sábado, 19 de agosto de 2017

The Handmaid's Tale


The Handmaid’sTale es una distopía de la escritora canadiense Margaret Atwood. Ambientada en un futuro cercano en Nueva Inglaterra, en una teonomía cristiana totalitaria que ha derrocado al gobierno de los Estados Unidos, la novela explora temas de mujeres siendo subyugadas y las varias maneras como ellas ganan individualismo e independencia.

The Handmaid’s tale está estructurada en dos partes, la noche y otros eventos. Esta novela puede ser interpretada como una doble narrativa, la historia de Offred, y las historias de las Handmaids (criadas). Las secciones de la noche son exclusivamente sobre Offred, y las otras secciones (hacer la compra, salas de espera, hogar, etc.) son las historias que describen las posibles vidas de cada criada (Handmaid).

The Handmaid’s Tale se desarrolla en la República de Gilead, una dictadura militar teonómica formada dentro de las fronteras de lo que anteriormente fue los Estados Unidos de América.

Comenzando con un ataque que mata al Presidente y a la mayor parte del Congreso, un movimiento fundamentalista Reconstruccionista Cristiano que se llama a sí mismo “Hijos de Jacobo” lanza una revolución y suspende la Constitución de los Estados Unidos bajo pretexto de restaurar el orden. Rápidamente le arrebatan a las mujeres sus derechos, una atribución lograda en gran parte a que los registros financieros son almacenados electrónicamente y etiquetados por género. El nuevo régimen, la República de Gilead, cambia rápidamente para consolidar su poder y reorganizar la sociedad junto con nuevo modelo militarizado jerárquico de fanatismo religioso y social inspirado en el Viejo Testamento entre sus recién creadas clases sociales. En esta sociedad, los derechos humanos son severamente limitados y los derechos humanos son aún más restringidos; por ejemplo, las mujeres tienen prohibido leer.

La historia es contada en primera persona por una mujer llamada Offred. Ella tiene este extraño nombre, lo que es explicado conforme el libro avanza. El personaje pertenece a una clase de mujeres mantenidas para propósitos reproductivos y conocidas como “handmaids” (criadas) por la clase gobernante en una era en la que disminuye el número de nacimientos debido a esterilidad por contaminación y enfermedades de transmisión sexual. Offred describe su vida durante su tercera asignación como criada, en este caso a Fred (a quien se le refiere como “El Comandante”). Intercalado con flashbacks hay porciones de la vida de ella antes y durante el inicio de la revolución, cuando ella encuentra que ha perdido toda autonomìa ante su esposo, ante su intento fallido por escapar con él y su hija a Canadá, hasta su adoctrinamiento a una vida como criada. Offred describe la estructura de la sociedad de Gilead, incluyendo las diferentes clases de mujeres y sus vidas circunscritas a la nueva teonomía.

El Comandante es un oficial de alto rango en Gilead. Aunque se supone que él tiene contacto con Offred sólo durante “la ceremonia”, un ritual de relaciones sexuales con intención de dar como resultado la concepción y en el que su esposa está presente, él comienza una relación ilegal y ambiciosa con ella. Él le ofrece productos ocultos o de contrabando, tales como viejas revistas de moda de la década de 1970, cosméticos y ropa, la lleva a un prostíbulo secreto administrado por el gobierno, y se reúne con ella furtivamente en su estudio, donde le permite leer, una actividad prohibida a las mujeres. La esposa del Comandante, Serena Joy, también tiene interacciones secretas con Offred, arreglando que esta tenga sexo en secreto con Nick, el chofer del Comandante, en un esfuerzo por hacer que Offred se embarace. A cambio de la cooperación de Offred, Serena Joy le da noticias de su hija, a quien Offred no ha visto desde que ella y su familia fueron capturados tratando de escapar de Gilead.

Después del encuentro inicial de Offred con Nick, comienzan a reunirse con mayor frecuencia. Offred descubre que disfruta tener sexo con Nick, a pesar del adoctrinamiento y que recuerda a su esposo. Ella comparte información potencialmente peligrosa sobre su pasado con él. Por medio de otra criada, Ofglen, Offred se entera de la resistencia Mayday, una red subterránea que trabaja para derrocar a Gilead. Poco después de la desaparición de Ofglen (más tarde se revela que fue un suicidio), la esposa del Comandante encuentra evidencia de la relación entre Offred y el Comandante. Offred contempla quitarse la vida. Al concluir la novela, Offred es arrestada por la policía secreta, los Ojos de Dios, conocida informalmente como “los Ojos”, por órdenes de Nick. Antes de ser puesta en una van grande de color negro, Nick le dice que esos hombres son parte de la resistencia Mayday y que Offred debe confiar en ellos. Offred no sabe si Nick es un miembro de la resistencia Mayday o un agente de gobierno haciéndose pasar por uno de ellos, y por lo tanto no sabe si ir con los hombres resultará en su escape o en su captura. Entra en la van con su futuro incierto.

La novela concluye con un epílogo metaficticio que explica que los eventos de la ocurrieron poco después de lo que al principio se llamó el “Periodo Gilead”. El epílogo es una transcripción parcial de los procesos del Decimosegundo Simposium sobre Estudios Gileadeanos” escritos en 2195. De acuerdo con el “orador principal” del simposium Profesor Pieixoto, él y su colega Profesor Knotly Wade descubrieron la historia de Offred grabada en cintas de cassette. Ellos transcribieron los cassettes, llamándolos colectivamente “the handmaid’s tale”. Por medio del tono y las acciones de los profesionales en esta sección final del libro, el mundo académico es resaltado y criticado y Pieixoto analiza la búsqueda de su equipo de los personajes citados en la historia, y la imposibilidad de probar la autenticidad de las cintas. Como quiera que sea, el epílogo implica que, después del colapso de la teonómica República de Gilead, una sociedad más igualitaria ––si bien no los Estados Unidos que previamente existieron – reemergió con una restauración de todos los derechos de las mujeres y libertad religiosa.

Adquirido en amazon.com hoy sábado 19 de agosto de 2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Taking a beating, after a bad crash


I fall from a horse.

No. I didn’t fall from a horse. I crashed in my bicycle. I was badly injured. I was bleeding and half conscious.

Did he stop to help me? I thought so. Then what happened? He came and hit me with fists and feet. He punched me and kicked me violently. Viciously.

I couldn’t defend myself because I was in pain and unable to move. I was in shock. I couldn’t understand what was happening. When you have had an accident you are expected to be helped, not to be viciously attacked.

Why this?

Why did he do that?

That wasn’t all. There were people around who witnessed the event and not only didn’t do anything to stop the attacker, but joined him.

All this happened long ago, but the injuries are still there along with the pain.

The individual who hit me cowardly is Jeffery Jung, my sister Monica’s husband. He is the kind of person who hits a fallen man.

The people who joined him in the attack were his wife Mónica, my sister along with Yolanda, my other sister and her husband Enrique.

I had been fallen for five years. In fact I had been fallen all my life.

Cadena de destructividad


El resentimiento viene de muy atrás en el tiempo, de quién sabe cuántas generaciones en nuestros antepasados, en ambas familias.

Mi padre decidió hacerme responsable de todo lo que estaba mal en su vida, al principio. Con el paso de los años, cuando dejé de ser un niño y me convertí en un adolescente y más tarde en un adulto joven, decidió hacerme responsable de todo lo que estaba mal en el mundo.

Su padre fue un mal individuo, un hombre cruel y sádico que se deleitaba haciendo sufrir a sus hijos y a su esposa. Mi abuela paterna fue una mujer sometida y cruel a su vez, que no defendió a sus hijos y en cambio los violentó también.

Del lado de mi familia materna tenemos a mi abuelo Enrique, un individuo débil, tonto, ignorante, inculto, con poquísima escolaridad y con un narcisismo gigantesco que se casó con una mujer con características muy parecidas a las suyas para tener muchos hijos y darles mucha pobreza, mucha desigualdad, mucho sufrimiento. La característica de esa pareja, de mi abuelo Enrique y mi abuela Bertila es que a unos hijos los trataron como basura mientras a otros les dieron trato de semidioses.

Mi madre creció con enormes carencias afectivas, ignorada por su madre, que jamás mostró ningún afecto ni amor por ella y su padre no tuvo la inteligencia para darse cuenta y hacer algo al respecto. Ser ignorado por un padre produce un sufrimiento más intenso que el maltrato mismo.

Otros hijos padecieron la injusticia, sobre todo los mayores como Enrique, María Elena y Bertila pues no tuvieron la oportunidad de educarse y en cambio los hijos menores tuvieron privilegios y se les trató con más atención, afecto y todo tipo de ventajas, muchas veces de lo más injustas.

Mi madre, Yolanda, salió de su casa siendo una adolescente, rompiendo con su familia para trabajar y ser independiente, enamorándose de un mal individuo.

Al cabo de un tiempo se casó con él y un día, no mucho tiempo después, regresó a casa de sus padres a hacer las paces con ellos, un error gigantesco.

Pasaron los años y los hijos de Yolanda y Rafael (mis padres) tuvimos que convivir con los padres y hermanos de nuestros padres, algo que en definitivamente resultaría muy destructivo.

Al principio no era tan mala la situación, pero en 1973, cuando Mónica y yo, que éramos los hijos mayores, contábamos con nueve años de edad, cambiamos de residencia a Toluca, a una hora de la Cd. de México, donde vivían tanto la familia de mi madre como la de mi padre, y durante los siguientes cinco años, tuvimos mucha convivencia con estas malas personas.

A lo que quiero llegar es que mis padres jamás vislumbraron que sus vidas habían sido difíciles e injustas por lo que les hicieron sus familias de origen, y el sufrimiento que engendraron todas esas vivencias, se convirtió en furia, que canalizaron contra sus hijos, algo injusto y destructivo.

De los cuatro hijos de mi familia nuclear, Mónica, Oscar (yo), Yolanda y Verónica, los más perjudicados fuimos la última (Vero, que murió prematuramente, a los 33 años) y yo. Fuimos nosotros quienes recibimos la furia reconcentrada por la violencia que padecieron nuestros padres por la destructividad que recibieron de los suyos.

Para mi hermana Verónica, la pesadilla terminó con su vida; para mí la violencia continúa.

Y cabe la pregunta, ¿por qué seguir con esto?

No es solamente porque sigo siendo el blanco de los ataques de mis hermanas y las personas que las rodean, como sus cónyuges. Mis pérdidas son gigantescas y no creo que pueda recuperarme. Me duele terriblemente que cualquier persona pueda atacarme pensando que puede hacerlo porque no tiene nada que temer de mí. Así ha sido con el esposo mantenido y vividor de mi hermana Yolanda y con el cónyuge gringo de mi hermana Mónica. El par de hijos de puta afirman que yo he sido un problema toda mi vida y que no me he esforzado y que mi situación es merecida, y todo eso es absolutamente falso y terriblemente injusto.

Pero esas personas ignoran algo.

Al atacarme están destruyendo a su descendencia. Eso es lo que sucede cuando alguien opta por cometer una injusticia, la cadena de destructividad se perpetúa y no hay forma de detener la devastación.

Si por el contrario, en un acto de honestidad se hace un alto y se reconoce que se hizo algo malo y se le hizo daño a alguien que no lo merecía, que ese alguien había sido designado el causante oficial de todos los problemas y se le lastimó y se le ocasionó un sufrimiento muy intenso e inmerecido y se hace un firme compromiso por cambiar ese patrón de comportamiento y resarcir el daño, puede romperse la cadena de destructividad que pasa de padres a hijos y sigue indefinidamente.

Mis hermanas Mónica y Yolanda tienen hijos, a los que han involucrado en la violencia que con sus cónyuges han ejercido contra mí.

Esos hijos pagarán esas malas acciones, y a su vez repetirán el patrón.

Algo trágico.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Mi realidad amarga y difícil, dentro y fuera de mi trabajo


¿Existe la justicia?

Ocasionalmente aparece.

Mi hermana Mónica me traicionó una vez más, esto en junio de 2003, hace ya 14 años y eso sigue lastimándome y no puedo perdonarla y la odio y le deseo que le suceda algo terrible y que su vida se convierta en un infierno.

¿Sucederá?

A mi madre le reclamo que en 1998 haya acabado de arruinar mi vida junto con mi padre, creo que no es necesario explicar los pormenores.

Mi hermana Yolanda se casó hace 24 años con un padrote que como era de esperar le ha fallado miserablemente. Mi hermana me culpa por ello, y vive diciéndole al mundo que su vida es una calamidad porque yo sigo arruinándosela, como he hecho desde la infancia, como arruiné a nuestro padre mártir, que en realidad era un monstruo incestuoso enamorado de su difunta madre que incluso trató de violar una vez a su hija menor.

¿Qué va a suceder con ese matrimonio Yolanda – Padrote? ¿Seguirá indefinidamente, o provocará agotamiento y desgaste y se romperá por fatiga como hasta el metal se fractura?

En abril de 2016 llegó al departamento al que pertenezco una joven de la edad de mi sobrino Marlon (1991). Ella es ingeniero químico del iteso, mi alma máter. Eso suena muy impresionante. Entró en el mismo puesto que yo ocupo, químico traductor. Imaginé que era muy inteligente y estaba muy bien preparada, pero nunca vi muestras de lo que hacía.

El día de ayer tuve la oportunidad de ver algunos archivos hechos por ella en noviembre del año pasado, y con gran sorpresa me di cuenta de que no domina el idioma inglés, que parece no pasar del nivel intermedio, lo que en ocasiones provocó que hiciera un trabajo muy deficiente, o dicho con palabras más claras, auténticas cochinadas.

Peor aún, cometió errores de una tontería inconcebible como traducir domicilios y nombres de las empresas (de los proveedores).

Hace algún tiempo dejó de hacer trabajo de traducción para realizar otras labores, y el día de ayer, hace menos de 24 horas, perdió todo mi respeto, que tampoco era tanto.

Algo que me hace sentir mal es que en el departamento le hayan dado a traducir artículos (investigaciones médicas, por ejemplo) en lugar de dármelos a mí, que entré un año antes que ella y ya había demostrado ser competente. Si no era capaz de traducir correctamente archivos maestros de fármaco (DMFs), ¿qué habrá hecho con artículos médicos? Aberración y media, parece una suposición razonable.

Hace dos meses, llegó una mujer mayor (como he mencionado en entradas anteriores) a ese mismo puesto, químico traductor. La vieja es muy estúpida e incompetente y además chismosa, intrigosa y mal intencionada.

Suena mal que yo lo diga, pero soy el mejor traductor que ha pasado por este departamento en mucho tiempo, lo que no me confiere ninguna ventaja. La verdad es que si uno hace muy bien su trabajo, o hace puras cochinadas, a fin de cuentas no hay diferencia.

La realidad muchas veces es amarga y difícil.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Ante el enojo de un(a) superior(a) en el trabajo


Finalmente tuve la ocasión de entablar un breve diálogo con la directora de mi departamento, lo que me confirmó la impresión de que está muy enojada conmigo. Lo que no sé es por qué.

El lunes pasado, al llegar, le dije en su oficina, con la puerta cerrada que se ha dado una situación con una empleada nueva (se encuentra en periodo de prueba), que ocupa el mismo puesto que yo y de alguna manera esto le molestó de sobremanera.

¿Qué se supone que debo de hacer, preocuparme? No veo por qué habría de hacerlo. Yo no he hecho nada malo. No es mi responsabilidad el comportamiento incorrecto de esa empleada, ni su falta de inteligencia, ni su incapacidad para razonar, ni su mala voluntad al hablar mal de mí a mis espaldas o su estupidez que se manifiesta incluso en su lenguaje corporal.

¿Qué hacer de aquí en adelante? Aprender, me imagino. Desde que conocí a esa persona, a la directora de mi departamento, hace dos años y tres meses, he tenido una muy buena opinión de ella y quisiera pensar que eso no va a cambiar, pero si sucediera, tengo que aprender a desenvolverme sin preocuparme por lo que otras personas piensen de mí, se trate de quien se trate. Yo ocupo un lugar en esta empresa y mi trabajo resulta necesario, incuestionablemente. Cuando me accidenté, en mayo pasado, no había otra persona haciendo este trabajo de traducción y por mi incapacidad tuvieron que recurrir a un traductor externo. El resultado fue costoso e insatisfactorio, por lo que a pesar de la urgencia, decidieron no volverlo a hacer.

Cuando regresé, a mediados de junio, acababa de llegar la señora esta, tonta, chismosa y mal intencionada (sobra decir que su trabajo es muy deficiente) y el papel que yo desempeño, si bien modesto, se ve resaltado por el incremento de la carga de trabajo y la velocidad a la que lo realizo y los resultados que obtengo.

¿Qué es lo que tanto le molesta a la señora directora?

No sé, y deberá preocuparme un rábano.

viernes, 4 de agosto de 2017

Un poco de historia, y otro aniversario de bodas de mi hermana Yolanda


Hace alrededor de 40 años, cuando yo era un púber, visité una vez a César en su casa en San Buenaventura, en la capital del Estado de México. César es hijo de Jorge, hermano de mi padre. En ese entonces vivía con ellos nuestro abuelo, de nombre Rafael. Mi primo me mostró una revista de nota roja que exhibía fotografías de gente asesinada con arma blanca u objetos contundentes como tubos o martillos. Mostraba rostros destrozados, desfigurados, obviamente cubiertos de sangre. Esa porquería se llamaba ‘Alarma’ y pertenecía a mi abuelo.

Yo la había visto antes, en unas canchas de squash en el club deportivo al que pertenecíamos (deben de haber pertenecido a algún empleado) y en la propiedad de mi padre en Nayarit, donde las compraba el administrador, a quien llamábamos ‘don Román’.

En esa época, mi abuelo Rafael tenía setenta y tantos años, pues había nacido en 1901. ¿Cuál era su intelecto, para comprar y consumir semejante basura?

A mi abuela paterna no la conocí, pues murió muchos años antes de que yo naciera y sin embargo, llegué a detestarla, pues mi padre hablaba de ella hasta el hartazgo, manifestando su complejo de Edipo. La vieja no solamente permitió que su esposo maltratara brutalmente —y como un verdadero sádico— a sus seis hijos (todos varones), sino además se sumó a la violencia e incluso a sus dos hijos menores (Renato y Jorge) los peinó en su temprana infancia como si fueran niñas, haciéndoles caireles y trenzas. Debió estar loca la tipa.

¿Qué clase de persona sería para haberse casado con un hombre con un intelecto tan pobre como para interesarse en ver ilustraciones de gente destrozada, y procrear seis hijos con él? Y respecto a mi padre, ¿su complejo de Edipo incluía un deseo sexual por su madre? ¿Hubiera querido tener relaciones sexuales con ella?

En diez días mi hermana Yolanda cumplirá 24 años de casada y esto viene al caso porque ese día, 14 de agosto se cumplirán 80 años de que Edipo vino al mundo, solo que murió hace nueve años y ocho meses. De los cuatro hijos, Yolanda fue la que más cerca estuvo de nuestro padre, la que más abusos cometió cobijada por él y su complejo de Edipo (que lo hacía ver en ella a su difunta madre) y la única que estuvo con él cuando murió.

Y volviendo al asunto de su matrimonio, 24 años son muchos, casi un cuarto de siglo.

En lo que tiene que ver conmigo, abordo el tema porque ella y su cónyuge viven atacándome, haciendo lo que mi maldito padre ya no puede hacer: vomitar veneno sobre mí a mis espaldas y hacerme responsable de todo lo que está mal en su vida.

¿Qué ganó mi padre haciendo eso? Su salud se deterioró hasta que su alcoholismo lo mató. Su hígado se deshizo y un día de diciembre de 2007 sobrevino un coma del que ya no salió. Pero durante muchos años, muchas personas (muy idiotas, de esas que casi no hay) me consideraron responsable de su autodestrucción, pensando que el sufrimiento de tener un hijo atroz le producía un dolor que solamente podía anestesiar con el alcohol. Ese montón de imbéciles no pudieron darse cuenta de que mi padre era un victimario, que yo vivía muy enfermo y en la pobreza y por supuesto no relacionaron la infamia de mi papá (su casa chica, tener hijos fuera del matrimonio) con una traición a su esposa, mi madre; ni se enteraron de que una vez atacó sexualmente a mi hermana menor (que después murió), trató de violarla.

¿Qué gana mi hermana Yolanda vomitando veneno sobre mí a mis espaldas? ¿Va a evitar la ruina haciendo eso? Su esposo nunca ha sido productivo simple y sencillamente porque no puede (no tiene ninguna preparación académica) y no quiere (tiene vocación de padrote, siempre le tiró a casarse con una muchacha rica). Sobra decir que yo no tengo ninguna responsabilidad en eso, dicho con palabras más claras, no es mi culpa.

Ese comportamiento de Yolanda y su esposo me ha lastimado terriblemente, más aun cuando ha involucrado a otras personas, como mi tío Paco, reverendo pendejo viudo de mi tía Susana, hermana de mi madre, fallecida trágicamente hace cerca de tres años.
El problema para Yolanda es que un cúmulo de mentiras, que sostienen un entramado de justificaciones, no puede funcionar indefinidamente.

Como tantas cosas, caen por sí mismas.

El mes pasado Yolanda cumplió 49 años y ya tiene problemas de salud asociados a la menopausia y su energía está disminuida para siempre. El cansancio se está presentando y poco a poco se hace evidente que no puede contar con su esposo para el sostenimiento de su familia y eso no va a cambiar. Conforme crecen sus hijos, observan cómo funciona un hogar tradicional en el que ambos cónyuges trabajan, y no pueden evitar comparar esa dinámica con lo que sucede al interior de su familia.

Irys Fernanda, mi sobrina menor, está cerca de concluir la primaria y cuando eso suceda tendrá la misma escolaridad que su padre. Cada día será más difícil seguir mintiéndole, y seguir engañándola.

jueves, 3 de agosto de 2017

Adiós a Laura, de una vez por todas


He pensado tanto en Laura, esa mujer a la que conocí hace cerca de 10 años, al día siguiente de que murió el peor enemigo que he tenido jamás (mi padre) en diciembre de 2007, de quien me alejé a finales del 2009 para volver a contactarla brevemente al año siguiente cuando me enteré que se había casado con otra mujer, a quien volví a encontrar a mediados del 2015 y con quien comencé a hacer amistad en enero de 2016.

A partir de entonces la he visto en cuatro ocasiones: tres veces el año pasado (dos en que fuimos a desayunar y otra en su consultorio) y una vez este año que volvimos a desayunar, el 1 de abril pasado.

La semana pasada le envié un mensaje de Whatsapp saludándola solamente y de pasadita le pregunté ‘¿cuándo vamos a desayunar?’ a lo que ella respondió ‘la semana que entra’. Ayer miércoles 2 de agosto, le envié un saludo por ese medio y ella me respondió ‘oye, ¿nos vemos el sábado a las nueve?’ Se refería a las nueve de la mañana, por supuesto, para desayunar en un restaurant Toks o Applebee y traté de continuar el diálogo y ella no me contestó. Imaginé que había una justificación para ello, que tal vez se hallaba en su consultorio atendiendo un paciente o algo así, y pasaron las horas y en algún momento me llegó otro mensaje. Yo me sentía un poco contrariado porque al llegar a mi casa, mis mascotas Chora y Clara se salieron a la calle y tuve que entrar a toda prisa a buscar sus correas para salir a buscarlas. Entonces tomé mi teléfono y marqué su número y Laura me rechazó la llamada. Volví a pensar que lo había hecho con una justificación y simplemente le pregunté vía Whatsapp ‘¿estás ocupada?’. Laura jamás me respondió. En ese momento eran poco más de las 19:00 horas. Cerca de las 20:00 horas ella consultó su Whatsapp, pero no leyó el mensaje que yo le había mandado.

Sintiéndome muy mal, llegué a mi casa y me cambié de ropa y me puse a hacer ejercicio. De alguna manera el pedaleo rápido en mi bicicleta de carreras me ayudó a eliminar un poco del estrés y de la frustración que me produjo pensar en la probabilidad de que Laura me hubiera ignorado. Y uso la palabra ‘probabilidad’ porque pensaba que lo que había hecho podía tener una justificación. Sin embargo, cuando más tarde vi que cerca de las 20:00 horas había visto su Whatsapp y ni siquiera había leído mi último mensaje, me sentí de veras muy mal.

Me hallaba cenando cuando me llegaron un par de mensajes de Laura saludándome estúpidamente con un ‘Hola tenía el cel en silencio’ y un segundo mensaje en el que aparecía escrita otra pendejada. Decidí no responder nada.

Laura me había ignorado antes y eso me había llevado a pensar seriamente en terminar mi difícil relación con ella. La verdad respecto a esa relación duele. Laura no me necesita absolutamente para nada. Si me voy de su vida, su existencia sigue, no pasa absolutamente nada. Soy yo quien está solo, soy yo a quien le afecta no tener relaciones con otras personas y quien lleva una vida de aislamiento y tristeza, no ella.

Y sin embargo, no estoy dispuesto a permitirle que me vuelva a ignorar. Puedo soportar muchas cosas, pero no eso. Si tan solo me hubiera dicho ‘dame unos minutos, estoy ocupada’ o algo por el estilo, hubiera sido muy diferente, pero Laura me ignoró y volvió a demostrar que no tiene ninguna consideración por mis sentimientos y que no le importa lo mal que me pueda sentir por lo que ella hace o deja de hacer.

Vete de mi vida, Laura. Tú no quieres ser mi amiga, yo no significo nada para ti y no me necesitas.

El mundo no se va a detener por eso.