martes, 28 de julio de 2026

Nuestra Política de Buen Vecino, extracto de un libro de Noam Chomsky. Segunda parte

 

Nuestra Política de Buen Vecino

Noam Chomsky

Tomado de Lo que el Tío Sam Realmente Desea, 1992

 

Our Good Neighbor Policy, by Noam Chomsky (Excerpted from What Uncle Sam Really Wants)

Durante la administración Kennedy, la misión de la milicia dominada por los Estados Unidos en América Latina fue modificada, pasó de “defensa hemisférica” a “seguridad interna” (que prácticamente significa guerra contra tu propia población). Esa fatídica decisión llevó a “dirigir complicidad (estadounidense)” en “los métodos de escuadrones de exterminio de Heinrich Himmler”, en el juico retrospectivo de Charles Maechling, que estuvo a cargo de los planes de contrainsurgencia entre 1961 y 1966.

La administración Kennedy realizó los preparativos para el golpe de estado militar de 1964 en Brasil, ayudando a destruir la democracia brasileña, que estaba asumiendo una independencia excesiva. Estados Unidos dio un apoyo entusiasta al golpe de estado, mientras los líderes militares instituyeron un estado de seguridad nacional estilo nazi con tortura, represión, etc. Eso inspiró una oleada de desarrollos similares en Argentina, Chile y en todo el hemisferio, entre mediados de los años sesentas y hasta los ochentas, un periodo extremadamente sangriento.

(Pienso que, en términos legales, se cuenta con evidencia muy sólida para procesar a todos los presidentes de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Todos han sido criminales de guerra o se involucraron en la comisión de crímenes de guerra muy graves).

La milicia típicamente procede a la creación de un desastre económico, siguiendo frecuentemente las instrucciones de los consejeros estadounidenses, y entonces transfiere la responsabilidad a civiles para que ellos la administren. Un control militar encubierto deja de ser necesario, pues se dispone de nuevos recursos, por ejemplo, se ejercen controles mediante el Fondo Monetario Internacional (que, como el Banco Mundial, presta fondos a naciones del Tercer Mundo en gran medida proporcionados por las potencias industriales).

A cambio de los préstamos, el Fondo Monetario Internacional impone “liberalización”: una economía abierta al control y a la penetración extranjera, con severa disminución de servicios para la población general, etc. Estas medidas trasladan un poder aún más firme hacia las manos de las clases opulentas e inversionistas extranjeros (“estabilidad”) y refuerzan las clásicas sociedades de dos niveles del Tercer Mundo, los súper ricos (y una clase profesional que les presta sus servicios, relativamente estable en lo económico) y una masa enorme de gente que sufre, empobrecida

El endeudamiento y el caos económico dejado por la milicia garantiza en gran medida que las reglas del Fondo Monetario Internacional sean seguidas, a menos que fuerzas populares intenten ingresar en la arena política, en cuyo caso los militares tendrían que reinstalar la “estabilidad”.

Brasil es un caso ilustrativo. Por su abundancia de recursos naturales que debe ser uno de los países más ricos del mundo, y cuenta también con un alto desarrollo industrial, Pero, gracias en gran medida al golpe de estado de 1964 y al muy elogiado término “milagro económico” que siguió (sin mencionar la tortura, homicidio y otros recursos de “control de la población”), la situación de muchos brasileños es probablemente equivalente a la de Etiopía – mucho peor que en Europa Oriental, por ejemplo.

El Ministerio de Educación informa que más de un tercio del presupuesto para la educación se usa para comidas escolares, porque la mayoría de los estudiantes en escuelas públicas comen en los planteles, o en ningún lugar.

De acuerdo con una revista del Sur (una revista de negocios que informa sobre el Tercer Mundo), la tasa de mortalidad infantil de Brasil es mayor que la de Sri Lanka. Un tercio de su población vive bajo la línea de pobreza y “varios millones de niños abandonados piden limosna, roban e inhalan pegamento en las calles. Para veintenas de millones, el hogar es una choza en un tugurio… o crecientemente, un espacio bajo un puente”.

Ese es Brasil, uno de los países más ricos del mundo, en lo referente a recursos naturales.

La situación es similar en América Latina. Solamente en Centroamérica, el número de personas asesinadas por fuerzas apoyadas por Estados Unidos a finales de la década de los años 1970s, anda en unas 200,000, porque movimientos populares que buscaban democracia y reforma social fueron decimados. Estos logros califican a los Estados Unidos como una “inspiración para el triunfo de la democracia en nuestra época”, según las palabras de admiración de la Nueva República neoliberal. Tom Wolfe nos dice que la década de los años 1980s fueron “uno de los momentos más grandiosos que la humanidad ha experimentado”. Como Stalin solía decir, estamos “mareados por el éxito”.



No hay comentarios:

Publicar un comentario