lunes, 20 de julio de 2026

Leer una vez más una obra maestra de la literatura, ¿por qué?

 

Antier, sábado 18 de julio bajé de una red social cinco capítulos más (antes había bajado los primeros siete capítulos) del audiolibro de To Kill a Mockingbird, obra maestra de la literatura estadounidense, de la autoría de Harper Lee, en el idioma original, inglés. La portada de la copia que tengo de ese libro, To Kill a Mockingbird, Harper Lee, presenta la imagen de una niña de rostro bellísimo. ¿Por qué sentí que debía volver a leer esa obra?

Atticus Finch, padre de Jem y Scout, es un hombre excepcional, la clase de progenitor que millones de personas hubieran querido tener. Contrasta con el padre que yo tuve, ultra depravado, que con participación de muchísimas personas casi consiguió arruinar mi vida.

Arthur Radley es un enfermo mental, vive en un aislamiento casi total y sin trabajar. Así viví yo durante muchos años; de hecho, la mayor parte de mi vida.

Tom Robinson es un hombre excelente. Hizo algo ejemplar, ayudar a una mujer que vivía en la miseria, huérfana de madre, hija de un alcohólico que la arruinaba junto a sus otros seis hijos. Mayella Ewell, mujer joven de raza blanca acusa a Tom Robinson, un hombre de raza negra que le ayudó —la única persona que en sus 19 años de vida había mostrado una buena actitud hacia ella— de haberla violado.

A Atticus Finch, —abogado de profesión, empleado de gobierno de esa pequeña población que habitaba, Maycomb, Alabama— se le asigna la tarea de defender a Tom, algo que él no puede (ni tampoco desea) evitar hacer, pese a que eso da lugar a que un buen número de habitantes de esa población muestren hostilidad y agresividad hacia él y hacia sus hijos, Jem y Scout, porque les parece inconcebible que defienda a un criminal que violó a una mujer;  que la víctima sea de raza blanca y el agresor de raza negra, eleva sin medida la furia de los habitantes de Maycomb.

Al defender a Tom, Atticus demuestra —sin el menor lugar para la duda razonable— que Tom no hizo ningún daño a Mayella, sino lo contrario, le ayudó cuando ella se lo pidió y rechazó el pago que ella le ofreció porque sabía que vivía en la miseria, con seis hermanos menores, víctima de un padre alcohólico que gastaba lo que el Estado le daba (welfare, asistencia social) en whisky; su vida era una pesadilla sin esperanzas de que eso cambiara.

No obstante, un fallo a favor de una persona de raza negra, y en contra de una persona de raza blanca, resultaba una imposibilidad durante esa época, la Gran Depresión, década de los años 1930s, antes de la Segunda Guerra Mundial. Tom Robinson es condenado a muerte, y al intentar escapar, es acribillado a balazos, dejando una esposa viuda y tres hijos huérfanos.

¿Paralelismos con mi historia de vida?

Difícilmente.

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