Nuestra Política de Buen Vecino
Noam Chomsky
Tomado de Lo que el Tío Sam Realmente
Desea, 1992
Our Good Neighbor Policy, by Noam Chomsky (Excerpted from What Uncle Sam
Really Wants)
¿Se ha seguido los principios de (George F.) Kennan? ¿Hasta
qué grado hemos suprimido toda preocupación por “objetivos vagos e irreales
tales como derechos humanos, elevar los estándares de vida, y la
democratización? Ya he analizado nuestro “compromiso con la democracia”, pero
¿qué hay de los otros dos temas?
Enfoquémonos en
América Latina y comencemos echando un vistazo a los derechos humanos. Un
estudio de Lars Schoultz, el especialista académico líder en el tema de
derechos humanos, muestra que “la ayuda de los EEUU ha fluido de manera
desproporcionada hacia gobiernos latinoamericanos que torturan a sus ciudadanos”.
No tiene nada que ver con qué tanto necesita ayuda un país, solamente tiene que
ver con su disposición a servir a los intereses de la riqueza y el privilegio.
Estudios más a
fondo del economista Edward Herman revelan una cercana correlación mundial
entre tortura y ayuda estadounidense, y también brinda una explicación: ambas
se correlacionan independientemente con la mejora del clima para las
operaciones de negocios. En comparación con ese principio moral guía, tales
asuntos como tortura y masacres, palidecen hasta parecer insignificantes.
¿Y qué de elevar
los estándares de vida? Supuestamente se atendió eso por la Alianza Para el
Progreso del presidente Kennedy, pero la clase de desarrollo impuesta fue
orientada en su mayor parte hacia las necesidades de los inversionistas
estadounidenses. Atrincheró y extendió el sistema existente que hace que los
latinoamericanos produzcan cultivos para la exportación y se disminuyan los
cultivos de subsistencia como maíz y frijol producidos para consumo local. Bajo
programas de la Alianza, por ejemplo, se incrementó la producción de carne de
res mientras disminuyó su consumo.
Este modelo de
agro-exportación generalmente produce un “milagro económico” en el que el
Producto Interno Bruto se eleva en gran medida, mientras la población muere de
inanición. Cuando se persiguen tales políticas, aparece inevitablemente una
oposición popular, de manera instantánea, que puede ser suprimida mediante el
terror y la tortura. (El uso del terror se encuentra profundamente inculcado en
nuestro carácter. En el pasado, en 1818, John Quincy Adams elogió la “eficacia benéfica”
del terror al lidiar con “hordas mixtas de indios y negros sin ley”. Escribió
eso para justificar las matanzas de Andrew Jackson en Florida, que virtualmente
aniquilaron a la población nativa y dejaron a la provincia española bajo
control de los Estados Unidos, algo que impresionó en gran medida a Thomas
Jefferson y a otros que compartían sus ideas).
El primer paso es
el uso de la policía. Son críticos porque pueden detectar descontento en sus
inicios y eliminarlo antes de una “cirugía mayor” (como la denominan los
documentos de planeación) se haga necesaria. Si una cirugía mayor se vuelve
necesaria, contamos con el ejército. Cuando ya no podemos controlar al ejército
de un país latinoamericano —en particular uno de la región Caribe-Centro
América— llega el momento de derrocar a su gobierno.
Países que han intentado revertir el patrón, tales como Guatemala bajo los gobiernos capitalistas democráticos de Arévalo y Arbenz, o el de República Dominicana bajo el régimen capitalista democrático de Bosch, se convirtieron en blanco de la hostilidad y violencia de Estados Unidos.
El segundo paso es
usar a la milicia. Estados Unidos ha intentado siempre establecer relaciones
con la milicia en países extranjeros, porque esa es una de las maneras de
derrocar a un gobierno que se ha salido de su control. Es así como se fincó la
base para los golpes de estado militares en Chile en 1973 y en Indonesia en
1965.
Antes de los golpes
de estado, mostrábamos mucha hostilidad hacia los gobiernos de Chile e
Indonesia, pero seguíamos enviándoles armas. Mantener buenas relaciones con los
oficiales adecuados para que ellos derroquen al gobierno, para tu beneficio. El
mismo raciocinio motivó el flujo de armas de Estados Unidos a Irán vía Israel a
principios de los años de la década de 1980, de acuerdo con altos oficiales
israelíes involucrados, hechos bien conocidos en 1982, mucho antes de que se
tomara algún rehén.






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