su disposición sistemas de reporte que los protejan de conductas lesivas
persistentes careciendo de la ayuda que necesitan.
La
intimidación en el lugar de trabajo, conocida como acoso y abuso vicario, se
combina frecuentemente con tácticas de sabotaje social. Un grupo de empleados
se dedican a destruir la confianza que alguien tiene de sí mismo y su auto
valía profesional, lo cual puede dar lugar a una violencia en el entorno
laboral, que se conoce como acoso. El comportamiento consiste en una labor de
conjunto que realizan miembros de un equipo con la participación de un
supervisor o de un jefe para dañar y aislar a la persona y propagar información
falsa, y crear obstáculos en sus tareas profesionales. El objetivo primario del
sabotaje social y la intimidación son afines porque ambos tienen la intención
de eliminar a sus víctimas de las funciones que desempeñan dentro de la
organización, o reducir su impacto en lo profesional.
Una
forma de sabotaje en un entorno laboral es mediante el acaparamiento de la
información, lo cual representa una forma de control coercitivo y sabotaje en
el lugar de trabajo, pues frecuentemente involucra retener información, lo cual
puede poner en riesgo la seguridad del empleado. Este comportamiento puede
manifestarse también como una táctica para socavar la competencia del empleado
contra el que va dirigido, al restringir el acceso a información necesaria, dificultando
así su capacidad para realizar sus tareas de manera eficiente. Tales dinámicas
son prevalentes en ambientes laborales tóxicos, donde individuos,
independientemente de su género, podrían involucrarse en esta práctica para concretar
su dominio y mantener el control sobre compañeros de trabajo, lo cual provoca
ansiedad, trastorno por estrés postraumático (TEPT), y ataques de pánico.
Organizaciones,
gerencias y Recursos Humanos deben establecer sistemas transparentes de apoyo
para detener el sabotaje social y el acoso en el lugar de trabajo. La
capacitación de los empleados sobre los efectos de estos comportamientos
ayudará a las organizaciones a detener su ocurrencia. Los empleados necesitan
analizar sus conflictos abiertamente, y las organizaciones deben establecer
canales específicos para el reporte de incidentes, que permitan a los empleados
informar sobre problemas SIN REPRESALIAS o el temor a perder el empleo. Los
líderes deben mostrar conductas de apoyo porque eso establece el punto de
referencia que todos los miembros del equipo deben seguir. Un clima laboral que
promueve la honestidad y el trabajo de equipo en lugar del engaño y el
sabotaje, fomentará en los empleados la creación de contribuciones positivas a
la cultura organizacional. El desarrollo de tal ambiente constituye una
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