No entiendo por qué Leticia Martínez,mi psicóloga, esa mujer que tanto me ayudó a partir de octubre de 2008, el día de hoy decidió ya no seguir atendiéndome y mostró tanta hostilidad contra mí.
He llegado a quererla tanto, a admirarla, a sentir tanta gratitud hacia ella y Leticia no se detiene a pensar en lo mal que estoy. Mi trastorno de personalidad (borderline) hace mi vida miserable y con una frecuencia creciente, la convierte en un verdadero infierno.
¿Por qué me dejas solo, Leticia? ¿Por qué abandonas a alguien que te necesita? ¿Se suponía que no debía sentir afecto, gratitud, admiración por ti? Es tantísimo lo que recibí de ti y pese a ello, mi recuperación está muy lejos, tal vez jamás llegue. Tú sabes lo brutal que ha sido mi vida y la violencia en la que he vivido y por una razón que no conozco, muestras una tremenda furia contra mí que me lastima terriblemente. No entiendo por qué, Leticia Martínez Hernández, mujer extraordinaria a quien he llegado a querer tanto.
No puedo describir con palabras la tristeza que siento y solamente quisiera despedirme de ti, deseando que la vida te dé lo que tú mereces, que es mucho. Te pido disculpas por haberte ofendido y quisiera pensar que tú sientes algo por mí que se parezca al afecto y la hostilidad no sea tu único sentimiento.
Adiós, Leticia Martínez Hernández, bellísima mujer; te voy a extrañar.
Padezco un trastorno de personalidad, el límite, también conocido como borderline. Había perdido la voluntad de vivir pero es posible que empiece a recuperarla; ya no soy joven, pero todavía estoy a tiempo.
viernes, 21 de enero de 2011
martes, 16 de noviembre de 2010
Lorena, amiga de mi infancia
Amiga de la infancia, te estoy extrañando y separarme de ti es triste, pero también me siento feliz porque sé con absoluta certeza que me voy a recuperar. Dios no me castigó por no creer en Él. Si su sabiduría es infinita, sabe que el dolor y la tristeza con la que he vivido se han convertido en enojo, en furia, en ira porque para muchos —especialmente para los hombres— la tristeza resulta demasiado dolorosa y entonces preferimos —inconscientemente— enojarnos.
Dejar de creer en Dios fue una manera de reclamarle por la violencia en la que he vivido, porque he pagado lo que otros hicieron, cosas que sucedieron muchos años antes de que yo naciera, cuando mis padres ni siquiera se conocían.
Pero todo este sufrimiento no ha sido del todo destructivo. He aprendido también a ser más humano, más empático, a identificarme con los que sufren y a desarrollar una conciencia sobre la injusticia en la que vivimos y en interesarme en las doctrinas de grandes hombres y grandes mujeres y aprender de ellos.
Ahora aparece en mi vida, un bellísimo ser humano a quien dejé de ver en 1978, hace treinta y dos años, cuando vine con mi familia a vivir a Guadalajara. Esta mujer tan bella, por dentro y por fuera, me ha devuelto el interés en la vida, me ha ayudado a volver a creer en Dios y en el potencial humano.
La admiración que siento por ella radica principalmente en su capacidad de amar; habiendo sido violentada desde una edad muy temprana, tiene un carácter muy bonito, es la persona más generosa que conozco y hay una alegría en ella que no puede extinguirse de ninguna manera.
Ya no tengo que reprimir el afecto contigo, amiga de la infancia, ángel sin alas, alma gemela.
Te quiero mucho.
Dejar de creer en Dios fue una manera de reclamarle por la violencia en la que he vivido, porque he pagado lo que otros hicieron, cosas que sucedieron muchos años antes de que yo naciera, cuando mis padres ni siquiera se conocían.
Pero todo este sufrimiento no ha sido del todo destructivo. He aprendido también a ser más humano, más empático, a identificarme con los que sufren y a desarrollar una conciencia sobre la injusticia en la que vivimos y en interesarme en las doctrinas de grandes hombres y grandes mujeres y aprender de ellos.
Ahora aparece en mi vida, un bellísimo ser humano a quien dejé de ver en 1978, hace treinta y dos años, cuando vine con mi familia a vivir a Guadalajara. Esta mujer tan bella, por dentro y por fuera, me ha devuelto el interés en la vida, me ha ayudado a volver a creer en Dios y en el potencial humano.
La admiración que siento por ella radica principalmente en su capacidad de amar; habiendo sido violentada desde una edad muy temprana, tiene un carácter muy bonito, es la persona más generosa que conozco y hay una alegría en ella que no puede extinguirse de ninguna manera.
Ya no tengo que reprimir el afecto contigo, amiga de la infancia, ángel sin alas, alma gemela.
Te quiero mucho.
martes, 3 de agosto de 2010
Trastorno Límite de la Personalidad, información
Como ejercicio, traduje un capítulo de un libro de psicología anormal. Se puede leer en
http://borderlinealicesiegelesp.blogspot.com/
http://borderlinealicesiegelesp.blogspot.com/
Flavio Miramontes, un caso de mala práctica médica
Me limitaré en esta entrada a mencionar que acabando de conocer a Flavio, le pregunté si era posible que yo presentara TDAH (trastorno de déficit de atención con hiperactividad). Mi sospecha tenía fundamento.
Al comenzar el primer año de primaria, yo estaba muy motivado para aprender a leer. Sabía las vocales y algunas consonantes; en total, sumando vocales y consonantes, no llegaban a diez. El año debió comenzar en septiembre y antes de que terminara octubre, yo ya sabía leer, cuando el resto de mis compañeros no iba ni a la mitad del abecedario. Habría sido razonable esperar un buen aprovechamiento de ahí en adelante; sin embargo, para el año siguiente, en segundo, ya era el peor alumno tanto en aplicación como en conducta.
Parte de esta situación que con el paso de los años daría lugar al desastre en el que vivo, fue provocada por la violencia en la que vivía, cuyo origen era mi padre, un individuo terriblemente destructivo y perverso. Pero casi con toda seguridad, fue provocada también por el TDAH, un problema de aprendizaje que si no se identifica, da lugar al fracaso escolar y con el paso del tiempo, en ocasiones, el trastorno limítrofe, también conocido como borderline.
Cuando le hice la pregunta a Flavio, sobre la posibilidad de que yo tuviera ese trastorno, este médico psiquiatra me respondió que no, categóricamente. Me dijo que los niños que presentan este trastorno, típicamente no terminan si quiera la educación primaria. Este señor parecía ignorar que un cociente intelectual alto enmascara ese trastorno. Además, nuestro pésimo sistema educativo, permite al estudiante ir avanzando en los años de educación básica, media, media superior e incluso en la educación superior, aun cuando aprenda muy poco, o no aprenda prácticamente nada. Me permito citar las palabras de Carlos Monsiváis, un mexicano ejemplar, al definir a la educación en México como “la catástrofe silenciosa.”
Este señor, Flavio Miramontes Montoya, médico psiquiatra, falló al identificar, diagnosticar y dar tratamiento para un muy evidente TDAH y una personalidad borderline. Debido a su incompetencia, he pagado un precio muy alto; pero eso no es lo más grave. A mediados de 2006, once años después de haberme conocido, a dos meses de la trágica muerte de mi hermana menor, Flavio me pegó a traición haciéndole el juego a mi padre y dejándome totalmente a su merced.
Seguramente no es buena idea remover en acontecimientos de este tipo. Pudiera equivaler a hurgar en heridas que no han sanado; pero considero que escribir sobre personas que me han afectado, pudiera ayudarme a comprender mejor la naturaleza humana y a aprender a tener expectativas reales sobre las personas.
Flavio es uno de muchos profesionales de la salud mental que se permiten pegarle a traición a un paciente, a alguien que depositó su confianza en su médico y que necesitaba que le ayudaran, no que le hicieran más daño.
Considero además estos escritos una forma de denuncia; algo que si proliferara entre quienes de alguna manera hemos sido afectados por personas que gozan de impunidad —algo abrumadoramente frecuente en nuestro país— nuestra realidad cambiaría, en cierta medida.
Últimos Acontecimientos
Hace unas seis semanas, leyendo un libro de psicología, me topé con una tabla que clasifica los trastornos de personalidad (personality disorders), por grado de afectación.
Para comprender esto, habría que definir un trastorno de personalidad.
El capítulo 19 del libro “Introduction to Psychology” Exploration and Application, Sexta Edición, de Dennis Coon, se titula “Comportamiento de Mala Adaptación: Desviación y Trastorno.”
En el apartado en el que define los Trastornos de Personalidad, tiene como subtítulo “mapa de una pobre adaptación,” y dice como sigue:
... los trastornos de personalidad son patrones profundamente arraigados de pobre adaptación. Por ejemplo, la personalidad paranoide es excesivamente desconfiada, sospechosa de otros, hipersensible, cauta e incapaz de confiar en la honestidad de otros. Las personalidades narcisistas viven preocupados con su propia importancia: necesitan admiración constante y se dejan absorber por fantasías de poder, riqueza, inteligencia, belleza y amor. La personalidad dependiente se caracteriza por una carencia extrema de auto-confianza; otras personas gobiernan su vida y la persona supedita sus necesidades a las de otras.
La tabla que menciono al principio clasifica los trastornos de personalidad por afectación como moderada, alta y severa.
En la última categoría aparecen el trastorno limítrofe (borderline), el paranoide y el esquizotípico. Esto significa que mi trastorno límite de personalidad es uno de los más graves, y por lo tanto, uno de los más devastadores...
Laura, la psicóloga que fue mi interventora en crisis entre diciembre de 2007 y abril de 2009, me informó que yo padecía de un trastorno de personalidad, mismo que identifiqué en septiembre de 2008 (borderline), viviendo una serie de crisis desencadenadas por profesionales de la salud mental de una institución pública del sector salud. En ese momento, hace casi dos años, percatándome de la gravedad de ese trastorno, no alcancé a comprender la devastación que ha causado en mi vida. Tendrían que presentarse más acontecimientos desafortunados antes de que eso fuera posible y ya en mayo de este 2010, descubrí la gravedad del mismo –que para colmo de males parece estar combinado con el trastorno paranoide- y eso me permitió comprender por qué he vivido así, como un hombre improductivo, incapaz de trabajar y ganarse la vida, sin un patrimonio, aislado, sin un círculo social, la mayor parte del tiempo sin pareja y obviamente soltero y sin haber formado una familia.
La semana que comenzó el lunes 26 de julio, un acontecimiento terminó provocando una serie de crisis entre el jueves y el viernes siguiente. Ese último día –viernes- en atención de emergencia, hablando con la psicóloga Nayeli en Cruz Verde, me pregunté: “¿dónde está mi vida? ¿qué sucedió con mis 46 años de existencia?”
Quisiera aclarar que no soy el tipo de persona que no reconoce su responsabilidad; hay cosas en mi vida de las que no estoy nada orgulloso y no estoy para tirar la primera piedra. Sin embargo, no puedo cerrar los ojos ante la condición en la que vivo como enfermo mental, que confió en médicos especialistas en psiquiatría que no mostraron la competencia que se requería para atenderme y ayudarme con mis problemas de salud emocional y, todavía más grave, fallaron miserablemente, debido a sus carencias como individuos, a su pobreza personal.
Para comprender esto, habría que definir un trastorno de personalidad.
El capítulo 19 del libro “Introduction to Psychology” Exploration and Application, Sexta Edición, de Dennis Coon, se titula “Comportamiento de Mala Adaptación: Desviación y Trastorno.”
En el apartado en el que define los Trastornos de Personalidad, tiene como subtítulo “mapa de una pobre adaptación,” y dice como sigue:
... los trastornos de personalidad son patrones profundamente arraigados de pobre adaptación. Por ejemplo, la personalidad paranoide es excesivamente desconfiada, sospechosa de otros, hipersensible, cauta e incapaz de confiar en la honestidad de otros. Las personalidades narcisistas viven preocupados con su propia importancia: necesitan admiración constante y se dejan absorber por fantasías de poder, riqueza, inteligencia, belleza y amor. La personalidad dependiente se caracteriza por una carencia extrema de auto-confianza; otras personas gobiernan su vida y la persona supedita sus necesidades a las de otras.
La tabla que menciono al principio clasifica los trastornos de personalidad por afectación como moderada, alta y severa.
En la última categoría aparecen el trastorno limítrofe (borderline), el paranoide y el esquizotípico. Esto significa que mi trastorno límite de personalidad es uno de los más graves, y por lo tanto, uno de los más devastadores...
Laura, la psicóloga que fue mi interventora en crisis entre diciembre de 2007 y abril de 2009, me informó que yo padecía de un trastorno de personalidad, mismo que identifiqué en septiembre de 2008 (borderline), viviendo una serie de crisis desencadenadas por profesionales de la salud mental de una institución pública del sector salud. En ese momento, hace casi dos años, percatándome de la gravedad de ese trastorno, no alcancé a comprender la devastación que ha causado en mi vida. Tendrían que presentarse más acontecimientos desafortunados antes de que eso fuera posible y ya en mayo de este 2010, descubrí la gravedad del mismo –que para colmo de males parece estar combinado con el trastorno paranoide- y eso me permitió comprender por qué he vivido así, como un hombre improductivo, incapaz de trabajar y ganarse la vida, sin un patrimonio, aislado, sin un círculo social, la mayor parte del tiempo sin pareja y obviamente soltero y sin haber formado una familia.
La semana que comenzó el lunes 26 de julio, un acontecimiento terminó provocando una serie de crisis entre el jueves y el viernes siguiente. Ese último día –viernes- en atención de emergencia, hablando con la psicóloga Nayeli en Cruz Verde, me pregunté: “¿dónde está mi vida? ¿qué sucedió con mis 46 años de existencia?”
Quisiera aclarar que no soy el tipo de persona que no reconoce su responsabilidad; hay cosas en mi vida de las que no estoy nada orgulloso y no estoy para tirar la primera piedra. Sin embargo, no puedo cerrar los ojos ante la condición en la que vivo como enfermo mental, que confió en médicos especialistas en psiquiatría que no mostraron la competencia que se requería para atenderme y ayudarme con mis problemas de salud emocional y, todavía más grave, fallaron miserablemente, debido a sus carencias como individuos, a su pobreza personal.
martes, 27 de abril de 2010
27 de abril, 46 años
Mi vida comenzó un 27 de abril, como a las 14:00 horas en la lejana y calurosa Cd. Obregón, estado de Sonora.
A mis 46 años me doy cuenta de que ya no soy joven y curiosamente eso no me inquieta. Mi juventud no fue buena y pese a mi incapacidad para salir de mi soledad y llevar una vida productiva, no deja de asombrarme mi capacidad para sobrevivir y seguir por aquí a pesar de todo y aunque mi salud mental no es buena, mi salud física sí lo es.
Ayer por la tarde estuve ejercitándome en la bicicleta y haciendo ejercicios gimnásticos y de musculación y vuelvo a darme cuenta de que no parezco un hombre de 46 años en mi apariencia, ni en mi desempeño. A pesar de no tener atención médica psiquiátrica (aunque sí psicológica), mi salud mental también mejora y ahora dedico más tiempo a la lectura. Pudiera ser indicativo de que comienzo a interesarme otra vez en la vida.
Y en un día especial, gracias a tantas personas (como mi hermana Yola y su esposo y sus niños y mi madre, mi Osito Dormilón, y amigos personales y virtuales como los de mi perfil de Facebook), se me ocurre que podría hacer las paces con algunos de mis enemigos.
No sé qué pensar de mi hermana Mónica. Posiblemente haría las paces con ella, pero con intención de no volver a verla ni de volver a tener comunicación con ella. El objetivo sería nada más liberarme del resentimiento que ella me provoca, pero no volver a iniciar nada con ella porque no creo que tenga la intención (ni posiblemente la menor posibilidad) de cambiar lo que es. Me doy cuenta de que su salud mental tampoco es buena y de que ella está mucho más enferma que yo.
Otra persona con quien quisiera hacer las paces es Marcela, la psicóloga que fue mi interventora en crisis y que se involucró conmigo sentimentalmente y a quien llegué a querer tanto y que a cerca de dos años de haber comenzado la guerra entre nosotros, su recuerdo sigue siendo doloroso.
¿Será posible?
El paso del tiempo lo dirá.
A mis 46 años me doy cuenta de que ya no soy joven y curiosamente eso no me inquieta. Mi juventud no fue buena y pese a mi incapacidad para salir de mi soledad y llevar una vida productiva, no deja de asombrarme mi capacidad para sobrevivir y seguir por aquí a pesar de todo y aunque mi salud mental no es buena, mi salud física sí lo es.
Ayer por la tarde estuve ejercitándome en la bicicleta y haciendo ejercicios gimnásticos y de musculación y vuelvo a darme cuenta de que no parezco un hombre de 46 años en mi apariencia, ni en mi desempeño. A pesar de no tener atención médica psiquiátrica (aunque sí psicológica), mi salud mental también mejora y ahora dedico más tiempo a la lectura. Pudiera ser indicativo de que comienzo a interesarme otra vez en la vida.
Y en un día especial, gracias a tantas personas (como mi hermana Yola y su esposo y sus niños y mi madre, mi Osito Dormilón, y amigos personales y virtuales como los de mi perfil de Facebook), se me ocurre que podría hacer las paces con algunos de mis enemigos.
No sé qué pensar de mi hermana Mónica. Posiblemente haría las paces con ella, pero con intención de no volver a verla ni de volver a tener comunicación con ella. El objetivo sería nada más liberarme del resentimiento que ella me provoca, pero no volver a iniciar nada con ella porque no creo que tenga la intención (ni posiblemente la menor posibilidad) de cambiar lo que es. Me doy cuenta de que su salud mental tampoco es buena y de que ella está mucho más enferma que yo.
Otra persona con quien quisiera hacer las paces es Marcela, la psicóloga que fue mi interventora en crisis y que se involucró conmigo sentimentalmente y a quien llegué a querer tanto y que a cerca de dos años de haber comenzado la guerra entre nosotros, su recuerdo sigue siendo doloroso.
¿Será posible?
El paso del tiempo lo dirá.
martes, 13 de abril de 2010
13 de abril, cumpleaños de Andrew
Hoy martes 13 de abril, Andrew, el hijo menor de mi hermana Mónica cumple cuatro años. Es posible que yo le sugiera a Yola, mi hermana menor, que pase por alto el 27 de este mes (cumpleaños de Mónica y mío) en el caso de nuestra vil y pérfida hermana. Parece que esta vez, mediante unas cuantas entradas en mi blog de "la enfermedad mental, violencia," he logrado asestarle otro golpe terrible a mi débil e inferior hermana gemela. Ojalá estés sufriendo mucho, Mónica M Jung, esposa del intrigante y cobarde Jeff, caballo grande aunque no ande.
Mónica está dolida.. sucia perra orgullosa, cínica, desvergonzada. Tiene tanto en común con Marcela, la psicóloga delincuente... a las dos mujeres inmorales y perversas conseguí lastimarlas con mi prosa, con la palabra escrita.
Mónica está dolida.. sucia perra orgullosa, cínica, desvergonzada. Tiene tanto en común con Marcela, la psicóloga delincuente... a las dos mujeres inmorales y perversas conseguí lastimarlas con mi prosa, con la palabra escrita.
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