martes, 28 de julio de 2026

Nuestra Política de Buen Vecino, extracto de un libro de Noam Chomsky. Primera parte

 

Nuestra Política de Buen Vecino

Noam Chomsky

Tomado de Lo que el Tío Sam Realmente Desea, 1992

 

Our Good Neighbor Policy, by Noam Chomsky (Excerpted from What Uncle Sam Really Wants)




¿Se ha seguido los principios de (George F.) Kennan? ¿Hasta qué grado hemos suprimido toda preocupación por “objetivos vagos e irreales tales como derechos humanos, elevar los estándares de vida, y la democratización? Ya he analizado nuestro “compromiso con la democracia”, pero ¿qué hay de los otros dos temas?

Enfoquémonos en América Latina y comencemos echando un vistazo a los derechos humanos. Un estudio de Lars Schoultz, el especialista académico líder en el tema de derechos humanos, muestra que “la ayuda de los EEUU ha fluido de manera desproporcionada hacia gobiernos latinoamericanos que torturan a sus ciudadanos”. No tiene nada que ver con qué tanto necesita ayuda un país, solamente tiene que ver con su disposición a servir a los intereses de la riqueza y el privilegio.


Estudios más a fondo del economista Edward Herman revelan una cercana correlación mundial entre tortura y ayuda estadounidense, y también brinda una explicación: ambas se correlacionan independientemente con la mejora del clima para las operaciones de negocios. En comparación con ese principio moral guía, tales asuntos como tortura y masacres, palidecen hasta parecer insignificantes.


¿Y qué de elevar los estándares de vida? Supuestamente se atendió eso por la Alianza Para el Progreso del presidente Kennedy, pero la clase de desarrollo impuesta fue orientada en su mayor parte hacia las necesidades de los inversionistas estadounidenses. Atrincheró y extendió el sistema existente que hace que los latinoamericanos produzcan cultivos para la exportación y se disminuyan los cultivos de subsistencia como maíz y frijol producidos para consumo local. Bajo programas de la Alianza, por ejemplo, se incrementó la producción de carne de res mientras disminuyó su consumo.


 Este modelo de agro-exportación generalmente produce un “milagro económico” en el que el Producto Interno Bruto se eleva en gran medida, mientras la población muere de inanición. Cuando se persiguen tales políticas, aparece inevitablemente una oposición popular, de manera instantánea, que puede ser suprimida mediante el terror y la tortura. (El uso del terror se encuentra profundamente inculcado en nuestro carácter. En el pasado, en 1818, John Quincy Adams elogió la “eficacia benéfica” del terror al lidiar con “hordas mixtas de indios y negros sin ley”. Escribió eso para justificar las matanzas de Andrew Jackson en Florida, que virtualmente aniquilaron a la población nativa y dejaron a la provincia española bajo control de los Estados Unidos, algo que impresionó en gran medida a Thomas Jefferson y a otros que compartían sus ideas).

El primer paso es el uso de la policía. Son críticos porque pueden detectar descontento en sus inicios y eliminarlo antes de una “cirugía mayor” (como la denominan los documentos de planeación) se haga necesaria. Si una cirugía mayor se vuelve necesaria, contamos con el ejército. Cuando ya no podemos controlar al ejército de un país latinoamericano —en particular uno de la región Caribe-Centro América— llega el momento de derrocar a su gobierno.

Países que han intentado revertir el patrón, tales como Guatemala bajo los gobiernos capitalistas democráticos de Arévalo y Arbenz, o el de República Dominicana bajo el régimen capitalista democrático de Bosch, se convirtieron en blanco de la hostilidad y violencia de Estados Unidos.

El segundo paso es usar a la milicia. Estados Unidos ha intentado siempre establecer relaciones con la milicia en países extranjeros, porque esa es una de las maneras de derrocar a un gobierno que se ha salido de su control. Es así como se fincó la base para los golpes de estado militares en Chile en 1973 y en Indonesia en 1965.

Antes de los golpes de estado, mostrábamos mucha hostilidad hacia los gobiernos de Chile e Indonesia, pero seguíamos enviándoles armas. Mantener buenas relaciones con los oficiales adecuados para que ellos derroquen al gobierno, para tu beneficio. El mismo raciocinio motivó el flujo de armas de Estados Unidos a Irán vía Israel a principios de los años de la década de 1980, de acuerdo con altos oficiales israelíes involucrados, hechos bien conocidos en 1982, mucho antes de que se tomara algún rehén.


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