The lone penguin has no chance against the winter’s cold. He will simply fade away, absorbed by the great whiteness all around him.
Padezco un trastorno de personalidad, el límite, también conocido como borderline. Había perdido la voluntad de vivir pero es posible que empiece a recuperarla; ya no soy joven, pero todavía estoy a tiempo.
miércoles, 6 de septiembre de 2017
A tragic death of one who was left behind
The lone penguin has no chance against the winter’s cold. He will simply fade away, absorbed by the great whiteness all around him.
martes, 5 de septiembre de 2017
Salir del aislamiento, buscar amistad o algo más
Mientras trabajo, ingreso esporádicamente en mis diferentes cuentas de correo electrónico (dos) y encuentro otra vez una red social para relacionarse con otras personas, sobre todo del sexo opuesto con intención de desarrollar relaciones de pareja. Hay un detalle, su uso no es gratuito. Pasan muchos días y pienso en la posibilidad de pagar un mes de suscripción, pero me mantengo en la indecisión y no lo hago.
En el trabajo me encuentro muy cerca de dos personas a las que detesto por sus terribles características (las he mencionado en entradas recientes en este blog), y otro compañero, un poco más lejos, también me revuelve el estómago.
El fin de semana pasado tuve fuertes discusiones con mi madre, en parte por tontería de ella, y en parte por mi incapacidad para reconocer que por su edad avanzada, mi madre ha perdido facultades cognitivas. Todo viene a desembocar en un nivel de estrés muy alto e incluso he maltratado a mis mascotas, a mis perritas Chora y Clara.
El día de hoy transcurrió así, hasta que en un momento dado, cerca de la una de la tarde (cuando yo llevaba trabajando unas cuatro horas y media) se me ocurrió que mucho de mi problema tiene que ver con mi soledad, con mi carencia de un círculo social, de amistades y sobre todo de una pareja. Entonces abro esa cuenta de correo electrónico y le echo un ojo a esa red social. La mensualidad cuesta un poco más de 100 pesos. ¿No valdría la pena hacer ese pequeño gasto e intentar salir de mi aislamiento? Tal vez una relación con una dama, así fuera un poco lejana (como la tuve en 2015 durante algunos meses con Karenn Kiowa, una dama que conocí en twitter), pudiera constituir una fuerte motivación y se llevaría mucho del dolor cotidiano con el que vivo.
De pronto pienso en Laura y me doy cuenta de que con ella no era posible tener una relación de amistad, pues no tenía tiempo para mí y el interés no era mutuo. Es triste darme cuenta de que yo no representaba nada para ella.
Al mismo tiempo, sentirme mejor anímicamente alivia en gran medida el cansancio físico tan acusado que sentía. El cansancio muscular resultaba doloroso y en este momento ya no lo siento. He pensado que tal vez debería llegar a casa y llevarme a pasear a mis perritas en lugar de llegar a pedalear en mi bicicleta de carreras, y seguir levantándome a las cinco de la mañana, pero en lugar de salir de casa con mis mascotas, hacer ejercicio a esa hora.
Habría que reconsiderar el efecto de las acciones de las malas personas que tengo a mi alrededor en la oficina, muy cerca de mí. Las habladurías que promueve el alfeñique feminoide petimetre podrían tener consecuencias muy limitadas y de duración muy corta. Después de un tiempo, las personas que lo hayan escuchado se darán cuenta de la clase de persona que es y de lo que pueden esperar de él. Respecto a la tipa, su aspecto dice mucho sobre ella y es la clase de persona que no necesita enemigos.
Es posible que la mejor terapia sea aprender a relacionarme de una manera positiva con otras personas.
jueves, 31 de agosto de 2017
Último día de agosto
El horario es largo, nueve horas y media cinco días por semana, con una hora para comer. No gano mucho dinero, pero tomando en cuenta la pobreza en la que he vivido tantos años, cada 14 días vuelvo a ser un hombre rico.
Lo curioso del asunto es que gran parte del tiempo me siento mal por el ambiente que priva en la oficina, pues tengo muy cerca de mi lugar a compañeros de trabajo con muy malas características, y otros que se encuentran más retirados, se echan sus vueltas periódicas para venir a consultar al par de patéticas alimañas que tengo a mis espaldas.
De pronto recuerdo el empleo que tuve entre diciembre de 2004 y septiembre de 2005, en la maquiladora electrónica (en una de las empresas más representativas), en que trabajaba como operador (una ocupación denigrante), llevando pallets de producto del piso de producción al área de embarques, ganando 800 pesos por semana —y eso porque por trabajar de noche me pagaban seis horas extras—, rodeado de gente analfabeta, sumida en una pobreza no solamente económica sino también intelectual y moral.
En comparación, mi situación actual es muy buena, y sin embargo, no dejo de sufrir.
Esta semana no he salido a caminar con mis mascotas en la madrugada porque no ha dejado de llover y en cambio hoy, a las cinco horas, tomé mi bicicleta de carreras y la coloqué sobre los rodillos y pedalee cerca de 40 minutos. De pronto noto que he reducido el kilometraje y recuerdo que usando otro juego de rodillos, con un diámetro de los cilindros menor, la resistencia es mayor y por lo tanto es de esperar que la distancia disminuya, lo que no significa que el ejercicio no sea de provecho.
Desde hace cuatro años y nueve meses mi madre vive conmigo y esa buena mujer está a merced de mi furia, de mi resentimiento y de mis arrebatos de violencia. Creo que mucho de mi comportamiento difícil tiene que ver con el aislamiento en que vivo, con mi incapacidad para relacionarme con otras personas, con mi carencia de un círculo social, de amigos y de una pareja.
Hace algunas semanas rompí la comunicación y todo contacto con Laura, la psicóloga a la que consideraba mi amiga. Ella no ha hecho ningún intento por comunicarse conmigo y no tendría por qué hacerlo, excepto porque tiene un libro de mi propiedad, que me costó una suma de dinero considerable. Mañana 1 de septiembre se cumplirán cinco meses de que la vi por última vez. Es muy probable que jamás vuelva a verla. Parece triste, pero el interés por formar una relación de amistad no es mutuo.
Escuchando un programa de radio que conduce una psicóloga de edad madura, en el que tenía como invitada a otra psicóloga (joven) con especialidad en psicoanálisis, escuché que el perfil psicológico de una mujer que mantiene a un hombre es el de una persona muy dominante. En consecuencia, el hombre mantenido es un individuo dispuesto a someterse y algo muy importante, alguien para quien es muy importante cultivar su belleza.
De ahí ese narcicismo de mi cuñado Enrique, mantenido, vividor, remedo de padrote.
domingo, 27 de agosto de 2017
Domingo por la tarde, termina el fin de semana
Más tarde me dirigiré a la empresa donde trabajo, bastante lejos de casa, para pasar ahí una larga jornada de nueve horas y media. Así de lunes a viernes, por lo cual, hay que encontrar poderosos estímulos para enfrentar ese esfuerzo considerable.
No es tanto la duración de la jornada lo que me angustia, sino el trato difícil con algunos compañeros, dos en particular, que tienen puestos de jefatura.
El primero es un pendejo al que me he referido en entradas anteriores, de 34 años de edad, que carece de toda hombría y virilidad y trata de compensar esas deficiencias con su habilidad para manipular a otras personas mediante chismes e intrigas. Cuando me encuentre con este remedo de alimaña, deberé recordar que no soy el único que lo detesta, pues de hecho tiene una fama bien ganada de víbora pérfida y traicionera a quien nadie respeta y todos evitan tener conflicto con él para no meterse en problemas, no por otra cosa.
Respecto a la tipa, anda por los 38 o 39 años de edad, muy mal llevados. Su piel es color oscuro, de cuerpo flaco e informe (quiero decir mal formada), se le cuelga la dermis de la cara, en particular la de la mejillas, y su fealdad se ve acentuada por su gesto hosco y hostil. La señora tiene una personalidad cáustica, es incompetente y su proceder lleno de desaciertos la hacen blanco de antipatías de la mayoría de las personas que tienen que tratar con ella, además de ser bien conocida por su arbitrariedad al tratar con el personal que tiene a su cargo.
Lo importante es que la directora del departamento es muy competente, no se deja llevar por chismes y conoce bien las limitaciones y la incompetencia de sus subalternos.
Respecto al individuo despreciable y pendejo al que me refiero en párrafos anteriores, puedo comentar que el pasado miércoles, salió del edificio donde trabajamos mi compañera Carmelita (que no está bajo las órdenes del pendejo ese) en compañía de Claudia (una compañera de recién ingreso, que sí pertenece al área que ese estúpido coordina) y entre frustrada y divertida comentó que el susodicho estaba enojado y no le dirigía la palabra. Entonces pensé que al baboso ese parecía estarle llegando el climaterio. Claudia regresó a la oficina y yo me quedé solo con Carmelita y le dije que el reverendo pendejo no estaba para ponérsele al tiro a nadie (refiriéndome a su actitud belicosa) y Carmelita respondió ‘es una nena’, a lo que yo añadí ‘es un marica’.
Ese individuo manipulador, maestro del chisme y la intriga, con su físico de alfeñique proyecta la imagen de un afeminado, que completa con su atuendo de petimetre, en un intento patético por proyectar la imagen de un ejecutivo importante.
Recordar todo esto debe ayudarme a no sentirme mal al iniciar mi jornada laboral y durante el desarrollo de la misma.
miércoles, 23 de agosto de 2017
Mi línea de vida, es discontinua
Mi salud física jamás me ha preocupado y si bien mi vitalidad y mi vigor no son nada fuera de lo común, sí me han sido útiles para las actividades que he emprendido. Las manifestaciones de enfermedad orgánica han sido causadas por mis patologías mentales y la verdad es que la actividad física que llevo a cabo cada día, en parte por gusto y en parte porque me veo obligado a hacerla, me mantiene en forma y me fortalece. Como mencioné anteriormente, mi aspecto físico es un atributo que se hace notar.
Mi bienestar general sí es un problema, pues mentalmente es bastante precario. Por mis circunstancias e historia de vida, mis pérdidas son cuantiosas; pero por otra parte, cuento con aspectos muy favorables que no disfruto por que el resentimiento que llevo a cuestas no me lo permite. Soy presa de mis recuerdos, que son muy numerosos y están archivados en mi memoria para surgir ante el menor estímulo y causar un sufrimiento constante.
El bienestar general que debía proporcionarme mi buena salud física queda disminuido por esa tendencia a contemplar el lado triste y doloroso de mi existencia. Esto último también me sume en la inmovilidad y son muchas las horas que desperdicio en las que no hago nada que pueda llevarme a desarrollar las facultades que sí tengo, por ejemplo, la composición literaria.
Terminando el año 2012, cuando yo contaba con 48 años, comenzó un cambio mayor, que continúo consolidándose en abril de 2015 cuando conseguí un empleo en una fecha muy significativa: mi cumpleaños. Ese evento ha cambiado mi realidad, pues ha hecho de mí una persona independiente y productiva.
Un evento cataclísmico comenzó a finales de 1997, hace cerca de 20 años, y se consolidó el año siguiente, 1998 cuando cumplí 34 años. Ese individuo al que consideré mi amigo me pegó por la espalda, algo que de alguna manera siempre supe que iba a suceder pues tuve en el inconsciente que el tipo era un traidor, envidioso y pérfido; y mi padre haría todo lo posible por arruinarme para siempre, para tenerme como su eterna justificación para su grandiosa autodestrucción. Quisiera pensar que voy a recuperarme y ese evento terrible se convertirá solamente en un difícil capítulo de mi historia de vida.
Mis lesiones físicas no son graves ni cuantiosas. La última se dio a principios de mayo de este año, cuando por tercera vez me rompí una clavícula en una bicicleta de carreras. Esta vez fue la izquierda, en ocasiones anteriores (en 1993 y 1995) fue la derecha. ¿Será acaso un círculo que se cierra, después de describir una trayectoria de gran longitud?
Lo último, una reubicación.
De eso no sé nada. He vivido en la vivienda que habito desde octubre de 1981, cuando contaba con 17 años, lo que significa que en poco tiempo serán 36. No podría decir que tan buena ha sido mi vida en ese lugar, pues han sucedido tantas cosas y nada puede adjudicarse a su ubicación geográfica. Los demonios estaban en el pasado de mi familia, en nuestro árbol genealógico y en los acontecimientos de mi vida.
¿Qué sigue? Habrá que esperar para saberlo. Lo único que puedo decir en este momento es que mi línea de vida es discontinua.
Eliminar el antidepresivo, no necesitarlo más
Todo esto es parte de vivir en la enfermedad mental, entre otras causas.
De pronto, decido suspender el antidepresivo, que es un tercio del coctel de medicamentos que tomo para mi trastorno límite de la personalidad. Los otros dos son un estabilizador del estado de ánimo (topiramato) y un antipsicótico (risperidona).
Decido suspender la fluoxetina porque recuerdo que hace nueve años me fue prescrita en una institución de salud mental (de triste memoria) y me causaba una muy acusada necesidad de dormir. Pensé que tal vez a eso se debía que teniendo como hora de entrada a mi trabajo las siete de la mañana, y teniendo en consecuencia que levantarme en la madrugada, tenía que acostarme a dormir mucho antes de la media noche. Después de concluir mi jornada laboral, llegaba a casa a las 17:30 horas y al cabo de dos horas y media, máximo tres, se me había acabado el día.
Poco después de que regresé a laborar, tras mi incapacidad de casi seis semanas por la fractura de clavícula, me cambié de horario, ahora de 8:30 a 18:00 horas y ahora llego a casa a las siete de la tarde, pero la situación no pareció cambiar mucho. Fue entonces cuando decidí eliminar ese medicamento.
El problema es que me acostaba a dormir como a las diez de la noche para levantarme a las seis de la mañana y aun así sentía que el descanso había sido insuficiente. Hace muchos años, cuando tenía menos de 30, teniendo mucha más actividad y siendo mucho más joven, la pasaba con siete horas de sueño por la noche. ¿Cómo explicar esto?
Por otra parte, ¿qué efecto podría tener eliminar el antidepresivo?
De hecho, pienso que pudiera no necesitarlo más. En los últimos días he hecho cambios que parecen estímulos potentes. Uno de ellos, volver a ejercitarme de manera muy regular en mi bicicleta, pedaleando rápidamente por periodos de tiempo más prolongados, monitoreando no solamente mi frecuencia cardiaca sino también el tiempo de recorrido y la distancia. Había decidido ya no usar el cyclocomputer, pero volví a cambiar de opinión. Usar este dispositivo me ayuda a ir más lejos y registrar la actividad en un cuaderno me ayuda en el plano psíquico.
Otro estímulo es levantarme muy temprano, por la madrugada, de manera natural, habiendo terminado de dormir, para ir a pasear a mis perritas, mis mascotas Chora y Clara. Esta parece ser una manera excelente de iniciar el día, paseando con esos seres vivos que me dan su cariño y su afecto incondicionalmente. Hacerlo a esa hora me libra del estrés que produce la gente, sean peatones o automovilistas, motociclistas, o conductores de vehículos pesados, sean estos de pasajeros o de carga. Las calles están casi vacías y silenciosas, hay poca luz (artificial) y una temperatura más baja que durante las horas diurnas.
Al llegar a casa tomo café y tomo mi desayuno habitual de cereal de avena con pasas (fibra y proteína de origen vegetal; vitamina E, un antioxidante) y tomo un baño para después dirigirme a mi trabajo, en donde pasaré nueve horas y media; una jornada muy prolongada. En el camino leo, en este momento The Handmais’s Tale, de Margaret Atwood, una utopía negativa, comprada recientemente en amazon.com.
Eso último, la lectura, constituye un tercer estímulo.
Queda como reto encontrar la manera de llevar una vida plena dejando de mirar un pasado difícil y doloroso. Posiblemente lo que más me lastima es percibir el modo como me ven otras personas. Habría que analizar, ¿qué tan importante es eso? Muchas de esas gentes que me han atacado propagando información inexacta sobre mi persona son personas despreciables que pueden haber engañado a muchas otras, pero que algún momento su teatro se derrumbará. De las personas estúpidas que creen lo que se les dice sin detenerse a pensar que lo que escuchan pudiera no ser cierto, hay una probabilidad muy alta de que jamás vuelva a verlas.
Si logro plantearme objetivos y encuentro la manera de ir tras ellos, mi realidad cambiará.
Algo que me motiva es ver cómo cambia mi apariencia con un poco de actividad, cómo adelgazo y adquiero definición muscular con una combinación de ejercicio, buenos hábitos de alimentación e higiene y orden. Tengo más de 50 años y mi aspecto físico es muy bueno, eso es importante, y satisfactorio.
lunes, 21 de agosto de 2017
Un compañero alimaña y sus intrigas
He notado actitudes de animadversión de compañeros que trabajan en esta misma oficina y son allegados de él, pero algo positivo es que no sucede con todos. Si bien es cierto que muchas personas carecen de la inteligencia más elemental para hacer raciocinios, específicamente cuando alguien les dice algo negativo de otra persona pensar: ‘eso dicen de él/ella, pero a mí no me consta’, otras no se involucran y su proceder sigue siendo el mismo.
Y lo que hay que meditar es ¿qué tanto me puede afectar el veneno de un individuo impotente y por qué debería tener algún efecto en mí?
Si hay algo seguro sobre él es que es una persona miserable, cobarde, carente de virilidad y hombría y de honestidad y cualquier característica que pueda tener alguna relación con la palabra valor, así sea de manera remota. Este tipo tiene en esta empresa cerca de 10 años y es bien conocido por su estilo viperino y mal intencionado.
En lo que a mí respecta, si continúo con mi buen desempeño, conocido por todos, independientemente de que les simpatice o no, como un empleado responsable en quien se puede confiar, competente, que cumple con todo y no causa ningún tipo de problemas, aquellos que han escuchado y creído los embustes de este crótalo se darán cuenta de quién es el mal individuo y el golpe bajo no habrá dado en el blanco y por el contrario, habrá salido contraproducente.
Mi trabajo es muy importante para mí. Con él tengo el ingreso que necesito para vivir y un estilo de vida que si bien es menos de lo que merezco, es mucho más de lo que jamás he tenido.
No puedo darme el lujo de perderlo o ponerlo en riesgo por un remedo de alimaña que para acabarla de completar es un patético cobarde, como tantos otros.
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