Nuestra Política de Buen Vecino
Noam Chomsky
Tomado de Lo que el Tío Sam Realmente
Desea, 1992
Our Good Neighbor Policy, by Noam Chomsky (Excerpted from What Uncle Sam
Really Wants)
Durante la
administración Kennedy, la misión de la milicia dominada por los Estados Unidos
en América Latina fue modificada, pasó de “defensa hemisférica” a “seguridad
interna” (que prácticamente significa guerra contra tu propia población). Esa
fatídica decisión llevó a “dirigir complicidad (estadounidense)” en “los métodos
de escuadrones de exterminio de Heinrich Himmler”, en el juico retrospectivo de
Charles Maechling, que estuvo a cargo de los planes de contrainsurgencia entre
1961 y 1966.
La administración
Kennedy realizó los preparativos para el golpe de estado militar de 1964 en
Brasil, ayudando a destruir la democracia brasileña, que estaba asumiendo una
independencia excesiva. Estados Unidos dio un apoyo entusiasta al golpe de
estado, mientras los líderes militares instituyeron un estado de seguridad
nacional estilo nazi con tortura, represión, etc. Eso inspiró una oleada de
desarrollos similares en Argentina, Chile y en todo el hemisferio, entre
mediados de los años sesentas y hasta los ochentas, un periodo extremadamente
sangriento.
(Pienso que, en
términos legales, se cuenta con evidencia muy sólida para procesar a todos los
presidentes de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Todos han sido
criminales de guerra o se involucraron en la comisión de crímenes de guerra muy
graves).
La milicia
típicamente procede a la creación de un desastre económico, siguiendo
frecuentemente las instrucciones de los consejeros estadounidenses, y entonces transfiere
la responsabilidad a civiles para que ellos la administren. Un control militar
encubierto deja de ser necesario, pues se dispone de nuevos recursos, por
ejemplo, se ejercen controles mediante el Fondo Monetario Internacional (que,
como el Banco Mundial, presta fondos a naciones del Tercer Mundo en gran medida
proporcionados por las potencias industriales).
A cambio de los
préstamos, el Fondo Monetario Internacional impone “liberalización”: una
economía abierta al control y a la penetración extranjera, con severa disminución
de servicios para la población general, etc. Estas medidas trasladan un poder
aún más firme hacia las manos de las clases opulentas e inversionistas
extranjeros (“estabilidad”) y refuerzan las clásicas sociedades de dos niveles
del Tercer Mundo, los súper ricos (y una clase profesional que les presta sus
servicios, relativamente estable en lo económico) y una masa enorme de gente
que sufre, empobrecida
El endeudamiento y
el caos económico dejado por la milicia garantiza en gran medida que las reglas
del Fondo Monetario Internacional sean seguidas, a menos que fuerzas populares
intenten ingresar en la arena política, en cuyo caso los militares tendrían que
reinstalar la “estabilidad”.
Brasil es un caso
ilustrativo. Por su abundancia de recursos naturales que debe ser uno de los
países más ricos del mundo, y cuenta también con un alto desarrollo industrial,
Pero, gracias en gran medida al golpe de estado de 1964 y al muy elogiado
término “milagro económico” que siguió (sin mencionar la tortura, homicidio y
otros recursos de “control de la población”), la situación de muchos brasileños
es probablemente equivalente a la de Etiopía – mucho peor que en Europa
Oriental, por ejemplo.
El Ministerio de
Educación informa que más de un tercio del presupuesto para la educación se usa
para comidas escolares, porque la mayoría de los estudiantes en escuelas
públicas comen en los planteles, o en ningún lugar.
De acuerdo con una
revista del Sur (una revista de negocios que informa sobre el Tercer Mundo), la
tasa de mortalidad infantil de Brasil es mayor que la de Sri Lanka. Un tercio
de su población vive bajo la línea de pobreza y “varios millones de niños
abandonados piden limosna, roban e inhalan pegamento en las calles. Para
veintenas de millones, el hogar es una choza en un tugurio… o crecientemente,
un espacio bajo un puente”.
Ese es Brasil, uno
de los países más ricos del mundo, en lo referente a recursos naturales.
La situación es similar en América Latina. Solamente en Centroamérica, el número de personas asesinadas por fuerzas apoyadas por Estados Unidos a finales de la década de los años 1970s, anda en unas 200,000, porque movimientos populares que buscaban democracia y reforma social fueron decimados. Estos logros califican a los Estados Unidos como una “inspiración para el triunfo de la democracia en nuestra época”, según las palabras de admiración de la Nueva República neoliberal. Tom Wolfe nos dice que la década de los años 1980s fueron “uno de los momentos más grandiosos que la humanidad ha experimentado”. Como Stalin solía decir, estamos “mareados por el éxito”.



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