lunes, 7 de septiembre de 2015

No todo es pobreza

Mi aislamiento no ha sido total ni mucho menos. Parte de mi experiencia ha sido indirecta, así denomino a lo que una persona asimila mediante la lectura o mediante cualquier mecanismo que le permita echar un vistazo al mundo exterior.

Cuando me practicaron un examen médico para ingresar a la empresa en la que trabajo, mi peso corporal en relación con mi estatura resultó óptimo. Lo mismo sucedió con el estado de mis pulmones y mi corazón, mi presión sanguínea, etc.

Pese a que mi trastorno límite de la personalidad (TLP) hace a quien lo padece muy proclive al abuso de sustancias, yo me he mantenido lejos de las drogas y las adicciones, no tengo sobrepeso y en cambio soy un deportista serio, y pese a no haber concluido una licenciatura (en ingeniería), tengo una formación académica muy sólida y mi nivel cultural es aceptable, de hecho muy por arriba del promedio.

Y sin embargo, estoy solo. No le soy muy atractivo al género femenino, aunque debo confesar que convivo poco con otras personas que no sean compañeros de trabajo. Mi interacción con otras personas es mayoritariamente virtual, por medio de redes sociales, sobre todo twitter.

Estoy en un capullo en el que mi existencia no es del todo satisfactoria, pero que parece un lugar acogedor para continuar indefinidamente. Subyace el temor a que el capullo se rompa, a caer al vacío, a regresar a la pesadilla de una vida de incertidumbre que con mucha frecuencia se convierte en un infierno.

Te amo, K.

Mi interacción con el mundo, el día de hoy

No sé si mi trastorno límite de personalidad (TLP) pueda explicar el aislamiento en el que he vivido, o la posibilidad de padecer una forma benigna de autismo, el Asperger, ayude a ello. Lo que sí sé, es que ahora tengo más contacto  con otras personas que en épocas pasadas. Mi vida ha parecido normal porque cuando fui niño, adolescente y joven, acudí a instituciones educativas cinco días por semana, igual que el resto del mundo. Tuve compañeros y maestros y vecinos y familiares, además de mi familia nuclear. Sin embargo, cuando llegué a la edad adulta, me encerré en mi habitación, en mi dormitorio para estudiar y aprender lo que no había aprendido en muchos años desde que pisé por primera vez una escuela. Evité trabajar porque pensé que si lo hacía, no me quedaría tiempo ni energía para estudiar. Estudié y aprendí, pero mi aislamiento del mundo me provocó un sufrimiento muy intenso porque me sentía solo, vivía sin recursos económicos y en medio de una familia disfuncional en un infierno de violencia.

Me convertí en un adulto, fisiológicamente, pero seguí viviendo como un menor de edad, dependiendo económicamente de otras personas, incapaz incluso de ganar lo mínimo para mis necesidades más básicas. A los 33 años tuve una oportunidad (fue más bien un espejismo) y cuando esta se esfumó, caí en un infierno de enfermedad, pobreza, aislamiento y pobreza. No hace mucho, mi bío en twitter decía: he llegado al medio siglo de vida y me dedico a leer, a traducir, a andar en bicicleta, y a esperar que se acabe mi existencia. Recuerdo que hace cuatro años, cuando comenzó a atenderme la psiquiatra Fabiola, me preguntó qué esperaba de la vida, a lo que yo respondí: nada. Le dije entonces que había vivido tantos años en la desesperación que mi voluntad de vivir estaba completamente quebrantada: quisiera haber muerto hace años, no quisiera estar vivo.

Los años que siguieron fueron una vez más de improductividad, desempleo con su consecuente pobreza, soledad, abatimiento y una falta de interés en todo. La soledad era permanente. Recuerdo que una vez le dije a una psicóloga en atención telefónica que en 24 horas solamente había cruzado palabra con otro ser humano al efectuar un pago en una farmacia, y sin embargo, el dolor ahora era mínimo. Anedonia.

Y así, conozco muy poco del mundo real, a pesar de que nunca he estado privado de mi libertad, ni en coma ni nada parecido. He vivido en una prisión, una en la que los barrotes son invisibles, pero tan fuertes como el titanio.

Una hermosa mujer en mi vida, llamémosle K

Ha pasado una semana durante la cual he tenido mucha comunicación con K, bella dama a la que conocí en una red social y que sucede que es psicóloga.

Necesito querer y que me quieran y así se lo he expresado a K. Le dije en una conversación telefónica


que quisiera poder tenderme con ella en el sofá de la sala de mi casa o en mi cama y abrazarla y platicar así muchas horas y dormir, e hice mucho énfasis en esta palabra, dormir. Ella me expresó con bastante sentido del humor que eso no sería satisfactorio y entonces pude preguntarle si haría el amor conmigo aclarándole que yo no le había expresado ese deseo porque no quería que pensara que eso era todo lo que yo buscaba en ella. El ejercicio de nuestra sexualidad sería parte de un todo. Me maravilló entonces la mentalidad de esta mujer tan hermosa y tuvimos sexo a distancia, expresando con toda claridad y de forma 100 por ciento explícita lo que quisiéramos hacer y sentir.
Estoy enamorado de K, en este momento es la mujer más hermosa del mundo.

Esto es un bello sentimiento que me inspira y me saca de mi soledad en buena medida, pero no pierdo de vista que mi realidad dificulta mucho que mi sueño de tener alguien a quien amar, se haga realidad. Estoy en una buena situación porque desde hace cuatro meses tengo empleo, pero no he planeado qué es lo que voy a hacer con mi vida y aparte de trabajar (quiero comentar que he tenido buen desempeño), no he hecho nada que no sea llenar las horas durante las que no duermo, de actividad improductiva para pasar el tiempo y matar el aburrimiento. Mi situación es buena, pero sigo aplazando mi responsabilidad mayor: trazar una trayectoria, plantearme un objetivo y perseguirlo.

Te amo, K.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Personas con rasgos Asperger, ¿es mi caso?

En el artículo que me envió mi querida K, se mencionan características y todo aquello que tiene que ver con pacientes con rasgos asperger. Es mi intención comentar sobre algunas de ellas.

Las personas con “rasgos asperger”, con frecuencia han crecido en hogares con poca empatía parental.

Mi papá murió hace siete años y ocho meses, y fue el padre más violento, embrutecido y pendejo que me pudo tocar. Ha sido difícil perdonarlo, en parte porque no he hecho el intento simple y sencillamente porque no puedo. Creo que perdonar no está en mí. He pensado que si llego a superar mis problemas y a recuperar por lo menos parte de lo que perdí, es decir, si mejora mi calidad de vida, dejaré de odiarlo. En este momento estoy mejor que nunca y me siento bien, pero llevo encima la pesada carga del resentimiento y estar consciente de ello, de que el resentimiento pesa mucho, es sólo el primer paso para dejar de odiar y no sé si quiero dar el paso siguiente.

Estas personas presentan una manera peculiar de pensar y actuar, su lenguaje es poco usual, tienen unas preocupaciones personales muy particulares, una conducta perseverante casi obsesiva, algunos pueden presentar movimientos descoordinados o torpes, y muchos sobresalen por sus capacidades intelectuales aunque presentan dificultades de aprendizaje, atención y organización que son más frecuentes en las áreas que requieren una comprensión simbólica.

Honestamente no sé si mi manera de pensar y actuar sea peculiar, muy probablemente sí. Si bien detesto a las personas que se sienten dueñas de la verdad, escuchar ideas de gente cuyos pensamientos son muy diferentes a los míos me llena de enojo, que expreso con argumentos claros y correctos, pero frecuentemente con palabras muy ofensivas.

A este respecto, hay algo que considero especialmente importante: doy una enorme importancia a la apariencia física de las personas. Consecuentemente, le doy una tremenda importancia a la mía. Le doy más importancia a la apariencia de los hombres, no porque me sienta atraído por ellos (estoy bien seguro de mi heterosexualidad), sino porque por alguna razón, me revuelve el estómago ver un individuo con sobrepeso, con poca masa muscular, desprovisto de características masculinas tales como una espalda ancha, una cintura pequeña, y piernas macizas sin tejido adiposo ni demasiado delgadas.

La explicación para esto podría hallarse en mi llegada a la pubertad, al inicio de mi desarrollo, al inicio de la transición que lleva a un niño a la edad adulta. Era yo excesivamente delgado y debilucho, con un buen cociente intelectual pero con un desempeño académico muy pobre y que participaba poco en juegos con mis compañeros; mi desempeño físico era tan pobre, que rara vez hacía algo que implicara algún tipo de competencia. Sin embargo, siempre había sido muy activo aunque cuando practicaba algún deporte, tendía a hacerlo en solitario. Llegando a la adolescencia, comencé a saltar la cuerda y unos años más tarde, a correr en la calle. Estas actividades me ayudaron a superar mis problemas de coordinación y ayudaron en mi desarrollo, aunque seguía siendo un muchacho muy delgado y poco potente, era medianamente competitivo en los deportes, en los que empezaba a participar; pero volviendo al asunto de la apariencia física, pensé que había hecho un enorme esfuerzo, digno de reconocimiento, para superar una deficiencia importante (todavía lo creo) y ver hombres con un aspecto físico deplorable comenzó a despertar en mí un intenso desprecio.

En la actualidad, a mis 51 años, mido 1.80 m (con zapatos) y peso alrededor de 75 kg. Si bien no poseo el atractivo de un deportista profesional o de alto rendimiento, mi anatomía parece mejor que la de un gran número de hombres de mi edad, podría decir que la mayoría. Para lograr esto, he invertido una gran cantidad de tiempo y energía, pues ha habido periodos en mi vida en los que he ganado peso, como cuando comencé con el tratamiento con valproato de magnesio, un antidepresivo y risperidona, en el que gané unos 6 kg. Durante un tiempo prolongado, me fue imposible perder talla y peso, pero una vez que me apliqué a entrenar en mi bicicleta de carreras, cuando pude llegar a 10 horas de práctica por semana, perdí peso y recuperé mi aspecto físico, que es el único que puedo aceptar.

Creo que los párrafos anteriores hablan sobre preocupaciones personales muy particulares y una conducta perseverante casi obsesiva. Ahora me referiré a mis capacidades intelectuales (que no son excepcionales, pero sí parecen estar arriba del promedio).

Continúo en la siguiente entrada.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Síndrome de Asperger, segunda parte

El artículo menciona comportamientos, intereses y actividades de personas con síndrome de Asperger restringidas y repetitivas y algunas veces tienen una intensidad o un enfoque anormal.

Menciona también áreas de interés específicas y muy reducidas, tales como coleccionar volúmenes de información detallada sobre un tópico relativamente reducido tal como datos del clima o nombres de las estrellas, sin tener necesariamente una comprensión genuina del tópico de forma más amplia. Pone como ejemplo a un niño que memoriza los números de modelo de cámaras fotográficas, sin tener un interés en la fotografía.

También habla de comportamientos motores estereotipados o repetitivos como el núcleo del diagnóstico de AS. Incluye movimientos con las manos tales como aplaudir, y movimientos complejos que se hacen con todo el cuerpo. Estos son repetidos típicamente en manifestaciones más prolongadas y se ven más voluntarias o ritualistas que los tics, que generalmente son más rápidos, menos rítmicos y frecuentemente menos simétricos.

De acuerdo con la prueba de diagnóstico para la evaluación de Asperger en adultos, es común una falta de interés en la ficción y una preferencia definitiva por la no-ficción, en adultos que padecen AS.

Hablando de mí, me resulta difícil recordar ciertos aspectos de mi infancia. No recuerdo haber presentado ese tipo de comportamientos, como memorizar números, pero sí recuerdo que el piso del baño, por ejemplo, estaba cubierto con pequeños azulejos de forma pentagonal o hexagonal, y agrupados en número de siete, semejaban el rostro de un caballero medieval, que usa barba y bigote y lleva puesto su yelmo. Por otra parte, cuando viajábamos por carretera (cosa bastante frecuente) sobre todo durante la noche, yo observaba esos pequeños postes que no miden más de 50 cm en la orilla de la carretera, sobre todo en las curvas, e imaginaba que era un piloto aviador en un avión de combate, que rafagueaba con mis ametralladoras a cada uno de esos postes, que en mi mente era un avión de combate de la potencia enemiga. Así, en unas horas, derribaba más cazas que todo un escuadrón en la Segunda Guerra Mundial.

Al llegar a la pubertad, me interesé en la actividad física. No sé de dónde me nació la idea y el deseo de ponerme en forma (algo bastante afortunado) y la primera manifestación fue hacerme de un tramo de cuerda, como la que se usa en los cortineros, y dedicar largas sesiones encerrado en mi recámara, a saltar la cuerda. Años más tarde, vendría la carrera a pie, que por supuesto, tenía que hacer en exteriores, al aire libre, pero que hice todo el tiempo en solitario. Con el paso del tiempo, ya en la temprana edad adulta, cambié  al ciclismo de ruta, que a mis 51 años sigo practicando. Quisiera mencionar aquí algo que considero importante. Mucho del entrenamiento que hago lo hago en rodillos (rollers) sinónimo de ciclismo estacionario. Esta actividad es repetitiva, evito la monotonía variando mucho la intensidad y escuchando música, pero tiene como característica que la hago en solitario e indudablemente constituye un ritual. Lo he hecho desde hace 23 años (con algunas discontinuidades) y así he recorrido miles de kilómetros, posiblemente decenas de miles de kilómetros. Por supuesto que también hago recorridos en el exterior, que son más placenteros porque en ellos la monotonía está ausente.

Tengo aversión a ciertos números. Por ejemplo, en este momento, la lectura del odómetro anda arriba de los 8000 km y en otras épocas, esto me causaba una profunda inquietud y preocupación, sintiendo que iba a pasarme algo desafortunado. Ahora he superado esto, pero evito escribir en un cuaderno la fecha y el kilometraje del odómetro por temor a que ello me traiga mala suerte, sabiendo muy bien que esto es irreal y absurdo.

Desde que aprendí a leer, he mostrado un gusto por la lectura (de hecho fue mediante la lectura que aprendí un idioma extranjero, el inglés) y procuro leer. En mi caso, yo no muestro una preferencia por la no- ficción. En este momento estoy leyendo dos libros (en inglés) que ya había leído en años anteriores: To kill a mockingbird, de Harper Lee, e Ivanhoe, de Walter Scott. Me gusta leer no ficción, pero la literatura, la novela es una de mis grandes pasiones.

Síndrome de Asperger, primera parte

No deseo hablar sobre el aspecto de la interacción social en el SA (síndrome de Asperger) porque no parezco encajar en sus características. Solamente quisiera mencionar que hay algo de mi infancia que recuerdo con mucha claridad. Cuando era un niño y hasta la pubertad, cuando me presentaban a una persona adulta en presencia de mi padre, yo bajaba la voz, desviaba la mirada y murmuraba palabras ininteligibles. Mi padre, ese mal individuo, me llamaba la atención y estaba siempre muy al pendiente de que yo no siguiera repitiendo esa conducta, que él consideraba extraña, inapropiada e inexplicable.

Durante muchos años pensé que se debía a que había padecido un tremendo maltrato desde mi muy temprana infancia  y eso había impedido que desarrollara la mínima autoestima y por tanto, que me avergonzara de mí mismo. Hasta este momento, no sé si estaba en lo correcto o si esta incapacidad de comportarme como se esperaba de mí en situaciones sociales, pudiera tener algo que ver con esta forma benigna de autismo, con el síndrome de Asperger.
 

Aparece K en mi vida, una dama muy bella


En una red social me encontré con una dama joven, en sus treintas, que en su avatar muestra un rostro bello, de rasgos finos, piel de una tonalidad muy bonita, ojos oscuros y pelo negro y sedoso. Tuve comunicación ocasional que paulatinamente fue haciéndose más frecuente y en un momento dado pudimos comunicarnos haciendo uso de las modernas tecnologías: Smartphone y whats’up.

Nunca me imaginé que K fuera psicóloga. Le llamé y en nuestra segunda conversación ella me lo dijo. K me inspiró confianza y le confesé que soy paciente psiquiátrico y que tomo medicamentos todos los días, dos veces, cada doce horas. Mi tratamiento consiste en un estabilizador del estado de ánimo, un antidepresivo y un antipsicótico; mi diagnóstico: TLP.

Seguimos hablando sobre nosotros y en algún momento invité a esta dama a leer mi blog, ya me había impresionado favorablemente su nivel intelectual y su preparación. Yo tenía modestos conocimientos de psicología por lo que he leído y porque he hecho trabajo de traducción de esa rama del conocimiento.

K leyó la última entrada de mi blog, que aparece al principio (los últimos serán los primeros) y me comentó que parecía síndrome de Asperger. Yo había escuchado el término, pero no tenía ni la más remota idea de lo que era  eso. También había oído hablar de autismo, pero nunca me interesó, porque parecía no tener nada que ver conmigo.

Ahora que he leído un poco sobre Asperger, me doy cuenta de que existe una cierta probabilidad de que sea un componente de mi comorbilidad, si bien algunas características definitivamente no encajan en mí, o yo no encajo en ellas.

Bueno, para terminar esta entrada, quisiera mencionar algo que K sabe: que me siento muy atraído por ella, que me ha impresionado mucho y que siento afecto por su persona; en otras palabras, que la quiero.

Ojalá quiera permanecer en mi vida.